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El pasado 13 de julio nos dejó el alpinista y aventurero Alfonso Arias, de 77 años. Nació en Madrid, pero vivió recorriendo medio mundo. Una vida apta para un libro que ha quedado grabada en miles de instantáneas que, por ahora, aguardan en cajas el momento de salir a la luz.
Iduna Ruiz de Martín - Miércoles, 20 de Julio de 2011 - Actualizado a las 11:33h.
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Alfonso Arias con su amigo el Lama de Sama Ghompa.
(Colección de Alfonso Arias)
Expedición al Manaslu de 1973, la primera expedición de españoles en el Himalaya y en la que participó Alfonso Arias.
(Cortesía de Alberto Arias)
Expedición en 1974 al monte Yerupajá, en Perú.
(Cortesía de Alberto Arias)
Arriba de izquierda a derecha: Luis Bernando Durán, Jerónimo López, Salvador Rivas, Miguel Ángel García Gallego, Luis Méndez Mariano Arrazola, Luis López. Abajo, Jaime García Orts, Alfonso Arias, Gerardo Blázquez, Fulgencio Casado y Carlos Soria. Expedición al Makalu de 1975, cuando se escaló el primer ochomil principal español.
(Cortesía Alberto Arias)
Como dice su hijo, el Camino de Santiago fue la última gran ruta a pie de Alfonso Arias.
(Cortesía de Alberto Arias)
Alfonso Arias nació el 12 de mayo de 1934 en Madrid, en un lugar anecdótico para la familia, sólo a unos metros de la librería en la esquina de Echegaray con Manuel Fernández y González, donde tenían una fábrica de estuches.
Este alpinista vio nacer en las montañas las estaciones de esquí y vivió los años de los grandes éxodos del campo a las ciudades y a países más ricos de Europa. Alberto Arias resalta cómo el espíritu aventurero estuvo con su padre toda la vida, “de joven recorrió toda Europa en moto, practicaba el vuelo sin motor en velero y competía en el campeonato nacional de esquí."
Alfonso Arias también formó parte activa de la Sociedad Deportiva Excursionista, club en el que se han formado alpinistas muy conocidos y que han sido compañeros en distintas expediciones como Carlos Soria, Jerónimo Lopez, Pedro Nicolás, Emilio Torrico, Rafa Diez, Fulgencio Casado, Ginés Vivo, los hermanos López, Gerardo Blázquez, Andrés Fernández, Luis Bernardo Durán, Carlos Muñoz-Repiso Izaguirre, Luis Méndez Rodrigo [fallecido de manera repentina el pasado 20 de julio a los 80 años], Jaime García Orts, Miguel Ángel Gallego (El murciano), o Lorenzo del Amo.
Una vez jubilado, a los 65 años, y hasta hace apenas unos meses no se dedicó a descansar y como free lance realizó más de cuatro grandes viajes al año entre Oriente, África y América.
Como dice su hijo, “murió como vivió y como quiso hacerlo, ¡Con las botas puestas!”
Durante los años 50 y principios de los 60, Alfonso Arias, hijo del montañero y miembro de la Sociedad Deportiva Excursionista, Alfonso Arias Herradón; comienza a conocer la montañas en nuestras sierras de Guadarrama y Gredos donde rápidamente destaca en su facilidad para la escalada en roca y en las técnicas invernales. Pronto explora horizontes más altivos como el Pirineo y Asturias donde realiza ascensiones siempre por vías de escalada difíciles. Una de las escaladas destacables de esta época es la primera invernal de la cara sur de peña Santa de Castilla en los Picos de Europa.
En plenos años 60 comienza la internacionalización del alpinismo y sobre todo la época dorada del mítico equipo de alpinistas que se reúne en torno a la Sociedad Deportiva Excursionista, realizando numerosas ascensiones a los cuatro miles de los Alpes; Monte Rosa, Cervino, Gran Paradiso y vías muy meritorias, especialmente para la época, como el Espolón de la Brenva y la primera ascensión nacional por la norte de la Aguja de Bionassay en el Mont Blanc. La famosa cordada junto a Emilio Torrico y Rafa Diez dan muchas alegrías a la SDE durante esta etapa en grandes paredes como el Naranjo de Bulnes, el Tozal del Mayo, Gavarnie, el Vignemale, etc.
El nivel alcanzado es muy alto y se da el gran salto a grandes macizos montañosos de otros continentes. Alfonso Arias es seleccionado para la primera expedición española al Himalaya en 1973 que eligió como objetivo el Manaslu y que fue dirigida por Jaime García Orts. En esta expedición no se logrará la cumbre pero se obtiene una información valiosísima para la conquista de los primeros ocho miles por parte de españoles.
Alfonso Arias dirige la expedición al Yerupaja en 1974, de 6.634 metros, donde el grupo de la Sociedad Deportiva Excursionista conquista esta cumbre, la más alta de la Cordillera Blanca en el Huayhuash. Se trata de una de las primeras grandes expediciones organizadas por un club de montaña y no por la Federación, española o territoriales.
Sin duda uno de los aspectos más importantes de Alfonso Arias como alpinista ha sido su pasión por la fotografía, siendo uno de los primeros alpinistas españoles en difundir y mostrar estas expediciones con las técnicas audiovisuales más avanzadas de la época a través de grandes montajes audiovisuales y proyección con músicas y comentarios grabados, recorriendo la geografía española para mostrarlos en los clubes de montaña y asociaciones deportivas convirtiéndose así en uno de los grandes difusores del alpinismo internacional en España, creando la ilusión en muchos montañeros y las nuevas generaciones de alpinistas de viajar y escalar las grandes montaña de la tierra en el marco de una España que se abría poco a poco al mundo.
1975 es un año prolífico en el que regresa de nuevo al Manaslu en la segunda expedición española, año en el que finalmente se conquista la cumbre de este ocho mil llegando a la cima Jerónimo Lopez y Gerardo Blázquez.
También en 1975 organiza la expedición de la SDE: Operación África 75 en la que se asciende al monte Kenia por la directísima al Nelión y se realiza la ascensión al Kilimanjaro por la ruta Umbue, en la que los montañeros pasaron noche en el cráter.
En 1976 continúan las grandes expediciones, en este caso el objetivo es el Shakkaur de 7.116 metros en el Indu Kush de Afganistán, cumbre especialmente difícil también por su complicada aproximación, pues requiere atravesar el corredor del Wakhan, una espectacular fractura geográfica que además conlleva dificultades de tipo étnico-político. Alfonso Arias como jefe de expedición y el grupo de alta montaña del Sociedad Deportiva Excursionista abren una nueva vía en esta montaña por su espolón norte marcando un hito en el alpinismo español de la época.
Estos años de expediciones crean en Alfonso una sensibilidad especial en su manera de percibir las montañas, pues la conquista de las cumbres se componen de dos partes bien diferenciadas, una es la escalada en sí misma y la otra es la aproximación, los días en los que se ha de caminar hasta los campos base recorriendo valles con grandes bosques y ecosistemas espléndidos o zonas habitadas por maravillosas culturas que habitan las montañas con religiones, filosofías y tradiciones diferentes que muestran una riqueza cultural y etnográfica que se conservan intactas, en el corazón de los montañosos valles, dentro de un mundo en clara y rápida transformación.
Esto fascinó a mi padre, que disfrutaba tanto de la aproximación como de la misma escalada pues le enriquecía la relación con las gentes locales, surgiendo así amistades como con el lama Turner en el monasterio de Sama Ghompa, en la ruta al campo base del Manaslu. Realmente siente una fuerte atracción tanto por la geografía física como humana en los lugares que recorre. Estos largos días de reflexión caminando por las montañas más altas del planeta le llevan a la conclusión de abandonar su actividad profesional en la que dirigía la fábrica familiar para abrir en 1981 la primera empresa de trekking en España, Intrek que instala en la Torre de Madrid.
A través de esta empresa desarrolla el primer programa-folleto de trekking en el que realiza los ahora clásicos trekkings en Nepal del Everest, el Annapurna y en el Himalaya de la India, Garwal, Ladakh y Sikkim Realiza grandes travesías en Laponia, los Andes y las montañas africanas. También organiza y acompaña ascensiones a los llamados picos de trekking, haciendo más accesible y cercano el alpinismo internacional a otros montañeros realizando ascensiones a montañas como el Trisuli, Stock Kangry, Muztagata, Island Peak y volcanes en África como el Niaragongo en Zaire (ahora República del Congo) o el Ruwenzori.
No quisiera olvidar la faceta más cercana y pionera en España, pues durante la transición comenzamos los españoles a tomar conciencia del tesoro natural que es nuestro propio país. Desde Intrek se organizan grandes trekkings para extranjeros en Granada, Pirineos y Asturias, así como rutas de gran duración a caballo por nuestro país o las famosas singladuras en velero y las expediciones de buceo.
Durante los años 80 y 90 se produce en el Himalaya un proceso del que siempre estuvo muy atento, la apertura de reinos y regiones que estaban vedados a los extranjeros.
De esta forma es el primer español en realizar la travesía de Lhasa a Katmandú, hoy una travesía clásica, y en entrar en el Reino de Bután; aún recuerdo a mi padre embalando en el zaguán de casa las réplicas de las espadas del Cid fabricadas en Toledo que llevaba como regalo para el rey del Bután.
En 1983 organiza el primer grupo en entrar en los reinos de Spiti y Kinnaur en el Tíbet Indio al quedar abiertos al público después de la reducción de la franja de tierra de nadie entre la India y China.
En 1985 Intrek es absorbida por Catai Tours. Es en Catai donde comienza a organizar viajes a la India, al Sudeste asiático, Indonesia, etc.
En 1987 crea con sus dos grandes amigos Fernando Rodríguez y Manolo Travesí su propia mayorista de viajes: Dimensiones, viajes con Imaginación.
Son años pletóricos de viajes y expediciones también por África, como las travesías transaharianas por el Teneré y los macizos montañosos del Hoggar, el Tassili y el espléndido Tassili N´Ajjer con sus enigmáticas pinturas rupestres o las inolvidables expediciones transafricanas en 1989 y 1990 desde Madrid a Bamako atrasando el gran desierto de Tannesrouf, el vacío más vacío del mundo, pasando por la mítica Tombuctú y que luego continuaríamos hasta Benín recorriendo una de las zonas tribales más impresionante de África desde Burkina Fasso, por el sur de Níger hasta Togo y Benín. O esos primeros viajes a una Etiopía absolutamente desconocida.
Su pasión por el viaje le lleva en numerosas ocasiones por Oriente Medio y Asia Central a países como el Yemen, del cual era un verdadero especialista, Uzbekistán, Mongolia, el Sudeste asiático del que era también un gran amante, especialmente de la cuenca del río Mekong y también por América central y del sur y, como no, su querida India.
Pero sin duda destacaría dos expediciones únicas e irrepetibles organizadas por mi padre durante estos años y que reflejan un gusto especial para recorrer el mundo.
La primera en 1993 cuando regresa al Manaslu después de 20 años para darle la vuelta atravesando el Larkia Pass, continuando por el Annapurna cruzando también el Thorong Pass para llegar a las puertas del recién abierto reino del Mustang ascendiendo hasta Lo Manthang, siendo el primer español en entrar en este reino prohibido del Himalaya. Yo mismo pude ver el libro de registro tiempo después al pasar por Kagbeni durante un trekking al Annapurna.
En octubre de 1995 lidera uno de las más apasionantes overland o expediciones de superficie jamás realizados en el Tíbet, enlazando en un viaje las ciudades de Katmandú y Lhasa para continuar hasta el lago Manasarovar y el Monte Kailash y hacer la primera kora por españoles alrededor de este sagrado monte en el confín del Himalaya, tras lo cual continúa atravesando la provincia de Xinjiang y la ciudad de Kashgar hasta atravesar el Karakórum por el Kunjerab pass y descender por el valle de Hunza y la Karakorum Highway hasta Islamabad. ¡A ver quién repite esto!
Si he de terminar con algo destacable de mi padre, Alfonso, ante todo es su calidad humana, su compañerismo y la cantidad de ilusiones y sueños que ha hecho cumplir a sus compañeros de cordada y de viaje durante toda su vida.
Bajo mi punto de vista, Alfonso Arias ha tenido una experiencia de vida difícil de superar y una de las mejores que alcanzo a recordar de cuantas personas he conocido, por tanto concluyo con la que sin duda fue su frase preferida y que a todas luces resume su experiencia vital:
Como decía Chesterton:
"La Aventura es algo que nos escoge a nosotros, no algo que nosotros escogemos".
Hasta siempre Padre:
Alberto Arias
Alfonso fue un apasionado de la montaña y una muestra de alpinistas con empuje, que crecieron en una España del desarrollo, ¿o el desarrollismo?, en el sentido que vieron delante nuevos horizontes y se fueron a explorarlos.
Él era cariñoso, entrañable y muy líder, de modo que tiró junto a Rafa Díez y Emilio Torrico de la Sociedad Deportiva Excursionista llevándola en lo alpino a hacer, de modo bastante pionero en Madrid, las expediciones al Yerupajá y al Shakkaur, (Afganistán) que fueron meritorias y aportaron bastante a nuestro montañismo. También estuvo, en las dos expediciones al Manaslu y de algún modo llevó con él a Miguel López. Ello permitió que gente como los hermanos López fueran "para arriba" y otros como Andrés Fernandez, Arturo Romero y luego yo mismo, que no fui a las anteriores, viéramos que había que mirar lejos y no ponernos barreras.
Después, su faceta emprendedora y empresarial le llevó a dejar el negocio familiar para meterse de lleno con apasionada ilusión, como él hacía todo, en el mundo de los viajes a las montañas de modo profesional, siendo un verdadero avanzado en España de los trekkings comerciales y viajes de naturaleza a lugares remotos.
Su hijo Alberto sigue la tradición con su empresa Mugámara.
Pedro Nicolás

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