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IN MEMORIAM

Iñaki Ochoa, de oficio: alpinista

Jueves, 19 de Junio de 2008 - Actualizado a las 11:45h.

"Alguien definió con acierto al Annapurna como la personificación geológica de la angustia. Yo añadiría, sin dudarlo, el desamparo y la amarga sensación de ser el último habitante de este planeta. Cuando te plantas debajo, descubres que da igual que pises la cima o que no lo hagas, nada va a cambiar en ambos casos. Esa cima que centellea con rabia sólo mide con exactitud nuestra propia vanidad, nuestra impermanencia irremediable". Iñaki Ochoa sabía como decir las cosas, quizá por los estudios de filosofía que cursó, y por el camino que le llevó a hacerlo. O puede que por las montañas, por los tiempos de escucharse en sus laderas, por llegar a lo inalcanzable.

Iñaki falleció en el Annapurna, tras cinco días de esfuerzos superlativos. Intentaba la montaña, acompañado por Horia Colibasanu y Alexei Bolotov, por su arista este, hasta la que accedió por la vertiente sur. Una cara que le fascinaba, en la que reconocía las sombras de sentirse pequeño ante un coloso de "belleza salvaje". Imposible, para Iñaki, no acercarse. No probar su hielo y su roca, y la certeza de lo desconocido. Ahora, el navarro, a 7.400 metros, reina, junto a muchos otros, en su montaña.

Primeros pasos

Iñaki Ochoa nacía exactamente 14 años después de que Hillary y Norgay llegarán a la cumbre del Everest. Un 29 de mayo, en Pamplona, agitaba sus piernas y tomaba oxígeno. Y hasta casi 41 años después no dejaría de hacerlo. Delante de un toro en los encierros, en más de 130 ocasiones, o hacia la cumbre de un ochomil, 15 veces nada menos. Buscaba el deximosexto, un hueso "al que había echado el ojo". Uno de los dos últimos que le restaban para concluir la lista de los Catorce. Llegó hasta allí tras elegir un camino austero, comprometido. Escalaba ochomiles desde los 22 años, probando suerte por primera vez en el Kanchenjunga, el otro gigante sin tachar de su lista.

Hacía mucho que se había rendido al deporte y al conocimiento de su fuerza. "Le conozco desde que me atizaba en clases de judo", recuerda Mikel Zabalza, uno de sus primeros compañeros de cordada en aquellas, parecen lejanas, escapadas a Ordesa o Ansabere donde se hizo afín a una filosofía con la que no dejó de ser consecuente: "Atendía a la libertad individual de las personas. No se dejó atar por un quehacer diario, hizo lo que siempre quiso hacer", continua Mikel, casi como un eco de lo dicho por Edurne Pasabán, con quien Iñaki compartió un buen número de campos base, el primero en la cara Norte del Everest: "Lo tenía claro, su oficio eran las montañas", concluía la ochomilista vasca.

El número uno

J.C. Lafaille, otro de los alpinistas que inspiraron la trayectoria de Iñaki, hacía esta foto a la cara sur del Annapurna.<br> Foto: Col. LafailleJ.C. Lafaille, otro de los alpinistas que inspiraron la trayectoria de Iñaki, hacía esta foto a la cara sur del Annapurna.
Foto: Col. Lafaille

"Yo necesito sentir la montaña dentro de mí, necesito pararme y hacer la ceremonia budista en el campo base, ver cómo me encuentro, qué tengo dentro de mi, por qué quiero subir ahí. Y entonces entrarle", afirmaba Iñaki Ochoa en una entrevista concedida a la revista Desnivel. Y no trataba de engañarse a sí mismo, lo que ya había demostrado marchándose en un par de ocasiones de un campo base, en uno de esos momentos en los que el espíritu dijo "no", llegando a perder "ochocientas mil pesetas de mi propio bolsillo".

Edurne Pasabán continúa: "Era el número uno. Aprendí de su dedicación, de su constancia. Fue un ejemplo para mi". Y para muchos, que reconocieron en su actividad, marcada por la velocidad (p.e. Cho Oyu en 11h16m de CBA a cima, más de 40 carreras, Aconcagua en 5h45m) y el estilo, una manera diferente de entender las montañas.

Sebastián Álvaro, director de Al Filo de lo Imposible, contó con Iñaki Ochoa para su primera expedición al K2 en 1994. "Era uno de los jóvenes que más futuro tenía en el panorama de nuestro país". Y el tiempo le dio la razón a Sebastián, con quien el navarro colaboró durante años. Ambos pudieron compartir una cena en Kathmandú antes de que Iñaki desafiará, este mayo, los rigores del Annapurna. "El camino que había escogido los últimos años era muy interesante, realizando actividades de gran compromiso. Muy rápido, fuerte e individualista, en definitiva, como muchos de los grandes", acaba Sebas.

Uno de los grandes. Parece una etiqueta complicada de llevar a la espalda, pero para eso, Iñaki, se fijaba en "el mejor", en Reinhold Messner, por el que profesaba una fiel admiración: "Sin duda, es un genio, por eso le odia todo el mundo. Es superior a todo el mundo, es como Bob Dylan en la música. Cualquier cosa que toca Messner es diferente al resto, ya sea una conferencia, un libro o la propia escalada. Tiene un toque particular, un toque de genialidad. Es un genio y los genios siempre han sido rechazados por el resto de la manada, pues es lo que pasa con él, Messner es una referencia. Con todos sus defectos y con todo lo que se le puede criticar, que no es poco, sigue siendo la referencia", opinaba un Iñaki que gustaba de emprender, como comenta Mikel Zabalza, "empresas audaces y meritorias".

De trayectoria más reciente, Iñaki, compartía ética con uno de los adalides del alpinismo de calidad contemporáneo, Denis Urubko, que a la postre acabaría formando parte de los equipos de rescate que se dejarían la piel en el Annapurna tratando de bajar al navarro.

Urubko, Steck y unos cuantos alpinistas

Iñaki Ochoa y Denis Urubko.<br>Foto: Col. Iñaki Ochoa / desnivelpress.comIñaki Ochoa y Denis Urubko.
Foto: Col. Iñaki Ochoa / desnivelpress.com

Denis Urubko es de Kazajistán, seguidor del "buen estilo" que le llevó, por ejemplo, a abrir nuevos itinerarios en el Manaslu (2006) y Broad Peak (2005), e Iñaki ya le había definido como un tipo "de los que siempre sale a todos los rescates, que no se escaquea ni un metro en abrir huella, en fundir nieve". El de Pamplona lo decía antes de plantearse una pregunta definitiva: "En altura ¿hay que ayudar a la gente? La altura saca lo que hay en nosotros, lo mejor y lo peor. Lo peor que vemos en nuestra sociedad, “abajo”, es la insolidaridad, la soledad, la falta de valores humanos, esto llevado a un extremo pasa en la altura. Pero hay gente que no es así, Urubko, Egocheaga (Jorge) o Moro (Simone). Es gente que están allí, y que siempre se moja, sale cuando nadie quiere salir; hay que tener pulmones, tener piernas y corazón. Urubko es que siempre se las come todas...".

Y volvió a hacerlo, cargado con botellas de oxígeno, para tratar de ayudar a su amigo, que pasó cinco días en el campo IV sufriendo una grave lesión cerebral, tras retirarse del ataque a cumbre. "Bajo un punto de vista solidario, han representado todo un ejemplo", describe Sebastián Álvaro al grupo de alpinistas que, desde diferentes puntos del mundo, orquestaron el intento de rescate de Iñaki. Alpinistas como Ueli Steck, que pasó las últimas horas con el navarro, tras "volar" desde la otra vertiente de la montaña, hidratándole y medicándole de acuerdo a los consejos del equipo médico reunido en Pamplona por Koldo Aldaz, Jorge Nagore y Cristina Orofino, culpables de buena parte del despliegue técnico y humano puesto en marcha desde el primer día para socorrerle.

Iñaki tras su ascensión al Dhaulagiri.<br>Foto: Col. Iñaki OchoaIñaki tras su ascensión al Dhaulagiri.
Foto: Col. Iñaki Ochoa

Desde ese primer día, el 19 de mayo, estuvo el rumano Horia Colibasanu junto a Iñaki, luchando por estabilizar a su compañero de expedición a una altura en la que el hombre se desvanece sin remedio. Se sumarían a las labores equipos llegados de Katmandú y alpinistas como Dan Bowie, que en un principio compartía planes con Iñaki, o Alexei Bolotov, el tercer miembro del equipo que intentaba la cumbre y que tras más de un día desaparecido llegaba al campo IV con problemas de salud, por lo que no llegaría a descender hasta el campo base, recuperando fuerzas por debajo de los 7.000 para tratar de prestar ayuda.

"Esto demuestra que aún quedan valores en la montaña. Lo que han hecho, por una ruta complicadísima y arriesgando su pellejo, ha sido extraordinario", analizaba los hechos Edurne Pasabán, ya en España, con su décimo ochomil aún caliente. En Katmandú, mientras Iñaki permanecía en el cuarto campo de altura, Carlos Soria esperaba un equipo para sumarse al empeño por salvarle. "Nunca ha dejado de haber solidaridad, pero es que ahora hay mucha más gente y ocurren más cosas". Y continuaba el septuagenario ochomilista: "Hemos podido comprobarlo de primera mano en el Annapurna, pero también en otras montañas como el Makalu o el Dhaulagiri". En ambas, este año, se sucedían rescates al límite.

Iñaki Ochoa de Olza.<br>Foto: Colección Iñaki Ochoa / desnivelpress.comIñaki Ochoa de Olza.
Foto: Colección Iñaki Ochoa / desnivelpress.com

Casos sonados como el de David Sharp en 2006, en el Everest, cuya agonía era contemplada por hasta 40 personas, levantaban ampollas, y algunas voces que ponían en tela de juicio la ética del alpinista actual en el Himalaya. "Lo han intentado, a pesar de todo, cuando practicamente no había posibilidades de bajar a Iñaki", Soria dixit. "A todos ellos me gustaría darles las gracias", ha dicho Mikel Zabalza. "Queda, en el Annapurna, una enorme lección de solidaridad".

Iñaki Ochoa de Olza fallecía a las 12:30, hora de Nepal. "El máquina del ochomilismo ibérico más próximo a acabar los Catorce Ochomiles", como se le definió en esta casa, se queda en la montaña. Su familia, en parte pensando en el riesgo de los rescatadores, en parte por la forma de vivir de Iñaki, han preferido que su cuerpo repose allí, cerca de aquellos ochomil metros que superó en una treintena de ocasiones, alguna vez en compañia de Jorge Egocheaga, cuyas palabras usaremos para concluir: "Iñaki sigue vivo, en ocasiones más que antes, en el alma, corazón y pensamiento de todos aquellos que lo queremos con pasión. Se ha ganado la inmortalidad a pulso, simplemente (casi nada) por ser como era".

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