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Este sudtirolés de 27 años, de aspecto rocoso y mirada permanentemente divertida, es una de las más firmes promesas. Sólo nueve años de actividad lo han situado entre quienes despiertan admiración, por sus realizaciones, compromiso y estilo.
Isaac Fernández - Miércoles, 9 de Noviembre de 2011 - Actualizado a las 10:09h.
Simon Gietl es un montañero joven, nada preocupado por esconder su aspecto juvenil detrás de complejos discursos filosóficos o espirituales sobre la montaña. Es alguien que un buen día –tampoco hace mucho tiempo, la verdad- descubrió esto de la escalada y el alpinismo y que desde entonces no ha podido dejar de practicar esta pasión para él. En los entresijos de la International Mountain Summit (IMS) se movía con prudencia, consciente de no encontrarse en su ambiente. Su ambiente son las paredes, con dificultades técnicas importantes, largo recorrido por delante y poco material en el petate. De todos modos, accede a realizar una entrevista larga sobre su trayectoria, intensa aunque relativamente corta (de momento). Se expresa en alemán, la primera lengua para la mayoría de habitantes de esta esquina de Italia fronteriza con Austria.
En los últimos dos años, la frenética actividad de Simon Gietl ha saltado a los medios de comunicación, a menudo haciendo equipo con el suizo Roger Schaeli. En invierno de 2010, abrían una nueva vía en la Aguja Poincenot, en una fantástica expedición a Patagonia. En septiembre de ese mismo año, trascendía su ascensión de Eventyr (1.300 m, 7a+) en Groenlandia. Y en noviembre, liberaba la vía Fairplay (230 m, 8a+) que él mismo había abierto en el Piz Boè (Dolomitas).
Ya en este 2011, en febrero, Gietl y Schaeli batían el récord de velocidad de la cara norte del Eiger y, en marzo, se hacían con la primera invernal de Pressknodel (400 m, 7c) en la Cima Ovest de Lavaredo, en Dolomitas. Estas dos últimas ascensiones, formaban parte de la preparación para su gran expedición del año, el intento de liberación de la Arwa Spire, en el Himalaya, que terminó en tragedia a poco de empezar con la dolorosa desaparición del cámara de la expedición al caer en una grieta.
¿Quién es
Simon Gietl?
Una persona
de familia. Una persona que busca vivir cada día de la manera más intensa
posible.
Empezaste
tarde en esto del alpinismo, ¿cómo fueron esos inicios?
Iba un día
por la carretera haciendo autoestop, entre Dobbiaco y Brunico (Tirol del Sur).
Al final, el coche que me recogió lo conducía un tipo que venía de las Tre Cime
di Lavaredo y me contó sus aventuras allí, así como la diferencia entre la
escalada deportiva y la escalada alpina. Recuerdo que me decía: “la escalada
deportiva es sólo para niños, pero los hombres de verdad hacen escalada
alpina”. Así que yo ya estaba obligado a empezar con la escalada alpina, y así
fue como me inicié.
¿Tú no
escalabas entonces?
No. Siempre he sido una persona muy deportista, pero nunca había hecho nada con
la cuerda y el arnés. Sí que hacía algo de esquí alpinismo, pero nada de
escalada.
¿De qué año
estamos hablando?
De eso hace nueve años, cuando tenía 18.
¿Cómo te
llegas a apasionar con este deporte a partir de esa conversación?
Primero
empecé con la escalada deportiva. En esa época tenía mieda de la altura, pero
el hecho de practicar la escalada me dio la posibilidad de traspasar mis
límites personales y superarlo. Esa capacidad de superar mis propios límites me
daba una satisfacción tan grande que me empujaba a escalar más y más. También
veía esas paredes tan difíciles, en las que me decía que nunca iba a ser capaz
de escalar, pero que al final también conseguía hacerlas… Todo ello me motivaba
a hacer siempre algo más. Así me fascinó tanto que fui mejorando hasta donde
estoy ahora.
Ahora, ¿eres
profesional del alpinismo?
El 70% de mi
tiempo, me dedico profesionalmente al alpinismo, mientras que el 30% restante
ejerzo de guía alpino, ya que me saqué el título. Salewa es mi sponsor
principal, y tengo otros tres más pequeños.
Al mismo tiempo, sé que la escalada no lo es todo en la vida y para mí es importante buscar el equilibrio entre el tiempo que le dedico a la escalada y la montaña y el tiempo para estar con mis amigos, tomando una cerveza en una terraza… Si pones todo tu tiempo y energía en una cosa, puede ser que en unos pocos años te quedes absolutamente vacío y sin energías para continuar adelante. Es importante conseguir este equilibrio y hacer también otras cosas.
¿Cuáles son
tus puntos fuertes como alpinista?
Lo que se me
da mejor es escalar en un terreno ligeramente desplomado y presas pequeñas.
Además, tengo la capacidad de relajarme completamente en la montaña y no sentir
nada de miedo… Ahora, quizás, lo que empiezo a sentir es miedo de mí mismo,
porque sé que puedo hacer cosas que podrían llegar a ser demasiado peligrosas.
En estos
últimos años, has tenido una actividad muy frenética. ¿Cómo es tu manera de
planificar un objetivo y luego realizarlo?
Siempre voy
por la vida con los ojos abiertos. De este modo, me fijo en muchas vías y
muchas cosas. Cuando veo una cosa que me gusta, soy capaz de concentrarme mucho
en ese objetivo y le dedico mucha energía.
Para mí es importante también tener algunos caramelos por el camino en un gran proyecto. Por ejemplo, en el proyecto del Himalaya de este año, mientras nos preparábamos, nos pusimos algunos otros retos intermedios, como el récord de velocidad en la cara norte del Eiger, o la primera invernal a Pressknödl en la Cima Ovest de las Tre Cime di Lavaredo, o las dos rutas de mixto que abrimos… Todas esas actividades me han fueron dando satisfacciones y confirmando que estaba en el camino correcto, en los duros entrenamientos para el proyecto del Himalaya. Creo que es importante no centrarse sólo en objetivos muy lejanos, sino tener algo que te motive más al alcance.
En el
alpinismo de alto nivel se habla mucho del estilo. ¿Sientes que el estilo es
algo importante para ti? ¿Cómo es el estilo de alpinismo que practicas?
Mi aproximación a la cuestión del estilo en la montaña se
basa en que las dificultades están ahí para
superarlas, no para modificarlas. Yo no quiero cambiar la montaña,
quiero ser lo suficientemente fuerte como para superarla. Por eso nunca voy a
la montaña con el taladro. Intento hacer mis vías con sistemas tradicionales.
Puede ser que, de esta forme, encuentre dificultades que no sea capaz de
superar, pero eso para mí significa una motivación para entrenar más y estar
más fuerte la próxima vez. Tengo muchísimo respeto por la montaña.
Hablas de
respeto por la montaña, de dificultad y de ausencia de miedo. Aquí entra en
juego también la cuestión del compromiso de las vías. ¿Cómo te manejas con la
variable del compromiso?
Pienso que los riesgos de una vía, si se tienen todos en cuenta, pueden ser muy
grandes. Pero si profundizas y los tienes en cuenta individualizadamente, ya no
lo es tanto… Es como cuando hierves pasta y la pones a escurrir: yo pongo los
riesgos en el colador y los separo, los filtro y los tengo en cuenta uno a uno.
Además, intento minimizarlos al máximo. Por ejemplo, quedándome dos días
delante de la pared para ver en qué momentos hay caída de piedras, en qué
momentos hay avalanchas, cuándo cae el hielo… estar muy atento y tener los ojos
muy abiertos para limitar los riesgos al mínimo posible. Es evidente que
siempre va a haber riesgos, pero al final, con mucha cautela, siempre es
posible limitarlos a algo controlable y que, en cualquier caso, no sea tan
grande como para evitarme hacer la vía.
¿Cuáles son
tus ídolos, tus grandes referentes en el mundo de la montaña?
Los primeros
que fueron verdaderamente importantes para mí fueron Christoph Hainz, Adam
Holzknecht y Mitta Steiner-Roland, que fueron tres alpinistas sudtiroleses que han hecho
grandes cosas y muy difíciles. Los proyectos de ellos tres me han fascinado y
me han inspirado. Las rutas que abrieron tienen pocas repeticiones y mi
motivación ha sido poder hacerlas y conseguir estar tan fuerte como ellos. Por
supuesto ha habido otras personas en la historia del alpinismo que han hecho
cosas muy importantes, pero estos tres fueron la primera influencia y la más
fuerte.
¿Has seguido
sus pasos, haciendo sus vías?
Sí, principalmente he seguido las vías
que abrió Christoph Hainz, intentando hacer todas las más difíciles. Al final,
he visto que soy capaz de hacerlo, pero hasta ahora siempre he ido siguiendo
sus pasos. Ahora ya me siento capaz de hacer mis propios proyectos y
desarrollar mi propio estilo de escalada.
¿Cómo es ese
estilo propio de escalada de Simon Gietl?
Para empezar, no utilizo spits. Además, siempre he elegido paredes de roca
difícil, en las que la roca no es muy segura, y además todos los seguros sean
tradicionales.
Formas un
equipo muy fuerte con Roger Schaeli, ¿qué aportáis cada uno al equipo y cómo os
manejáis conjuntamente?
Roger dijo
una vez que para él yo era como su hermano pequeño. Yo podría suscribir
exactamente lo mismo. Eso, para mí, lo dice todo de la relación que tengo con
Roger, que es verdaderamente una conexión muy fuerte, como familiar.
¿Cómo surgió
esa conexión? ¿Cómo empezasteis a formar cordada?
El primer
contacto que tuve con Roger fue cuando me telefoneó una noche por si quería ir
a hacer la norte de la Cima Grande de Lavaredo el día siguiente. Yo me lo pensé
un momento y en seguida le dije que sí. La primera vez que nos vimos fue a los
pies de la pared norte de la Cima Grande de Lavaredo y, desde ese mismo
momento, ya nos encontramos muy bien juntos y empezamos a hablar de próximos
proyectos. Ese fue el inicio.
¿Te llamó sin
ni siquiera conocerte?
Sí. En un principio, Roger quería hacer la ruta con Christoph Hainz, que ese
día estaba un poco enfermo o no se sentía muy bien. Fue Hainz quien le dio mi
teléfono.
Juntos habéis
hecho varias buenas actividades, seguramente las mejores que has hecho… ¿Cuáles
son los mejores momentos que has tenido en la montaña?
Se me hace difícil decir una cosa que sea mejor que otra. Todas son muy interesantes
para mí. Naturalmente que estar en el Fitz Roy o la expedición a Groenlandia
son momentos muy intensos, pero todas mis primeras ascensiones son momentos
especiales para mí. Así que me resulta imposible elegir una sola cosa y decir
“esta es la más importante”.
Y supongo que
los peores momentos en el Himalaya, ¿no? ¿Cómo se vivió esa expedición?
Todavía es algo que está muy presente; no ha terminado el proceso de superarlo
y cerrar este capítulo. Por eso quiero regresar al Himalaya el año próximo para
ver de nuevo ese lugar y poder cerrarlo. Toda la historia es todavía una herida
abierta muy reciente en mi memoria.
A nivel
deportivo, ¿queréis regresar y hacer lo que teníais pensado?
Sí, porque la verdad es que prácticamente no pudimos ni empezar con el proyecto.
Llevábamos sólo dos días en la pared cuando sucedió el incidente, de regreso al campo base.
Queremos regresar y terminar el proyecto de la Arwa Spire.
¿En qué
consiste exactamente el proyecto?
Se trata de una ruta que Roger ya hizo en 2002. Nuestro objetivo es hacer la
primera ascensión en libre.
¿Tienes otros
objetivos ya planteados? ¿Otras paredes? ¿Otras ascensiones? ¿Cuáles son tus
próximos proyectos?
En dos
semanas y media regresamos a Patagonia y ya veremos lo qué pasará, porque la
cuestión de la meteorología allí siempre es complicada. La primera vez que
estuvimos allí tuvimos mucha suerte con el tiempo y, en seis semanas, pudimos
hacer cuatro cimas, que en Patagonia es una cosa muy afortunada. Ayer
estuve hablando con el guía Hanspeter Eisendle que me decía que estuvo allí por
tres semanas y tuvo sólo tres días de buen tiempo.

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