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"AL NO ESTAR CASADOS ME PROHIBIERON ACOMPAÑARLE EN SUS ÚLTIMOS MOMENTOS"

Bonatti y Rossana, un amor de película

Rossana Podestà,  compañera de Walter Bonatti durante los últimos treinta años, acaba de conceder una entrevista al diario La Repubblica, en la que denuncia lo sucedido en las últimas horas de la vida de Walter Bonatti. Se le impidió estar a su lado porque “no estaban legalmente casados”.

Sebastián Álvaro - Viernes, 18 de Noviembre de 2011 - Actualizado a las 11:08h.

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Bonatti y su mujer Rossana en la librería Desnivel
Bonatti y su mujer Rossana en la librería Desnivel (Darío Rodríguez / Desnivel.com)

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  • Bonatti y su mujer Rossana en la librería Desnivel Bonatti y su mujer Rossana en la librería Desnivel (Darío Rodríguez / Desnivel.com)
  • Walter Bonatti inauguró la Librería Desnivel en 1999. En la imagen ante una de las fotos de su exposición Detener la emoción. Walter Bonatti inauguró la Librería Desnivel en 1999. En la imagen ante una de las fotos de su exposición Detener la emoción. ((c)Darío Rodríoguez)
  • Walter Bonatti firmando libros en la Librería Desnivel de Madrid. Walter Bonatti firmando libros en la Librería Desnivel de Madrid. ((c)Darío Rodríguez)
  • Walter Bonatti. Dibujo de José Luis López Saura para el mural de la Librería Desnivel. Walter Bonatti. Dibujo de José Luis López Saura para el mural de la Librería Desnivel. ((c)Darío Rodríoguez)
  • Walter Bonatti, foto portada de la revista Desnivel nº263. OJO, NO UTILIZAR ESTA FOTO SINO OTRA IGUAL EN LA QUE VIENE MAS RESALTADA LA MARCA AGUA CON LA FIRMA AUTOR Walter Bonatti, foto portada de la revista Desnivel nº263 (Darío Rodríguez / Desnivel.com)
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Recorrieron el mundo entero, vivieron aventuras inéditas y vieron los paisajes más bellos y remotos.

Sebastián Álvaro, gran amigo de Walter Bonatti y de Rossanna reflexiona sobre este desgraciado acontecimiento que hizo que Bonoatti muriera solo, sin estar acompañado en sus últimos momentos por el gran amor de su vida, con quien había vivido los últimos treinta años de su vida. Una bella historia de amor entre el gran alpinista y una famosa actriz que eligieron vivir intensamente alejados de la atención del público y de los medios de comunicación. Una bonita historia que Sebastián Álvaro también nos relata en este texto:

A finales del verano el cáncer de páncreas, que él sabía era incurable, comenzó a desarrollarse de modo fulminante. Pocos días antes seguía desarrollando su actividad con normalidad, escribiendo y encargándose de ordenar su archivo fotográfico. Esa fue la excusa que me dio para no regresar este año a España a caminar juntos por el Pirineo. Alguna vez lo hablamos de refilón, casi al margen de una conversación sobre accidentes en la montaña, pero también en eso estuvimos de acuerdo. Vivir dignamente, me dijo, supone también saber, y poder, morir con dignidad.

Vivir dignamente, me dijo, supone también saber, y poder, morir con dignidad.

Walter Bonatti era un gran alpinista, posiblemente uno de los más grandes, pero sobre todo era un ser humano que destilaba humanidad y sabiduría, uno de esos seres incorruptibles que tan necesarios son en nuestra sociedad, y más ahora cuando se buscan referentes y valores con los que transitar en tiempos de crisis.

Por eso me parece más escandaloso lo que acaba de suceder en Italia, justo en el momento en el que Bonatti encaraba su tránsito final, por el que inevitablemente vamos a pasar todos. Su mujer, Rossana Podestà, acaba de conceder una entrevista al diario La Repubblica, en la que denuncia lo sucedido en las últimas horas de la vida de Walter Bonatti.

Walter Bonatti era un gran alpinista, posiblemente uno de los más grandes, pero sobre todo era un ser humano que destilaba humanidad y sabiduría,

Justo en ese momento en el que más vamos a necesitar a la gente que nos quiere a nuestro lado, para poder acometer con tranquilidad nuestra última escalada en solitario, justo en ese momento, se le impidió estar a su lado porqué “no estaban legalmente casados”.

Walter murió el 13 de septiembre en una clínica religiosa privada. Según las palabras de Rossana “al no estar esposados me han prohibido asistirlo en sus últimos momentos. Me he decidido a hablar porque no quiero que vuelva a ocurrirle a ningún otro. Walter ha muerto solo, llamándome inútilmente”. 

Ahora recuerdo que ambos compartíamos la admiración por el gran aventurero Luis de Saboya, hijo del rey de España Amadeo I, que fue a morir a Somalia lejos de la corte italiana porque según sus palabras sólo allí estaría a salvo de “la hipocresía de los hombres civilizados”.  A Walter ni siquiera le han dado esa oportunidad en el momento de su muerte. Esa terrible hipocresía que retrata la verdadera alma de las personas.

Rossana Podestà formaba parte del reducido grupo de actrices italianas que, junto a Sofía, Claudia y Gina, integraron la memoria sentimental imprescindible de la España de los años sesenta.

Alguien debería dimitir en esa clínica religiosa de Roma y luego, siguiendo sus creencias, retirarse a un convento para purgar sus pecados. La excusa banal del médico para negarle a Walter el derecho a morir en paz con la mujer a la que amó toda su vida, fue la que alguien ya ha escrito: “señora no pretenda tener derechos que no le corresponden”. ¡Que injustas pueden ser las personas y cuanto dolor pueden causar, por ignorancia o cobardía!

Y recuerdo su hermosa historia de amor, un amor de película, que ellos, Rossana y Walter, me contaron una noche cenando en un restaurante de la Plaza Tirso de Molina. Habíamos terminado la inauguración de la exposición de algunas fotografías de su época de reportero y nos encontrábamos relajados, riéndonos de lo tímidos y tontos que a veces somos los varones.

Entonces Walter comenzó a contarme cómo se conocieron treinta años atrás. A mi derecha Rossana asentía, o matizaba, sus palabras. Rossana Podestà formaba parte del reducido grupo de actrices italianas que, junto a Sofía, Claudia y Gina, integraron la memoria sentimental imprescindible de la España de los años sesenta.

Recuerdo como si fuera hoy a aquella bella mujer haciendo de Helena de Troya. Rossana que ya había estado casada y tenía dos hijos, estaba en esa etapa madura en la que se negaba, según nos explicó, a seguir las duras exigencias de una actriz que necesita estar “obligatoriamente bella todos los días de la semana”  En ese tiempo la hicieron una entrevista en la que al final la hicieron una de esas tontas preguntas:

Rossana se negó a seguir las duras exigencias de una actriz que necesita estar “obligatoriamente bella todos los días de la semana”

“¿Si estuviera en una isla desierta a quien elegiría para encontrarse allí? Y Rossana contestó, sin pensárselo mucho, pero sin dudar, “A Walter Bonatti”. No era una respuesta descabellada porque el gran alpinista italiano era por entonces un tipo con una planta formidable y el aura de ese Aquiles protagonista de sus películas.

Un amigo llamó a Walter para contarle lo que había pasado y le convenció, a pesar de su timidez, para que la llamara a Roma. Por fin se atrevió. “Rossana, soy Walter. Te agradezco mucho lo que has dicho de mi. ¿Qué te parece si cuando vaya a Roma, dentro de seis meses, te doy un toque y nos vemos?” A mi derecha Rossana sonreía mientras me decía: “¡Que hombre tan raro, te llama para quedar… dentro de seis meses” Al rato volvió a sonar el teléfono: “Soy Walter, que a lo mejor tengo que bajar al mes que viene ¿te parece que te llame entonces?”

Por último, unos minutos después, se produjo la última llamada, que entonces si reflejaba la fuerte personalidad y la decisión con la que Walter acometió todas sus aventuras: “Rossana, soy Walter mañana voy a verte a Roma”. Desde entonces, hace más de 30 años, Walter y Rossana no se separaron, hasta el pasado 13 de septiembre en los que un médico les negó ese derecho.

“¿Si estuviera en una isla desierta a quien elegiría para encontrarse allí? Y Rossana contestó, sin pensárselo mucho, pero sin dudar, “A Walter Bonatti”

Recorrieron el mundo entero, vivieron aventuras inéditas y vieron los paisajes más bellos y remotos. Y no se casaron legalmente. Porque no necesitaron papeles, ni jueces, ni religiosos que les legalizase el amor que ellos sentían. Quiero pensar, porqué soy un ingenuo optimista, que en España jamás se hubiera producido un hecho tan cruel. Sólo pido que la fortuna, y los hombres buenos, nos permitan encarar nuestros últimos momentos. Y siempre a salvo “de la hipocresía de los hombres civilizados”

Walter Bonatti

Montañas de una vida

por Walter Bonatti

Nueva edición del testimonio de un hombre que hizo de las cumbres escuela de honestidad. En esta autobiografía única, sincera y llena de tensión, Walter Bonatti († 2011), narra su vida de escalador, en la cual ascensiones formidables se mezclan con dramáticas experiencias humanas. El libro presenta al lector toda la edad de oro del alpinismo clásico que fueron los años 50 y 60, mientras conocemos en detalle las más importantes hazañas del autor: la primera ascensión a la pared este del Gran Capucin, la dramática expedición italiana al K2 ?considerada la cumbre más difícil del Himalaya?, el Pilar del Dru, la tragedia del Pilar Central del Frêney, el Gasherbrum IV, la solitaria invernal a la cara norte del Cervino. Es entonces, en la cima de la gloria, cuando súbitamente Bonatti decide abandonar el alpinismo y dedicarse a la exploración y a la aventura en las regiones más salvajes del mundo, como periodista del semanario Epoca.

Montañas de una vida también nos desvela el porqué de este inesperado abandono, pero por encima de todo ello constituye un testimonio sin igual de cómo las montañas pueden convertirse en una escuela de honestidad, sensibilidad y fortaleza.

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