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Pedro Cifuentes y Adrián Ayllón regresan sin cumplir su objetivo de completar la travesía de las tres Torres del Paine, pero se traen una nueva vía a la Torre Norte a la que han llamado Cuenca es única (250-300 m, 5.11/A1). Vivieron un descenso dramático.
Desnivel.com - Martes, 12 de Abril de 2011 - Actualizado a las 20:20h.
Reportaje de la cadena CMC sobre la expedición de Pedro Cifuentes y Adrián Ayllón a las Torres del Paine, con la apertura de la vía Cuenca es única a la Torre Norte. (CMC)
Pedro Cifuentes y Adrián Ayllón han regresado de su expedición a las Torres del Paine. No han cumplido su objetivo de realizar la travesía de las tres torres, pero se traen una nueva vía a la Torre Norte y el alivio de haber podido descender sanos y salvos cuando los elementos se les habían puesto muy en contra. La nueva ruta se llama Cuenca es única y asciende a la cima principal de la Torre Norte (con un último largo que coincide con la Monzino) desde el collado que separa las dos cumbres de esta torre, con un recorrido de entre 250 y 300 metros, unas dificultades estimadas de 5.11/A1 y un gran peligro por la caída de piedras.
La expedición propiamente empezó con una aproximación de tres días, con la ayuda de unos pilcheros (caballos) para acarrear los 150 kg de material que necesitaban llevar para ser autónomos en una actividad que calculaban les podía llevar unos 30 días en la pared. Atrás había quedado el viaje de Madrid a Santiago de Chile, de allí otro vuelo a Punta Arenas, un autobús a Puerto Natales y la llegada al Parque Nacional de las Torres del Paine.
Un par de días después de haberse instalado en el campo base, Cifuentes y Ayllón se pusieron manos a la obra. Su intención era realizar la travesía escalando primero la Torre Norte, después la Central y terminar por la Sur. Así que se metieron en pared por la vía Espíritu libre, abierta por Fabio Leoni y Elio Orlandi en 1998 y que se encontraron “totalmente limpia, solamente nos encontramos las dos primeras reuniones con clavos muy antiguos; esta vía consta de 13 largos y una graduación de 5.11/A1”.
Pero después de subir cinco largos en una larga jornada que empezó a las 8 de la mañana y terminó montando la hamaca a las tres de la madrugada, tuvieron que dar marcha atrás: “El siguiente día el tiempo fue inestable, tanto por el viento como por el frio, decidimos quedarnos en la hamaca. Por la noche los fuertes vientos de unos 100km/h nos llevan a tomar la decisión de bajarnos, estábamos experimentando oscilaciones verticales en la hamaca de alrededor de un metro”, explica Cifuentes.
Dos días más tarde, volvieron a meterse en faena, con la política de avanzar a diario aunque fuera poco. La escalada fue dura y peligrosa: “había largos muy descompuesto que entrañaban graves riesgos para nuestra integridad física, ya que había piedras del tamaño de lavadoras que caían al vacío sin esperarlo. Largos de fisuras llenas de hielo y que había que limpiar con el sacafisurero para poder meter los friends. A la hora de montar las reuniones para izar los petates, había que buscar muy bien dónde ubicarlas, ya que todas las piedras eran muy inestables. Recuerdo un día en que monté una reunión y cuando empecé a tensar la cuerda para izar los petates se me vino una piedra como una furgoneta encima y al moverse se salieron 2 friends, nunca olvidaré ese momento, creía que nos íbamos para abajo con todo”, cuenta Pedro Cifuentes. Finalmente, consiguieron llegar a la Cima Norte de la Torre Norte.
El continuo mal tiempo, que los dos alpinistas no esperaban con tanta crudeza, les obligó a permanecer dos días casi parados, sólo izando material y observando la línea de su ascenso a la Cima Principal. Al tercer día, salió el sol y pudieron rapelar hasta el collado que divide los dos picos de la torre.
Posteriormente, se adentraron “por un terreno totalmente virgen”, señala Cifuentes, para ascender desde ese collado hasta la Cima Principal (o Sur) de la Torre Norte. Cuenca es única tiene “una primera parte de piedra muy compacta, por lo menos los tres primeros largos, y los últimos cuatro, muy rotos y descompuestos”. Llegaron a la cumbre a las seis de la tarde, tras recorrer el último largo de la vía Monzino.
Una ligera brisa, con una dirección del viento poco favorable, les hizo recomendable pasar la noche en una repisa en la misma cumbre. En seguida, el mal tiempo fue a peor. Nieve, vientos de 100 km/h y frío de -10ºC… los elementos agujerearon el fly e inutilizaron uno de los dos sacos de dormir. Al final, decidieron bajar sí o sí, por la vía Monzino. “En condiciones normales creo que en 2 o 3 horas se puede llegar al suelo, pero las cuerdas se iban enganchando en todas las lajas habidas y por haber, ya que el viento las lanzaba hasta casi ponerlas en horizontal”, explica Cifuentes, que continúa: “Ya alrededor de las 8 de la tarde se puso a nevar intensamente y, al llegar a la base de la pared, nos hundíamos hasta la cintura. Intentamos llegar al campamento en altura para montar nuestra tienda de campaña y descansar”. Una decisión, esta última, que casi les cuesta la vida.
Pedro Cifuentes y Adrián Ayllón llevaban todo el día de actividad, casi sin haber comido ni bebido. “Para mí, esto fue una lección que jamás olvidare: si no has comido, si no te has hidratado, y llega la noche, lo mejor es buscar el mejor lugar posible para descansar un poco y esperar al amanecer. Hay un refrán sabio que dice que no por mucho correr amanece más temprano, yo incluso me atrevería a decir que por mucho correr a lo mejor ni amanece”.
Y es que la poca visibilidad y el cansancio los llevaron a un corredor que, con la drástica bajada de las temperaturas, se había congelado, convirtiéndose en una especie de tobogán helado por el que Ayllón se precipitó 300 metros –“que bien podrían haber sido 2.000 hasta el glaciar si no se hubiera detenido no sé ni cómo”-. Aun magullado por la caída, tuvo que buscar la manera de volver a subir por otro camino y rescatar a Cifuentes desde arriba, bloqueado en pleno corredor. Al salir de allí, optaron por hacer un agujero en la nieve donde refugiarse de las temperaturas inferiores a los -15ºC de ese momento.
No todo terminó con la llegada al campo base: “Al llegar a la tienda no imaginábamos que el destino nos depararía dos días más encerrados bajo unas intensas nevadas y unos vientos terribles que prácticamente enterraban la tienda y parecían querer arrancarla del suelo. Finalmente decidimos abandonar el campo y bajar; cuanto más tiempo nos manteníamos arriba, la situación se complicaba aún más”.
Con síntomas de congelación en los pies e incapaces de acarrear con todo el equipo, tuvieron que abandonar una parte del material en la montaña, con lo que consiguieron finalmente llegar al campamento japonés y al refugio chileno.
Tras regresar a casa, Pedro Cifuentes ya ha anunciado que pretende volver a intentar la frustrada travesía de las tres Torres del Paine el año próximo. Por el camino, este año intentará abrir una nueva vía en Taghia (Marruecos).
Cifuentes quiso dar las gracias “a nuestros amigos los porteadores, gracias a los cuales pudimos regresar a casa vivos. Mi agradecimiento especial a ellos, Nicolás Secul, Tomas Marusic, y Sebas el colombiano”. Además de los patrocinadores que hicieron posible la expedición: Rab, Robens, Federación de Montaña de Castilla-La Mancha y Club de Montaña Dolomia.

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