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Las reflexiones de David Lama tras su liberación en el Cerro Torre

El escalador austriaco, todavía desde Patagonia, hace una profunda reflexión sobre el camino físico y mental que le llevó a conseguir la liberación de la arista sureste del Cerro Torre, la mítica vía del Compresor.

Desnivel.com - Martes, 31 de Enero de 2012 - Actualizado a las 19:52h.

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David Lama, escalando el headwall del Cerro Torre
David Lama, escalando el headwall del Cerro Torre (Red Bull)

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  • David Lama, escalando el headwall del Cerro Torre David Lama, escalando el headwall del Cerro Torre (Red Bull)
  • Panorámica del macizo del Cerro Torre Panorámica del macizo del Cerro Torre (Red Bull)
  • David Lama se pone los crampones en su ascensión al Cerro Torre David Lama se pone los crampones en su ascensión al Cerro Torre (Red Bull)
  • David Lama, ante el Cerro Torre David Lama, ante el Cerro Torre (Red Bull)
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Publicado en la página web de su patrocinador principal, Red Bull, esta es la traducción del texto escrito por David Lama, bajo el título Flashback on a Patagonian dream:

2008: Junto con cinco amigos, estoy sentado en un pequeño refugio en el valle de Cochamó, en Chile. Mientras hojeo las páginas de una vieja y arrugada revista de escalada que probablemente ha estado allí durante años, me encuentro con la fotografía del muro superior (headwall) del Cerro Torre. Había visto muchas fotos del Cerro Torre antes, puede que hubiera visto incluso esa foto en particular, pero entonces, por primera vez, vi también la línea. Una línea lógica a través de su impresionante headwall que me parece escalable en libre. Desde ese momento, la visión de escalar en libre esa pared no deja de cruzar por mi mente día tras día.

2012: Es mi tercer año consecutivo aquí en El Chaltén, el pueblo al “final de la carretera”. Hace calor, el viento está calmado y el cielo limpio de nubes. Mirando al headwall del Cerro Torre, veo vetas de agua creadas durante los pasados días de buen tiempo. No había visto nunca el headwall en tan buenas condiciones, nunca antes había confiado tanto en mi objetivo de escalar en libre el Cerro Torre.

Ya el año pasado había llegado hasta la cumbre junto con Peter Ortner, un soberbio alpinista del Tirol oriental. Esta vez, pienso para mí, podría ser el gran año –otra vez Peter está conmigo para apoyar mi objetivo de liberación–. Él está en una gran forma y yo también, el tiempo y las condiciones parecen perfectas; ¡estamos listos!

Peter y yo hacemos las mochilas para el intento. Dos cuerdas dobles, un juego y medio de friends, nueve stoppers, cuatro tornillos de hielo, un par de pitones, cuatro cintas exprés y cinco lazos. Además de eso, llevamos dos sacos de dormir ligeros, un pequeño aislante, un hornillo, un cartucho de gas y un par de barritas. Puede sonar mucho, pero en realidad redujimos el material al mínimo absoluto.

A las tres de la tarde iniciamos nuestro camino hacia las montañas, adelantando a incontables senderistas durante el recorrido. Cinco horas después, llegamos a Nipo Nino, nuestro primer campamento. Como siempre que el tiempo es bueno, hay un puñado de gente allí.

En la parte final del camino hay un grupo de americanos, tres escaladores argentinos acampan más adelante, Peter y yo extendemos nuestros sacos delante del todo. Antes de ir a dormir, hervimos agua, comemos comida de viaje y bebemos algo de café tibio. La alarma suena a las dos de la madrugada. Lo que viene a continuación es rutina: hervir agua, vestirse, comer, beber, llenar las botellas de agua, empaquetar y marchar.

A la luz de nuestros frontales pasamos el campamento de Noruegos y procedemos en dirección a Media Luna. Allí nos ponemos los crampones. Caminando sobre grietas y bajo enormes seracs, aproximamos a la cara este de 1.500 metros del Cerro Torre. Progresamos entonces bien sobre terreno combinado, alcanzando el collado de la Paciencia en unas cuatro horas y media. Allí hacemos un último descanso antes de empezar el intento.
Peter y yo ya habíamos escalado los largos desde el collado hasta la travesía de buriles en numerosas ocasiones. En un intento el año pasado las condiciones eran tan malas que los primeros dos largos casi nos llevaron dos horas. Después de siete horas, nos rendimos y rapelamos. Hoy las condiciones eran buenísimas y sólo nos llevó tres horas de escalada alcanzar la travesía de clavos de Maestri, que cruza hacia la derecha a través de granito liso durante tres largos. No hay manera de escalar en libre esta sección, por lo tanto tuve que buscar una variante más a la izquierda, en la arista sureste.

Al salir desde la última reunión antes del inicio de la travesía de buriles, escalé en línea recta durante unos 20 metros. Allí, encontré dos seguros que Ermanno Salvaterra dejó en 1999 cuando intentaba escalar la vía utilizando los mínimos clavos de Maestri que fuera posible. Los chapé y continué escalando con tendencia hacia la izquierda a lo largo de una estrecha fisura, que lleva hasta el borde del muro desplomado. Puse mi pie izquierdo bien arriba y apreté mi cuerpo hacia la cara sur.

Esta sección es muy expuesta, mirando hacia abajo no veía nada más que 1.000 metros de roca vertical. Escalé otros pocos metros y entonces chapé una de mis cuerdas a un clavo, antes de que la escalada se conviertiera en realmente difícil. Escalo unos movimientos más, antes de tener una caída.

Lo intenté de nuevo, esta vez escalando directamente sobre la arista. Conseguí escalar un poco más que antes, pero otra vez terminé cayendo. Mientras empiezo a dudar de si esa sección es incluso escalable en libre, lo intento otra vez. ¿Qué otra cosa puedo hacer si no intentarlo? No hay otro camino.

De nuevo, consigo alcanzar un par de centímetros más pero una vez más termino colgando de la cuerda. En mi siguiente intento, finalmente soy capaz de escalar la sección y colocar un friend unos ocho metros más arriba. El resto del largo hasta la siguiente reunión es bastante fácil.
Peter me baja y, después de unos minutos de pausa, le doy un segundo pegue. Tengo que escalar este largo sin caer para ser capaz de progresar en mi intento de escalada en libre. Otra vez escalo hasta los dos seguros, resigo la estrecha fisura, pongo el pie izquierdo alto y apreto mi cuerpo contra la cara sur. Gestiono los ocho difíciles metros en la arista hasta el friend y continúo hasta alcanzar la reunión. Esta vez, he sido capaz de hacerlo sin caer.

Peter me sigue, izándose por la cuerda hasta que también llega a la reunión. Los siguientes largos hasta las Torres Heladas son bastante fáciles y progresamos rápidamente. Antes del anochecer nos da tiempo incluso a elegir una pequeña repisa en el hielo para sentarnos. Este es el lugar en el que vamos a vivaquear.

Nos preparamos para una fría noche, nos metemos dentro de nuestros sacos y nos sentamos en nuestro pequeño aislante. Entonces hervimos un poco de agua y resulta que nuestro cartucho de gas se está agotando. Para poder hervir agua por la mañana nos abstenemos de cenar.
Después de una larga noche, nos ponemos en marcha alrededor de las seis de la mañana. Alternamos la escalada de primero a través de las Torres Heladas y alrededor de las nueve de la mañana estamos al inicio del headwall. Me quito los crampones, así como las botas y los calcetines. Lo meto todo en mi mochila y me pongo los pies de gato.

Pongo todos mis friends, stoppers y clavos en el arnés antes de empezar a escalar el muro final. El primer largo no es demasiado difícil, pero las grandes lajas sueltas convierten la escalada en algo bastante exigente. El segundo largo está mojado, las lajas sueltas son incluso mayores y la escalada más difícil. En el tercer largo, tengo que escalar con cuidado alrededor de un gran trozo de hielo, que podría caer directamente sobre Peter si se me ocurre tocarlo.

Hasta este punto, seguimos la línea de Maestri en el muro final. Un par de días atrás, había un montón de buriles hasta este punto, pero ahora me veo obligado a colocar material durante la escalada, ya que Jason y Hayden han borrado las huellas de Maestri.

Ahora empiezo a escalar en terreno nuevo. Primero, unos cuantos metros directamente hacia arriba y, después de emplazar un cuestionable stopper, cruzo a la derecha y coloco un clavo. Los próximos metros son realmente exigentes. Otra vez escalo en lajas huecas –esperando que resistan- y asciendo hasta un punto en el que puedo colocar dos sólidos friends para hacer reunión.

El último largo: escalo cinco metros hacia arriba, coloco dos sólidos friends y chapo una de mis cuerdas a ellos. Entonces realizo una larga travesía a la derecha sobre pequeñas regletas y agujeros. Diez metros después, consigo colocar otro friend y chapar mi otra cuerda a él. Me encuentro ahora en el sistema de fisuras que debería llevarme hasta la cumbre.

Sin ser capaz de colocar ninguna pieza de confianza, continúo escalando. Hasta unos pocos metros bajo el campo de hielo, aproximadamente 20 metros por encima de mi último sólido friend, no soy capaz de conectar dos stoppers, un clavo y un friend como mi último seguro. Confiando en mi sensación de que no voy a caer escaló los últimos metros en la nieve.

Es un sentimiento extraño. Durante tres años, el objetivo de escalar en libre el Cerro Torre ha formado parte de mí. Ahora he sido finalmente capaz de quitármelo de encima. He alcanzado mi objetivo. Pero haciéndolo, el objetivo ya no existe; sólo los recuerdos permanecen.

Peter y yo escalamos el hongo de hielo, la verdadera cumbre del Cerro Torre, y empezamos a rapelar. Ya en nuestro camino desde Nipo Nino hacia El Chaltén, hablamos acerca de nuevos proyectos, y definimos nuevos objetivos para poder crear futuros recuerdos.

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