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La palabra Alpinista, así en mayúsculas, se ajusta perfectamente a la persona de Marko Prezelj. Sus ascensiones y la defensa del mejor estilo alpino hablan por él.
Isaac Fernández - Jueves, 17 de Noviembre de 2011 - Actualizado a las 19:48h.
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Sólo hablando un rato con Marko Prezelj uno se da cuenta de que es una persona exigente, consigo mismo primero y con todo aquel y aquello que le rodea después. Inconformista y ambicioso son apelativos que llegan como consecuancia de esa exigencia. Además, no se muerde la lengua al expresar sus opiniones. Así fue cuando lanzó las críticas a los Piolet d’Or en 2007 (cuando lo ganó por segunda vez) que motivaron la transformación de los premios más prestigiosos del mundo del alpinismo.
En su currículum deportivo figuran ascensiones de gran relevancia. El primer Piolet d’Or que recibió fue en 1991 por la primera ascensión al Kangchenjunga Sur, y el segundo le llegó en 2007 por su nueva ruta al virgen pilar noroeste del Chomolhari. Además, ha realizado nuevas rutas y primeras ascensiones en el Himalaya, los Alpes, el Capitán o Patagonia.
Una entrevista con este esloveno de Ljubljana de 46 años que no duda en ir a la montaña con jóvenes promesas de su país para apretarse las tuercas físicamente es un ejercicio que requiere la máxima concentración. Su carácter tranquilo y próximo pero a la vez vehemente obliga a los demás a ser firmes en sus opiniones. Una manera de comportarse que desmiente su apariencia dura e impenetrable, haciendo gala de una fina ironía y una cierta inocencia.
La conversación tiene lugar durante la última International Mountain Summit (IMS) en Brixen-Bressanone, donde protagonizó una de las presentaciones del programa del evento. Empezamos a hablar sobre un tema interesante y de permanente actualidad que se debatió a fondo en la IMS, la relación entre los medios de comunicación y el alpinismo. Prezelj, como casi en todo, tiene una opinión firme, propia e intransferible sobre este tema.
"Yo no siento la necesidad de la atención pública"
Es un tema
interesante, este de de la relación entre los medios de comunicación y el
alpinismo, que genera un debate permanente. Tú eres de los que dices que no
necesitas que se hable de ti…
Sí. Yo no siento la necesidad de la
atención pública. El hecho de ejercer mi derecho a no estar en el foco
de atención es a menudo criticado o presentado como elitismo. Puedo decidir por
mí mismo lo que es bueno para mí… No me gustan las expectativas del público que
se generan alrededor de todos quienes necesitan esa atención. Lo siento, pero a
este respecto no soy como todo el mundo. Y no trato de criticar, simplemente
ejerzo mi derecho a elegir. Los otros necesitan y les gusta tener la atención
del público, muy bien, no veo ningún problema en ello. Esa es mi manera de
verlo. A veces los medios de comunicación y la gente expresan el sentimiento de
que todo el mundo lo desea. Es casi como decir que todas las mujeres son unas
putas porque les gusta el sexo. No es verdad.
Curiosa
manera de expresarlo…
Lo digo porque el hecho de que me guste el alpinismo no quiere decir que me
guste la exposición pública. Pero los medios de comunicación y el público creen
que todo el mundo hace las cosas para tener atención pública. Es un poco
exagerado, esta sociedad de Facebook e Internet… esta sociedad en la que
estamos viviendo hoy en día. Exagerado desde mi punto de vista, porque entonces
se espera de mí lo mismo que de la gente a quien le gusta todo esto.
"El alpinismo es una actividad individual, por lo que generalizar es, de un buen principio, un error"
En tu
presentación en la IMS expusiste algunos ejemplos de mal marketing en algunos
productos relacionados con el alpinismo. ¿Comparas ese mal marketing con el de
las actividades, que puede hacer que algunas sean presentadas de una forma no
exactamente como son en realidad?
Es algo
personal. Lo que quería decir es que el público y los medios de comunicación
intentan generalizar la imagen del alpinismo. Pero el alpinismo es una actividad individual, por lo
que generalizar es, de un buen principio, un error. Está claro que hay
unas cuantas reglas del juego, por supuesto. Y yo espero que el resto de gente
que está jugando al mismo juego que yo, respete y acepte unas reglas similares.
El estilo alpino, por ejemplo, todos sabemos lo que significa. Así que no me vengan
con que “oh, es que era demasiado peligroso” o “no era posible de otra forma”…
quizás no para mí o para ti, pero para alguien que entrene o que tenga las
condiciones será posible. Esa es otra forma de generalizar: “Todo el mundo
utiliza oxígeno, pues vamos a usar oxígeno”. O sea que si decimos que todo el
mundo está matando judíos, pues vamos a matarlos… Eso no funciona así. Eso es
lo que está sucediendo con las generalizaciones: Si eso es lo que se está
haciendo, vamos a hacerlo. Nadie se plantea por qué tenemos que hacer las cosas
de determinada manera.
Llevas
diciendo eso durante mucho tiempo, aquello de que “el estilo por delante” (style goes first).
Exactamente,
y eso es lo único actualmente, porque con la tecnología podemos hacer cualquier
cosa.
Y, ¿cómo
defines ese estilo?
El buen estilo debe ser un estilo verdaderamente limpio. La definición más
fácil sería la más parecida a la escalada deportiva. La gente puede entener la
escalada deportiva porque está más definida. Limpio significa que no utilizas
parabolts u otros dispositivos para progresar, sino simplemente como
protección.
"En lugar de intentar escalar una montaña por todos los medios, elige otra montaña que esté dentro de los límites de tu capacidad"
¿Lo mismo se
aplicaría al alpinismo?
Lo mismo no, pero similar. En
lugar de intentar escalar una montaña por todos los medios, elige otra montaña
que esté dentro de los límites de tu capacidad. Ponte a prueba; si
puedes hacerlo, perfecto, después vendrá otra montaña más difícil y más tarde
quizás será el Everest. Eso en lugar de ir al Everest por el simple hecho de
que “es la montaña más alta y eso es lo único que importa”. Eso es como violar
a una mujer.
También
hablaste en la presentación de la IMS acerca de la vertiente social del
alpinismo y sobre la importancia de la naturaleza en el hecho alpinístico.
¿Cómo casan esos dos conceptos con el estilo? ¿O no tienen nada que ver?
Son cosas
diferentes. El estilo es mi primera preocupación. Con eso quiero decir que esos
aspectos social y natural no deberían afectar al estilo. Pero una vez queda
claro esto del estilo, del estilo alpino, que en definitiva es el desafío,
llega la cuestión social: con qué compañeros voy a tener esa experiencia. Es
algo que me gusta y es importante para mí, el hecho de no saber exactamente
cómo voy a interactuar con esa persona, cómo va a ser nuestra experiencia
juntos… cómo vamos a infectar el uno al otro. Es una especie de proceso de
ósmosis: cuando tú me dices algo y yo lo entiendo, me afecta, no puedo
pretender que no lo hayas dicho si no me ha gustado… o si sí me ha gustado.
Siempre funciona de esta manera y me encanta ese proceso, que siempre es
diferente.
De igual modo, es también diferente todos los detalles que veo (una flor…), y a veces me detengo a contemplarlos y a veces no, pero los he visto. Y si los he visto, en algún momento puedo pensar en ello… Todo eso hace la experiencia mucho más colorida, y esos colores también incluyen las sensaciones que tienes: frío, hambre… todo esto.
Y, volviendo al tema de la primera pregunta, todo ello forma parte de mi experiencia íntima, que no necesito exponer a todo el mundo. Si tienes tu primera cita con una chica, ¿vas a ponerlo en Facebook? No lo creo, y a lo mejor si lo haces, tu próxima cita no será con la misma chica… a menos que sea una persona algo exhibicionista. Yo reclamo mi derecho a mantener ciertas cosas en el nivel de la intimidad, y mi relación con el alpinismo se encuentra también en ese nivel, no es algo público, mediático o de los sponsors. Lo siento porque ya veo que en esta época todo parece tener que estar en Internet y tienes que estar disponible para cualquiera en cualquier momento. Eso no es para mí. No quiero decir que la gente que lleve a cabo este tipo de vida esté haciendo nada malo, pero esa es mi elección y quiero que sea aceptada.
Los medios de
comunicación debemos reflexionar acerca de posturas como la tuya, porque sí es verdad
que siempre queremos saber todo lo que hacen los alpinistas… Y hay otros
quienes tienen la misma postura que tú…
Tampoco quiero decir que quiera ser un hombre de las cavernas. Hay ciertas
cosas en las que siento la responsabilidad social de compartir mi vida con la
comunidad escaladora, pero no siento la necesidad de hablar acerca de ello de motu proprio. El principal problema
de nuestra comunidad es que demasiada gente quiere hablar de sí misma y sobre
lo que hace, porque creen que eso es lo que tienen que hacer, y la cosa acaba
en más en hablar que en hacer. Quizás han perdido un poco el norte…
Después, también está la responsabilidad de los medios, que deberían hacer el trabajo de buscar las historias, investigar… Ahora mismo, como todo el mundo ofrece, los medios sólo tienen que escoger esto, eso y aquello, y ya está. Pero eso es falso, y el hecho de que no estés en Internet no significa que no existas o que no hagas nada. Los medios tienen que aceptarlo: la gente que no deja de hablar de sí mismo no son los únicos que están haciendo cosas en el mundo. Que no hable de una escalada que hice no significa que no haya existido, sino que se queda para mí. Y si tú no la publicas es más tu problema que el mío.
Entonces la prensa dice que yo soy elitista. Pero yo no lo creo, porque esa palabra ‘elitista’ tiene una connotación negativa. En esta época que todo el mundo tiene móvil, Facebook, Twitter… parece que lo normal sea hacer uso de ello y es difícil no hacerlo. Pero yo no tengo Facebook, porque no tengo ni el tiempo ni las energías para mantenerlo. Y hay una especie de trampa en ello: ¿Cuántos esfuerzos redundan en un beneficio social y cuántos son sólo para mantenerlo funcionando? Yo prefiero escalar.
Hablando de
la cuestión social del alpinismo, ¿cómo eliges a tus compañeros de escalada?
Más bien por intuición. Me gusta la gente que tiene energía y pasión. No hace
falta que tengan necesariamente la misma opinión sobre la escalada que yo, pero
sí un enfoque lleno de energía. Así, podemos compartir esas energías, podemos
obtener algo el uno del otro, podemos aprender…
Y, ¿cómo
eliges las actividades?
A veces es idea mía, por la montaña o la escalada, algo en lo que quiero
probarme. O a veces tiene más que ver con los compañeros. O sea, que a veces me
interesa saber cómo escalaríamos con determinada persona y le pregunto si
podemos ir juntos y entonces les pregunto si les interesa hacer algo concreto y
lo hacemos. A veces son cosas en las que yo no tengo ningún interés, pero hago
propia la idea de esa persona que es interesante para mí. Es interesante,
porque así consigo tener ideas diferentes, experiencias diferentes con gente
diferente. Por ejemplo, ir con gente joven es muy bueno para mí, porque es un
desafío físico y mental a la vez: físicamente, ellos piensan que voy a ser más
débil que ellos, lo que de vez en cuando es bastante cierto, pero mentalmente
sé que soy el más responsable. Siempre es un juego interesante, saber cómo
vamos a progresar a partir de esas bases.
Esas
actividades que salen de ti, ¿qué características tienen que tener para
parecerte atractivas?
Primero de
todo, mi primera preocupación es la seguridad. No eligo actividades que sean
una locura o demasiado arriesgadas desde mi punto de vista. Luego viene, por
supuesto, el estilo. Una vez tengo clara una vía interesante y maravillosa que
hacer, entonces empiezo a planificarla en todos sus detalles, como si fuera un
proyecto de negocio. En las montañas más grandes, necesitas mucho más trabajo
en este sentido.
Por todo esto, tampoco me gusta que cuando regreso de una expedición me pregunten “cuál es la dificultad del proyecto, cuál es el grado”. Está fuera de contexto. Es como preguntarle a una mujer cuál es el tamaño de sus pechos. No tiene sentido.
¿Lo
importante es la experiencia?
Es una experiencia completa, y no se pueden extraer simplemente los movimientos
más duros… Porque tengo que tener en cuenta todo: la comida, el campo base, las
tiendas… Si cometo un pequeño fallo en todo esto, incluso la escalada sería
diferente. La cuestión no es el grado por sí mismo. Es por eso que no me siento
cómodo hablando de alpinismo, porque los medios siempre hablan de esos números.
Ya lo entiendo, por supuesto, que los números son la única forma que tienes de
comparar, pero ahora que me estoy haciendo mayor, veo que no es así de simple,
es mucho más complejo. Si me encuentro bien, una escalada puede parecer fácil,
pero si no me encuentro bien, esa misma escalada no es para nada fácil.
Así pues, el
éxito de una expedición para ti no es siempre la cima…
No, no, no…
He bromeado muchas veces sobre este tema, preguntándoselo a otros alpinistas, y
la mejor respuesta fue la de Bruce Miller, con quien estuve en el valle de
Charakusa, que me dijo que el éxito consiste en hacer una cagada sólida cada
día. Bromas a parte, yo diría que el éxito de una expedición llega si me siento
cómodo conmigo mismo y con mis decisiones en ese viaje en concreto. Por ejemplo
en el Makalu no hicimos cumbre, pero sentí que aunque lo hubiéramos hecho todo
diferente, el resultado final hubiese sido casi el mismo y no hubiéramos
escalado la cara oeste del Makalu. ¿Qué puedo decir? ¿Qué no tuvimos éxito? Por
supuesto, a nivel del público no tuvimos éxito porque el público sólo juzga por
la cumbre. Pero nosotros hicimos un intento limpio, creo que dimos lo mejor de
nosotros mismos y decidimos darnos la vuelta porque las condiciones no eran
seguras bajo nuestro juicio subjetivo, pero echando la vista atrás creo que
todo estuvo bien; no cambiaría demasiado de lo que ocurrió. Lo podríamos haber
hecho diferente, pero con el mismo resultado.
Pero fue una
expedición exitosa para ti…
Sí, de forma muy personal. Es un juicio íntimo que, por supuesto, no se ajusta
al del público. Como experiencia fue muy exitosa y no siento ningún
remordimiento.
Ya que
hablamos de la cara oeste del Makalu, ¿piensas en volver a intentarlo una
tercera vez?
Por el
momento, no. Es interesante, porque la primera vez que estuvimos allí en 2008,
no estuve seguro de que la pudiéramos escalar. Ahora sé que sí podría.
Siguiendo
esta línea de argumentación sobre las expediciones exitosas, en tu presentación
en la IMS decías que no aceptabas los juicios de otra gente sobre una de tus
actividades si ni tan siquiera tú eras capaz de decidir cuál de tus actividades
es la mejor. Un argumento que ya expusiste en tu crítica a los Piolets d’Or de
2007 que motivó la transformación de esos premios. Pero, ¿podrías decir cuáles
de tus actividades se encuentran entre las mejores, desde tu punto de vista?
Es algo difícil de decir y que me he planteado muchas veces, no sólo ahora
hablando contigo. Y es difícil, porque me adentro en terreno pantanoso
inmediatamente, ya que no hay puntos de juicio. Es algo muy personal y cada
actividad es importante por cosas diferentes. Cada una de ellas es importante
porque me hacen progresar. Pero es difícil escoger una, sería como elegir a
cuál de tus hijos quieres más. Las ascensiones son casi como mis hijos, con la
diferencia de que hijos sólo tengo dos. Como cada una es importante por una
razón y todas me han hecho progresar, no puedo quitar ninguna, porque si lo
hago la entructura completa se cae. Incluso esa expedición que podría ser menos
importante me ha servido para crecer, como en una pirámide que vas construyendo.
Situándome encima del todo, sería fácil decir que la última es la mejor, pero
contestando a tu pregunta de una forma provocativa te diría que la mejor es la
próxima.
¿Cuál es esa
próxima expedición de Markjo Prezelj?
No lo sé
todavía con seguridad. Ahora necesito un poco de descanso. El Makalu fue una
expedición bastante grande… y fue diferente de muchas otras ascensiones donde
había tenido opciones de ajustar un poco el objetivo. En la cara oeste del
Makalu no había demasiadas opciones para decir “bueno, no está en las mejores
condiciones, pues podemos ir aquí o allá …” buscando una opción más fácil; es
algo realmente serio… Mi cabeza estaba preparada para ello, di lo mejor de mí
mismo, y ahora siento que necesito refrescar mi motivación, nuevas ideas.
Además es que
tu actividad en los últimos años ha sido muy intensa…
Sí, he escalado mucho, mucho, mucho… Quizás necesito un poco de descanso para
tener nuevas ideas y algo de energía. Sé que llegará.
Otro concepto
que quería comentar sobre tu presentación en la IMS es el de la ‘arrogancia’.
¿Es la arrogancia algo positivo o negativo en la montaña?
Por supuesto, hablando en general, es negativo. Pero yo tengo que superar eso.
Es una forma catártica de aprendizaje… Y desde ese punto de vista es positivo,
la necesito también, forma parte de mi personalidad. Y en el caso que conté en
la presentación, lo sabía: fuimos a por el Cobra Pillar (Mount Barrill, Alaska)
y yo sabía que se necesitaban friends del número 4. Para mí, estaba
sobreexpresado, eso de que necesitas determinado material para una escalada.
¡Qué carajo es eso! ¡Es mi elección lo que llevo! Y eso es arrogancia. Esa nota
particular estaba allí por una razón. Pero yo no la respeté porque lo quería
hacer más inseguro. En este sentido, fui arrogante, porque debería haberlo
respetado, porque me hubiera ayudado. Una vez allí, hubiera dado cualquier cosa
por tener esa pieza. Pero también fue bueno para mí, para afrontar esa
arrogancia en mí mismo. Fue positivo, porque lo necesitaba. No volveré a
cometer el mismo error otra vez.
¿Crees que la
arrogancia es algo común o generalizado entre los mejores alpinistas?
No puedo hablar por otros, pero en mi caso, sí. Aunque creo que ahora menos que
antes. Pero la necesito. La necesito para cometer errores y aprender de ellos.
Dicho esto, quizás –y esto es especular- la arrogancia va con el alpinismo que
intenta ir más allá de los límites. Por lo que puedo decir, la mayoría de los
mejores alpinistas son machos alfa…
¿Qué otras
características debe tener un gran alpinista?
No soy muy amante de las generalizaciones… Creo, por supuesto, que tiene que
tener una personalidad fuerte, una persona que pueda tomar decisiones
responsables. Significa que piensas en lo que estás haciendo y en las
consecuencias de ello. No a cualquier precio, claro. Además, una vez has tomado
una decisión, la computadora siempre
está reevaluando esa decisión: si está bien o no, sí o no, sí o no… Un buen
alpinista es aquel que toma las mejores decisiones. Y la mejor decisión es la
más rápida y óptima, con la que inviertes menos energía, menos tiempo… La
sociedad en que vivimos hoy en día no está orientada a la toma de decisiones,
sino a posponer esas decisiones o a que otros las tomen por nosotros.

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