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CRÓNICA EN PRIMERA PERSONA

Luis Alberto Hernando, el techo de América tendrá que esperar

El atleta español no pudo finalizar con éxito su intento de ascender y descender el Aconcagua en el tiempo más corto posible. A partir de los 6.200 metros comenzó la falta de coordinación y fue en la cota de los 6.850, a 100 metros de la cima, cuando decidió bajar tras ver que no se encontraba bien.

Miércoles, 8 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 10:25h.

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Sergio Gimeno y Luis Alberto Hernando en el Aconcagua
Sergio Gimeno y Luis Alberto Hernando en el Aconcagua (Reto Aconcagua)

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  • Sergio Gimeno y Luis Alberto Hernando en el Aconcagua Sergio Gimeno y Luis Alberto Hernando en el Aconcagua (Reto Aconcagua)
  • Luis Alberto Hernando y Sergio Gimeno en la cima del Aconcagua días antes del intento de récord Luis Alberto Hernando y Sergio Gimeno en la cima del Aconcagua días antes del intento de récord (Reto Aconcagua)

Era uno de los retos más interesantes de cuantos se habían puesto en marcha en este comienzo de año. Ya en diciembre, otro grupo de españoles había intentado asaltar el mismo récord y también sin suerte. Tras un mes de aclimatación, llegaba el turno de Luis Alberto Hernando, reciente ganador de la Copa del Mundo.

El relato de Luis Alberto nos deja claro la dificultad de este tipo de desafíos, en los que cualquier mínimo detalle puede arruinar meses de trabajo, como así ocurrió. Pero lo más importante, más allá del éxito o fracaso a la hora de batir la plusmarca en el techo de América, es que el campeón español no tuvo mayores problemas una vez llegado al campo base. Ésta es la historia de uno de los mayores retos de este recién nacido 2012:

“Desde la salida en Horconos, a las 5:00, el ritmo y los tiempos de paso eran los previstos y las sensaciones también. En 50’ llego a Confluencia cogiendo un camelback  y en poco menos de 3h estaba en Mulas -4.300m- donde había  preparado un avituallamiento y cambio de ropa y calzado. Hasta aquí me encontré bastante bien, pero ahora empezaba la parte dura. Hasta ahora, lo había hecho corriendo casi todo excepto la “cuesta brava”, 250 m+ bastante empinados, que ascendí andando.

Después de avituallar, y ya con bastones, seguí para arriba andando pero con ritmo sostenido y con buenas sensaciones. Fui ganando altura rápidamente ya que este tramo tiene bastante pendiente, llegando a Nido de Condores (5.400m) a las 9:30 aprox. Allí también tenía algo de avituallamiento y ropa que Sergio había dejado por la mañana. Seguí con determinación y confianza, convencido de que iba bien de ritmo y tiempo para hacer la cumbre y bajar a Horcones de regreso con garantías. En menos de una hora pasé por Berlín y en poco más por Cólera (5.970m).

Desde aquí empecé a sentir sensaciones algo extrañas que no había experimentado nunca, pero seguí sin que me preocupara en exceso. Entorno a los 6.200m, sin darme cuenta, estaba perdiendo algo de coordinación y equilibrio y la sensación de fatiga no era como las de una carrera convencional. Poco antes de Independencia (6.400m), donde me esperaba Sergio, empecé a no sentirme tan bien. Llevaba  6h 15´ y ambos decidimos descansar 15 minutos, avituallar y ponerme las botas y los crampones. También tomamos la decisión de no usar el Gran Acarreo en la bajada. O mejor dicho, la tomó Sergio, que lo había reconocido y sabía que con la costra era delicado bajar; tan inseguro me vio que no dudó en decirme que bajara por la normal.

Algo recuperado ya, y aún con un tiempo aceptable, empecé la travesía, donde más sopla el viento y más frío hace, aunque tuve suerte y fue mejor que la previsión que nos había dado la meteo.

El ritmo decayó poco a poco, sin que yo fuera muy consciente. Así llegue a la Cueva del Guanaco (6.660m) donde las fuerzas me seguían abandonando; aquí, protegido ya del viento, empecé a subir la Canaleta (último tramo bastante empinado que lleva hasta la cima, con nieve muy pisada y algo de hielo).

Volví a sentir falta de coordinación y una fatiga muy extraña que no me dejaba controlar el ritmo, que era como el de un ochomilista. Teniendo que parar cada pocos pasos, incluso más lento que el día 25, cuando hicimos cima sin ninguna prisa. Estaba totalmente agotado y para ganar pocos metros necesitaba mucho tiempo, cayéndome prácticamente a cada paso sin poderme sujetar ni con los bastones, sin coordinación ni equilibrio.

Uno de los guías que iba con sus clientes, me dijo sin conocerme que no merecía la pena, que el Cerro como dicen acá seguiría el próximo año en el mismo lugar, seguí extenuado ya viendo a la gente en la cima. Volví a sentarme; iba tan despacio que el grupo del guía (Claudio) me alcanzó y me dijo que no me veía bien y me recomendó bajar, después de 30 ó 40 minutos de pensar e intentar avanzar aunque fuera un poco, volví a caerme, pero intenté seguir. El mismo guía que estaba muy pendiente me dijo: “de aquí ya no pasas, baja” (cosa que ahora en frío le agradezco mucho…)

Volví a sentarme, y dentro de mi extenuado cerebro y con una ausencia de oxigeno importante (6.850m) terminé de ver la necesidad de bajar. Entre tanto, Sergio, en lugar de esperarme al final del gran acarreo como habíamos planeado, bajó a Nido para coger avituallamiento y volver a subir a mi encuentro; cuando estaba subiendo por Berlín, un guarda parque le dijo que me había dado la vuelta y que no iba demasiado bien.

Descendí a un ritmo mucho menor que en el ascenso, para llegar a Independencia -400m- tarde “creo” que por lo menos 2h. Poco después me encontró Sergio; no era capaz de comer ni beber, aunque él me insistía y yo sabía que era imprescindible para recuperar algo de fuerza. Después de un descanso de 20 minutos continuamos con el descenso. La bajada fue un poco angustiosa y deprimente, consciente de que no había conseguido el record y ni tan siquiera la cima, que tuve al alcance de la mano. Poco a poco llegamos a Cólera y parecía que empezaba a recuperar (5.970m).

A partir de aquí conseguimos bajar a un paso normal, lento pero coordinado. Ya había recuperado el equilibrio y la confianza, antes o después estaríamos cenando en Mulas. Llegamos a Nido (5.400m), la patrulla de rescate nos puso un té caliente pero les surgió una emergencia en la Cueva del Guanaco y salieron rápidamente.

Sergio recogió el material que utilice en todo el recorrido y nos pusimos otra vez en marcha para continuar con el interminable descenso. Lo que tardamos 50 minutos (con mochila) los días de aclimatación se convirtieron en 2h30´.

Sobre las 21:15 llegamos por fin a Mulas. Reconocimiento médico y todo ok. Y una cena potente, con alguna risa pero contrariados y con mucha pena de cómo había salido todo. Nos metimos en el saco. Ya sacaremos las conclusiones y los errores cometidos cuando podamos ser mas objetivos, que seguro en un par de días analizaremos”.

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