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Eduardo Aguilar: el homenaje de sus amigos…

Eduardo Aguilar fue un personaje muy querido en el mundo de la montaña. Este fin de semana iba a ser nombrado miembro de honor del GAME. Su fallecimiento ha causado un duro golpe en quienes le conocieron. Varios amigos –Joan Quintana, Cesar Pérez de Tudela, Pablo Aguado, Toni Martínez,  Josep Collelldemont e Israel Sánchez nos han enviado textos recordando a este enamorado de la montaña.

Viernes, 18 de Febrero de 2011 - Actualizado a las 10:07h.

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Eduardo Aguilar
Eduardo Aguilar (Pablo Aguado)

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Hay otra vida en nuestro deporte. Tan importante como aquella que conocemos de los deportistas de alto nivel. La forman, la habitan, fabricantes, distribuidores, representantes,  propietarios de tiendas, compradores de grandes superficies, dependientes… Algunos pueden pensar que estamos hablando de una faceta comercial y poco más. Nada más alejado de la realidad. Esta gente ha escogido su oficio con la  misma pasión, ilusión y dedicación que otros han decidido hacerse guías de montaña, deportistas de alto nivel, bomberos… y lo han escogido por el mismo motivo: porque aman la montaña, sus paisajes, sus gentes, sus experiencias, su historia, su tradición, su literatura, su cine…

Sin esta labor de fabricación, venta, distribución, del material de montaña, sería imposible entender nuestro deporte. Los deportistas de alto nivel que pueden vivir su pasión se lo deben, en gran parte, a estas personas que la viven tan intensamente como ellos.

Eduardo Aguilar era uno de estos fanáticos. Vivía la montaña con la misma pasión que el mejor deportista. También la dedicaba todo su tiempo, todos sus pensamientos. Conocía todas las zonas de montaña y escalada. A todos los personajes. Se había leído casi todos los libros. En cuanto podía marchaba a la montaña. Y siempre ayudaba a los deportistas. Escaladores deportivos como Bernabé Fernández ó alpinistas veteranos como Carlos Soria han vivido su apoyo y humanidad. Es por esta pasión, y esta labor de de apoyo a los deportistas, por lo que el GAME le iba a nombrar el próximo fin de semana miembro de honor.

Hemos pedido a sus amigos que nos escribieran unas líneas, unos pensamientos, sobre este gran caballero poco conocido pero clave en nuestro deporte que fue Eduardo Aguilar. Os las transmitimos con la tristeza que se siente cuando se ve partir a un gran personaje. A un hombre que aun en la difícil situación a la que se enfrentaba sonreía confiando en poder superar el largo de escalada más difícil de su existencia.

Enrique Bullón

Llegué a conocer a Eduardo por temas profesionales hace más de diez años y durante  este tiempo hemos compartido muchas sesiones de curro y alguna cuerda en la montaña.

En mi memoria queda grabada la imagen del hombre que, en nuestras primeras reuniones  de trabajo, tras aflojarse la corbata, dejaba  al descubierto a una persona alegre, optimista y  de trato exquisito con quién, además,  hablaba en el dialecto de la tribu: el de la montaña.

Eduardo, recibí la noticia de tu muerte con lo esquís puestos y me quedé helado en un día de sol radiante. Había un buen paquete de nieve  y una pala virgen, de las que a ti te gustan. Con rabia, la bajé en tu memoria.

Joan Quintana i Paredes

Conocí a Eduardo hace aproximadamente quince años, en la época que vivía en Andorra. Desde el principio conectamos, de hecho es fácil entenderte con la gente que le apasiona la misma actividad que a uno. Eduardo era uno de los muchos montañeros castellanos que habían decidido vivir de la montaña.

En su caso como vendedor técnico de productos de alpinismo, primero en la mítica tienda de Les Escaldes, "Alpesport" para más adelante pasar a desempeñar el cargo de jefe de compras en el gigante Andorrano de los deportes de invierno, Viladomat. Eduardo eligió Andorra porque estaba convencido que al estar cerca de las montañas eso le permitiría poder dedicarse más a sus pasiones: la escalada y el esquí.

Pero varios años después y debido a su excelente hoja de servicios profesionales, El Corte Ingles le ofreció incorporarse como Jefe de Compras de Materiales de Montaña y Esquí. Sin duda un cargo que no podía rechazar, ya que le devolvía a casa, Madrid, cerrando así el ciclo profesional de uno de los más brillantes especialistas en compras de nuestro país.

Durante esta última etapa, a través de nuestro querido amigo Xarli Garcia Oliver entramos todavía en una relación más cercana, la que nos permitió compartir escaladas tanto en roca como en hielo.

Recuerdo con especial nostalgia nuestra escalada en el Peñón de Ifach, la vía Piratas salida UBSA, pero lo mejor fue la paella después. Y sobre todo recuerdo en Boi la “Antartic” adelantando a la cordada de Chiro y Jordi Pons. ¡Cómo nos divertimos esa mañana!

Ahora una terrible enfermedad ha acabado con la ilusión de Eduardo por las montañas y los que un día escalamos atados a él le recordaremos siempre con cariño y mucha alegría, que es lo que el nos transmitió siempre. En especial un gran abrazo y muchos besos a Mari Carmen y Juanito. Realmente podéis estar muy orgullosos de vuestro marido y papá.

Con todo mi cariño y respeto

César Pérez de Tudela

¡Adiós Eduardo!

Un extraordinario amante del alpinismo y de la montaña, tanto en la práctica de estas actividades, como en el estudio de cada uno de los sucesos y acontecimientos. Eduardo era un alpinista completo, con criterio e información sobre los amplios temas que comportan el alpinismo.

Yo le conocí cuando todavía era un adolescente, educado y muy correcto, en posesión de un limpio estilo personal. Estaba en la escuela de Montaña de la OJE, a donde yo acudía para dar alguna charla o colaborar en algunas de sus numerosas actividades.

Eduardo se fue a trabajar a Andorra y estuvo con José Carlos Sanz, de Alpesport, aprendiendo la compleja vertiente comercial del equipamiento del alpinismo, rodeado de montañas, en invierno y en verano. De Viladomat volvió a Madrid tras muchos años de emigrante, como él decía. Y todos nos alegramos mucho de que el Corte Inglés hubiese sabido escoger a una persona de sus características, en las que sus virtudes, superaban a sus muchos aciertos  de índole profesional.

He seguido constantemente la evolución de su enfermedad, casi sin llamarle, pero informado por su compañero Juanma. Nos vimos en  la cena del Grupo de Alta Montaña de Peñalara, en donde se le entregó la insignia del veterano y prestigioso grupo - una  iniciativa de su amigo Mariano Redondo-. A pesar de su alegría por la compañía de tantos amigos, vi en la nobleza de su cara los rasgos inequívocos de su final. Me contó ilusionado su ingreso en el GAME como miembro de honor, por decisión de su presidente Quintana.

Le visité en la clínica el día antes de entrar en el quirófano. Estaba decidido a seguir viviendo, con ansias por ocuparse de su mujer y vivir con su preciosa familia.

¡¡¡Cómo lo hemos sentido, Eduardo!!!  ¡Y cómo hemos esperado que se produjera el milagro!

Pero yo sé que estás ahí, como dijo Rilke, en ese estadio superior, invisible a nuestros ojos, pero ahí, velando por tu familia y por tus amigos. Eduardo, te añadiré a mi lista de amigos en el “más allá”. Y cuando necesite tu ayuda te la pediré a gritos, como he hecho en tantos momentos “casi finales” de mi azarosa existencia. Y sé que nos ayudaras a seguir “per aspera ad astra”.

Fuiste un amigo cuyas virtudes de alta humanidad, dejaban muy atrás tantos otros méritos de tu condición de alpinista o de experto profesional en tus misiones comerciales. Te seguiremos queriendo.

Toni Martínez

Mierda, compañero, ahora no tocaba que tu tirases delante como siempre que

se ponía la cosa chunga.

Ahora no, compañero, no tocaba. Estaba aclarando. Mierda de rayo, ¿de dónde

coño ha salido?

Si estaba aclarando.

Dos zetas más y estábamos arriba.

Espérame, espérame que no puedo yo solo, espérame.

Ponte al ladito que me da menos yu-yu.

Venga, que abajo nos vamos a inflar a birras y chistes y luego a cantar por

Sabina y la Pradera.

Que te estés quieto coño, que ahora no salgas, que no pinta bien.

Primeras curvas con mochilón debajo de la Verte, tú delante.

Holzarté mucha agua, mucho ruido. Vámonos de aquí, tú delante.

Toboganes del Llech cuando no era un aquapark, tú delante.

Pic de les Abelletes un domingo por la tarde después del curro y ni un mal

pitón, tú delante.

Cresta del Malhiverns rota, rota, rota, tú delante.

Esa pala muy pina, avalanchosa y nada evidente, tú delante.

Que no Edu, que ahora no tocaba que tu tirases delante.

Que no tocaba, compañero que no tocaba, que lo sabías que no tocaba.

Espérame, que me da yu-yu.

Josep Collelldemont

Cuesta describir lo que uno siente en el corazón y lo que estos sentimientos te hacen padecer en el alma.

Recuerdo días de montañas, de viajes y tertulias, siempre acompañados de una buena dosis de risas, cachondeo y una cerveza fresca entre amigos. Esa era la forma de terminar una dura jornada, ya fuera de montaña o de trabajo.

Nuestro querido Edu, aunque nos separó la vida, siempre fue fiel a sus amigos, y a pesar de los años, de vez en cuando, teníamos el privilegio de disfrutar de su añorada compañía.

Hace poco, me llamó para comentarme  que tenía botas nuevas de esquí de travesía y que deseaba estrenarlas cuanto antes. Esa vitalidad e ilusión me hacían pensar, como a la mayoría de nosotros, que podría vencer esa maldita enfermedad que ahora más que nunca, odio con todo mi ser. Fue valiente y cogió el toro por los cuernos y la cornada nos pilló a todos. Pero fue audaz hasta el final.

Es así como quiero recordarlo, generoso, amigo del alma y orgulloso de su familia, y cuando un día de estos salga al monte, no dudaré en abrir una cerveza, mirar alto y gritarle.... ¡Buen viaje querido amigo!

Pablo Aguado

Sólo puedo decir que era un apasionado de la vida, nunca desfallecía, siempre “hay” un plan alternativo, no había un segundo para perder, ¡ni en el trabajo! ¿Quién no ha temblado en Hermosilla?

Y quién no ha temblado cuando Eduardo inventaba un plan ambicioso, ¿Eiger? ¿Por qué no?, Oeste del Naranjo, “¡puf! Me vale también”. Viajante virtual, viajero incansable, capaz de hacer travesía en Gavarnie y bajar al Toubkal porque dan mejor tiempo… Muy amigo de los amigos, generoso, ¡cuánto le vamos a echar de menos!

Israel sánchez Hernández

Ayer nos dejó Edu.

Difícil explicar en pocas palabras quién era Edu: Le sobraba motivación y le faltaba tiempo para afrontar el reto que suponía unir deporte y naturaleza. Un día te lo encontrabas esquiando en pista y al día siguiente alguien te contaba que le habían visto  escalando en solitario el Cervino, o haciendo el Camino Smith en bicicleta.

También estaba el Edu “laboral”, donde desarrolló una gran labor como profesional del material deportivo de esas especialidades que tanto disfrutaba practicando.

Y sin olvidar su lado más familiar, con Carmen su mujer, y su hijo Juan, con quienes le gustaba compartir sus momentos más especiales.

Pero hay otro Edu, el que a mí me causa más admiración, y es del que guardo mi mejor recuerdo: es el Edu que conocí este último año. Hace aproximadamente este tiempo, cayó enfermo. Le faltó tiempo y le sobró coraje para presentarse en la oficina y ponernos a todos los pelos de punta, cuando nos dijo sin inmutarse: “…..acaban de confirmarme que tengo un cáncer de páncreas, incompatible con la vida, imaginaos el resto…..”

Desde ese mismo momento  y con la valentía que siempre le caracterizó, le plantó cara al que sería el mayor reto de su vida. Tenía claro que tenía que luchar y que sería muy duro, pero no tenía ninguna duda de que lo conseguiría. En todo este tiempo, y pese al progresivo deterioro físico, nunca vi una persona con tantas ganas de vivir. Cuando le visitaba en su casa, siempre me decía al despedirnos: “…y muchas gracias por venir”.

A mí me molestaba ese comentario (aunque nunca se lo dije), porque no iba a verle por lástima, si no todo lo contrario, disfrutaba charlando con él y era yo el que salía reforzado, me contagiaba sus ganas de vivir. En mi interior pensaba que, pese a su enfermedad, estaba más vivo que muchos de nosotros.

En ningún momento estuvo solo, siempre rodeado de infinidad de buenos amigos y debidamente mimado por Carmen y Pilar, su madre. Sólo puedo decir que presumo de haber sido una de esas personas con las que se cruzó en su vida y que tuve la suerte de poder compartir con el algún momento entrañable, ahora ya irrepetible.

Quizás algún día, cuando Juan (que ahora tiene solo siete años) crezca, pueda contarle que su padre fue una persona excepcional, honesto y sincero como nadie, de esos que dejan huella,……..  De esos que quedan pocos.

Al final no era tan difícil explicar quien era Edu: Edu era un tío auténtico.

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