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ENTREVISTA

Antonio Picazo: "El viaje no es una afición ni una opción, es una condición"

Dice Picazo que la aventura, el viaje, no se completa nunca, porque nunca acaba, todo sirve para integrar una vivencia viajera en tu interior. En Latidos de África nos habla de un viaje por los corazones de un continente que emana ritmo. Un libro de aventura, literatura, humor, ternura, mala uva y, sobre todo mucha humanidad.

Pati Blasco - Lunes, 20 de Junio de 2011 - Actualizado a las 11:00h.

Imagen de la portada de "Latidos de África" (Ediciones Desnivel)
Imagen de la portada de "Latidos de África" (Ediciones Desnivel)

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  • Portada de "Latidos de África" (Ediciones Desnivel) en ALTA Portada de "Latidos de África" (Ediciones Desnivel)

La primera vez que Antonio Picazo visitó África, se dijo que nunca más volvería a poner los pies en ningún país africano. Pero, tiempo después decidió regresar porque, como quiera que todos venimos de África, a veces esos orígenes nos reclaman, sobre todo a aquellos que son proclives a ser viajeros que escriben o escritores que viajan.

Qué es para ti un viaje
El viaje no es una afición, ni siquiera una opción: es una condición. Los seres humanos tenemos impreso en los forros de la genética un sello nómada que, nos demos o no cuenta de ello, nos empuja a la ruta, al camino. Las personas, aunque ellas no lo sepan, no tienen más narices que ser viajeros. Hay gente sedentaria que va al médico porque nota un desasosiego que no se explica, lo que a esas personas les ocurre es que su maquinaria errante se les ha puesto en marcha y ésta se está volviendo loca porque sus propietarios no se mueven del sofá.

Llevas viajando por el mundo desde hace años ¿eres un aventurero, un turista, un mochilero o prefieres no encasillarte en ninguna maleta de viaje?
Yo creo que he pasado por cada uno de esos estados, pero todos ellos me han enseñado a aprender y aprehender muchas cosas de la vida y, sobre todo de las personas. Alguna vez he sido turista –sí, yo también tengo un turbio pasado-, otras veces me he visto en medio de situaciones en las que estaba a merced del destino, mis defensas no me servían de mucho y mis controles estaban atascados, era la aventura. En el aspecto viajero, ahora ya no sé lo que soy que es lo que realmente debe ser alguien que viaja.

En Latidos de África hablas sobre un continente desde su pulso más interno ¿Qué es lo que tiene África para que lata de ese modo?
África tiene muchas carencias pero, desde luego lo que no le falta es ritmo, vida. Los niños africanos –lo digo en el libro- maman ritmo desde que son unos bebés, desde que, colgados a la espalda de sus madres, sienten los pasos de ellas, sus pálpitos. Aquel continente posee el mismo compás que tiene un corazón fuerte y que bombea sangre noble y a la vez extraña, a veces para mí incomprensible. Los africanos con sus latidos guardan muchas esencias humanas que en otros continentes mecánicos se han perdido. En África se bombea la sangre a golpes de vida, en Europa, por ejemplo, a golpes de plástico, metal, electricidad y electrónica.

¿Cuántas veces has viajado a África? ¿Te consideras un amante de África, cómo la definirías brevemente?
África es vitalidad, a veces en exceso. He viajado a África en muchas ocasiones, pero no llevo la cuenta de las veces que he visitado ese continente. No soy amante de África soy el marido de África porque mi mujer es tanzana.

¿Cómo empezaste a pelearte con las palabras y las historias?
Nunca me he peleado con las palabras ni con las historias. Sí, en cambio, tengo grandes combates con un hostil y pesadísimo sentido de la perfección, con frecuencia son las palabras las que, hartas de mi tribulación perfeccionista, se quieren pelear conmigo, aunque al final acabamos, tras tanta disputa, siendo muy amigos, yo agotado y ellas impresas. En cuanto a las historias, si no son atractivas y, sobre todo, originales no hay motivo para la pelea, sencillamente ellas y yo empezamos y acabamos sin tan siquiera hablarnos.

¿Por qué la necesidad de escribir este libro?
Creo que hoy día no basta solo con viajar, hay que hacer algo más en el viaje: dibujar lugares, fotografiarlos, escribir sobre ellos, en fin hacer llegar tus vivencias, tus otros mundos, a otras gentes de tu cultura. Yo no es que haya necesitado escribir Latidos de África, yo lo que necesito es escribir.

Parece un relato muy autobiográfico ¿Hay ficción en él o lo que se lee es lo que fue?
Naturalmente que el texto es autobiográfico, todo me ha ocurrido a mí, si esto no fuera así el libro no pertenecería a género de literatura de viajes. Claro que hay una cierta recreación literaria, una interpretación de lo que vi, de lo que viví. Pero todo lo que cuento es verdad, si no fuese así estaría escribiendo ficción, novela u otra cosa, pero no una crónica viajera. Aunque desde luego, hay que conceder un cierto espacio y reserva a las libertades que a veces se toma la memoria porque los recuerdos, con el tiempo, engordan y acaban modificando y hasta tiñendo de falsedad la realidad.

¿Debe completarse una aventura dos veces, una con el cuerpo y otra con la pluma?
La aventura, el viaje, no se completa nunca, porque nunca acaba, todo sirve para integrar una vivencia viajera en tu interior, no sólo la escritura, también la conversación, el recuerdo, la lectura, tu cambio de mentalidad, en fin, que ya digo, que la implicación con un verdadero viaje no termina nunca.

Mi libro favorito sobre montaña y viajes es...
He leído y tengo buenos libros de viajes pero siempre a todos les acabo encontrando algún defecto. Me gustaron mucho China para hipocondríacos de José Ovejero y El camino más corto de Manuel Leguineche.

¿Los viajes hacen más grandes a las personas?
Las personas se hacen grandes solas, eso sí, crecen mejor si poseen un mínimo de curiosidad y ganas de descubrir por ellas mismas las vitaminas de las cosas. El viaje, desde luego no da la seguridad de que alguien acabe siendo un tipo grandioso, conozco a expertos “viajeros” que parece que no se han enterado de nada a lo largo de la ruta y en los propios destinos, no han crecido. El viaje es un elemento nutritivo para el crecimiento personal, pero si no se viaja no se acaba el mundo, aunque éste se reduce bastante.

El viajero o aventurero por excelencia…
Varios de los descubridores y exploradores españoles de América, muchos de ellos anónimos, por mencionar uno conocido: Álvar Núñez Cabeza de Vaca. También me serviría de modelo un tipo prácticamente desconocido, de mediados del siglo XX, un tal Adrian Boshier, que, aun siendo epiléptico, a pie, con solo una bolsita de sal y una navaja se internó en los bosques del sur de África. Eso es ser aventurero.

Háblame de tus dos libros anteriores ¿Siempre te gusta escribir sobre viajes y civilizaciones?
Un viaje lleno de mundos, sobre América, es un libro muy lírico, hasta la aventura con los indios de la Amazonia o la relación con la brujería de aquel continente está tratada con poesía. Pero también es un texto experimental en donde, a pesar de ser mi primera obra, me atreví a jugar a cierta travesura literaria.

Viaje a las fuentes del Sol, acerca de Asia, es un libro muy guerrero, crítico, a veces feroz, con aquella parte de espiritualidad falsa y manipuladora de las religiones orientales y sus administradores. También hay mucha ternura cuando se trata de gente sin poder.

Hasta el momento, sólo he escrito libros de viajes, ha sido una etapa entrañable pero que tengo que cerrar, y conste que me ha sido enormemente positiva, su trayecto me ha hecho todo un escritor, pero después de Latidos de África esto se terminó. A partir de ahora escribiré ficción, me he cansado de contar verdades, se acabó el corsé de lo veraz, ahora empieza el mundo sin límite de lo verosímil.

Dime algo que hayamos perdido y que África aún tenga…
Las relaciones familiares, el clan como protector de la cohesión del grupo, el respeto a los mayores. En África, en buena medida, los conflictos los resuelve el jefe del clan no un juez externo, ajeno al problema. Y desde luego, en África, y por lo que yo he visto, a nadie se le ocurriría decirle a un mayor: "Cállate viejo loco" como yo oigo decir en este nuestro mundo tan avanzado y desarrollado.

Si tuvieras que elegir otro lugar para vivir ¿Cuál sería y por qué?
Para quedar estupendo podría decir que en Isla de Mozambique o en el barrio Azul de Jodhpur, en el Rajastán, India. Pero eso sería una afirmación hecha con la boca pequeña. Yo quiero vivir en mi medio, en mi cultura, y eso está en Madrid o al menos en España en donde, a pesar de todo, se vive muy bien. Una cosa es ser visitante y otra diferente es ser habitante.

Un viaje inolvidable, un viaje que aún no has hecho, un viaje que no repetirías…
Mi primer viaje a Etiopía.
Visitar las fuentes del Nilo Azul.
Australia.

¿Sobre qué lugar te gustaría escribir tu próximo libro?
Sobre la selva, aunque como ya he dicho, no será un libro de viajes.

¿Por qué recomendarías a los lectores Latidos de África?
Porque tiene aventura, literatura, humor, ternura, mala uva y, sobre todo mucha humanidad.

Latidos de África.
Viaje por los corazones de un continente

Colección: Premio Desnivel (Literatura)
Junio 2011
304 pág.
14 x 21 cm
ISBN: 978-84-9829-222-0
PVP: 16,50 €

Muchos africanos están cansados de que se observe y muestre su continente como un foco de hambruna, malaria, sida, miseria, emigración y guerras atroces. Y sin embargo, ese continente no es un territorio a la deriva. Latidos de África es un testimonio de ello.

Se trata de un relato de viajes en el que aparecen sabanas sin límite, animales singulares, pueblos asombrosos, ritos y mitos; tierras inabarcables habitadas por gentes vitales y conmovedoras, buenas y malas, aunque todas ellas capaces de provocar escenas surrealistas y hasta divertidas. África es un lejano planeta negro y verde, árido y húmedo, sonoro y musical, tan extraño, que a veces parece no pertenecer a nuestro sistema solar, pero donde siempre se halla la aventura, se producen los crepúsculos con los mejores y más bellos cielos del mundo, y se nota y siente el milagro diario de la vida.

Este es un libro de pálpitos, la crónica del ritmo cardiaco de una tierra con los mismos movimientos de la sangre acompasada. Dicen que el contorno de África se parece a una oreja de elefante pero de lo que realmente tiene forma es de corazón.

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