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UN ENTRENAMIENTO DIFERENTE

Saber perder para escalar mejor

Actitud. El arte de escalar es un manual para sacudirse la vanidad y aprender a divertirse en la roca. El método es difícil, pero el éxito está probado en Adam Ondra, Chris Sharma o Dani Andrada. Más que su músculo, lo que les ha encumbrado es el amor por el deporte.

Ana Torres/Desnivel - Jueves, 16 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 21:15h.

Juan José Andújar -Hippie- presenta en la Librería Desnivel: Actitud, el arte de Escalar.
Juan José Andújar -Hippie- presenta en la Librería Desnivel: Actitud, el arte de Escalar. (Darío Rodríguez/DESNIVEL)

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  • Juan José Andújar -Hippie- presenta en la Librería Desnivel: Actitud, el arte de Escalar. Juan José Andújar -Hippie- presenta en la Librería Desnivel: Actitud, el arte de Escalar.
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Juan José Andújar, alias Hippie, descubrió hace unos años que darse permiso para fracasar era un placer. Cuenta que escalaba a ciegas sin más foco que el de ser el mejor, el más guapo, el que tiene más novias, el más rico. Deseaba que su cara fuese una más en el mural del fondo de la Librería Desnivel. Esa especie de Olimpo de la montaña que el pasado miércoles le sirvió de fondo para presentar el libro Actitud. El arte de escalar y al que, literal y figurado, le dio la espalda.

Pero llegar hasta este momento ha requerido un proceso. Se hizo escalador leyendo las historias de Wolfgang Güllich, Lynn Hill y Dani Andrada e hizo suyas la motivación sana y también la exigencia tóxica. “El estereotipo, la expectativa, el anhelo”, dice él. “Escalaba porque quería ser mejor que los demás, ese era el conflicto. En el bar no estaba contento por lo que había hecho yo, sino por lo que no había conseguido hacer el otro”.

Hoy tiene veintisiete años y habla como un rehabilitado que ha salido del laberinto del deporte entendido como fama y fuerza bruta. Como el adicto que se desvivía por ser carne de portada. Por coleccionar octavos y fans. (Y esto es todo lo que tenía: “Llevaba dos años sin novia, mantenía cuatro o cinco colegas a los que les podía seguir el ritmo y no sabía estar en un bar sin hablar de escalada”).

Su propuesta es desaprender las inercias que buscan el éxito

Cuenta Hippie que un día se puso a escribir los mensajes que necesitaba leer. Los que no había encontrado en ningún libro, pues los manuales de escalada al uso le empujaban hacia el disfraz: haz tal para convertirte en cual; cómo actuar para llegar hasta... Mezcló intuiciones que había tenido en la roca con lecciones de un arte marcial llamado karate-do y el resultado fue Actitud. El arte de escalar, un manual para sacudirse la vanidad y aprender a divertirse que se ha convertido en uno de los libro revelación en el catálogo de Ediciones Desnivel de esta temporada.

“Creo que son tantas las pifias que he cometido en mis años de escalada...”, dice uno de los primeros capítulos. “Liberemos nuestra mente de prejuicios y entreguémonos por completo a disfrutar del extraordinario arte de la escalada”, anima unas páginas después. Su propuesta es desaprender las inercias que buscan el éxito, lo que no implica renunciar a él. Es algo así como dejar de darle tanta importancia para conseguir, por ejemplo, encadenar octavos con más alegría.

“Si ves una vía como a una tía buena con la que quieres ligar deja de ser un enemigo al que te quieres quitar de encima. Más bien quieres que esté contigo para siempre”. Esta es su nueva manera de mirar. Pone otro ejemplo: esos días malos en los que el proyecto de turno se resiste y uno se baja de la pared maldiciendo las presas, al asegurador o hasta la fase de la luna y, por supuesto, con un cabreo notable. ¿Por qué no pensar en lo positivo? Aquí cada uno apunta sus motivos, pero hay uno común: el mero hecho de poder escalar, de haber encontrado el momento para hacerlo, el lugar para practicarlo, las personas necesarias.

—¿Ahora aceptas mejor los fracasos? —preguntaba una chica entre el público.

—Mejor no, los acepto. Antes no los aceptaba. Cuando no me salía una vía luego me ponía a hacer dominadas en casa.

“Escalar es un capricho. Yo no ayudo a nadie cuando lo hago"

Jugar para ganar a la vez que aprendes a perder. Esta frase, en su sentido fácil, podría decorar una taza de desayuno. En su sentido difícil tiene que ver con limar los pinchos de la autoexigencia y dejar de vivir como si el sufrimiento por no estar a la altura de tus metas fuese un compañero tan habitual como el café de la mañana. “Escalar es un capricho. Yo no ayudo a nadie cuando lo hago. Es puro egoísmo, algo hedonista”. Sin el aura que le concede tanta importancia, se convierte en un pasatiempo para estar más contento, para conocerse a uno mismo, para viajar.

Lo sabe Mick Fowler. El alpinista británico daba la receta para elegir sus proyectos en una entrevista reciente y decía que el 50% lo determinaba el puro montañismo y la otra mitad el resto de cosas que ocurren en un viaje a la montaña. “Busco líneas interesantes en partes del mundo donde no he estado antes y que me interesan culturalmente”, decía, y el método le ha reportado el Piolet de Oro tres veces. Esta es la actitud que descubrió Hippie y que le hizo pensar en que entrenar para ser el mejor es un error, que es preferible hacerlo por la satisfacción de ser capaz de hacer una cosas de manera más eficiente.

Es en este punto donde aparecen las artes marciales. El libro habla de tres claves llamadas zanshim, kimé y kiai. Algo así como atención a lo que escalas, intención con la que haces los movimientos y pericia para guardarte la fuerza explosiva necesaria para superar los pasos clave.

Dice sobre el zanshim: “El primer enfoque de nuestra atención ha de ser siempre el medio que nos rodea, ya que es en él donde pretendemos desenvolvernos y, cuanto más amplia y precisa sea nuestra percepción del mismo, más posibilidades tenemos de adaptarnos y superar los distintos obstáculos”. Para entrenar esta idea Hippie habla del ejercicio de enfrentarse a una vía sin haber buscado la descripción previa en una guía, sin saber el grado, leyendo el terreno con intuición.

"Gritar es una forma de expresión que te roba energía"

El segundo punto, kimé, es el que “nos ayuda a desarrollar una mejor conciencia corporal”. Eso se traduce en la capacidad de mirar la presa deseada sin perder de vista que se llega a ella mucho antes de llegar. Es decir, que hemos de disponer el cuerpo de manera favorable: “La intención no se reduce a estirar el brazo para coger el agarre, sino que, desde el inicio del movimiento, uno debe tratar de acercar todo su cuerpo lo máximo posible al objetivo deseado”. Resultado: una aparente facilidad para resolver el paso.

Por último, kiai tiene una aplicación reconocible. El grito. Cuántos escaladores rugen como gorilas en movimientos de intensidad media que no necesitan ese alarde guerrero. “Es una forma de expresión que te roba energía y en la escalada se peca de derroche. Hay que saber aplicar la fuerza”. Habla de Adam Ondra y Chris Sharma como escaladores que saben en qué momento desgarrarse la garganta, solo cuando el siguiente paso es como tener 1.000 guerreros enfrente y 10 en tu equipo: “Ellos han cogido la presa clave antes de agarrarla, han chillado para que se entere de que van a por ella”.

Saber qué hacer y cuándo. La clave de cualquier disciplina. Por eso el autor de Actitud. El arte de escalar dice que la última palabra del título puede suprimirse para colocar cualquier otra. El arte de cocinar, de escribir o de vivir. O la que que ustedes prefieran.

Cómo calibrar el alcance de nuestras capacidades

Actitud

Actitud. El arte de escalar

por Juan José Andújar "Hippie"

Con Actitud te proponemos un cambio de actitud, un desaprendizaje de esos principios que sutilmente han ido arraigando en nuestra mente y que nos impiden calibrar el alcance de nuestras capacidades.

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