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Se estrenará el 1 de enero

Point Break, un remake de la película 'Le llaman Bodhi' en clave de escalada y parapente

Point Break, la nueva película que dará que hablar a los deportistas de riesgo, pues marca un antes y un después en la forma de entender el cine de acción rodado en escenarios naturales, destacando los Alpes suizos, austriacos e italianos. Algunas escenas rompen la lógica o la realidad, como notarán quienes conozcan las localizaciones o practiquen alguno de los deportes que aparcen en el filme.

Victor Riverola i Morera - Miércoles, 30 de Diciembre de 2015 - Actualizado a las 11:57h.

Cartel de la película Point Break, que se estrenará el 1 de enero de 2016
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Llega a nuestros cines Point Break una película que, tras su primer visionado, ha producido en un servidor emociones encontradas. Por un lado la historia me interesa debido en parte a que, sin ser un gran fan, sigo opinando que el filme original (en español Le llaman Bodhi) tenía gancho, ritmo y resultaba muy atractivo a nivel visual. Sus protagonistas, Keanu Reeves y Pratick Swayze (fallecido en 2009), derrocharon carisma y adrenalina en 1991, pero eso fue todo; una película correcta dirigida por la ex de James Cameron, Kathryn Bigelow antes de ganar dos Oscar. Muchas gracias, pero me quedo con otras películas de acción, bajo mi punto de vista más completas.

Y ahora, tal y como está sucediendo de un modo un tanto abusivo, nos llega el remake del filme de Bigelow, rodado con un ejército de cámaras por medio mundo y con un argumento que lleva mucho mas allá el guión y la historia originales. Uno de los puntos fuertes del filme es el intentar por todos los medios lograr lo que conocemos como el más difícil todavía, superando en espectacularidad a Mad Max Fury Road y los últimos filmes de 007.

Para quien no sea conocedor de la historia original, diré que un joven cadete del FBI, Johnny Utah, amante del riesgo y los retos imposibles, se infiltra en un equipo de deportistas extremos, liderado por el carismático y a la vez místico Bodhi. El grupo es sospechoso de llevar a cabo una serie de crímenes de forma extremadamente inusual, utilizando argumentos ecologistas como móvil de sus acciones.

Infiltrado en el grupo de forma encubierta y arriesgando su vida en cada instante, Utah se esforzará por demostrar que son los artífices de una cadena de robos insólitos perpetrados por todo el mundo, entablando de paso amistad con Bodhi que le llevará a plantearse en más de una ocasión en qué bando está y qué es lo que realmente está haciendo. En esta ocasión, el surf no es el deporte estrella, tal y como sucedió en 1991, y ahora la historia se desarrolla a lo largo y ancho de 11 países en cuatro continentes; ofrece una visión especial del deporte extremo actual al incorporar escenas de acción realmente espectaculares que nunca antes se habían rodado para una película, incluyendo especialistas en motocross, salto BASE, paracaidismo, snowboard, escalada y, por supuesto, un poco de surf, (para rendir algo de homenaje al filme original).

Los cineastas invitaron a varias celebridades del mundo del deporte para realizar pequeñas colaboraciones, asesorando al director en más de una escena. Entre las caras conocidas encontramos al paracaidista Jeb Corliss, el snowboarder Xavier De Le Reu y el profesional de escalada libre Chris Sharma. Hasta aquí el planteamiento del filme, la historia que nos narra y las escenas de acción saciarán la sed de los amantes de las emociones fuertes, de los video-clips adrenalínicos y de los documentales sobre snowboard, surf, escalada y saltos BASE… Pero… ¿y el resto de espectadores?

El filme, rodado con corrección y montado con muy buen gusto (la cámara en mano de algunos filmes de Jason Bourne, brilla por su ausencia y se agradece) se permite una serie de licencias que sin lugar a dudas, no dejan indiferentes a quienes buscamos autenticidad, lógica y un cierto rigor histórico. Es aquí donde la película, que supera con creces a despropósitos como Fuego, Nieve y Dinamita (Willy Bogner era un cámara genial, pero como director…mejor me callo), se acerca peligrosamente a Límite Vertical. ¿Por qué un filme que se toma tan en serio la perfección a la hora de rodar acción, se permite el lujo de tomar el pelo al espectador que se dedica al tema? Sé que no tiene nada que ver, pero en Everest el realismo y los detalles están cuidados, se nota la mano de un director perfeccionista que si bien puede cometer errores, busca acercar al espectador a la realidad. En este caso, el director de Point Break, Ericson Core (Invencible) y el guionista Kurt Wimmer (Salt, Un ciudadano ejemplar) llevan la historia de Rick King, W. Pter Iliff y Kurt Wimmer hasta niveles que en ocasiones sobrepasan la lógica, destacando dos escenas que sin lugar a dudas, producirán más de un comentario en el mundo de la escalada profesional.

¿Se puede escalar en solo integral el Salto del Ángel en Venezuela, con sus mas de 900m de caída y una vez en lo mas alto, saltar al agua sin paracaidas y sobrevivir? Bien, pues esta gesta, sin cuerda ni mosquetón la protagonizan Bodhi, interpretado por el actor Edgar Ramírez (La noche más oscura, El ultimátum de Bourne, Carlos the Jackal) y Luke Bracey, que da vida a Utah (a Bracey le vimos en G.I. Joe: La venganza y en La conspiración de noviembre).

Y ya que estamos, ¿se puede construir un pueblo accesible en coche en lo alto de la cumbre de la Tofana en Cortina (Dolomitas)? Incluso se permiten el lujo de crear una escena en el teleférico de la Tofana ¿homenaje a Moonraker y a El Desafío de las Águilas?. Exceptuando estas dos escenas, el resto del filme se deja ver con amabilidad, brillando varias escenas, entre ellas la inicial que agradece (por una vez) el uso del 3D.

Las ocho pruebas de Ono Ozaki

Resulta interesante descubrir cómo las escenas de acción se desarrollan en torno al gran desafío que mueve a Bodhi  a viajar por todo el mundo. Cada secuencia de acción es un eslabón en la cadena de acontecimientos. Por ejemplo, como comenta el director Ericson Core: “La escena de paracaidismo, que es impresionante en cualquier contexto, es una parte muy importante en el recorrido de Utah y su conexión con Bodhi y el resto de la pandilla. Es el momento culminante. Las escenas precedentes van in crescendo y lo que la sigue está determinado por lo que le pasa a Utah en ese momento. Todo está finamente articulado”.

Con ese fin, la película introduce un reto ficticio llamado “Las Ocho Pruebas de Ono Ozaki”, que el director describe como “una manera de beber de todas las energías de la Tierra.” Inventados para la película, estos retos supuestamente ideados por un famoso poli-atleta y ecologista, hacen que el aspirante use las fuerzas naturales del planeta para ejecutar grandes proezas físicas. Las Ocho de Pruebas de Ono Ozaki representan un camino particular hacia la iluminación que exige fuerza mental y espiritual, además de gran habilidad física.

Su creador supuestamente falleció cuando intentaba superar el tercer reto; y el séptimo y el octavo generalmente se consideran imposibles. Afrontar estos retos, o “perseguir las Ocho”, es lo que mueve a Bodhi. Ozaki insistía en encontrar la verdadera línea que recorre cada obstáculo y seguirla hasta el final, sobre lo que Core dice: “Es un tema constante en la película: ‘Encontrar tu línea’ también hace referencia al camino o la verdad de una persona. Utah está intentando encontrar su línea a lo largo de la historia, y Bodhi está haciendo lo mismo”.

Ésta es una película de cámaras

Es importante mencionar que Ericson Core también ejerce como director de fotografía, habiendo trabajado como director de fotografía en películas de acción tan potentes como Invencible, The Fast and the Furious: A todo gas y en Payback. El equipo creativo de cineastas incluye al diseñador de producción Udo Kramer (Cara Norte, El médico) y los montadores Thom Noble (Thelma & Louise, Único testigo, por la que ganó un Oscar) y el mítico Gerald B. Greenberg (ganador de un Oscar por French Connection).

Según nos cuenta el director, todo el equipo sabía que una gran parte de lo que hizo Le llaman Bodhi tan emocionante fue la relación entre los dos personajes: el agente del FBI novato Johnny Utah, intentando dejar de lado su pasado y encontrar su lugar en el mundo, y su elusivo objetivo: Bodhi, un hombre carismático con planes inusuales. Este conflicto crucial entre individuos que parecen diametralmente opuestos pero extrañamente parecidos sigue siendo la base de la historia. Además, según Core: “Muchas de las preguntas filosóficas que plantea Bodhi merecen una exploración más profunda, como la idea de ser verdaderamente libre y vivir según tu propio código, así que mantuvimos todo eso”.

Ésta es una película de cámaras” comenta Andrew A. Kosove, uno de los productores de la película y también un triatleta de competición. “Lo que eso significa para el público es que van a ver las escenas de acción tal cual se captaron en cámara, en las localizaciones reales, por atletas reales. No se trata de coreografías sobre un fondo verde; nadie está chocando con un edificio falso, quitándose el polvo y alejándose. Estuvimos en el del Salto Ángel en Venezuela, la cascada continua más alta de la Tierra; en el pico del Jungfrau en los Alpes, en Walenstadt, Suiza, en Teahupoo, Tahití, y en Jaws cerca de Maui, para cazar la ola más grande de la década. Ha sido un rodaje extraordinario y no puedo esperar a que lo vea el público”.

Para el productor Broderick Johnson: “Es como estar en el centro de la primera fila, viviendo lo que se siente al saltar desde una cumbre nevada o una pared de roca, por el aspecto real que tiene. Sentir esa sensación real de peligro e intensidad fue la parte más emocionante para mí, como cineasta y como espectador de este metraje. Realmente queríamos sumergir al público y ayudarles a vivir una aventura que de otro modo no tendrían”. Pero Bodhi lo hace a su modo particular. Se propone “devolver” a la Tierra; él y su pandilla, a la que se refiere como su manada de lobos, cometen una serie de atracos y destrucción de minas y otras iniciativas que consideran ecológicamente y moralmente tóxicas, que van creciendo en intensidad.

Una parte muy importante de la ecuación fue la logística. El director destaca: “Al estar en las cimas de montañas no podíamos llevar grandes equipos de luces y generadores y pantallas de seda, o no habríamos logrado lo que hemos logrado. En vez de eso, la responsabilidad del trabajo de cámara cayó sobre mis hombros, en mis manos. Rodamos con un equipo pequeño de luces y a veces sin siquiera eso, un pequeño reflector o un LED. La luz natural fue clave, y la madre naturaleza fue un miembro del equipo de luces”.

Los retos de Kramer giraban en torno al tiempo y el ambiente que no dejaban de cambiar, y sus esfuerzos para cohesionar una producción que reúne más de 70 localizaciones distintas. En cambio, una de sus tareas más interesantes fue establecer un contraste visual entre la atracción hipnótica del mundo natural en la mente de Utah frente los austeros interiores de su profesión. “Por un lado -dice Kramer- tienes la naturaleza con sus imágenes impactantes y grandes y, por otro, están las oficinas del FBI, donde borramos cualquier huella de eso. No hay nada verde en la oficina, y no hay exteriores”.

Kramer también creó el ambiente para el tiroteo en un banco, que se suponía que tenía que ser al Norte de Italia, pero que en realidad se rodó en Hall, el Tirol, en Austria. El elemento clave fue lo apretado y limitado del espacio que hacía más difícil la huida y generaba más caos. “Adaptamos el diseño para que tuviera un aspecto italiano. La idea era tener un espacio pequeño en una calle estrecha, donde la acción se pone lo más intensa posible y puedes oír las balas volando a tu alrededor”. Core viajó ligero, contratando equipos locales y llevando con él solo los colaboradores fundamentales.

Montaña y tatuajes

Dentro del equipo del filme encontramos al diseñador de vestuario y maquillador Thomas Nellen y el jefe del departamento de maquillaje y peluquería Heike Merker, que entre otras cosas se dedicaron a crear los curiosos tatuajes del reparto. Pintar los tatuajes de cada actor protagonista llevaba unos 90 minutos para dibujarlos de manera que las líneas fueran suaves y tuvieran la apariencia de que no eran nuevos, sino algo que era parte de sus pasados.

Bodhi es un activista ecologista, violento pero con ideales nobles; por tal motivo el equipo de maquillaje, siguiendo las órdenes del director, dibujaron un lobo en su brazo derecho, pues Bodhi no deja de ser el líder de una manada. En su piel también encontramos un bosque con pájaros y una cascada. Para Utah, nombrado así en honor a su lugar de nacimiento, los maquilladores diseñaron una cordillera montañosa, inspirada en esa región, a lo largo de su pecho. Además, Utah lleva los nombres de sus padres en los dedos de cada mano. Los tatuajes de Samsara incluyen una línea delicada de pájaros desde su hombro hasta su codo, sugiriendo su conexión espiritual con Bodhi.

Tal y como podemos comprobar, la película dará que hablar, pues marca un antes y un después en la forma de entender el cine de acción rodado en escenarios naturales, destacando los Alpes suizos, austriacos e italianos. Solo lamento que algunas escenas, como antes comentaba, rompan la lógica o la realidad, algo que notarán quienes conozcan las localizaciones o practiquen alguno de los deportes que aparcen en el filme. Por cierto, excelente la música de Junkie XL, un grandísimo artista que sigue demostrando, tras su excelente labor en Mad Max: Fury Road, que su remix del A litlle less conversation de Elvis Presley le abrió muchas puertas…

 

La relación más íntima entre hombre y montaña

La montaña puede curar

La cumbre es solo la mitad del camino

por Jordi Salvador ; Víctor Riverola

Desde hace siglos, la montaña y el ser humano forman un binomio realmente interesante, no solo a nivel deportivo, sino también a nivel personal. Cada año encontramos más y más testimonios que narran con todo lujo de detalle como la montaña cambia la vida de las personas, como les ha ayudado a nivel psicológico a superar una enfermedad, un trauma, un dolor físico o un daño psíquico que no lograban superar.

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