KURT ALBERT (Alemania, 1954), era profesor de Matemáticas y Física, pero dedicó su vida a la escalada y las montañas desde que las descubrió a la edad de 14 años. Fuertemente marcado por la arenisca del Elbsandstein, sus escaladores y las reglas publicadas por Rudholf Hermann en 1912 –no utilizar fisureros (sólo nudos empotrados), no usar magnesio, no colocar más de dos seguros cada ocho metros…–, Kurt desarrolló la idea del Rotpunkt en Frankenjura y fue cosechando metas en forma de grados.
Su primer viaje a Yosemite (1977) y el encuentro con Ron Fawcett, Peter Livesey y Ron Kauk también le estimula para lo que vendría después y lo que denominó como su “máximo reto”: encontrar grandes rutas que ofrecieran la posibilidad de su escalada libre. Durante 1986 liberó con este concepto los pasajes de escalada artificial de las vías Suiza (7b+, en la Cima Ovest) y Hasse/Brandler (7a+, en la Cima Grande) de las Dolomitas italianas.
En 1988, Albert graduó de 7a+ la vía Eslovena de la Torre sin Nombre, del Trango (Karakórum), tras escalarla con el mismo estilo que las anteriores. En la misma montaña, abrió, junto a Wolfgang Güllich, Christof Stiegler y Milan Sykora, Eternal flame (7b+/A2), en 1989. “Es un momento clave para mi vida” y, a partir de entonces organiza una expedición cada año. La suma de viajar, nuevas rutas y nuevas cumbres le ofreció un resultado imprescindible y vital. A Eternal flame le siguieron Riders on the storm (7c/A2) en la Torre Central del Paine, con Bernd Arnold, Norbert Bätz, Peter Dittrich y Güllich, y, en 1995, Royal flush (7c), en el Fitz Roy, junto a Bernd Arnold, Jorg Gershel y Lutz Richter. La lista se ampliaría con muchas otras primeras esparcidas por Groenlandia, Antártida, Baffin, México, Venezuela…
Los orígenes del Punto Rojo
Es simple: escalamos de primero mosquetoneando los seguros –sin reposar ni agarrarnos a ellos–, llegamos a la reunión y nos bajamos; si nos caemos, ensayamos los movimientos, nos bajan, sacamos la cuerda y empezamos de nuevo. Resulta un procedimiento tan cotidiano para muchos escaladores que posiblemente la mayoría ni se plantee que hace unos 35 años las cosas no estaban tan claras. Kurt Albert entendió que aquella era la mejor forma de escalar una ruta y lo llamó “Rotpunkt” (Punto Rojo).
Así, en 1975, nace el Punto Rojo al pie de la vía Maria Schrott Gedächtnisweg (6a), en Frankenjura. Kurt nos aseguró que su influencia principal es la escalada del Elbsandstein, en la antigua RDA. En sus paredes de arenisca se resolvían en libre tramos muy difíciles; una serie de reglas, plasmadas en papel en 1912, prohibían instalar más de dos seguros (anillas) cada 8 metros, por lo que existían tramos obligados (hasta 6c/7a en 1975) muy expuestos. Las reglas no decían nada acerca de no parar a descansar en las anillas. “No imaginábamos que fuera posible subir en libre por aquellas paredes sin ayudas artificiales”, explicaba Kurt a la revista Escalar en 1999.
Dogma sí, pero personal
No se nos debe pasar que en otros lugares rocosos del planeta –especialmente en EE.UU. y en Inglaterra, gracias a su imposición del “clean” en muchas de sus áreas–, la escalada libre era ya una realidad desde hacía décadas. Por supervivencia o por convicción la escalada libre es una realidad desde el origen del alpinismo. Mummery, Preuss, Whillans…, o el pionero del búlder, John Gill, o, sin irnos tan lejos, Teógenes y Tresaco, en España, ya proclamaban explícitamente el estilo puro del alpinismo. También es cierto que en algunas zonas se comenzaban a resolver rutas en algo parecido al punto rojo, y Kurt lo reconocía: “Viajé a Yosemite en el 77, allí encontré a Ron Fawcett, Peter Livesey y Ron Kauk. Generalmente usaban los yoyós, aunque ya había algunos escaladores como Henry Barber que practicaban un estilo parecido al rotpunkt”, respondía en una entrevista de 1999.
Pero es Kurt quien de alguna forma –eso sí, sin apenas influencias extranjeras y de forma espontánea– aglutina todos estos cambios y le da un nombre y, junto con otros escaladores alemanes, entre los que destaca Wolfgang Güllich, distribuye su “invento” por el mundo. Alemanes, ingleses, franceses, italianos, españoles…, antes o después, todos lo aceptan. En una época de debates y discusiones, la idea tiene éxito. A comienzos de los ochenta el concepto Rotpunkt es una realidad en casi todas las escuelas y eso supone el nacimiento de la escalada deportiva. Sumemos que al punto rojo le seguirá una tabla de variantes en la que Kurt ya no va a tomar parte: punto rosa, cruz roja… Todo ello será lo que va a marcar la escalada libre y deportiva desde entonces. Paradójicamente, Kurt declaraba que su objetivo era “escalar libre” y que “todas las reglas son una prisión para la creatividad en la escalada”. Pero también que los dogmas son válidos si cada persona tiene el suyo y lo sigue y, fundamentalmente sin considerarse “un dios e intentar imponer a los demás su particular visión de la escalada”.
Kurt Albert nos explicó que su propuesta de Punto Rojo no debía concebirse como un dogma, ni siquiera como una filosofía, simplemente como una nueva manera de subir por las rocas, la que él asumió y trasladó a todos los ámbitos de la escalada. Ni él mismo se imaginó la gran transcendencia posterior del Rotpunkt en todas las paredes del planeta. Por eso no debemos considerar a Kurt como el nuevo profeta de la escalada. A él no le gustaría.













Un tipo increíble, del clan que decía que tomar una cerveza formaba parte de la escalada. Presasg8, no te olvides del gran Jonh Bachar.
El y gullich los pioneros de la.deportiva. Www.presasg8.es
Murió en 2010, no en 2006. Corregid la entrada de la portada.