Iker en uno de los largos clave de El Niño, hasta ahora 8a+. Placa técnica a muchos metros del suelo. Foto: Eduardo Martínez
Los detalles prometidos sobre la primera nacional en libre al Capitán, que
hace pocos días conseguían Iker y Eneko Pou. Bueno, en realidad fue Iker, con
quien hablamos ayer, siempre apoyado y acompañado por su hermano Eneko, quien
se encargó de algunas tiradas de hasta 6b, en su repetición free (la
segunda, tercera ascensión) de El Niño al Capitán (Yosemite).
La vía de los hermanos Huber (950 m, 1998) ha mantenido una dificultad
máxima de 8a+, pero ahora los Pou han tenido que enfrentarse a un posible
8a+/b. Con temperaturas de hasta 45°, los hermanos se metieron en la pared,
siempre desde abajo, para ensayar los largos más duros. La vía cuenta con una
primera tirada de 8a (que casi resolvió a vista) y otras tres de 8a+ (la Black
Cave). Una vez resueltos los primeros 600 metros, en teoría, no se
encontrarían dificultades por encima del 7c. El ataque final, en el que Iker
fue metiendo los cacharros en todos largos, les obligó a pasar cinco noches en
la pared, dos más de las previstas, ya que, a cuatro largos de la cima,
encuentran una laja rota en un tramo marcado de 7b+.
Dos días de ensayos, y una aventura para poder alcanzar la reunión del
largo, se tradujeron en un paso de bloque de 7c/c+, lo que podría traducirse en
8a+/b de vía. Según el escalador alavés es "el largo más duro de la
ruta, mucho más severo que los demás 8a+; un palo para la moral cuando sólo
nos quedaban dos 6a+ y un V para llegar a la cima".
Los Pou colgados de una reunión. Foto: Eduardo Martínez
Pepinazos de infarto
Iker pudo resolver hasta 7c a vista. La decisión de escalar siempre desde
abajo y no rapelar nunca desde la cumbre para supervisar las tiradas, implicó
luchar, aparte de con la dificultad de cada largo, con largas distancias entre
seguro -a veces con caídas potenciales de más de 30 metros, en placas de 7c+-
y terreno sucio y desconocido.
Se trata del tercer encadenamiento de la ruta, tras los Huber y Leo Houlding
y Patric Hammond (ambos con 19 años). Los ingleses resolvieron casi toda la
ruta a vista, pero reconocieron a Iker (todos estos escaladores coincidieron
este verano en el Campo 4) que, al meterse en la pared poco después de que los
Huber consiguieran la cumbre, en 1998, tuvieron mucha suerte al encontrarse
marcas de magnesio en los largos clave, casi siempre placas muy técnicas, e
incluso el emplazamiento de los friends marcado con esparadrapos en los que
estaba anotado en número del anclaje.