Comenzó a practicar el excursionismo en los años cincuenta, cuando esta actividad se consideraba una moda extraña. Más tarde sería un elemento clave de la red española de senderos de gran recorrido (GR).
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Actualizado 12.02.1999 14:17
Domingo Pliego
Todos los viernes suena con insistencia el teléfono de su casa. Amigos de adolescencia y juventud y amigos de amigos, entre los que abunda pelo cano y el personal femenino, le llaman para citarse al día siguiente. Desde hace lustros, Domingo Pliego sale a caminar, esencialmente por la sierra de Guadarrama, en compañía de quien quiere seguir sus pasos.
Quizá algún día, esos andarines pertenecieron a un club de montaña pero ya no. Obtienen gracias al conocimiento geográfico y deportivo de Domingo lo que un club puede ofrecerles: compañerismo, paisajes, un camino y la seguridad de regresar al punto de partida. Como de costumbre, el bocadillo y el buen humor lo ponen los propios caminantes.
Cuando se pregunta a Domingo por sus primeros recuerdos de excursionista saca una carpeta con apuntes sobre ese tema, pero ni siquiera la abre: ha demostrado su tremenda capacidad para organizar la memoria y con eso basta.
Nacido en 1934, comenzó a practicar un montañismo de intensidad moderada antes de 1950, cuando esta actividad se consideraba una costumbre atípica. El grupo de jóvenes estudiantes se lanzaba a descubrir la sierra con un material de fortuna, aunque ni el calzado, ni la bufanda, ni el abrigo que formaban parte del atuendo excursionista, podrían ser considerados hoy como prendas de ningún equipo equilibrado. Fabricaron una especie de tienda de campaña con una lona y cruzaban el macizo de Guadarrama en todos los sentidos.
Conoció entonces a su mujer actual, Marisol, en la academia de su padre. No es que fuera un mal estudiante, sino que cursaba estudios en la academia de «Don Pablo», que procedía de la Institución Libre de Enseñanza. Poseía un concepto de enseñanza muy particular para la época: era mixta e incluía en su programa una asignatura tan de moda en la actualidad como el conocimiento del medio natural.
La naturaleza, precisamente, era lo que atraía a aquellos jóvenes privilegiados que cursaban estudios en la España de la posguerra y, si algún rasgo les diferenciaba de los demás, era probablemente ser más originales que el resto. No se sentían atraídos por las fiestas, ni por los bailes, principales esparcimientos de los estudiantes de entonces.
De aquella época, Domingo recuerda una amenaza de excomunión proferida por el Arzobispado de Jaca, que pesa más sobre su memoria que sobre su conciencia: el «pecado» consistía en haber formado parte de un grupo mixto en una marcha al Monte Perdido.
Algunas décadas más tarde, casado, con hijos y aplicando en el mundo laboral su saber de ingeniero, fue un miembro activo del senderismo oficial e impulsó la creación de una red española de senderos de gran recorrido (GR), que en el resto de Europa había conocido desde los años cincuenta un auge considerable.
Hoy está alejado de los despachos, aunque se ha apañado uno en su piso de Madrid, pero el senderismo ocupa casi todas sus jornadas. Redacción de nuevas guías, reedición de libros publicados, organización de marchas los sábados, charlas en clubes de montaña y aprendizaje de idiomas: sin dejar de perfeccionar el inglés ha comenzado a aprender árabe.
Ha publicado unos treinta libros de recorridos a pie o en bicicleta, así como algunos de divulgación del senderismo, y tiene tanta experiencia en el andar con mochila que se aventura a efectuar un breve balance. La práctica del senderismo no le ha procurado más que efectos benéficos, tanto en el aspecto físico como en el espiritual: le ha enseñado a tener paciencia. «Me ha permitido —asegura— no asesinar a mi jefe en varias ocasiones».
"Cuando la oferta de lugares es amplia, se evita la masificación cuya consecuencia inmediata es la degradación"
¿Qué papel ha desempeñado dentro del movimiento excursionista «oficial»? Es un episodio curioso. Venía del mundo de la montaña y practicaba escalada, esquí, excursionismo y alpinismo. Pero me centré en el senderismo dentro de la Federación Madrileña, como vocal de senderos. El excursionismo como actividad específica comenzó a desarrollarse en Cataluña porque entró, con la prolongación de GR 7, desde Francia. Pero nuestros amigos catalanes, con los cuales tengo excelentes relaciones, eran incapaces de difundirlo al resto de la Península. Intenté organizar el senderismo, palabra que al principio era bastante confusa porque la gente la asoció inmediatamente al movimiento revolucionario latinoamericano de los senderistas. Ahora, la palabra ya sólo evoca la actividad deportiva. Después pasé a la Federación Española cuando su presidente era Fernando Muñoz Guerra, que tenía una visión mucho más amplia que sus predecesores de las actividades de montaña. Fui también el representante español de senderos en el seno de la Federación Internacional porque era prácticamente el único miembro español capaz de expresarse en inglés en las reuniones internacionales.