Aprisionado entre dos murallas de caliza color gris por donde trepa una vegetación siempre fresca, el río Vellos discurre por el fondo del cañon de Añisclo después de nacer en una formidable cascada que da nombre a un pacífico rincón.
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Actualizado 04.03.2002 :
Foto: Archivo Desnivel
De los cuatro grandes valles que surcan el macizo del Monte Perdido, el de Añisclo
es sin duda alguna el más bravío y agreste de todos y también el que mayor
riqueza botánica esconde. Podemos admirar un paisaje de contrastes entre las
partes bajas, donde destaca el verde tierno de los tilos, hayas, abedules y
avellanos sobre el color de las encinas y cajicos. Las grasillas (Pinguicula
longifolia) muestran su flor violeta pálido y su roseta de largas hojas
pegajosas, colgantes y llamativamente verdes en contraste con los roquedos
extraplomados rezumantes y grises. Sin embargo, toda esta riqueza natural a la
que tampoco son ajenos los pollos de águila real, estuvo a punto de desaparecer
cuando el desarrollo económico parecía consustancial de la construcción de
embalses. Fue precisamente a finales de los años setenta a raíz del proyecto
de inundación del cañón de Añisclo para su aprovechamiento hidroeléctrico
cuando instituciones y colectivos de ciudadanos se movilizaron para salvar este
enclave. Por suerte, las obras se paralizaron y para conjurar cualquier peligro,
en la reclasificación y ampliación del parque en 1982 se incluyó este
enclave, además de las gargantas de Escuaín y el conjunto del macizo del Monte
Perdido.
El milagro de san Úrbez El puente de San Úrbez es la referencia que marca el final del desfiladero
de las Cambras y el comienzo del cañón de Añisclo. Recibe el nombre de un
eremita, San Úrbez, que a principios del siglo VIII ganó muchos adeptos en
Aragón debido a sus numerosos milagros y a su conocimiento del funcionamiento
de las fuerzas ocultas de la naturaleza. A él se debe la construcción
milagrosa de uno de los puentes sobre el río Vellos. Antes de que existiera
paso alguno, San Úrbez atravesó el barranco de Añisclo tendiendo su cayado de
un lugar a otro a modo de pasarela y allí se construyó el puente definitivo.
La gruta donde se refugió el santo varón, cuando llegó de Francia huyendo de
las persecuciones de las que era víctima en aquella tierra impía, la forman
cuatro concavidades contiguas, de escasa altura y mayor longitud y anchura, que
se encuentran unidas por un pasillo amurallado sobre el lado exterior. Una
escalera da acceso a la gruta-ermita y un pequeño nicho hace el papel de
sacristía. Aquí se encuentra el inicio del itinerario que conduce a lo largo
de todo el cañón hasta el paraje de la Fon Blanca (que en algunos textos
aparece como Fuen Blanca) formado por una cascada, una explanada cubierta de
pastos de montaña, una cabaña de pastores con capacidad para cuatro o cinco
personas, un abrigo vivac… y un zorro descarado.
Foto: Archivo Desnivel
Por el cauce del Vellos Sin posibilidad de pérdida, y sin dificultades salvo en caso de crecida del
río, el camino recorre el fondo del cañón y es ancho y bien trazado aunque el
desnivel, 800 metros, pueda parecer considerable.
El tramo inicial, dejando la ermita a nuestra derecha, está dominado por dos
grandes farallones, las Sestrales, a nuestra derecha y el Mondoto, a la
izquierda. Antes de estrecharse, la pista se convierte en senda y veremos
carteles con la indicación La Ripareta-Fuenblanca. El sendero cruza dos tramos
provistos de valla quitamiedos, alcanza el mirador de Selva Plana y llega al
paraje de La Ripareta, donde el cañón se ensancha un poco, en la confluencia
con el barranco de la Pardina. El sendero vuelve a subir para transitar por una
zona con hayas y, en suave bajada, retorna al cauce del río, junto al barranco
de la Capradiza. Después de cruzar el Vellos por una pasarela, el sendero
vuelve a ganar altura, se cruza con el camino procedente del refugio de San
Vicenda y vuelve al cauce. Aparecerán las manchas blancas y rojas de GR 11; por
la izquierda se va hacia el refugio de Góriz y por la derecha hacia el collado
de Añisclo y el valle de Pineta. Siguiendo el GR 11 en dirección a Góriz
subiremos, en media hora aproximadamente, hasta el nacimiento de la Fon Blanca.
Guía práctica Situación: el cañón de Añisclo se encuentra en la zona más
meridional del Parque Nacional. Acceso: desde Aínsa por la carretera A-138 hacia Bielsa y en Escalona,
coger el cruce a la derecha hacia el el cañón. Punto de partida y de llegada: aparcamiento del puente de San Úrbez. Horario: entre 9 y 10 horas (ida y vuelta). Cartografía: Valle de Ordesa y Monte Perdido. Mapa-guía. Ed. Piolet.
Escala 1:25.000. Valle de Ordesa. Mapa-guía. Ed. Alpina. Escala 1:40.000. Otras propuestas: una excursión mucho más corta (3 horas) consiste en
subir a partir de San Úrbez hasta el pueblo abandonado de Sercué y efectuar la
vuelta por la carretera de Nerín. Otra ruta, mucho más exigente,
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