


George Mallory con su madre, Annie, y sus dos hermanas, Avie y Mary. |
La primera escalada de George Mallory fue el tejado de la iglesia de su padre, en el pueblo de Mobberley. La austera torre de St. Wilfrid, un edificio del siglo XIII, se alza como un peñasco distante entre los campos circundantes. Para un ingenioso niño de siete años, y sin temor alguno aparente, existían diferentes caminos para alcanzar el afilado tejado de pizarra. Una cañería de desagüe permitía acceder a un tejado más bajo, desde el cual se cruzaba hasta el
lado opuesto, luego se ascendía por otra cañería, se aseguraban los pies en el tejado de una capilla anexa y, asiéndose a las piedras, se llegaba arriba.
A principio de los años 1890, Mobberly ofrecía variados atractivos a George. «Escalaba todo cuanto era susceptible de ser escalado», decía su hermana Avie. Ello incluía los muros divisorios de los campos de las granjas y las cañerías de desagüe de Hobcroft House, una laberíntica casa situada a media milla de la iglesia, en la
cual residía la familia Mallory. Una vez, George condujo a Trafford, su hermano pequeño, hasta el tejado, y mientras George supo luego cómo descender, Trafford tuvo que ser rescatado con una escalera. Durante unas vacaciones familiares en la playa, en St. Bees en Cumberland, cuando George tenía sólo ocho años, éste se subió a una roca para comprobar qué ocurriría cuando se quedara aislado por la marea. El barquero que lo rescató dijo que George parecía bastante ajeno al peligro que
se cernía sobre él.
Puede parecer incongruente que el hijo mayor del rector del lugar tuviera un comportamiento tan travieso. Mobberley era una próspera parroquia. Muchas de sus casas eran propiedad de comerciantes e industriales de Manchester, situada a unas doce millas de distancia. La mayoría de los lugareños trabajaban en las granjas vecinas, o en el molino junto al arroyo de Mobberley. Herbert Leigh Mallory fue un hombre devoto y convencional que reprobaba
las opiniones radicales e inconformistas. Él y su esposa Annie eran la personificación de la respetabilidad cuando, a lomos de su poni, y a través de los pedregosos caminos de Mobberley, se dirigían hacia la iglesia de St. Wilfrid. En sus servicios religiosos, Herbert Leigh Mallory acentuaba el lado sacramental y ritual de la adoración y de la comunión. Sin embargo, cuando los metodistas del lugar comenzaron a atraer devotos a la capilla situada junto al arroyo de Mobberley, en el lado
meridional del pueblo, Herbert Leigh comenzó a pronunciar sermones más populares. Fue generoso con los lugareños. Poco después de convertirse en el rector de St. Wilfrid en 1985, ayudó a financiar la restauración de esta iglesia y pagó un nuevo coro de madera de roble.
Annie era diferente. Indudablemente, era una buena mujer e intentaba cumplir lo mejor posible con su papel de esposa del rector. Durante los servicios religiosos ocupaba uno de los bancos delanteros junto a sus cuatro
hijos, y solía susurrar sugerencias a Herbert mientras éste leía en voz alta los oficios religiosos. Annie se sentía obligada a seguir las canciones, aunque su entusiasmo fuera mayor que su oído musical: a menudo su compás se adelantaba al del resto de la congregación y sus notas resultaban discordantes. Un desbarajuste similar marcó su vida en Hobcroft House. Era caótica y desorganizada, y vagaba continuamente de crisis en crisis. Le resultaba imposible conservar a los criados, ya que
cambiaba de humor con frecuencia y los exasperaba haciendo sonar varias campanillas de servicio a la vez y haciéndolos correr desde todos los rincones de la casa. Annie era hipocondríaca y esa constante ansiedad por su salud la llevó a someterse a frecuentes tratamientos de baños termales —sus preferidos eran los baños situados al sudoeste de Inglaterra y los de Aix-les-Bains, en Francia. Hoy en día, se la tildaría de reina del drama.
Sus hijos percibieron que
Annie brillaba más por sus ausencias que por la atención que les prestaba como madre. Como resultado, Avie señalaba: «Éramos niños absolutamente intratables». Los niños se sentían más unidos entre ellos que con su madre, aunque las dos hermanas de George, Avie y Mary, se disputaban el afecto del muchacho. Y así comenzaron a molestarse ante las interferencias de Annie, y cuando ésta intervenía en una riña, generalmente provocaba otra disputa. Una vez George preguntó: «¿Por qué
cuando mamá interviene, estalla una pelea?». Hubo agrias discusiones cuando Annie se empeñó en que sus hijos aprendieran piano, y en una ocasión Mary incluso cerró con un gran golpe la tapa del piano y se marchó. Herbert, cuando presentía que la tormenta amenazaba con estallar, solía retirarse silenciosamente.
Sin duda, el efecto más positivo de Annie, como madre, fue su capacidad para fomentar en sus hijos el espíritu aventurero. A veces les permitía pasear a
través de los campos, ignorando las granjas y propiedades de los terratenientes, cuyas vallas y muros de piedra escalaban los niños. Realmente no es de extrañar que George adquiriera una especial predilección por el riesgo. «Siempre resultaba divertido hacer cosas con él», decía Avie. «Tenía el don de convertir las cosas en excitantes y, a menudo, también en peligrosas». Avie aprendió a no sugerir que escalar algo era imposible, ya que esto sólo conseguía espolear a su hermano.
Una vez George habló de permanecer estirado entre los raíles de las vías del tren y aguantar así mientras el tren pasaba sobre él: «Me mantendré muy quieto». Avie dijo: «Estaba asustada ante la posibilidad de que realmente lo hiciera».



Young tomó la única fotografía de George escalando en los Alpes. |
Las placas de mármol grabadas y las inscripciones doradas en los paneles de madera de la iglesia de Saint Wilfrid testifican que los Mallory han estado en Mobberley durante siglos. El primero de ellos es Thomas Mallory, nombrado rector en 1621. Hay un segundo Thomas Mallory en 1684 y un tercero en 1770. En el año 1795 aparece John Holdsworth Mallory, recordado con un enigmático versículo del evangelio de San Mateo: «Cuando des limosna, no permitas que tu mano izquierda
conozca lo que hace tu mano derecha». En 1832 lo sucede George Mallory, el padre de Herbert Leigh Mallory. Finalmente, éste fue nombrado rector en 1885.
Aunque Herbert fue el último rector de la familia en Mobberley, existe otro recuerdo conmemorativo de la familia Mallory. En la pared del lado izquierdo de la iglesia, cerca del púlpito, se encuentra un vitral que representa a los tres héroes de la mitología inglesa, el rey Arturo, San Jorge y el caballero Sir Galahad.
Este vitral conmemora a Herbert Mallory y a sus dos hijos, Trafford y George. Trafford llegó a ser comandante de la Real Fuerza Aérea de Combate, y murió en 1944 en un accidente aéreo. Hay una inscripción dedicada a George que dice: «Toda su vida persiguió lo puro, lo sublime y lo eterno. Finalmente, en la flor de su madurez, se perdió a la vista humana, entre la tierra y el cielo, en el más alto pico, el monte Everest». El ventanal resulta aún más conmovedor cuando la luz del
exterior baña las losas del suelo con dibujos azules y rojos.
Hay una curiosidad acerca del recuerdo conmemorativo: en vez del nombre George Mallory aparece George Herbert Leigh-Mallory. Cómo George Mallory llegó a adquirir un nombre tan singular es parte de una historia familiar que no es tan sencilla como puede sugerir la lista de nombres de la iglesia de Saint Wilfrid. Esta historia comprende intrusos, testamentos, muertes prematuras y una preocupación por el estatus social y las
apariencias que dejaron su huella en el recordatorio a George Mallory.
Thomas Mallory, el primer Mallory de Mobberly, era un alfombrero del siglo XVII. Ya era el deán de Chester cuando llegó a Mobberly en 1619 y adquirió la vivienda de la iglesia de St. Wilfrid. Un año más tarde compró la vecina Manor House, convirtiéndose así en un terrateniente de Mobberley. Gozaba del derecho a designar al rector de la aldea y se eligió a sí mismo. Sus descendientes heredarían
las mismas prebendas; así, en algunas ocasiones designaron a otros rectores y en otras se designaron a sí mismos, tal y como se refleja en los nombres grabados en St. Wilfrid. Sin embargo, George Mallory —padre de Herbert Mallory, abuelo de George Mallory, el alpinista— rector en 1832, no era un Mallory de nacimiento. Su verdadero nombre era George Leigh, un coadjutor de Liverpool. En 1831 llegó a Mobberly y solicitó al rector titular, John Holdsworth Mallory, permiso para contraer
matrimonio con su hija, Julia. John Holdsworth Mallory no tenía hijos varones, y tampoco mejores pretendientes para su hija. Estaba muy enfermo. Aceptó a la petición de Leigh a cambio de una condición: cuando Leigh se casara con Julia, debería renunciar a su propio apellido y adoptar el de su hija, de esta forma aseguraba la supervivencia del apellido Mallory y la línea sucesoria.
La pareja se casó en 1832 en la iglesia de St. Wilfrid, convirtiéndose en George y Julia Mallory. John
Holdsworth Mallory murió tres meses después. George y Julia tuvieron dos hijos: un niño, al que también llamaron George Mallory, y una niña, Harriet. Julia falleció en marzo de 1835, cuando sólo tenía veintinueve años. Apenas dos años más tarde el viudo George Mallory contraía matrimonio de nuevo. Su segunda esposa era una prima suya, Henrietta Trafford de Outrington, en Cheshire, y tuvieron diez hijos. Una vez libre del compromiso contraído con su primera esposa y con el padre de
ésta, George Mallory restituyó su propio apellido. Lo hizo añadiendo Leigh al suyo propio y al de sus hijos, dando la impresión de que formaba parte de su nombre. Cuando su décimo hijo, y séptimo varón, nació en 1856, se le bautizó con el nombre de Herbert Leigh Mallory.



George tenía veintiocho años y Ruth veintidós cuando se enamoraron en Italia, durante la Semana Santa de 1914. |
George Leigh Mallory también consiguió adquirir las fincas de la familia Mallory. John Holdsworth Mallory había legado Manor House y otras granjas cercanas a su nieto George, hijo de Julia, esperando así asegurar la permanencia de esas tierras en el seno de la familia Mallory. Pero cuando su nieto George fue adulto contrajo grandes deudas, que sólo pudo saldar vendiendo Manor House y las granjas circundantes. Estas propiedades las compró su padre, George Leigh
Mallory, quien completó así la adquisición del nombre familiar y del patrimonio.
De los siete hijos varones de George Mallory, Herbert fue el elegido para suceder a su padre en la iglesia. Lo enviaron al internado de King William’s College en la Isla de Man, y luego prosiguió sus estudios en el Trinity College de Cambridge. Terminó sus estudios de humanidades en 1878, empezando su aprendizaje eclesiástico en sucesivos puestos subalternos: ayudante auxiliar en la iglesia St. Andrew the
Less, en Cambridge, y auxiliar de la Abbey Church, en Cambridge. Fue en ese período de su vida cuando conoció a la joven Annie Jebb.
Annie Jebb pertenecía a una próspera familia religiosa del condado de Derby. El padre de Annie era el reverendo John Beridge Jebb, familiar de John Berridge, gran predicador del siglo xviii (en los archivos familiares alternan dos ortografías del mismo nombre: Berridge y Beridge). John Jebb era el propietario de una espléndida mansión,
Walton Lodge, con cuarenta y un acres de terreno, y era además el pastor de la iglesia de St. Thomas. Al igual que el padre de Herbert Mallory, también contrajo matrimonio dos veces. Su primera mujer, Charlotte, procedía del condado de Devon, y juntos tuvieron un hijo, John Beridge Gladwyn Jebb, quien con el transcurrir el tiempo se convertiría en un aventurero en la más pura tradición victoriana. Pero Charlotte murió en 1859 y en 1861 John Jebb contrajo matrimonio con Mary Frances
Jenkinson, hija del vicario de Kensington. Mary quedó embarazada, pero John Jebb murió poco antes de que Mary diera a luz a su primera y única hija, Annie Beridge, que nació el 16 de abril de 1863.
Mary Jebb tuvo que criar a Annie ella sola. Encontró amplio consuelo en la herencia de su esposo. John Jebb dejó a su hijo, fruto de su primer matrimonio, una escasa herencia que consistía tan sólo en su reloj de oro y en los muebles que pertenecieron a su primera esposa.
El resto lo dejó a Mary y su hija. Mary obtuvo acciones de la compañía de ferrocarriles por un valor de 6.000 libras esterlinas, mientras Walton Lodge y sus cuarenta y un acres le correspondieron a Annie en fideicomiso. La familia de la primera mujer de John se sintió ultrajada e intentó impugnar el testamento, pero no pudieron hacer nada al respecto, y Mary y su hija continuaron viviendo en Walton Lodge. Allí Annie tuvo una educación relajada. Su madre destinó la mayor parte de su
tiempo a la caridad: abrió una cantina para las chicas de la fábrica de Derby, dio clases sobre las Escrituras a los policías locales, abrió un hospital y se convirtió además en la administradora de esta institución. Durante sus ausencias, Annie quedaba al cuidado de las gobernantas y a menudo se alojaba en casa de los amigos de su madre. Adquirió el gusto por la libertad del campo, montando su poni a través de los páramos, y paseaba o subía a las colinas durante sus vacaciones en
Gales.
Mientras tanto, su madre, deseosa de casar a su hija, decidió encontrarle marido y, siguiendo la tradición familiar, consiguió un matrimonio relámpago. Annie conoció a Herbert Mallory cuando ella todavía era una adolescente y él estaba finalizando sus estudios en teología. Cuando Herbert demostró un vacilante interés en Annie, la madre de ésta acusó a Herbert de jugar con los afectos de su hija y le exigió que se casara con ella. La familia de Herbert se
indignó, diciéndole que la acusación era absurda. Pero Mary insistió en su acusación y Herbert, que no quería herir los sentimientos de Annie, claudicó. Cuando se casaron en Kensington en junio de 1882, Herbert tenía veinticinco años y Annie diecinueve. Pasaron su luna de miel en los Lagos, comiendo copiosamente y eliminando los excesos mediante paseos.
Por entonces, Herbert era coadjutor de la Abbey Church en Cambridge. Luego se trasladó a la parroquia de Harbro’
Magna, cerca de Rugby, después fue coadjutor asistente en Great Haseley en Oxford. En 1884 regresó a Mobberley. Su anciano padre estaba enfermo, y estaba cercano el momento en que Herbert debería sucederle. Annie estaba embarazada, y mientras ella se dirigía a Manor House, donde los padres de Herbert vivían con sus dos hijas solteras, Herbert buscó un lugar para vivir. A poca distancia de St. Wilfrid, encontró una gran casa de estilo isabelino llamada Newton Hall. El propietario era
Thomas Adkinson, el próspero propietario de una taberna en Birkenhead. Herbert alquiló Newton Hall, que, con su fachada blanca y sus tres plantas, parecía una casa apropiada para el futuro rector de Mobberley y su esposa.