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Ha sido uno de los más activos aperturistas en la escuela de Valle Encantado, cercana a Bariloche. Desde hace algo más de un año ha venido a vivir con su familia a Sabadell (Barcelona), para potenciar la motivación entre escaladores de nivel en Oliana, Santa Linya y Margalef.
Isaac Fernández - Viernes, 18 de Marzo de 2011 - Actualizado a las 14:08h.
Hacía tiempo que no hablábamos con Diego Marsella. Es uno de los escaladores y aperturistas más representativos de Argentina y de toda Sudamérica, y desde enero de 2010 se ha trasladado a vivir con su mujer y sus dos hijas de 7 y 10 años a Sabadell (Barcelona). Ha venido buscando motivación y roca, mucha roca, y a fe que la ha encontrado. Fin de semana sí, fin de semana también, la furgoneta de la familia Marsella pone rumbo a las principales escuelas catalanas, donde se cultiva el fanatismo y el amor por la escalada. Oliana, Margalef, y especialmente Santa Linya son los destinos favoritos de este enamorado de lo que él denomina “la piedra”.
¿Cómo fue lo de venir a vivir a
España?
La cuestión
es que, por varias razones, en Argentina me había desmotivado y decidí venir a
donde escala la gente más fuerte y donde está el nivel y la roca. Tengo la
suerte de que mi familia me apoyó y pude venir con mi mujer y mis dos hijas de
7 y 10 años.
¿Cómo es tu vida aquí?
Durante la semana, realizo trabajos esporádicos, en rocódromos y otros. Los
fines de semana o cuando las niñas tienen fiesta, me voy a la piedra. Dedico a
escalar todo el tiempo que tiene un padre de familia, además de todos los
huecos que encontramos.
¿Sigues algún entrenamiento?
Voy a menudo al rocódromo La Panxa del Bou, en Sabadell mismo. En esto también
tuve suerte, porque teníamos unos amigos en Sabadell que nos recibieron cuando
llegamos y a quienes les alquilamos la casa en que vivimos y que da la
casualidad de que está justo al lado del rocódromo.
Y cuando sales a la roca, ¿por qué
escuelas te sueles mover?
A mí me gusta conocer a fondo los sectores. Me gusta quedarme en una escuela e
intentar hacer todas las vías, conocer a la gente y que las niñas y mi mujer
también pueda hacer alguna vía. Ellas no son escaladoras, pero se divierten en
vías fáciles. El año pasado, mi primer objetivo fue Santa Linya, pero cuando
fui no se podía escalar porque estaba todo mojado y finalmente me dediqué bastante
a Oliana. Allí hice todas las vías, excepto un 8c+ y las de 9a para arriba.
Este año sí que me estoy dedicando a Santa Linya. Combinamos la cueva con el sector Futbolín y nos quedamos a dormir allí mismo, cocinamos en la furgoneta… Tratamos de compartir con las niñas una vida de camping y aventura.
¿En qué grado máximo te mueves?
Hice tres vías de 8c+, una de ellas hace poco en Santa Linya, Blomu. Ahora estoy probando Fuck the system y La novena enmienda, con las que conseguiría mi primer 9a.
¿Cuáles son tus próximos
objetivos?
El objetivo
es tratar de hacer 9a, y a la vez seguir escalando, alternando vías. Por eso me
gusta quedarme en las escuelas, para poder estrategias y que cada vía reciba
cada día su pegue. Por un lado, eso me mantiene motivado y a la vez preparando
proyectos duros y trabajando.
Además, también eres un activo
aperturista, ¿verdad?
Sí, en Argentina tengo casi 200 vías equipadas, entre ellas un proyecto de 9a…
especialmente en la zona de Bariloche, que es donde hay más piedra. Allí, la
apertura de vías se ha intensificado mucho desde hace cinco años, con la
llegada de un catalán, Pere Vilarasau, que empezó a motivar a la gente y se
equiparon un montón de vías en esa zona.
¿Ya has abierto vías por aquí?
No, acá no he equipado todavía. Tengo el taladro a punto, pero todavía estoy
organizando la economía familiar y de momento está un poco relegado. De todos
modos, lo voy encendiendo y apagando a menudo para que no se muera la batería.
¿Qué diferencias encuentras en el
mundo de la escalada deportiva entre Argentina y España?
En el aspecto económico, hay una diferencia importante, porque en Argentina
todo sale de la iniciativa privada de los escaladores, mientras que aquí creo
que es más factible encontrar ayudas de patrocinadores o de instituciones
públicas abriendo accesos, etc. Por otro lado, allí no se respecta la propiedad
privada a la hora de abrir, lo que conlleva a continuos cierres de sectores… En
lo social y en lo cultural, Europa en general está 10 años avanzada sobre
Argentina. Eso hace que allí los escaladores no estén muy bien vistos: son hippies que se van a la montaña o locos
que se juegan la vida.
¿Y desde el punto de vista de los
escaladores y la práctica de la escalada?
En Argentina
falta mucha información. Hay mucho choque en cuanto a la evolución del grado.
También hay cosas sorprendentes como que el abrir en artificial no se haya
hecho nunca, con lo que en Argentina no existe ni ha podido evolucionar como
aquí.
¿Y en cuanto al nivel?
Aquí sucede
que el nivel está centralizado en Catalunya, que ha sido, es y será donde la
gente se nconcentrará y donde más desarrollada estará la piedra. En Argentina,
la piedra está más diseminada, en lugares de más difícil acceso y adonde no va
tanto la gente. Aunque hay que decir que en Bariloche sí hay mucho potencial,
en el sector del Valle Encantado; habrá actualmente unas 300 vías y podrían
haber 1.500 perfectamente.
¿Qué esperas del futuro?
En principio,
quiero apostar por quedarme aquí y generar cosas que nos puedan aportar, en el
sentido de integrar a Argentina en el mundo de la escalada. Se trata de generar
propuestas, llevarlas a cabo y mantenerlas. Estoy en ello.

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