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TRANS CLASSIC PIRENE

Eloi Callado recorre en solitario todo el Pirineo escalando 55 vías clásicas

El escalador catalán viaja de mar a mar solo y a pie en autonomía y autosuficiencia como homenaje al pirineísmo clásico. El resultado: 1.200 km recorridos, más de 25.000 metros escalados y casi 100.000 metros de desnivel acumulado en 67 días de aventura. Él mismo lo cuenta en esta entrevista.

Isaac Fernández/Desnivel - Jueves, 7 de Noviembre de 2013 - Actualizado a las 05:01h.

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Eloi Callado en la TransClassicPirene
Eloi Callado en la TransClassicPirene (Col. E. Callado)

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Eloi Callado ha dedicado más de dos meses entre el 7 de agosto y el 12 de octubre a homenajear el Pirineo y el pirineísmo con una particular travesía que ha bautizado como TransClassicPirene. Ha recorrido en solitario, en completa autonomía y autosuficiencia, 1.200 km entre Cabo Higuer, a orillas del Cantábrico, y Cap de Creus, en el Mediterráneo; escalando 25.000 metros de vías clásicas “de ayer y de hoy del Pirineo, una vía clásica como mínimo por macizo”. El balance final le ha dado casi 100.000 metros de desnivel acumulado.

El escalador catalán no ha contado con ayuda alguna ni equipo de apoyo externo, aunque sí ha hecho uso de refugios y se ha ido abasteciendo en los pueblos que encontraba por el camino. A nivel técnico, ha escalado un total de 55 vías con dificultades entre el II-IIIº de la Cresta Comalestorres-Bessiberri hasta el 7b del Spigolo al Ansabère y la Deja Vu al Caputxí, además del A1 que tuvo que hacer en la Ravier al Embarradère, “debido a un desprendimiento reciente y aún pendiente de liberarse”.

¿De dónde surge el proyecto de esta travesía?
La travesía integral de un mar a otro no es ninguna novedad… Ya en el siglo XIX, un científico-alpinista (Vicent Parrot) la realizó mientras hacía varios estudios a su paso. Medio siglo más tarde, el francés Alfred Tonellé también hizo la gran travesía persiguiendo más bien motivos místicos y espirituales. Más tarde, se sabe de varias personas que dejaron constancia de su particular Transpirenaica.

Y ya recientemente, sobre todo con el tema de los GR (tanto el 10 como el 11) y la HRP (Alta Ruta Pirenaica) y la aparición de algunos libros, son multitud los excursionistas que cada verano comienzan la travesía. De hecho, durante mi recorrido, he coincidido con gente que intentaba hacerla todo en un “único” viaje, pero también muchas personas que la hacían por tramos; si sólo disponían de unos pocos días un año, pues al siguiente año hacían otro tramo y así sucesivamente hasta completar la travesía en su integridad.

Pero, sin lugar a dudas, quien hizo la primera travesía completa de forma técnica y persiguiendo un objetivo ya más ‘deportivo’ fue Louis Audoubert. Louis y su compañero, amparados por un completo y numeroso equipo de apoyo, hicieron la travesía del Mediterráneo al Cantábrico por las crestas, siguiendo siempre el hilo de la divisoria de aguas, es decir, siguiendo todo el eje pirenaico. Lo hicieron en 51 etapas y en dos fases, ya que en el Tumeneja Audoubert sufrió un grave accidente.

¿Cómo se te ocurre la idea de llevarla a cabo de este modo?
Por mi parte, todo empezó cuando tenía 15 años e hicimos con mi familia nuestras últimas vacaciones ‘familiares’ todos juntos. Hicimos un tramo del GR-11 del Pirineo central durante veinte días y, muchas jornadas, mientras mis padres nos esperaban abajo, mi hermano y yo nos dedicábamos a ascender el máximo de tresmiles posibles.

Al cabo de unos años, después de haber escalado ya un buen número de vías clásicas del Pirineo, con Manel de la Matta nos planteamos el encadenamiento de ocho vías míticas pirenaicas haciendo los enlaces a pie y con el factor más deportivo de intentar hacer una al día. Es decir, ocho grandes vías en ocho días. Entre ellas estaba el Spigolo d’Ansabère, la Bellefon a la noroeste del Midi, el espolón norte al Vignemale… hasta Ordesa. Fue una experiencia muy dura pero inolvidable y sobre todo el hecho de que con Manel comenzamos a divagar sobre la fantasía de hacer toda la travesía de mar a mar escalando las grandes clásicas del Pirineo… y de hecho, a nivel más íntimo, esta travesía ha significado para mí la culminación de lo que un día comencé con él.

Después de la muerte de Manel, tanteé el tema con varios compañeros en un par de ocasiones, pero finalmente la historia no tiró nunca adelante. Pero dentro de mí, a pesar de que fueran pasando los años y otras motivaciones alpinísticas, la Transpirenaica siempre estaba allí… guardada en mi cabeza en el cajón de “cosas por hacer algún día”…

Durante estos últimos años, se han hecho varias travesías escalando; de más o menos longitud y vías de más o menos dificultad, incluso tres escaladores gerundenses hicieron toda la travesía en 92 días y 25 ascensiones, y unos franceses hicieron unas 15 escaladas y los enlaces en bicicleta. Pero para mí, respetando evidentemente todo lo que se había hecho hasta ahora, lo que realmente era importante y me motivaba era hacerlo sin ningún tipo de ayuda externa ni equipo de apoyo; y siempre a pie, Pirineísmo en estado puro, sin utilizar ningún medio mecánico en todo el recorrido y tiempo que durase la travesía. Esto puede parecer una tontería en una cordillera como el Pirineo, donde siempre tienes relativamente cerca alguna carretera, pero para mí era muy importante el tema de la autosuficiencia y la autonomía propia y también el hecho de hacerlo todo del tirón, en una sola fase, sin irme a descansar o no sé dçonde para volver al cabo de unos días, ni cosas por el estilo. Sencillamente, quise volver a hacer mi Transpirenaica a mí manera… y a mi manera, y escalando, no se había hecho nunca.

De hecho, lo realmente importante, de una manera u otra, es tener la posibilidad de realizar la travesía pirenaica en algún momento de nuestras vidas. Creo sinceramente que, así como los musulmanes van al menos un vez en su vida a la Meca, los que nos sentimos pirineístas, antes o después, tenemos el sentimiento de vivir el Pirineo en toda su integridad y contraste… el Pirineo de mar a mar.

¿Por qué en solitario?
El hecho de ir en solitario ha sido completamente circunstancial… para mí, escalador más bien de la vieja escuela, la cordada es prácticamente el núcleo y la razón de ser de la escalada… en general, y sobre todo de la escalada clásica versus la escalada deportiva. No es tan importante el QUÉ sino con QUIÉN lo compartimos.

Lo que pasa es que, así como yo me he hecho mayor y cada vez tenemos más ataduras familiares y/o laborales, todos los compañeros con los que habitualmente escalo, pues también. Y claro, conseguir los 80 días que tenía previsto que durara la travesía no es fácil para nadie… Para mí, lo ideal por temas de peso y moral era ser tres personas.

Finalmente, cuando vi que me quedaba sin compañero, estuve a punto de desistir, pero disponía del tiempo, de la motivación, de la experiencia necesaria, del apoyo familiar y, sobre todo, veía que cada año que pasaba, después de haber escalado por medio mundo, estaba físicamente peor y que si me esparaba demaisados años más ya no me quedaría ni una rodilla entera para intentarlo.

¿Cuáles son las principales preocupaciones por el hecho de hacerla en solitario?
El principal hándicap de ir solo era, en primer lugar, el peso. En cordada, y sobre todo si la cordada es de tres como era la intención, el peso queda repartido de una manera muy equilibrada. En cambio, en solitario debes tener en cuenta cada kilo de más… Antes de empezar, en casa, hice mil pruebas con el material, lo pesé todo mil y una veces intentando arañar algunos gramos de aquí y algunos gramos de allá. Todos sabemos que una mochila que en casa no te parece tan pesada, una vez llevas unas horas de actividad, te puede resultar insoportable.

Así es como acabé apurando tan al límite todo el material que llevaba, que al final el problema no era hacer las vías en solitario, sino CÓMO estaba haciendo aquellas vías. Escalaba con una cuerda de 8 mm y 60 metros y un arnés ultraligero de esquí de montaña, 6 mosquetones, 4 aliens y 1 friend multirango, material claramente insuficiente para la mayoría de las escaladas. Todo ello hacía que cada vez escalase más metros sin cuerda… pero nunca de una manera imprudente… me parece, vaya. Porque otro problema de ir solo tantos días es que pierdes todo tipo de referencia y puedes caer en círculos viciosos psicológicos, a veces peligrosos. Te crees tu propia realidad y es difícil darte cuenta de tus propios límites… pero estos límites existen y hay que respetarlos.

Otra preocupación eran las horas y rodeos de más que hacía para dejar la mochila escondida en algún sitio y escalar las paredes sólo con el material de escalada. Así y todo, muchas veces eso no era posible y tenía que escalar con todo encima. Y entonces sí que notaba cada gramo de más. Esta obsesión por el peso me llevó incluso a abandonar, ya durante la primera semana de la travesía, el mini saco de dormir que llevaba… lo que supuso que todos los vivacs que hice fueran a pelo y bastante duros.

Otro problema añadido fue el hecho de elegir las escaladas. En algunos macizos, como el Midi, el Vignemale u Ordesa, me hubiera gustado hacer más de una escalada, ya que el proyecto consistía en hacer las vías clásicas que más se están escalando en estos últimos años en el Pirineo; y en muchos casos era muy difícil elegir una sola. Por ejemplo, ¿cuál es la vía más clásica del Midi? ¿El Pilier Sud o l’Embarradère? En Ordesa, ¿la Ravier al Tozal o la Rabadá-Navarro al Gallinero? En el Vignemale, ¿la Clásica Barrio o el espolón norte? Si no hubiese ido en solitario, en algunos casos me hubiese gustado escalar un par de vías en lugar de una sola; pero en solitario (y más con mi método precario), cada escalada de una cierta envergadura me dejaba el ‘coco’ saturadísimo, sin energía para poder intentar otra vía el mismo día o al día siguiente. Evidentemente, también tenía una limitación de tiempo, y no podía entretenerme más de lo imprescindible en cada uno de los macizos en los que escalaba. Más adelante, en los macizos más orientales donde las escaladas eran más cortas y de menos envergadura, encadené incluso varios itinerarios en una misma jornada, pero las vías ya no me exigían el grado de implicación emocional y el compromiso como las grandes ascensiones del Pirineo occidental. Porque si hay algo que cambia, y mucho, en solitario respecto a la cordada en vías de envergadura, es precisamente el compromiso. En cordada, puedes ‘compartir’ este compromiso. Cuando escalas solo, el compromiso más que el riesgo, puede llegar a sobrepasarte, minarte por dentro y bloquearte. En solitario, y más cuando escalas sin cuerda, la implicación es total.

Finalmente, también tuve muchos problemas por el hecho de ir solo con las rimayas. Este año, debido a la gran cantidad de nieve caída durante el invierno, las rimayas estaban especialmente grandes, abiertas y peligrosas. De hecho, muchas paredes que habitualmente no presentan ningún tipo de rimaya en su base, este año podían estar casi inaccesibles. Y otra vez, por razones de peso, no llevaba unos crampones convencionales, sino esta especie de gomas con alambre que llevan los corredores por montaña, y que si bien eran suficientes en terreno llano, eran claramente poco útiles en pendiente y en hielo. Para pasar algunas rimayas, tuve serios problemas; problemas que, si hubiese ido encordado con alguien, hubieses sido menos importantes.

¿Cuál fue el peor momento?
Los momentos más duros que he vivido durante la travesía han sido más bien por razones de ‘coco’ que por razones físicas. La mayoría de situaciones tensas han sido precisamente por el tema de escalar en solitario con tan poco material y con una cuerda tan fina. En los largos en que me autoaseguraba, hacía muchos reenvíos, ya que lo que más miedo me daba era recuperar el largo yumareando la cuerdade 8 mm viendo cómo rozaba en los afilados cantos de granito… Una de las ascensiones en las que lo pasé peor fue en la Ravier del Arbizon, en la que la calidad de la roca es pésima y donde acabé escalando sin cuerda a partir del tercer largo ya que, al no llevar pitones, ¡no podía montar reuniones!

También pasé alguna situación complicada en algunas de las ascensiones en las que decidí no llevar cuerda, ya que si me equivocaba en el itinerario a seguir, rectificar sin la posibilidad de rapelar era realmente comprometido.

Pero sin duda los momentos más duros fueron el día que escalé la Ravier a la Peña Blanca de Troumouse. Aquel día hacía mucho frío y había mucha niebla, de aquella que no ves ni a cinco metros, y me costó mucho entrar en la pared. Primero porque sin visibilidad no encontraba la pared; después porque tampoco encontraba el pie de vía, y finalmente, una vez ya en la pared, la roca (que es bastante discreta)estaba muy mojada a causa de la niebla. En la repisa intermedia de la vía también tuve que esperarme un buen rato hasta que pude identificar la parte superior del itinerario. Pero lo peor vino cuando, al acabar ya tarde la vía, cayó una granizada que me dejó completamente empapado y al límite de la hipotermia. La bajada es relativamente sencilla, pero con visibilidad cero y sin GPS no había manera de encontrar el camino correcto y plantearme vivaquear y esperar al día siguiente, en las condiciones en las que me encontraba, era la pillada del siglo. Así que tomé una decisión bastante arriesgada: seguir toda la cresta, técnica pero más fácil de reseguir a pesar de la niebla, del círculo de Troumouse hacia el este, pasando por la cumbre de la Munia, el Sierra Morena y el pico de Troumouse, para destrepar después su arista sureste (catalogada como PD) y llegar al puerto de Barrosa y de allí al refugio de Barroude. Me tenía que mantener constantemente en movimiento porque estaba totalmente congelado y destrepando, con niebla, frío y la roca mojada, de la arista sureste del pico de Troumouse, sufrí un par de peligrosos resbalones. Además, en varios momentos, no intuía bien por dónde bajar y acababa rapelando de algún bloque sin saber exactamente dónde iría a parar… La verdad es que me estresé bastante porque pensaba que no sería capaz de bajar. Finalmente, ya de noche, llegué al puerto de Barrosa y, cuando me encontré con un palo indicativo del GR, me abracé a él y lo llené de besos como no había hecho nunca antes con ningún palo.

¿En qué fechas exactas hiciste la travesía?
Empecé a caminar desde el Cabo de Higuer, en Hondarribia (Irún), el 7 de agosto y llegué al Cap de Creus (el punto más oriental de los Pirineos y de toda la península Ibérica) el 12 de octubre. Así pues, la duración total de la travesía fue de 67 días. De estos 67 días descansé seis: cinco días de mal tiempo y un día porque mi cabeza lo necesitaba.

¿Ha cambiado tu opinión del Pirineo después de la travesía? ¿Qué piensas sobre la cordillera?
Yo soy un enamorado y apasionado del Pirineo, porque es donde me he formado como escalador y alpinista, y quizás mi opinión no es del todo objetiva, ya que está totalmente condicionada por una fuerte emocionalidad hacia esta cordillera tan civilizada y salvaje a la vez. Pero la percepción más clara que he tenido durante toda la travesía es que básicamente el Pirineo es una tierra de contraste. Contraste a todos los niveles: geológico, paisajístico, meteorológico, demográfico, económico y cultural. Todo son grandes contrastes.

En el Pirineo, todo está muy cerca y lejos a la vez. Puedes estar escalando en una inhóspita pared norte donde un posible accidente (y más yo escalando en solitario y sin ningún tipo de sistema de emergencia) sería una catástrofe; y al cabo de dos horas escasas encontrarte tranquilamente tomando una cerveza en la terracita de un pequeño, bonito y turístico pueblo pirenaico. En la misma pared (y en la gran mayoría de las que he escalado) no tener ningún tipo de cobertura ni tan siquiera del 112 de emergencias; y quizás en la cumbre tener cobertura de internet y recibir no sé cuántos whatsapp’s. Puedes estar un día escalando en la mejor roca del Pirineo (por ejemplo, en el Pic d’Espade) y al día siguiente flipando en la peor roca descompuesta (Arbizon). Un día podía estar escalando incluso con el plumón encima y al día siguiente sólo en camiseta de manga corta. Un día podía ver cientos de turistas caminando para ver la Gran Cascada de Gavarnie y a la vez recordar la soledad de cuando la escalé en invierno o la soledad que se respira quinientos metros más arriba escalando la arista Passet. Caminar un día por un valle solitario donde sólo encuentras algún pastor con sus ovejas, y en el valle de al lado encontrarte con el complejo urbanístico de una estación de esquí. Hacer un vivac bajo una piedra donde Jesucristo perdió la alpargata y al día siguiente llegar a un moderno refugio abarrotado de gente. Hablar francés y después de caminar tres horas, hacerlo en catalán o español. En el Pirineo, el contraste se respira y se vive constantemente.

Tú conoces muy bien la cordillera, ¿cuáles han sido las mejores escaladas que has hecho, ya sea durante esta travesía o en otras ocasiones?
Actualmente, en el Pirineo, deberíamos diferenciar entre las vías clásicas de siempre, aquellas que son más históricas, y las clásicas modernas, aquellas que en pocos años se han puesto de moda. A través de estos dos tipos de vías clásicas, también se puede observar la evolución del término ‘clásico’ y de la escalada en general. Así como las clásicas históricas, independientemente de la dificultad, acostumbran a ser vías con un compromiso más que evidente debido al escaso equipamiento y a la calidad de la roca en muchos casos, las clásicas modernas, aquellas vías que más se están escalando actualmente en el Pirineo, son en general vías muy bien equipadas, de una belleza de movimientos indudable, tirando a fáciles en cuanto a la dificultad se refiere y con muy poco o nulo compromiso.

Hecha esta diferenciación, me quedo con las vías clásicas históricas, con la estética y belleza del Spigolo d’Ansabère, la austeridad de la Ravier al Embarradère, el compromiso y ambiente de la Norte del Vignemale y las fisuras de las Torres de Bassiero. Me hizo especial ilusión escalar la Ravier al Embarradère, porque hacía exactamente 20 años que la había escalado por primera vez. Dentro de las clásicas modernas, me inclino por la corta pero preciosa Deja Vú al Caputxí y por el excelente granito de la mayoría de vías del Pic d’Espade: Picachu, Saucisse d’Estrasburg, Noire Tango, etcétera. De hecho, la vía Reunion Syndical del Pic d’Espade, que es la que escalé yo, no es la más bonita ni mucho menos, pero sí la más fácil de la pared, y por esta razón también está convirtiéndose en la más concurrida y futura clásica del sector.

¿Tienes algún otro proyecto planificado o en la cabeza ahora mismo?
Si hubiera dispuesto de más tiempo y de compañero, me hubiera gustado mucho hacer un total de 100 vías, a modo de “las cien mejores” del Pirineo en la actualidad, añadiendo también macizos adyacentes a la cordillera que yo evité, como Gourette, Cadí, Udapet, etc.

Las 55 vías escaladas por Eloi callado durante la TransClassicPirene

1. Valle de Ansó. Peña Ezkaurre. Vía Esminu (6ª+-6b), más Arista Este hasta el collado. 360m.

2. Aiguilles d’Ansabère. Spigolo Sur (7ª+-7b) 300m.

3. Midi d’Ossau. Vía Ravier al Pilar del Embarradère (6c+ y A1). 350m.

4. Larribet. Pic d’Artouste. Vía Les Tribulations du Franska. 6a. 765m.

5. Balaïtous. Travesía de las Tres Aristas: Noroccidental-Costerillou-Diablo. IV+. 2.500m de recorrido.

6. Vingemale. Norte Clásica. V+. 800m + 100m Arista de Gaube.

7. Gavarnie. Muro de la Cascada. Via Clásica. IVº. 250m.

8. Ordesa. El Tozal del Mallo. Vía Ravier. 6a. 300m.

9. Torre de Marboré. Vía Ravier. 6b+. 400m.

10. Arista des Druides + Arista Passet. IV+. 1.200m de recorrido.

11. Monte Perdido. Espolón de los Esparrets. Vº. 800m.

12. Cilindro de Marboré. Vía Montaner-Bescós. 6a/A1. 250m.

13. Astazú. Arista NO. Vº. 500m.

14. Troumouse-Barroude. Peña Blanca de Troumouse. Vía Ravier. V+. 500m.

15. Neouville. Arista de los tres Coinselleurs. IVº. 200m.

16. Pic d’Espade. Vía Reunion Syndicale. 6a. 200m.

17. Arbizon. Vía Ravier. VIº. 300m de Pilar + 300m Arista.

18. Spijoles. Vía del Gran Diedro. V+. 300m.

19. Gran Quayrat. Vía Ravier. V+. 500m.

20. Tuc de Belloc. Vía Les Chants du Pyréne. 6a+. 150m.

21. Possets. Cresta de Espadas. III+. 700 m de desnivel. 2.000 de recorrido.

22. Maladeta. Cresta de Alba o de los 15 Gendarmes. IVº. 1.100m de recorrido.

23. Maladeta. Pico Abadías. Cara Sur. Vía Directa. 6a. 300m.

24. Aneto. Cresta Salenques-Tempestades-Aneto. IVº. 800m de desnivel. 3.000m de recorrido.

25. Forcanada. Vía Ravier. 6b. 650m + 300m de Arista.

26. Drac del Tumeneja. Vía del Diedre. V+. 220m.

27. Tumeneja N. Vía Evident. IV+. 185m.

28. Paret de l’Estany. Esperó Mordor. 6a+. 200m.

29. Agulla de Comalestorres. Vía Pistacho Asesino. 6a. 235m.

30. Arista Comalestorres-Comaloformo-Bessiberris. IIº-IIIº. 1.800m de recorrido.

31. Coma l’Espasa. Vía Xemeneia Sol Ponent. V+. 200m.

32. Travessany. Segunda Aguja. Vía CADE. Vº. 150m.

33. Travessany. Travesía de las 6 Agujas. IVº. 500m de recorrido.

34. Agulles de Delluí. Vía Esperó Esmolat. V+. 275m.

35. Subenuix. Vía Padrins. V+. 350m.

36. Pic de la Colomina. Vía Kali-Gandaki. 6b. 150m.

37. Pic de la Colomina. Vía Cigrons amb Xampinyons. 6a. 150m.

38. Pic de Peguera. Vía Raiers. V+. 325m.

39. Els Encantats. Vía Cerdà-Pokorski. V+. 900m.

40. Pic del Portarró. Vía Lamarca-Puig-Auqué. IV+. 200m.

41. Agulles d’Amitges. Vía Giraud-Arlaud. Vº. 150m.

42. Agulles d’Amitges. Vía Pokorski. V+. 180m.

43. Agulla Gran d’Amitges. Vía del Diedre. Vº. 150m.

44. Agulla del Port de Ratera. Esperó de l’Alba. IV+. 200m.

45. Coma de l’Abeller. El Caputxí. Vía Deja Vú. 7b. 105m.

46. Torres de Bassiero. Vía Directa Mestres-Lleonard. 6a+. 235m.

47. Andorra. Pic de Ribuls. Vía Directa Esperó de Ribuls. 6a. 300m.

48. Pymorens. Pic de la Valleta. Vía Clásica Esperó Nord. V+-6a. 300m.

49. Dent d’Orlú. Vía Les Enfants de la Dalle + Arista cimera. 6a+. 1.100m.

50. Núria- Carançà. Pic Rodó. Vía Apé-Rodo-Minical. 6b. 250m.

51. Carançà. Agulla Blanca. Vía Científics. IV+. 200m.

52. Ulldeter.Gra de Fajol. Vía Xemeneia. V+. 350m.

53. Ulldeter. Paret del Gneis. Vía La Vall d’en Bas. 6a. 165m.

54. Canigó. Petit Yosemite. Vía Les Secouristes. V+. 150m.

55. Canigó. Pic de Barbet. Diedre Sala-Bobo. V+-6a. 250m.

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