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Brillante escalador navarro que revolucionó la escalada con su ascensión en solo a La Visera hace 22 años, Carlos ha sido – y es – un escalador global. Aprovechamos un encuentro fortuito en una compe de escalada para hacerle unas preguntas.
Eva Martos - Miércoles, 11 de Enero de 2012 - Actualizado a las 11:02h.
Es normal que su nombre no les suene a los jóvenes forjados en resina, pero para los que llevamos unos añitos en esto, su imagen colgado en el vacío, agarrando los resbaladizos bolos rigleros sin más cuerda ni cinta que la que le recoge la melena, está indeleblemente grabada en nuestra retina. Si no sabéis de qué os hablo, id a Riglos, poneos debajo de La Visera y entenderéis un poco más quién es Carlos. En 1985, con 17 años y a los seis meses de empezar a escalar, hizo su primer 7a en Etxauri; todavía no tenía pies de gato. Dos años después, fue el segundo escalador español en encadenar 8a a vista (un día después de Un verano sin sol, por Patxi Arocena). Tras su famoso y polémico integral a La fiesta del bíceps en la Visera (en 1989, cuando tenía 22 años), ha hecho muchas otras vías sin cuerda tanto en Riglos (la Zulú Demente, la Carnaval...) como en el Verdón, Etxauri...; también viajó a Patagonia, donde escaló la Royal Flush al Fitz Roy con Carlos Suárez, y ha escalado en Yosemite...
Veterano competidor no sólo en deportiva, también en mixto y en hielo, lleva años viviendo este mundillo desde todas sus facetas (como equipador, seleccionador nacional, instructor...) pero parece cansado “de la poca profesionalidad, del afán de protagonismo...”. De lo que no se ha cansado es de la roca, de su esencia y su valor como aprendizaje para la vida.
¿Por qué dejaste de
competir? ¿Viste que las nuevas generaciones venían demasiado fuertes?
No dejé de
competir, sino que me vi desplazado por las nuevas generaciones procedentes de
la resina, se estaba perdiendo la esencia con la masificación y todo resultaba
muy impersonal. Al fin, después de muchos años de caos y buena voluntad en las
competiciones, apareció en escena la empresa privada, que organizaba con
profesionales los eventos de escalada de dificultad y de bloque. Los
equipadores, con experiencia y formación en competición, garantizan el éxito con el diseño de unas
buenas rutas. En estos últimos años he competido formando parte del Equipo
Nacional en la modalidad de Escalada en
Hielo a nivel internacional.
“Ahora encuentras vías cada dos metros sin obedecer las líneas naturales de la roca y sin respetar su propio espacio. Muchas zonas son como desiertos llenos de números y cintas colgando”.
Tú también has estado en lado de la organización ¿en qué veías que fallaban las competiciones?
He participado como competidor y trabajado como equipador. En el proceso de inicio y maduración que abarca desde finales de los ochenta hasta los noventa, los problemas eran de todo tipo: falta de formación y una gran descoordinación entre federaciones, empresas organizadoras, equipadores, jueces y competidores, es decir, una total inexperiencia. Pero sí había muchas ganas, sacrificio y buena voluntad para el desarrollo de este deporte. La regulación y la experiencia han dado sus frutos; y en este momento, tenemos a los mejores escaladores/as del mundo, gracias al esfuerzo y la coordinación de todos.
¿Cómo era el panorama en la roca cuando tú empezaste a
escalar?
Cuando comencé a escalar, a mediados de los ochenta, éramos pocos, las vías
eran firmas de autor, intocables e inalterables, eran rutas clásicas donde se
combinaba el valor con técnicas de artificial y algún paso de libre con bota de
monte o pie de gato rústico. El equipamiento era suficiente para esa filosofía
del ascenso, pero insuficiente para lo que estaba por llegar. Las nuevas tendencias llegadas de Francia, Alemania,
Inglaterra y Estados Unidos, de la mano de escaladores como Patrick Edlinger, Patrick Berhault, Kurt Albert, Bert
Arnold, Jerry Moffat, John Bachar, Ron
Kauk,…; provocaron un cambio forzoso del equipamiento ante las nuevas
exigencias, y el éxito de este deporte provocó una gran afluencia de personas a
las zonas de escalada, con lo cual la seguridad empezó a formar parte
importante y esencial del equipamiento de las vías.
Y ahora, ¿cómo ves la proliferación de equipamientos
que hay por todas partes?
Años atrás, conforme iba evolucionando el deporte, se mejoraba el
equipamiento para evitar el peligro. Estoy por la labor de equipar rutas con
sentido y que respeten la naturaleza de
la ascensión. He equipado mucho en Etxauri, pero dejando zonas vírgenes para
futuras generaciones, y respetando el hábitat de las especies animales y
vegetales. Ahora encuentras vías cada dos metros sin obedecer las líneas
naturales de la roca y sin respetar su propio espacio. Lo que se buscan son
vías con una dificultad muy elevada para tener un cierto protagonismo. Muchas
zonas son como desiertos llenos de números y cintas colgando.
“El conocimiento de la escalada, a lo largo de estos últimos años, me ha hecho reflexionar sobre el pasado y los errores cometidos. Siento que no se me transmitió ni supimos transmitir una ética y un respeto hacia las personas y hacia el medio natural.”
¿Apuestas por la profesionalización de la figura del
equipador?
Más que por la profesionalización apostaría por la formación y la información
técnica de los equipadores, por parte de las federaciones territoriales u
organismos competentes, en la búsqueda de la seguridad ante la masificación en
las escuelas de escalada. Desde las federaciones se está regalando material sin
exigir unos conocimientos previos. Cuando recibes material, las rutas no tienen
que ser “tus” rutas, sino que pasan a ser unas vías de una escuela y por tanto
han de cumplir unos requisitos de seguridad. Ponerse a equipar sin tener nociones ni conocimientos
técnicos de los materiales empleados es muy peligroso. Equipar y abusar del
equipamiento está al alcance de cualquiera, es algo voluntario y “la ignorancia
es atrevida”. Equipar supone transmitir, comunicar y divulgar un deporte y unas
sensaciones, pensando en los demás. Disfrutar de una escalada donde la caída
sea segura y forma parte del conjunto de la vía, sin ser excluida por un exceso
de equipamiento. La dificultad no es la única protagonista.
¿Hasta dónde ves aceptable que se “retoque” la roca
para lograr una buena línea?
El conocimiento de la escalada, a lo largo de estos últimos años, me ha
hecho reflexionar sobre el pasado y los errores cometidos. Siento que no se me
transmitió ni supimos transmitir una ética y un respeto hacia las personas y
hacia el medio natural.
Adecuar una ruta ya escalada, equipada y graduada por otra persona es una falta de respeto y un gran error. Es un reflejo de lo que ocurre en tu entorno. La búsqueda del reconocimiento social no tiene límites para ciertos escaladores. Engañar y mentir es últimamente algo demasiado frecuente, antes no ocurría. Tenemos que pensar que el grado es un complemento del conjunto que supone la acción de escalar, mejorar en cada uno de estos aspectos: psicológico, físico y técnico, hará que superemos esa barrera que nos impide progresar. Y para mí, desde que empecé, la escalada siempre ha sido eso: una forma de mejorar como persona, a todos los niveles. No se debería retocar y tallar la roca, siendo nosotros quienes debemos adaptarnos potenciando nuestras cualidades para enfrentarnos a la vía.
La cosa cambia cuando lo que vas a hacer es equipar una nueva y buena línea. La experiencia nos ayuda mucho, pero si no estamos a la altura de las exigencias, mejor es dejar un margen de colaboración para que otro escalador con más nivel y conocimientos desarrolle la ruta, a ser posible sin retoques, ya que actualmente el grado existente ronda el 9b-9b+, inalcanzable para una gran mayoría de nosotros. Dejemos espacio para los nuevos escaladores, en busca de la máxima dificultad.
¿Qué te llama la atención de los solos?
Dominar la inmensidad en tiempo y espacio, sintiendo los movimientos y
deleitándome con ellos. Sentir el calor del sol, el soplar del viento y un
sentimiento de libertad indescriptible. Son escaladas que tienes que hacer en
el momento preciso con pleno conocimiento de la morfología de la roca, teniendo
en cuenta el estado y condiciones de
calor y humedad (dilataciones por contraste).
Puedes leer la entrevista completa, con fotos y los hitos más importantes de la vida de Carlos, en el número de enero de la revista Escalar, ya a la venta.
En este número: deportiva en Borriol (Castellón) y en los nuevos sectores de Alós y Camarasa (Lleida), entrevista con Carlos García, búlder en el granito madrileño de Valdemanco, y grandes destinos: valle de Getu (China) y circo de Taghia (Marruecos). Además, las secciones de noticias, consultorio y mi primera vez.

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Revista
Escalar nº78
En este número: deportiva en Borriol (Castellón) y en los nuevos sectores de Alós y Camarasa (Lleida), entrevista con Carlos García, búlder en el granito madrileño de Valdemanco, y grandes destinos: valle de Getu (China) y circo de Taghia (Marruecos). Además, las secciones de noticias, consultorio y mi primera vez.
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