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El escalador malagueño repasa su actividad en los últimos años apartado de los focos mediáticos. También habla de las críticas hacia su encadenamiento de Chilam Balam, así como de sus proyectos de futuro, de nuevo relacionados con la escalada.
Isaac Fernández - Viernes, 3 de Febrero de 2012 - Actualizado a las 09:27h.
En junio de 2011, Bernabé Fernández encadenó Matar a Platón 9a, en el mismo sector de Villanueva del Rosario en el que se encuentra Chilam balam.
Bernabé Fernández llevaba mucho tiempo sin aparecer como protagonista directo de una noticia de escalada. Seguramente demasiado tiempo, habida cuenta del palmarés de este escalador malagueño de 37 años. Según se puede leer en su recién estrenada página web, cuando tenía 14 años fue el escalador más joven del mundo en hacer 8a+; tres años después, encadenó el primer 8c español con Harakiri; en 1994, logró el primer 8c+ español con Mojave; posteriormente, el primer 9a del país con Orujo, una vía en la que más tarde también propondría el primer 9a+ español. Y en 2003 llegó Chilam Balam, una vía que le marcaría no sólo como escalador. La propuso como 9b+, un grado que no había hecho nadie en el mundo (tampoco nadie había encadenado 9b) y alrededor de aquella cuestión estalló un enorme temporal mediático del que Bernabé salió trasquilado, con dudas generales acerca de la veracidad de su encadenamiento e incluso de que la vía pudiera ser escalable.
En esta entrevista, Bernabé Fernández no rehúye ninguna cuestión. Habla de las críticas recibidas por Chilam Balam, expresa los sentimientos que tuvo en aquella época y admite que estuvo tentado de volver a encadenar la vía para acallar todo aquello. También reconoce que Adam Ondra puede haber contribuido a cerrar aquel capítulo, que provocó su retirada de la escalada durante una buena temporada.
Pero Bernabé ha regresado a las paredes, con varios encadenamientos de noveno grado en los últimos meses, aunque alejado de la notoriedad mediática. Tiene nuevos proyectos, como las vías largas o su nueva escuela de escalada. Hablamos con él para que nos cuente todos los detalles.
Pasaste un tiempo apartado de la escalada. ¿Cuánto duró? ¿Te dedicaste a otros deportes en esa época?
Estuve de 2003 a 2006 apartado de la escalada ya que, después de haber encadenado Chilam Balam y de todo el tiempo y energía que le dediqué, necesitaba hacer un receso y replantearme mis ideas con respecto a mi relación con la escalada, pues para mis posibilidades de tiempo (en aquel momento trabajaba a jornada completa), era imposible alcanzar más de lo logrado.
Por entonces, me apetecía hacer algo distinto a escalar y comencé a viajar: Kenia, Tanzania, alquilamos un jeep y cruzamos gran parte de los dos países; un mes por en el Gorongoro, Serengeti y Kilimanjaro, fue un viaje muy provechoso, que me permitió desconectar de la escalada y pensar... En el siguiente viaje fui a Tailandia, donde hicimos un trekking a los poblados del norte, por los bosques de bambú y a Grabi sin la intención de escalar, sólo por ver esas impresionantes paredes, aunque al final escalé un par de días. Otro fue a Brasil, donde probé el kitesurf y el surf.
Entre viaje y viaje me dediqué al snowboard en Sierra Nevada y también a la fotografía, a la que me enganché en África, y terminé haciendo un par de exposiciones posteriormente.
¿Qué te motivó a volver a escalar? ¿Cuál es ahora tu relación con la escalada?
La motivación por volver a escalar la encontré en Mallorca haciendo psicobloc. Miquel Riera y Chris Sharma me invitaron a pasar unos días en la isla, y durante la visita también conocí a Toni Lamprecht, que fue con quien más escalé, ya que coincidimos en el lugar donde acampamos.
Esos días de escalada me despertaron sensaciones que habían desaparecido y que fue lo que hizo que en mis inicios me enganchase a la escalada. A pesar de la falta de forma (tres años de inactividad de escalada habían hecho que ni mi cuerpo ni mi mente me acompañaran y ahora mi torpeza en la pared se hacía patente), tras varios días escalando conseguí encadenar 8a y eso hizo que me diese cuenta de que el gusanillo seguía en mí. Y volví a motivarme por la escalada.
Entonces decidí volver a escalar, pero con otra filosofía. Me propuse reencontrar aquello que hizo que me enamorase de la escalada, disfrutando y sin obligaciones. Está claro que seguiré haciendo deportiva, pero en este momento mi motivación ha girado hacia las vías de largos, y ya he abierto nuevas vías tanto de deportiva como de escalada clásica (desde abajo).
¿Qué vías de estas características has abierto y escalado? ¿Tienes en proyecto escalar alguna vía emblemática?
Siempre encontré la motivación creando y escalando mis propios proyectos, sobre todo en la deportiva. Y, ahora, la motivación la encuentro de la misma forma pero más en las vías de largos. Me gusta repetir de vez en cuando alguna vía clásica o deportiva de largos, pero le veo más aliciente a elaborar mis propios proyectos: buscar la línea e imaginar el recorrido… Hay algo de creativo y personal cuando diseñas un trazado nuevo, planificar la apertura y escalar por donde nunca nadie antes ha subido. Le encuentro un aliciente de aventura; y la primera ascensión o liberación de la vía es para mí como la terminación del trabajo con su posterior cotación.
Estos últimos años he abierto en El Chorro alguna vía de largos desde abajo, como Semilla de Oro (220 m, 6c+) o Cuatro estaciones (300 m, 7c/+?). Esta última con mi viejo amigo Felipe Crespo, quien me enseñó a escalar; es bastante comprometida pues, además de autoproteger con micro friends la parte crítica, te encuentras muchas piedras sueltas (algo típico en El Chorro) que he tenido que quitar conforme subía (posteriormente he limpiado gran parte), y aún tengo pendiente la liberación completa.
También tengo en mente arreglar El gigante verde en El Chorro, que abrí en 1991 con Miguel Moya, ya que creo que se pueden enderezar un poco los tres primeros largos y poder hacerla totalmente natural.
Últimamente he equipado con Miguel Moya, en deportiva, Ebola (155 m, 6b+) a la derecha de la Amptrax, y Mal de ojo (350 m y 12 largos), que tengo pendiente de limpiar en primavera, ya que ahora estamos en época de nidificación de los buitres. Si las lesiones me lo permiten, quiero abrir algunas vías más de pared de mayor dificultad que ya tengo localizadas en El Chorro, e ir liberándolas tranquilamente.
Has creado una escuela de escalada, ¿en qué consiste el proyecto? ¿Das tú las clases?
Sí, he creado una escuela y un club, porque me he dado cuenta de que me gusta enseñar y porque en 25 años de práctica de escalada he aprendido muchas cosas... Una experiencia que me gustaría trasmitir a las futuras generaciones.
Para este proyecto, cuento con la ayuda de un equipo de técnicos titulados en distintas especialidades de los deportes de montaña. De este modo, la oferta formativa es más completa, ya que en la montaña nunca se termina de aprender y hay alumnos que quieren continuar formándose en distintas actividades, posibilidad que se les ofrece dentro de la misma escuela. Podéis encontrar más información en el apartado ‘cursos’ de la página web que he creado para este proyecto, que lleva mi nombre www.bernabefernandez.com.
Sí que doy clases personalmente, de escalada deportiva, clásica y equipamiento, así como ejerzo de guía en algunas escaladas de mayor dificultad.
Últimamente has escalado un par de 9a (El duende en Archidona y Matar a Platón en Villanueva del Rosario). ¿Cómo fueron esos encadenamientos?
En realidad, estas vías ya las había encadenado antes, desde 2006 hasta ahora he encadenado una quincena de vías que van desde el 8c al 9a.
El duende la encadené en 2008. Tiene 90 metros de recorrido; buscaba algo de un concepto parecido a Chilam Balam pero de menos dificultad técnica y con más canto. Es una línea para disfrutar, con sus movimientos en sus muchos metros de escalada, que duraba dos horas escalando; incluso me llevé un botellín de agua en el arnés para poder hidratarme mientras escalaba. El único inconveniente de la vía es que a diez metros de la salida, tiene un lanzamiento a un boquete que puedes ver pero que es fácil fallar, pues el cogerlo a veces es cuestión de suerte.
Matar a Platón es una vía que hice en junio de 2011 y de 50 metros de recorrido. La equipé a la izquierda de Chispas, otro 9a que dejé con una caída porque me causaba molestias musculares. Los últimos 15 metros son comunes con Matar a Platón, pero Chispas es más explosiva y Matar a Platón más de fondo. En las dos escalas por chorreras y estalactitas de grandes dimensiones, lo que hace que sea una escalada muy aérea y elegante, un gustazo de escalada.
Dices que has hecho unas 15 vías de entre 8c a 9a desde 2006. ¿Algunas para destacar?
Destacaría, en Villanueva del Rosario: Dan Maillard 8c+, una vía de fisura que podría decir que es una de las rutas más extrañas y técnicas que posiblemente he hecho; Periodismo de conveniencia 8c+ y Budo 8c, ambas de 60 metros de longitud. En Archidona: El duende Kalisto 8c+, de 70 metros. En El Chorro: Al-Hakan 8c+/9a, que era un proyecto antiguo que abandoné sin ni siquiera probar y del que años después Dani Andrada haría la primera ascensión, así que hice la segunda ascensión, y equipé y encadené otra justo a su izquierda a la que llamé Scarlett 8c+/9a; y Suspiro 9a, a la derecha de esta, de 50 metros, que dejé tan a punto como la Chispas, entre otras cosas.
Volver a escalar es una cosa y volver a encadenar vías de noveno grado es otra, ¿cómo ha sido ese regreso a la escalada de alto nivel? ¿Cómo te preparas o entrenas?
Como ya he mencionado antes, es muy duro volver, porque ni la cabeza ni las fuerzas te acompañan, acostumbrar las manos de nuevo... No es la primera vez que descanso de escalar y creo que lo que hay que hacer es retomar la escalada con paciencia, constancia y sobre todo disfrutar sin esperar nada.
Por otro lado, ahora no me preparo ni entreno. Una de mis premisas para volver a escalar era no entrenar más. Solo quiero escalar y disfrutar de la escalada, sin grandes sacrificios. A pesar de que cuando volví, en 2006, ese mismo año ya hacía 8c+/9a, no me interesaba superarme y conseguir hacer más dificultad. Simplemente he equipado y hecho las vías que me trasmitían algo, o simplemente me atraían, pero sin el afán de forzar al máximo para hacer más grado.
¿Cómo te definirías como escalador actualmente? ¿Qué puntos fuertes y áreas de mejora dirías que tienes? ¿Cómo te compararías con el Bernabé Fernández de hace unos años?
Diría que mucho más tranquilo que antes con respecto a superar los límites. Ya no me obsesiona ese objetivo. Si antes buscaba la belleza y la dificultad en las rutas que equipaba, puede que hoy busque más aún esa belleza en las rutas, independientemente del grado.
Hoy por hoy, si veo que alguna ruta me afecta negativamente, con riesgo de lesionarme, sin ningún reparo, dejo el proyecto para más adelante. Y, si no veo el momento de volver a él, pues tampoco me importa demasiado.
Como mejora, después de muchos años, está la técnica, los repertorios de movimientos, la experiencia…, son herramientas para resolver muchos problemas de escalada, te abren muchas posibilidades. Pero ahora doy mucha más importancia a cuidarme, que ya no tengo 20 años ni la potencia de la juventud. No me apetece lesionarme escalando, prefiero poder seguir haciéndolo, en la medida de lo posible, para seguir disfrutando.
Si tuviera que comparar mi modo de entender la escalada de alto nivel, lo haría con la gimnasia deportiva, donde a los veinticinco años ya has alcanzado la madurez deportiva.
¿Tienes ganas y te ves capaz de escalar proyectos incluso más duros que estos otra vez?
Eso significaría volver entrenar y ya no me apetece, porque ese tiempo ya ha pasado. Llevo 25 años escalando y, aunque mi nivel residual aún me permite hacer cierta dificultad, ahora quiero hacer otras cosas. Y más aún cuando tenemos la suerte de practicar un deporte que a su vez tiene muchas opciones donde elegir y desarrollarte. Creo que hay que aprovechar esa oportunidad y disfrutar de ella.
La dificultad estará siempre presente en mis proyectos, en la medida de lo posible y siempre que las ganas y el cuerpo me lo permita.
¿Cómo has visto, desde tu perspectiva, la evolución de la escalada en los últimos años?
Es impresionante la rapidez con la que evolucionan los escaladores y hacen vías de gran dificultad, eso sí…, en los grados establecidos.
Pienso que mover el listón del máximo nivel es un proceso mucho más lento y laborioso, porque en ese momento no puedes elegir las vías a la carta en una guía. Tienes que pararte a crear, convertirte en creador-equipador de tus propios proyectos, inventar recorridos, hacer pasos que nunca ha hecho nadie, movimientos que no sabes si se podrán realizar. En ese momento la evolución del nivel del escalador se ralentiza.
Además, si llegas al límite de lo establecido, aparecen barreras invisibles que impiden cruzarlo. Te ves atrapado en una etapa de la evolución de este deporte, inmersa en su mentalidad que se resiste a aceptar los nuevos límites y te das cuenta que romper con lo establecido supone romper con muchas barreras de todo tipo, porque aunque se logre no será aceptado fácilmente.
Progresar es muy complicado, porque tienes que conseguir tiempo (cuando se trabaja a jornada completa es más difícil), voluntad, constancia, motivación y condiciones físicas… Demasiadas cosas, que no siempre coinciden para lograr el resultado. Para hacerlas coincidir en un solo momento, cuando todo está al límite, requiere de esfuerzo, tanto mental como físico, durante mucho tiempo, que afecta al orden de tu vida. Tanto por nada, o para ti.
Personalmente, creo que cuando alguien se encuentra en esta situación deportiva hay que apoyarle, porque esto pasará siempre que se rompa con lo establecido. Es un proceso repetitivo cada cierto tiempo. Es el proceso por el que se abre el camino a futuros escaladores más fuertes que harán las vías más rápidas, gracias al trabajo ya hecho por antecesores. Seguramente, a largo plazo se creará la figura del equipador de alta dificultad, para que estos escaladores puedan seguir su desarrollo sin tener que estar pendientes de crear para avanzar. Tan solo puntualmente crearán algún itinerario. A este ritmo, no me extrañaría que lleguemos a ver el grado 10.
Luego está el incremento de la afición. En Andalucía, la incorporación de nuevos escaladores crece a un ritmo del 20% anual ininterrumpidamente desde hace dos décadas. Ahora, en un solo año se inicia más gente a escalar que en toda la década siguiente a cuando yo empecé.
Decías que “Si llegas al límite de lo establecido… aunque se logre no será aceptado fácilmente”. Supongo que lo dices por todo lo que siguió al encadenamiento de Chilam Balam. ¿Cómo viviste internamente las dudas, críticas y esa falta de aceptación de tu palabra sobre el encadenamiento?
Todos los escaladores que llegaron a algún tipo de límite tuvieron alguna crítica al respecto en algún momento, como Güllich o Fred Rouhling, entre otros. Siempre hay gente que lo acepta y otros que no. En mi caso, encadenar Chilam Balam era la lógica consecuencia de mi trayectoria deportiva como escalador de alto nivel. Llegar a hacer Chilam me supuso muchos años de preparación y entrega a la escalada, fue todo un proceso.
Antes, tuve que escalar otras muchas vías de nivel, como Harakiri y Mojave –que fueron las primeras en sus respectivos grados en España– además de otros muchos 8c y 8c+, Orujo (tanto de 9a como posteriormente de 9a+), que también fueron de las primeras en esas graduaciones en el mundo, hasta que finalmente afronté Chilam Balam.
Por eso, me extrañó mucho que de repente se pusiese en entredicho la veracidad de mi palabra y se cuestionara que pudiese llegar a hacer Chilam, cuando permanentemente había dado muestras de mi nivel deportivo, que habían presenciado muchos otros escaladores con los que escalé.
Después del encadenamiento de Chilam, otros de los motivos que me hizo descansar de la escalada, además de ver mi límite debido al ritmo de entrenamientos junto con el poco tiempo que tenía para dedicarme a esto con mi trabajo a jornada completa, fue la polémica y el circo mediático en que se había formado en torno a mí y a la vía. Creo que, con el crecimiento de la afición y de las noticias, también crece el negocio de los medios de comunicación, y a veces se nota demasiado... Como ya he dicho en otra ocasión, se están perdiendo los valores y la autenticidad que antes había en la escalada, como es la palabra.
Después de todo, lo único que hice fue proponer, como otras veces, un grado en una vía a la espera de confirmación del que fue mi último gran proyecto. La escalada ha sido el sentido de mi vida, siempre he actuado libremente y nunca he escalado para los demás ni aceptado presión de los medios.
¿Alguna vez sentiste el deseo de volver a la Chilam Balam y encadenarla de nuevo para acallar las críticas?
Llegué a planteármelo, pero normalmente, una vez encadenada una vía que me exige el máximo, no vuelvo a repetirla. Siempre he actuado así y ¿por qué esta vez iba a ser una excepción? Además, no tenía compromiso con nadie, pues no me he ganado la vida con la escalada y siempre he escalado por satisfacción personal.
¿Conoces personalmente a Adam Ondra? ¿Qué pensaste con su encadenamiento de Chilam Balam?
Conocí a Adam cuando vino a probar la Chilam Balam y su encadenamiento fue impresionante. La rapidez con la que escala y la resistencia que tiene dan que pensar... Creo que si eligiera la vía adecuada está preparado para hacer 9c, pero parece ser que le gustan más las vías de no más de 30 metros de pasos explosivos, y en este tipo de vía la coordinación y el factor suerte son determinantes y precisan de más intentos.
En el caso de Chilam Balam, que tiene 80 metros de recorrido, tardó tres días de escalada efectiva en encadenarla. Dicho esto, pienso que en la misma longitud y dedicando seis meses, por decir un tiempo, probablemente no tendría ningún problema para hacer 9c. Pero esto es solo mi opinión y cada uno encuentra la motivación de forma distinta.
¿Cómo recibiste sus declaraciones respecto a que cree en tu encadenamiento de Chilam?
Después de haberla intentado otras personas y de las historias que se han contado de que la vía no tenía marcas, como si no hubiese escalado nadie nunca por ella, o de que la vía era imposible de hacer... Sinceramente, creo que vi a un escalador que vino sobrado de nivel para hacer la vía y para darse cuenta de que la cosa no era para tanto. Me alegró ver que se paseaba por la vía y que desvanecía muchas leyendas. Estar allí y presenciarlo me llenó de satisfacción, tanto por él, como por la vía.
Tienes web y utilizas las redes sociales, ¿qué aporta a la escalada esta forma de comunicación?
La red es la gran herramienta de comunicación. En primer lugar permite a toda la comunidad de escaladores estar en contacto y compartir información, aunque creo que muchas veces se utiliza de manera que deja mucho que desear. También echo de menos información didáctica de nuestro deporte.
En mi caso, durante mucho tiempo y por decisión propia no he querido estar presente. Actualmente, estoy trabajando en la creación de un nuevo proyecto de comunicación (que espero pueda estar en la red este año) sobre información de escalada en la comunidad andaluza.

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