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Camino Vasco del Interior, de norte a sur por un camino ancestral

El País Vasco está atravesado de norte a sur por un camino ancestral. Durante la Edad Media fue una especie de autopista por la que viajaban muchos peregrinos procedentes de Europa, pero después perdió terreno a favor del Camino Francés. Tras un largo periodo de silencio, el Camino Vasco del Interior resurge con fuerza para convertirse en escaparate de la Historia y la Naturaleza de Euskadi.

Viernes, 28 de Julio de 2017 - Actualizado a las 08:00h.

Un peregrino camina entre las viñas de Salinillas de Buradón.
Un peregrino camina entre las viñas de Salinillas de Buradón.

Galería Noticia

  • Un peregrino camina entre las viñas de Salinillas de Buradón. Un peregrino camina entre las viñas de Salinillas de Buradón.
  • Salida sur del túnel de San Adrián Salida sur del túnel de San Adrián
  • Ovejas latxas pastando en Idiazabal con la silueta del Txindoki al fondo. Ovejas latxas pastando en Idiazabal con la silueta del Txindoki al fondo.
  • Un peregrino camina por el casco antiguo de Vitoria-Gasteiz Un peregrino camina por el casco antiguo de Vitoria-Gasteiz
  • Carteles indicativos de la ruta Camino Vasco del Interior. Carteles indicativos de la ruta Camino Vasco del Interior.
  • Iglesia de San Juan en Salvatierra Agurain. Iglesia de San Juan en Salvatierra Agurain.
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El túnel de San Adrián es, por encima de una curiosidad geológica, un ejemplo de cómo la naturaleza dictó el trazado de las primitivas vías de comunicación. Este pasillo natural que atraviesa la sierra de Aizkorri comunicando las fragosas tierras de Gipuzkoa con las suaves llanuras de Álava ha sido usado desde tiempo inmemorial. En la Edad Media debió construirse la primera calzada, que guió a soldados, viajeros, comerciantes y, naturalmente, peregrinos rumbo a Santiago. La “Boca del infierno”, como se le llegó a llamar, se convirtió en el emblema de una ruta jacobea que hizo empalidecer al mismo Camino Francés. La salida sur del túnel de San Adrián se hace por una puerta de arco apuntado. El túnel y la calzada que lo atraviesa fueron declarados Patrimonio Mundial como parte de los Caminos de Santiago del Norte.

Autopista de Castilla

Aunque ahora parezca raro, el camino que cruza el túnel de San Adrián fue la principal vía de comunicación entre Castilla y Francia. Y lo fue por deseo del rey castellano Alfonso VIII que lo nombró Camino Real y lo señaló como vía principal para conectar su reino con el resto del continente sin pasar por Navarra. Dar a un camino esta categoría significaba que quedaba bajo la protección del rey, lo que lo convertía en una ruta segura. Este es el motivo de que durante la Edad Media, muchos peregrinos procedentes del suroeste de Francia lo utilizaran en su viaje hacia la tumba del apóstol. Aunque finalmente serían los puertos de Roncesvalles y Somport los que se llevarían el gato al agua, el Camino Vasco del Interior siguió siendo utilizado de forma habitual hasta bien entrado el siglo XVIII. Ahí queda el testimonio de un sastre francés llamado Guillaume Manier que escribió en su Voyage d’Espangne que «esta montaña de San Adrián es una de las más altas del mundo».

Rescatado del olvido

Después de un largo periodo de olvido, el Camino Vasco del Interior ha revivido gracias a la actuación de las asociaciones de Amigos del Camino y al propio Gobierno Vasco.

El Camino Vasco del Interior, también conocido como Camino de Bayona, comienza en Irún, en el puente de Santiago, donde coincide brevemente con el Camino del Norte del que se separa para adentrarse en el medio rural hasta Astigarraga. Allí, en la cima de una pequeña loma, lleva siglos desafiando a los elementos la ermita de Santiagomendi.

La primera etapa termina en la villa de Hernani cuyo casco antiguo está calificado como Bien Cultural. A partir de aquí, el Camino se encaja en el valle del río Oria, un corredor natural por el que pasó primero el Camino Real, luego la carretera nacional, más tarde el ferrocarril y después la autopista. Como es lógico, siendo una primordial vía de comunicación, aquí nacieron y crecieron los pueblos más importantes de Gipuzkoa y también sus industrias, de manera que el peregrino llegará hasta Beasain después de atravesar un largo tramo de casas y polígonos, si bien los bidegorris facilitan y hacen completamente seguro el tránsito.

Para evitar este tramo el peregrino puede optar por la variante de Saiatz, que se separa en Hernani para volver a unirse al ramal principal en Segura después de dos días de marcha que lo llevará por Lasarte, Aia (con su estratégica venta de Iturriotz), Bidegoian, Beasain, Mutiloa y Zerain, entre otras localidades. Este camino es infinitamente más rural pero también más difícil, al atravesar un territorio montañoso con altitudes que llegan a los ochocientos metros. Por otra parte, el peregrino que opta por esta ruta se pierde varias villas fundadas por Alfonso X el Sabio con el objeto de mantener esta importante ruta, como Tolosa y Ordizia, que conservan sus trazados medievales originales.

Reencuentro rural

En Olaberria, justo a la salida de Beasain, poco después de cruzar la N-I, el peregrino que se haya decantado por la ruta del río Oria se reencuentra con un paisaje rural que ya no le abandonará en lo que le queda de camino. En Segura la alternativa montañera retorna a la ruta principal. El peregrino tiene frente a sí la imponente Sierra de Aizkorri, una muralla de más de setecientos metros de desnivel taladrada por el Túnel de San Adrián.

Una vez pasada la “Boca del infierno” el viajero ha superado el mayor obstáculo del Camino Vasco. La ruta desciende hacia la Llanada Alavesa y el paisaje cambia de forma radical: los abruptos montes siempre verdes de Gipuzkoa dan paso a los extensos campos de cereal salpicados de pequeñas colinas. El primer pueblo alavés que sale al paso es Zalduondo, un enclave estratégico para los comerciantes y peregrinos de antaño. La etapa —la cuarta— se da por terminada en Salvatierra, una villa amurallada asentada sobre un cerro con dos iglesias fortaleza.

Salvatierra dista de Vitoria unos veintiocho kilómetros, una etapa sencilla que el peregrino agradecerá después de la sacrificada jornada anterior. El camino es prácticamente llano, y por medio hay sobrados motivos para tomárselo con calma, como la iglesia de San Martín de Tours en Gazeo, famosa por las pinturas que cubren su ábside. Como si de un libro ilustrado se tratara, una compleja narración aparece ante nuestros ojos. En la bóveda, la vida de Cristo aparece reflejada en diferentes momentos: infancia, vida pública, pasión y resurrección. Debajo, frente al altar, el pintor sitúa el Calvario y el Juicio de las almas. En el muro de la derecha los condenados son conducidos al infierno. Toda una lección de religión que permaneció oculta bajo una capa de yeso hasta 1967.

Aunque no se encuentra propiamente en el Camino, merece la pena desviarse tres kilómetros hasta Alaitza y entrar en la iglesia de la Asunción. El templo contiene unas enigmáticas pinturas de temática bélica del siglo XIV; algo que uno no esperaría ver dentro de un templo. Entre esquemáticas figuras de soldados aparecen algunas otras que parecen representar a peregrinos.

También fuera del camino, pero a un tiro de piedra, se encuentra el santuario de Nuestra Señora de Estíbaliz. Levantado en la cima de un empinado promontorio casi en el centro de la llanada de Álava, este conjunto del siglo XI es una verdadera joya del arte románico que tutela a la patrona de los alaveses.

La Catedral Vieja

Vitoria-Gasteiz, capital de Euskadi, merece un día de descanso “activo” pues son muchas las cosas que hay que ver, entre ellas su casco urbano gótico y su Catedral Vieja, declarada Patrimonio Mundial como parte de los Caminos de Santiago del Norte, junto con lel túnel y la calzada de San Adrián. La catedral es protagonista del programa Abierto por Obras que permite descubrir sobre el terreno el proceso de construcción de una catedral. Una visita inaplazable.

El Camino deja atrás a Vitoria mientras avanza por la Llanada Alavesa hacia tierras riojanas. La jornada termina en La Puebla de Arganzón, población que pertenece al Condado de Treviño, una “isla” burgalesa en el corazón de Álava. Pero antes de llegar a vagabundear por su interesante casco histórico en el que figura un antiguo hospital de peregrinos, el caminante tiene que superar el “pequeño” obstáculo que ofrecen los Montes de Vitoria.

En el pequeño pueblo de Estavillo, ya de nuevo en territorio alavés, el peregrino ha de decidirse por una de las dos alternativas que le ofrece el Camino: o dirigirse hacia Miranda del Ebro y conectar, en cinco etapas, con el Camino francés en Burgos, o continuar hacia el sur por Berantevilla, Zambrana y Salinillas de Buradón, la última población alavesa. El Camino no entra en el casco histórico pero merece la pena tomarse un descanso y acceder por la puerta norte de la muralla para descubrir esta localidad. Una corta pero intensa subida hasta el portillo de la Lobera se interpone entre el viajero y Briñas, el primer pueblo riojano que le sale al encuentro. Este pueblo no tiene servicios para el peregrino que ha de continuar cruzando el Ebro por un bonito puente medieval para dirigirse a Haro, a unos cuatro kilómetros, que cuenta con un albergue de peregrinos. Santo Domingo de la Calzada donde los peregrinos de todos los tiempos enlazaban con el Camino Francés para proseguir su viaje hacia la tumba del Apóstol, está a sólo veinte kilómetros.

Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas

Inquietos vascones

Relatos viajeros de escritores vascos y navarros.

«Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas». Esta frase del filósofa frances Hippolyte Taine define perfectamente el espíritu de Inquietos vascones, una firme apuesta literaria gestada con un afán únicamente solidario. En esta obra coral se reúnen por primera vez los relatos viajeros de los más señalados especialistas del género del País Vasco y Navarra. El resultado es una pieza contundente en la que no falta de nada: el humor, la tragedia, la aventura…<

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