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DE REGRESO A LOS CAMINOS

Historia de una Senda Real

Su objetivo, la rehabilitación de un itinerario con siete siglos de historia y que en la actualidad se ha prolongado hasta establecer el GR-124.

Lunes, 16 de Abril de 2001 - Actualizado a las 16:11h.

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Alrededor de 60 senderistas se dieron cita en la segunda edición de esta marcha, que busca la recuperación de un camino histórico, que desde el siglo XIII ha unido el Palacio Real de Madrid con El Pardo, cazadero real desde tiempos de Alfonso X 'El Sabio'.

La progresiva construcción de carreteras y demás infraestructuras acabó por ir diluyendo esta histórica senda, de la que apenas se conservaban secciones fragmentadas del itinerario original, que siguen bordeadas por los mismos árboles que desde siglo pasado custodiaban la senda.

Pero no sólo se trata de una tarea de rehabilitación y recuperación de un trazado de origen medieval. Además, se pretende prolongar este real sendero hasta el Parque Regional de La Pedriza, convirtiéndolo en el GR-124, homologado internacionalmente desde hace justo un año y que uniría Madrid y la localidad de Manzanares El Real.

Según Jesús Sánchez, de Ecologistas en Acción, 'el camino enlaza, en su primera parte, el centro de la ciudad, y los dos espacios naturales más importantes de la misma, (Casa de Campo y Dehesa de la Villa), con el Monte de El Pardo. A continuación el camino entra en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares y solo lo abandona un momento en torno al casco urbano de Colmenar Viejo. Puede decirse que la Senda Real discurre por algunos de los mejores espacios naturales de la región madrileña'.

El éxito de las dos primeras ediciones de esta Marcha por la Senda Real (que el año pasado contó con unos 120 participantes) ha sido tal que se ha decidido repetirla periódicamente el primer fin de semana de cada mes de octubre. Además, el propio Jesús nos ha contado que 'para mantener vivo el camino, se han hecho reforestaciones en sus márgenes, recorridos de educación medioambiental y otras actividades. Durante el próximo invierno hay pensado hacer dos reforestaciones más, en los términos de Tres Cantos y Colmenar'.

La Senda Real, una alternativa para el caminante

Los días 2 y 3 de octubre de 1999 se inauguró, extraoficialmente, la Senda Real, un sendero de gran recorrido (GR) homologado internacionalmente con el número 124, que une Madrid con Manzanares El Real, pasando por los municipios de Tres Cantos y Colmenar Viejo. El trazado del GR-124 se basa, en su inicio, en la recuperación de un camino histórico, el que va desde Madrid a El Pardo, en la actualidad muy deteriorado y sometido al devenir de las grandes infraestructuras de comunicaciones.

Documentado desde tiempos de Enrique III de Castilla, el camino ha pasado por diversas vicisitudes, pero durante este siglo, ya transformado en la carretera de El Pardo, mantuvo, hasta 1990, un amplio espacio a su derecha por el que era frecuente ver pasar ciclistas, corredores y caminantes que lo utilizaban como ruta de esparcimiento. Incluso durante bastante tiempo hubo un tranvía que unía el pequeño municipio con la capital.

Antecedentes históricos

A comienzos del siglo XIII Enrique III de Castilla ordena construir un pabellón de caza en el fragoso bosque de encinas que puebla el monte conocido como El Pardo, cazadero real desde tiempos de Alfonso X el Sabio, y situado a pocas leguas del Alcázar que se levanta sobre el cerro de la Almudaina en Madrid.

El rey Trastamara buscaba con ello disponer de la comodidad que no podía encontrar entre las paredes de dicho Alcázar, una simple edificación militar desprovista de cualquier lujo, y que hasta ese momento era la única residencia a disposición de los reyes cuando se desplazaban a Madrid. Pese a no existir ningún mapa de la época que certifique por donde discurría el camino que unía ambas residencias reales, podemos suponer un trazado no muy alejado del siguiente: los primeros pasos llevarían hacia la Puerta de la Vega, que daba acceso directo al valle del Manzanares, o tal vez a otra puerta más al norte, cerca de la actual Cuesta de San Vicente.

Por cualquiera de ellas el camino descendería rápidamente hacia el río; después, bordeándolo siempre por la margen izquierda, se llegaría hasta el corazón del encinar real, refugio de osos, zorros, jabalíes y demás fieras que atemorizaban a las gentes de la época.

Los primeros trabajos cartográficos sobre Madrid que se conservan no dan detalles más allá del espacio abrazado y protegido por las distintas murallas que en diferentes épocas se levantaron; no obstante en algunos mapas puede apreciarse la traza de algún camino que, entre las huertas del Alcázar y la posesión real de La Florida por un lado, y el río por otro, ponía rumbo hacia el lugar de las monterías reales.

El conocidísimo plano de Madrid de don Pedro Teixeira, publicado en 1656, da cumplida cuenta ya de los caminos utilizados para salir de la corte. Teixeira marca con claridad un Camino del Pardo a continuación de lo que hoy conocemos como glorieta de San Vicente. Discurre este camino por la orilla izquierda del río, separado un tanto de él por una franja de árboles y varias fincas, situándose así el principio de su trazado por el mismo sitio por donde hoy van el Paseo de la Florida y la Avenida de Valladolid, y se prolonga siguiendo esta línea, siempre junto al río.

Algún detalle más de la parte media del camino aporta un mapa realizado por las tropas napoleónicas cuando rodearon Madrid en 1808. En él se ve con absoluta claridad la Route del Pardo que pasa por una Casa de la Puerta de Hierro, junto al puente de San Fernando, lugar por donde accede al palacete Borbón en el centro del bosque. Sucesivos mapas han dejado constancia de cual fue siempre el camino utilizado primero por los gobernantes y después por el pueblo para llegar a El Pardo; valga como ejemplo que a principios de éste siglo la Avenida de Valladolid se llamaba Carretera de El Pardo.

Por desgracia hoy poco queda de él. Las sucesivas ampliaciones de la M-30 por el oeste y la incorporación a ésta de varias vías rápidas lo han fragmentado, dejando en el olvido pequeños tramos en los que aún se conservan bastantes de los árboles que en el siglo XIX bordeaban la ruta, tal como puede verse en algunos grabados de Goya.

Un sendero en dificultades

La primavera de 1999 un pequeño grupo de personas de Ecologistas en Acción y de la Coordinadora Salvemos la Dehesa de la Villa (Félix Sánchez Constenla, Jesús Sánchez Jaén, Juan García Vicente y Marcos Montes) tomó la iniciativa de buscar una salida peatonal de Madrid. En principio se pretendía trazar un camino que permitiese unir la Dehesa de la Villa con el Monte de El Pardo y desde allí llegar a la Sierra, pero más tarde se pensó en recuperar el camino histórico al completo, desde las proximidades del Palacio Real, y diseñar dos variantes que uniesen los dos principales espacios verdes de la ciudad de Madrid, la mencionada Dehesa de la Villa y la Casa de Campo, con dicho camino.

Las esperanzas iniciales pronto se transformaron en dudas y contrariedades. Al tiempo que los voluntariosos ecologistas marcaban de blanco y rojo la incipiente ruta, las máquinas del Ministerio de Fomento destruían un importante tramo del camino histórico, desde el nudo de Puerta de Hierro hasta la calle Arroyofresno. Por otro lado se constató el abandono y las invasiones de dudosa legalidad que afectaban a otros tramos, en especial al que discurre enmarcado entre la M-30 y la Ciudad Universitaria; aquí la Uned y las facultades de Agrónomos (Politécnica) y Veterinaria (Complutense), han cortado una calle con sucesivas vallas y alambradas, mientras que en los tramos que no están vallados han vertido gran cantidad de escombros, que cubren más de un metro el tronco de varios árboles.

Se puso en marcha toda una ronda de negociaciones con las entidades correspondientes, con resultados dispares: mientras que Patrimonio Nacional y la Comunidad de Madrid han prestado todo su apoyo y colaboración, el Ministerio de Fomento solo ha dado promesas, y las pasarelas para salvar la M-30 aún no se han instalado. El Ayuntamiento de Madrid y la Ciudad Universitaria han hecho oídos sordos hasta ahora. La fragmentación del camino histórico compromete la viabilidad del proyecto completo, un sendero de Gran Recorrido que va desde el corazón de la ciudad hasta la Pedriza.

Para salvar esa fragmentación es necesario instalar dos pasarelas peatonales, en los nudos de Puerta de Hierro (sobre la carretera de la Dehesa de la Villa) y de Arroyofresno, (sobre Cardenal Herrera Oria). Además el tramo de camino destruido por las obras del Ministerio de Fomento en Puerta de Hierro debe restaurarse y acondicionarse con una pantalla anti ruido, pues la proximidad de la M-30 genera una insoportable contaminación acústica.

Pese a todos estos inconvenientes el sendero es un hecho. La voluntad de cuatro personas, empeñadas en demostrar que es posible una vía de comunicación no apta para los coches en una gran ciudad, ha ido sacando adelante, frente a autovías y urbanizaciones de lujo, a excavadoras y barreras de todo tipo, y entre calores y tormentas veraniegas, un auténtico corredor peatonal que une la gran ciudad con los espacios de mayor interés medioambiental de la Comunidad de Madrid, el Monte de El Pardo y el Parque de la Cuenca Alta del Manzanares.

Jesús Sánchez Jaén

Comisión de Medio Natural
Ecologistas en Acción-Madrid

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