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ITALIA

Isla de Elba, la travesía de este a oeste por sus ancestrales caminos

La isla italiana de Elba recibe todos los años miles de turistas que se tuestan al sol en sus paradisíacas playas. Muy pocos penetran en el interior de la isla donde naturaleza e historia salen al encuentro del viajero a cada paso. En sólo cuatro días es posible atravesar la isla de este a oeste siguiendo los ancestrales caminos que ponían en contacto los pueblos de la isla.

Gianlucca BOETTI - Martes, 21 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 11:14h.

Atardecer en la Isla de Elba
Atardecer en la Isla de Elba

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Elba es la mayor de las islas que componen el archipiélago Toscano, un grupo de siete islas de origen volcánico que afloran  en la superficie del mar Tirreno, a sólo diez kilómetros de la península itálica y poco más de la isla de Córcega. Pese a sus reducidas dimensiones –veintiocho kilómetros de longitud y diecinueve de anchura máxima– la antigua Ilva ha jugado un papel protagonista en la historia mediterránea por su estratégica situación y su extraordinaria riqueza en mineral de hierro, por lo que siempre ha estado en el punto de mira de todas las civilizaciones que han pasado por este mar.

Mito y realidad

Como sucede en tantas islas del Mediterráneo, no es fácil desligar mitología y realidad en la historia de Elba. Las crónicas mitológicas dicen que Ilva, y sus seis hermanas pequeñas, Giglio, Capraia, Giannutri, Gorgona, Montecristo y Pianosa, son perlas desprendidas de la diadema de la diosa Venus; una génesis bastante más atractiva que la real y que no es otra que el resultado de erupciones volcánicas y movimientos telúricos acaecidos hace millones de años porque este sector se encuentra justo en la unión de las placas euroasiática y africana.

También al terreno de la mitología pertenece el desembarco en Porto Argos –hoy bahía de Portoferraio– del héroe Jasón y sus compañeros de aventura en busca del Vellocino de oro. Del paso de los argonautas no han quedado huellas salvo en la literatura clásica; no así del resto de protagonistas que han pasado por esta abrupta y bella isla. Los más antiguos se han fechado en hace 50.000 años, cuando el archipiélago estaba unido al continente.

Aunque algunos estudiosos hablan de un misterioso pueblo neolítico llamado rinaldoniano que apareció por la isla para explotar sus ricos filones de hierro, lo más aceptado es que fueron los etruscos, hábiles orfebres y buenos navegantes venidos de la actual región de Lombardía, los que comenzaron a extraer el mineral de hierro, la industria que forjaría la historia e incluso parte del aspecto actual de Elba (se calcula que en el extremo oriental de la isla se han extraído a los largo de todos los siglos de explotación unos cien millones de toneladas de mineral). Aethalia (Humosa), el nombre que los griegos dieron a la isla por las columnas de humo que salían de los hornos etruscos da fe de la pujanza de esta industria, una auténtica tentación para otros pueblos que por entonces andaban a la greña por quedarse con la propiedad del Mediterráneo, como griegos y cartagineses.

Al final fueron los romanos, herederos más o menos directos de los etruscos, los que se llevaron el gato al agua y se establecieron en la isla aprovechando la estructura siderúrgica ya instalada y convirtiendo a la isla, además, en una afamada cantera de granito que surtiría a muchas ciudades de Roma y en una de las regiones productoras de vino más importantes.

Tras la caída del imperio  la industria minera quedaría en suspenso hasta que la floreciente República de Pisa la puso de nuevo en marcha pasado el siglo X. Pero la tranquilidad no había de durar mucho en esta isla: las ambiciones de los genoveses por un lado y de los feroces piratas sarracenos por otro, conducirían a la isla a un período de inestabilidad cuyas huellas más perennes son las fortificaciones que defienden Portoferraio, entonces Cosmopoli.

Pequeño imperio

Aunque hayamos sido estudiantes poco aplicados, es fácil que la isla de Elba nos resulte muy familiar porque en ella fue «recluido» Napoleón tras ser vencido por la  Coalición austro-sueca en 1813 en la Batalla de las Naciones. Con bastante dosis de sarcasmo e ironía, los aliados le mantuvieron el título de emperador, pero restringiendo su imperio a la isla.

Su estancia en Elba fue corta: a los diez meses se evadió y declaró el Imperio de los cien días, tras lo cual cayó definitivamente derrotado en la batalla de Waterloo y desterrado a la isla de Santa Elena donde moriría. Pese a  su breve paso, el Corso dejó una huella indeleble en la isla. Durante este breve período Napoléon dio un gran impulso a la industria vitivinícola y construyó dos residencias, una urbana y bastante simple: la villa de Mulini; y una casa de campo: la villa de San Martino, hoy convertida en museo.

Tras la derrota de Napoleón Elba pasó a manos del ducado de Toscana y en 1860 pasó a formar parte del Reino de Italia. Durante la Segunda Guerra Mundial, la isla estuvo ocupada por el ejército alemán, y pagó una terrible factura de destrucción, tanto a manos de los ocupantes como de los aliados.

La industria minera a la que Elba debe buena parte de su identidad terminó definitivamente en 1981 con el cierre de la mina de Ginepro. Por doquier pueden observarse sus huellas: colinas de mineral rojizo, instalaciones abandonadas, galerías, montones cristales de hematites, el propio nombre de su capital, Portoferraio… Todo ello se ha reunido en un reciente Parque Geominero que merece la pena visitar para conocer el alcance de esta ancestral industria. En el presente, la economía de la isla se fundamenta sobre todo en el turismo. Miles de visitantes llegan a la isla todos los años atraídos por sus playas, sus fondos marinos y por un medio natural que, milagrosamente, ha superado siglos de extracciones mineras, talas para conseguir terreno cultivable y bombardeos de unos y de otros.

Hijas de Vulcano

Según nos vamos acercando a la isla, el perfil quebrado de Elba delata su origen volcánico. La isla está dividida en dos partes claramente diferenciables: n el extremo occidental se levanta el granítico Monte Capanne, de 1.019 metros de altitud, el techo de la isla y del archipiélago; al este se hace notar el Monte Calamita hecho de gneiss y mármol. Entre ambos se abre una llanura aluvial donde se asienta la mayor parte de los treinta y cinco mil habitantes que tiene la isla.

La complejidad orográfica de Elba  sumada a las marcadas diferencias de altitud ha hecho posible la existencia de una vegetación bastante rica pese a la latitud en la que se encuentra. En las vertientes sur y este de la isla domina la vegetación adaptada a los suelos secos, pero en la vertiente norte sobreviven bosques originales de encinas, alcornoques  y lo que es más raro, castaños. Por desgracia, los mejores bosques desaparecieron a causa de  la minería o de la agricultura, en especial la vid, cuyo cultivo exigió la construcción de terrazas que dan al extremo suroeste de la isla un aspecto muy peculiar.

La isla pertenece íntegramente al Parque nacional de las islas de Toscana, que protege además de las siete islas que componen el archipiélago, más de cincuenta y seis mil hectáreas de mar declarado Santuario internacional de cetáceos, lo que le convierten en el parque nacional marino más extenso de Europa.

Travesía de la isla

A lo largo de los siglos, pastores, campesinos, soldados y mineros crearon una red de caminos que comunicaban entre sí los pueblos de la isla. Utilizando esta red viaria tradicional es posible conocer grandes sectores  e incluso atravesarla de una punta a otra. De hecho, el senderismo se presenta como uno de los atractivos turísticos de la isla, y entre todos los itinerarios brilla con luz propia la gran travesía de la isla, una ruta de sesenta kilómetros  que enlaza el extremo oriental y el occidental pasando por las cimas señeras, algunos de los pueblos más significativos, yacimientos arqueológicos, canteras romanas e instalaciones mineras.

El camino se puede hacer en cuatro o cinco días, a gusto del viajero, y tiene la ventaja de que en los pueblos por los que pasa, el caminante puede encontrar reposo y restauración. Todavía es un itinerario poco conocido, pero no tardará mucho en correrse la voz ya que tiene todo lo que un caminante de larga distancia puede desear: naturaleza, historia, tradiciones, sol, colores y mar, y a pocas horas de vuelo de cualquier capital europea.

GUÍA DEL VIAJERO

LA DIADEMA DE VENUS

La leyenda cuenta que Venus Tirrénica rompió su diadema de perlas al emerger en el mar Tirreno, y que de las perlas desprendidas surgieron las siete islas que componen el archipiélago Toscano.

Geografía
La isla de Elba (antiguamente Ilva o Aethalia) es la mayor del archipiélago Toscano. Es una isla de origen volcánico con una extensión de 225 km2 Su punto más alto es el Monte Capanna, de 1.019 metros.

Cómo llegar
La compañía Elbafly ( www.elbafly.it) tiene vuelos regulares desde Milán y Pisa. En la agencia Margherita Viaggi se pueden comprar los billetes por internet (www.margheritaviaggi.com). También se puede llegar en barco desde Piombino con las compañías Toremar (www.toremar.it) y Moby Lines (www.moby.it). 

Información
La página de intermet oficial de la isla (www.infoelba.it) contiene información muy útil para los viajeros: transporte, alojamientos, restaurantes. Oficina de promoción turística, tel: 0565 914 671 y www.aptelba.it. Para llamar desde España hay que marcar 0039 y el número completo, incluido el 0 inicial. El 0565 es el prefijo de la isla. Algunos números tienen diez cifras y otros nueve.

Época del año
El mejor periodo para hacer este trekking es la primavera, el principio del verano y el otoño.

Formalidades
Documento nacional de identidad.

Alojamiento
En nuestra ruta encontraremos: en Cavo, hotel Ginevra: 0565 949 845; y camping El Paguros, tel: 0565 949 966; en Porto Azurro, hotel Plaza: 0565 950 10; y camping Arrighi: 0565 955 68; en Marina di Campo, hotel dei Coralli 0565 976 336; Piccolo Hotel Versilia: 0565 976 123; y camping Ville degli Ulivi: 0565 976 048; en Marciana Marina, hotel Yacht Club: 0565 904 422; y hotel Marinella: 0565 990 18; en Pomonte, hotel Sardi: 0565 906 045; y hotel Corallo: 0565 906 042.

Teléfonos útiles
Protección Civil (Marina di Campo): 800 432 130 (gratuito), Parque Nacional del Archipiélago Toscano (Portoferraio) 0565 919 411 y www.islepark.it, Compañía de guías Il Viottolo (Marina di Campo): 0565 978 005 y www.ilviottolo.it. Puede ocuparse de toda la logística.

Cartografía
Isola d’Elba, n° 7, itinerari di escursionismo, mountain bike e arrampicata, 1:35.000, Vivalda Editori-Ingenia, 2000, (tel: 011 7720444). Carta delle Spiagge, Isola d’Elba Turistica. 1:65.000, ALP, Vivalda Editori. Isola d’Elba, Carta dell’Istituto Idrografico della Marina. 1:40.000, 1988.

Bibliografía
Florencia y Toscana. Colección Guía del trotamundos. Salvat.

Observaciones
La isla de Elba se encuentra dentro del Parque Nacional del Archipiélago Toscano que tiene unas normas de obligado cumplimiento.

Descripción de las etapas

Etapa 1 Cavo-Porto Azzurro Duración: 8 h. Desnivel: 878 m. Longitud: 17,5 km.

Cavo, comienzo de la travesía, es el pueblo más oriental de la isla y el más cercano al continente. El primer tramo del sendero nos llevará hasta la cima del Monte Grosso donde aún se mantiene en pie la atalaya llamada el Semáforo. El panorama desde la torre es espectacular, tanto como el descenso por la vertiente oeste que se hace entre una lujuriosa vegetación. Tras atravesar el valle delle Fiche el camino se encarama al escarpado Monte Strega. Ésta será la tónica de la jornada: un continuo sube y baja a sucesivas cumbres que compiten por ofrecer la panorámica más bella: Monte Campanello, Cime del Monte y Monte Castello van quedando atrás mientras nos acercamos a Porto Azurro (Puerto Azul), final de la jornada, un coqueto pueblo de pescadores dominado por la fortaleza de San Giacomo.

Etapa 2 Porto Azzurro-Marina di Campo Duración: 8 h. Desnivel: 860 m. Longitud: 15,5 km.

Desde Porto Azzurro subimos por el valle del Botro hasta Capo Galletti y allí pasamos al valle del Buraccio, alfombrado de olivos y viñas. Descendemos todo el valle hasta las viñas de Casa Marchetti para después subir, entre romero y genista, hacia el Monte Orello. La subida está aderezada por un maravilloso panorama: al norte el golfo de Portoferraio y al sur los golfos de Lacona y de Stella, que tienen fortificaciones de la II Guerra mundial. A la bajada del Monte Orello atravesaremos un alcornocal y encontraremos la Fonte agli Schiumoli, utilizada ya por los etruscos. El Passo di Colle Reciso da paso al Dorsale centrale. En las praderas del Poggio del Molino a Vento veremos las ruinas del antiguo molino que le da nombre. La senda sube directamente al Monte Barbatoia y prosigue por la arista hasta el Monte San Martino punto central de la isla. Iniciamos el descenso hacia el sur por una vieja senda militar hasta terminar en la hermosa playa de blanca arena de Marina di Campo.

Etapa 3 Marina di Campo-Poggio Duración: 7 h. Desnivel: 1.120 m. Longitud: 9,8 km.

Una vieja senda que comienza en el puerto nos lleva a San Piero in Campo, el pueblo más importante de la vertiente meridional del Monte Capanne, conocido desde antiguo por el granito de sus canteras. Precisamente por ellas pasaremos de camino al molino de agua de Moncione, que funcionó hasta el siglo pasado. Cruzamos una de las zonas más ricas de la isla en yacimientos arqueológicos. En algunas canteras se pueden ver columnas de hasta diez metros de longitud abandonadas allí hace más de diecinueve siglos. Dejamos a la derecha Vallebuia para subir a Pietra Murata, desde donde los antiguos isleños controlaban la isla.

Estamos a quinientos metros sobre el mar y hay que seguir ascendiendo, pero lo hacemos descansadamente entre retamas y helechos, y es posible que hasta nos crucemos con algún muflón. Subimos la cresta en dirección noreste buscando la Via del Malpasso, un sendero que se abre paso entre rocas erosionadas. Dejamos a la derecha el valle dei Mori y llegamos al Quadrivio delle Filicaie donde empiezan los dos principales valles elbanos: el de Pomonte y el de la Nevera, y también el tramo final de la ascensión al techo de la isla: el Monte Capanne. Después de relajarnos oteando el horizonte bajamos hacia el norte rumbo a Poggio.

Etapa 4 Poggio-Pomonte Duración: 8 h. Desnivel: 750 m. Longitud: 19,5 km.

Los castaños nos acompañan en el tramo hasta el monasterio de San Cerbone, construido por los benedictinos alrededor del año 1400, en recuerdo del santo que vivió allí retirado. El bonito sendero llanea por el valle de Pedalta y entronca con el Via Crucis que va de Marciana al santuario de la Madonna del Monte a donde llegaremos entre castaños centenarios.

Aquí se alojó Napoleón en el verano de 1814. Dejamos atrás el santuario camino de la Peña de l’Aguila, donde existe un abrigo prehistórico. Seguimos por el sendero vecinal entre Marciana y Pomonte. La bajada, entre encinas y rosales silvestres, es suave y distendida hasta Troppolo. A la izquierda buscamos el camino adoquinado de Pomonte teniendo a nuestros pies la costa occidental de la isla y al fondo Pomonte a donde llegaremos entre terrazas antaño dedicadas al cultivo de la vid y hoy abandonadas.

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