EXPLORANDO

La Hoya de Huesca moderniza sus vías ferratas

La comarca de la Hoya de Huesca reequipa y moderniza las seis vías ferratas que hay en su territorio, y las convierte en un punto de atracción para los aficionados a esta actividad a caballo entre la escalada y el excursionismo.

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Algunas de las vías ferratas que se han beneficiado del plan de modernización emprendido por el departamento de turismo de la Hoya de Huesca, forman parte de la prehistoria de esta actividad en nuestro país. Es el caso del Canal del Palomo, en el mallo de Ligüerri, en Vadiello, que fue instalada en 1954 por escaladores del club Peña Guara. Claro, que poco o nada se parecía a lo que hoy día se tiene por una vía ferrata, pues sólo tenía una sucesión de barras de acero incrustadas en la roca sin ningún tipo de seguro.

Ha sido esta “vía ferrata” la que por su interés histórico la primera que se modernizó dentro del plan de la comarca. Desde hace poco más de un año, la canal del Palomo cuenta ya con un cable de seguridad y se han repuesto aquellas barras que estaban dañadas. Recientemente, se ha instalado un panel informativo en la base de la canal d’O Ciego pro donde sube la vía.

Las otras vías ferratas que se han beneficiado del plan de modernización son la del canal del Borón en el mallo de San Jorge, otro antiguo itinerario equipado con clavijas también en la zona de Vadiello. En el Salto de Roldán, el mallo gemelo tan evidente que se ve al norte de la capital oscense, se han mejorado dos cortos trazados, el que sube a la cumbre de la Peña de San Miguel (equipado con cable, grapas y un tramo de escalera metálica) y los poco más de cuatro metros finales de la Peña Amán que sólo contaba con unas barras metálicas por lo que el tramo se conocía como Paso de las clavijas.

En Peña Rueba, una de las cumbres de los Mallos de Agüero, y un magnífico mirador de los Mallos de Riglos, se han reequipado las dos exigentes vías ferratas que surcaban sus paredes: la de la Mora, en la pared sur, y la de Varela Portillo, en la oeste. Finalmente, en los Mallos de Riglos se ha reequipado el itinerario que asciende por la pared a la derecha de la Peña San Justo, hacia el mirador de los Buitres, una vía ferrata de dificultad alta que requiere buen conocimiento de la técnica.

La primera ferrata de Burgos

No cabe duda de que la afición a las vías ferratas crece en nuestro país al mismo ritmo que los itinerarios, y que no es estrictamente necesaria una gran montaña o pared para instalarlas. Esto es lo que han demostrado un par de escaladores, Marco Aurelio Miguel Martín y Santiago Gallego, que han instalado una vía ferrata “horizontal” en un cantil cercano a la localidad burgalesa de Quintanilla de las Viñas.

Camino del infierno, que así la han llamado, recorre prácticamente toda una ceja rocosa en la que, por otra parte, hay una escuela de escalada. Suma unos 400 metros de longitud de los cuales 175 están asegurados con un cable de acero. Los creadores aseguran que la emoción está asegurada.

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