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ENTREVISTA

Albert Bosch: “Al Everest le hacen falta más normas”

Emprendedor y aventurero, saltó a la fama el año pasado gracias a su travesía de la Antártida en el Polo Sur. Antes ya había participado en varios rallyes Dakar, numerosas ultramaratones y había ascendido las Siete Cumbres.

Desnivel.com - Martes, 2 de Abril de 2013 - Actualizado a las 22:34h.

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Albert Bosch. Premio al Viaje del Año de la Sociedad Geográfica Española 2013.
Albert Bosch. Premio al Viaje del Año de la Sociedad Geográfica Española 2013.

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  • Albert Bosch. Premio al Viaje del Año de la Sociedad Geográfica Española 2013. Albert Bosch. Premio al Viaje del Año de la Sociedad Geográfica Española 2013.
  • Albert Bosch en el Polo Sur después de 67 días de travesía por el desierto blanco de la Antártica. Albert Bosch en el Polo Sur después de 67 días de travesía por el desierto blanco de la Antártica. Recibe el premio de la Sociedad Geográfica Espaola 2013 al viaje del año. (Albert Bosch)

Albert Bosch es un tipo de opiniones fuertes y bien fundamentadas en la experiencia personal. El año pasado completó en solitario la travesía integral de la Antártida desde la costa hasta el Polo Sur en autosuficiencia que había empezado con Carles Gel. Ha participado en varios rallyes Dakar, en numerosas ultramaratones y ha subido las Siete Cumbres.

Es un placer escuchar su ordenado y motivado discurso acerca del concepto de aventura, en el que tiene más que presente la vertiente comunicativa y de patrocinio. Es un aventurero consciente de las necesidades en márketing que tienen sus desafíos y de la realidad del entorno en el que se mueve.

¿Quién es Albert Bosch?
Me llaman aventurero y emprendedor, no lo sé…. Al final, lo que soy es un apasionado de gestionar proyectos relacionados con la naturaleza, con el reto deportivo y con el descubrimiento personal de zonas nuevas, especiales, remotas, complicadas que me enriquezcan en muchos sentidos.

Yo no soy un deportista de élite, no soy un especialista en ninguna de las actividades que hago… De hecho, en cada una de las actividades hay gente que sabe mucho más que yo y es mucho mejor que yo… Lo que sí soy es una persona apasionada por gestionar mis objetivos y me comprometo mucho en la gestión de los mismos. No sólo la parte deportiva, sino también la gestión como proyecto, porque sé que mi talento no es muy especial o extraordinario y si quiero hacer cosas especiales o extraordinarias tengo que tirar poco del talento y mucho del trabajo. En definitiva, este es a grandes rasgos Albert Bosch.

¿Cómo resumirías brevemente la experiencia de tu travesía al Polo Sur en solitario?
De las muchas cosas que he hecho en mi trayectoria deportiva o de aventura, muy variadas, evidentemente la travesía integral de la Antártida desde la costa hasta el Polo Sur ha sido quizás el proyecto más ambicioso y más completo que he realizado. Completo porque es el más complicado de preparar –es mucho más complicado de preparar que un ultramaratón o incluso que un ochomil, una montaña, porque la preparación aquí es mucho más inédita, estás más alejado, no tienes tanto apoyo y necesitas ser autosuficiente durante mucho tiempo. Por lo tanto la preparación es muy complicada y la ejecución también es compleja porque es un gran reto, hay muchas sorpresas, hay muchos obstáculos que superar… Se complicó un poco –siempre se complica la aventura, sino no sería aventura-. En resumen, al final se compuso de 67 días de expedición para salir de Hercules Point hasta el Polo Sur geográfico, de los cuales cuatro estuve con mi compañero efectivamente avanzando e hicimos 31 km en total de los 1.152 km que completaban la travesía. 15 días estuvimos en la tienda bloqueados: 13 por mal tiempo, una tormenta terrible que nos pilló a los dos días de empezar la expedición, y 2 esperando el rescate de mi compañero por unas molestias en el pie; y luego continué 48 días totalmente solo hasta alcanzar la bola del Polo Sur geográfico.

¿Cómo es ese momento que tu compañero decide que abandona y tú decides que continúas?
Sin lugar a dudas, el momento en que me quedo solo en el Polo Sur, en que Carles por unas molestias que tenía en un tobillo no se ve capaz de imprimir el ritmo que requería la travesía y se hace rescatar, es un momento cumbre de la travesía, más incluso que la llegada y evidentemente más que el inicio. Y yo diría que es el momento más intenso de toda mi trayectoria de aventura. Es un momento dual, porque por un lado era negativo –la tristeza de que mi compañero abandonaba, también las dudas que me entraban a mí sobre si hacía lo correcto o no, los riesgos que no había previsto en los que incurría al ir solo, las conversaciones con la familia, etc.-, pero también era un momento positivo, expansivo, lleno de energía, lleno de ilusión; yo sólo sabía que sin ninguna duda quería quedarme allí, estaba comprometido con el proyecto y quería luchar hasta donde pudiese, hasta lo máximo. Al final ya no me importaba si llegaba o no al Polo Sur, lo que sí me importaba es que estaba dando el máximo y que era verdad que quería estar allí.

En ese momento, supongo que tienes que organizarte el material, físicamente y mentalmente, ¿cómo lo haces?
A ver, de travesías polares hay muchas y muy interesantes, incluso españolas desde la de Al filo de lo imposible, hasta la que para mí es la más valiosa, que es la de Chus Lago que la hizo sola e integralmente. Fue la primera persona española y de hecho la única hasta este momento que la ha hecho sola… La singularidad de mi expedición, más que cruzar la Antártida integralmente y más que hacerlo sin recibir suministros externos es el hecho de haberme quedado solo. Cuando llegué a la base de Union Glacier ya volviendo del Polo Sur, me felicitaron mucho y pusieron mucho valor en mi travesía y yo me quedé sorprendido porque pensaba “bueno, lo que he hecho yo, hay mucha gente que lo ha hecho y gente que lo ha hecho mejor”, pero me dijeron una frase que siempre me quedará: “Albert, hay algo mucho más difícil que cruzar la Antártida en solitario, que es cruzar la Antártida en solitario sin haberlo previsto”, que es lo que me pasó a mí a los 30 km de haber empezado a andar.

¿Cómo organizas el cambio de material de pasar de dos a uno?
Ahí tuvimos que improvisar un poco, porque Carles y yo cada uno en su trineo que pesaba 134 kg en el punto inicial en Hercules Point, llevaba todo su material personal y toda su comida. Luego habíamos repartido las partes comunes entre ambos (el combustible, la tienda, el botiquín, las cosas de recambio, el material de telecomunicaciones…), cada uno llevaba una parte para equilibrar el volumen y el peso. Al quedarme solo, evidentemente, todo el material común me lo tengo que quedar yo, con lo cual mi trineo, lejos de perder kilos por haber pasado 15 días en la tienda, gana más kilos porque yo me quedo la tienda, el material de recambio, todo el material de tecnología, el botiquín, etc. y hay que reorganizarlo todo… Que, si en algo se ha de dedicar tiempo en una expedición de este tipo es en organizar el material meticulosamente. Cuando estás allí y de golpe te quedas solo, no puedes planificarlo mucho, tienes que quedarte lo que toca… La tienda, por ejemplo, ya era bastante cómoda para dos, era una tienda de tres personas, pero para mí era un palacio… una vez estaba montada, claro, pero montarla y desmontarla y sobre todo cargarla con un peso superior que hubiese cogido para una tienda para una expedición individual, son cosas que van sumando. Al final, en las aventura no queda  más remedio que adaptarse a las circunstancias y tirar con los recursos que tenemos.

¿Qué es lo más difícil de la Antártida en solitario?
Yo creo que lo más difícil es mantener la discplina mental, el orden, y no entrar nunca en la parte negativa del estar solo, porque estar solo a veces puede ser un aburrimiento, puede ser un coñazo, puede ser una duda constante sobre tus capacidades o puede ser –y es lo que tenemos que intentar que ocurra siempre cuando vas solo- una fuerza expansiva, una fuente de energía, conectar de verdad con tu interior, con tus objetivos… al final, con tus conversaciones y con tu proyecto o con tu propósito más que nada. Tienes que trabajar mucho esta parte mental y de compromiso sincero hacia uno mismo. Si no lo haces de verdad sinceramente, es imposible que lo superes. Y a partir de ahí, una de las cosas más difícil es precisamente las rutinas: los movimientos de montar y desmontar la tienda, cuando te sacas un guante, cuando te paras un momento… porque allí, cualquier desgracia puede venirte de un error en tu exceso de confianza en tu rutina y, con tantas horas y tantos momentos repetitivos, tienes que ir maximizando la conciencia de cada acción.

Esta no es la única aventura que has hecho en solitario, sino que también lo has hecho en otras facetas como las carreras, el alpinismo, etc. ¿Eres una persona que te gusta eso, el ir en solitario?
A mí, como alpinista, expedicionario o en definitiva aventurero, me gusta hacer cosas en solitario, aunque la mayoría de actividades las he hecho en equipo. Aunque sí que partes o totalidades de algunas actividades las he hecho en solitario, por ejemplo en travesía: he hecho travesías en Marruecos en bicicleta en solitario… a mí me gusta hacer cosas sólo conmigo también. Lo que pasa es que es muy difícil en la naturaleza tener experiencias de tanta soledad como en la Antártida, porque siempre encuentras otras personas, o ves animales o paisajes u horas del día distintas, o ruidos u olores distintos. En la Antártida la soledad es absoluta. Conozco gente que ha hecho travesías, por ejemplo un amigo que ha hecho una travesía en kayak del Atlántico, pero su sensación de soledad no era tan extrema, porque a veces veía un pez, a veces un delfín, a veces un barco a lo lejos, había noche y día, el mar se movía y cambiaba los paisajes, etc. Es difícil una soledad tan extrema como la Antártida.

¿Hay algún momento en que piensas abandonar el proyecto desde que recuperan a tu compañero hasta que llegas al Polo Sur?
La verdad es que en ningún momento me planteé abandonar. Lo digo de verdad y quizás con un punto de falsa inmodestia, porque estaba muy convencido de que quería estar allí… era feliz. Por muchos problemas que tuve, por mucho frío, por muchas incomodidades, esto era muy pequeño en proporción a la felicidad que me aportaba. El único momento en que dudé si tenía que continuar o no fue cuando se fue mi compañero, pero una vez decidido eso en ningún momento me planteé abandonar porque no había una causa grave, ya que a pesar de todas las dificultades, las cosas me estaban yendo más o menos bien.

¿Cuál es el mayor riesgo de ir en solitario a la Antártida?
Creo que el mayor riesgo es de sufrir congelaciones o de caer en una grieta. Caer en una grieta estando con un compañero, las posibilidades de recuperar –excepto que sea muy profunda- están allí y se puede activar un rescate o rescatarte él mismo, pero cuando vas solo una grieta, por pequeña que sea, prácticamente puede ser el fin. Luego también un riesgo pueden ser las congelaciones, ya sea por errores o por una cosa a la que tenía pánico que era desfallecer y desmayarme, que me estuvo a punto de pasar una vez: perder el conocimiento allí unos minutos puede incurrir en congelaciones y a veces ya no poder reaccionar porque no puedes coger material. Yendo solo, creo que el mayor riesgo es la inconsciencia de cada movimiento.

¿Te comunicabas cada día?
Sí, allí cada día me comunicaba por satélite (hay buena cobertura de satélite, por suerte) con mi mujer y también cada día hablaba con la base Union Glacier, la base de soporte logístico que tenía en la Antártida, para darles mi posición, para ver que estaba bien y para decirles mis intenciones para el día siguiente. Era una norma de seguridad fundamental.

¿Cómo defines tu travesía en el Polo Sur? ¿Cómo solitario?... Porque ha habido cierta polémica al respecto…
Mi definición del Polo Sur en absoluto es una expedición en solitario, porque una expedición en solitario tienes que empezar solo y acabar solo. Es una expedición que el 98% la hice en solitario, pero estoy muy orgulloso de que no fuese en solitario, porque pienso que lo que de verdad tiene valor es el haber empezado con un compañero, haberme quedado solo y haberme adaptado a unas circunstancias nuevas, de cambio radical, no planificadas ni previstas. Con lo que defino mi expedición como una expedición de equipo que se convierte en solitario a los 30 km y a partir de ahí es un 90% en solitario y está hecha con autosuficiencia alimentaria total, sin recibir ningún suministro externo de ningún tipo.

¿Tienes algún nuevo proyecto de gran travesía?
Mi ilusión, y ahora ya proyecto, es intentar montar la travesía integral del Polo Norte, o sea cruzar el Ártico desde Canadá hasta el Polo Norte en total autosuficiencia. Ahora estamos en fase de venta del proyecto, es decir de búsqueda de patrocinio. No nos está funcionando muy bien, no sé si lo conseguiremos. Está previsto para la primavera del año 2014, pero si no conseguimos cerrarlo para mayo o junio de este año, deberemos posponerlo para 2015, porque un proyecto de estas características, con el dinero en la mano necesitamos como mínimo medio año para poder prepararlo.

Siempre se te presenta como empresario y aventurero, háblanos de tu faceta como empresario, ¿en qué consiste?
Más que como empresario, me presentan a veces como emprendedor y aventurero, porque yo tengo otra actividad profesional, porque la aventura a veces da y a veces pide, es muy insegura en cuanto la parte económica y tengo familia y tres hijos. Básicamente trabajo generando proyectos de inversión siempre relacionados con el medio ambiente: que aporten un beneficio económico, evidentemente, a las personas que confíen en ellos, pero además que aporten un beneficio al medio ambiente. Es mi compromiso, es la manera de unir mi pasión por la naturaleza y mi profesión. Mi faceta de emprendedor me permite organizar los proyectos en su globalidad: comunicación, patrocinios, gestión de logística, etc.

Antes de esta travesía del Polo Sur, ¿qué otras actividades habías hecho?
A nivel deportivo, en mi juventud a lo que más me dedicaba era a la montaña y a la moto, porque vivía en un pueblo en el que la gente o jugaba a fútbol o hacía trial, y yo me dediqué al trial. Mi ambición era competir en moto y mi sueño era conseguir ir al Dakar. Al final conseguí realizarlo, disfruté mucho pero vi que no lo iba a ganar… Allí descubrí la faceta de los grandes proyectos: más la aventura que la competición, más la brújula que el cronómetro. Y sobre todo vi que los grandes proyectos, a pesar de no ser un deportista de primer nivel, organizándolos y gestionándolos bien podía hacer grandes aventuras. A partir de ahí he hecho ocho Dakars –dos en moto y seis en coche-, en uno de ellos yo era el copiloto del primer español que conseguía terminar el Dakar conduciendo sólo con las manos, ya que era discapacitado. Luego he hecho muchas ultramaratones en autosuficiencia: Maraton des Sables, Jungle Marathon… He hecho el proyecto de las Siete Cumbres: escalar las montañas más altas de cada continente, con el Everest como punto final, con la curiosidad de que todas las cumbres las conseguí al primer intento. He hecho muchas montañas en Alpes y Pirineos, evidentemente, y luego el proyecto de la Antártida como el más destacado.

Parece increíble lo que haces de combinar todas estas facetas y además la vida familiar, con tres hijos. ¿Cómo lo puedes combinar?
Yo combino varias facetas porque mi objetivo no es ser especialista ni batir récords ni ganar campeonatos, mi objetivo es más la aventura en plan descubrimiento. Yo, hacer montañas toda la vida, como no seré tan bueno como Reinhold Messner nunca, me gusta más aventuras nuevas donde aprenda. Y luego además lo combino con una vida familiar. Este es mi gran reto: equilibrar mi pasión por las aventuras y las actividades extremas con la vida familiar, porque para mí eso sería un límite. Mi prioridad, evidentemente, es la vida y esto es irlo combinando en las ausencias, en la gestión de los riesgos, en el estrés que a veces hay en la gestión de cualquier proyecto, pero lo vivimos todos con ilusión y de forma expansiva.

Debes ser una persona con una gran capacidad de organización del tiempo, ¿no?
Ya lo dices bien, lo más difícil es gestionar el tiempo en todo esto. A los que hacemos cosas chulas, a veces la gente nos envidia la parte de la actividad, lo que no envidian es la parte del trabajo. Nos ven como “mira, qué bien, se va a la montaña cuando quiere…”. Yo me dedicaría a hacer sólo esa parte, pero se trata de trabajar constantemente. Si me preguntas el último partido de fútbol entero que vi, te diré que hace 25 años. Yo no veo algo que no me aporte a mi tiempo. No tengo televisión en casa, me dedico a preparar cosas, a escribir, a gestionar comunicación y, al final, a buscar el posicionamiento en todo que me permita hacer estos proyectos. No hay otra fórmula que trabajar mucho, porque si no no puedes hacer estos proyectos especiales.

Defíneme cada una de las actividades que haces. Por ejemplo, el Dakar, ¿cómo es?
Es una carrera apasionante, que empezó siendo una gran aventura y ha acabado siendo una gran prueba de resistencia, muy dura y exigente pero menos aventurera. Evidentemente, me gustaba más el Dakar africano y de los años noventa, en el que la aventura aún tenía bastante espacio. Ahora es una carrera de velocidad muy dura y muy exigente. Para mí tiene un cierto conflicto, porque me gusta mucho pilotar, pero tiene cierto conflicto en la parte de gestión medioambiental. Forma parte de mi evolución y no quiero rechazarla, pero sí que la cuestiono en muchas cosas que quizás podrían mejorarse.

Y del motor pasas a todo lo contrario, correr ultramaratones…
Sí, es curioso porque el desierto lo descubrí con el motor y luego lo he recorrido en bicicleta, corriendo y al final siempre me ha gustado tender hacia una evolución hacia actividades más naturales, que dependan más de mí que de una máquina y que me permitan estar más en contacto con la naturaleza. Evidentemente, escalando, haciendo travesías o corriendo ultramaratones en el desierto o en la selva, te permiten estar muy en contacto y apreciar mucho la naturaleza y por eso he hecho actividades de este tipo en distintos ámbitos.

Además, tú empezaste con los ultramaratones cuando no estaban tan de moda como ahora…
Sí, continúo haciendo y pienso hacer muchas todavía, pero la verdad es que me ha sorprendido este boom que ha habido en el ultrarunning. Yo cuando las hacía me tomaban de loco y ahora parece que se ha puesto de moda. Yo lo seguiré haciendo porque me gusta y no dejaré de hacerlo porque esté de moda. Cuanta más gente practique deportes al aire libre, siempre que lo haga con un respeto y no sea una moda pasajera, mejor. Aunque también reconozco que son las actividades más fáciles de organizar de todas las que hago, porque sólo tengo que dedicarme al entrenamiento físico: participar en una carrera es relativamente barato, casi no tienes que buscar patrocinador, te lo organizan todo, no hay riesgo… Es muy diferente a una actividad de alpinismo o de exploración polar. La gente le llama aventura a la Maraton des Sables, por ejemplo, pero es una experiencia intensa, pero aventura poca.

Luego pasas al mundo de la montaña y haces las Siete Cumbres al primer intento… ¿Cómo es ese cambio y qué dificultades te ofrece?
El hecho de haber combinado motor, con ultramaratones, con alpinismo, a veces la gente piensa que vas pasando de una cosa a la otra y no es así. Yo, cuando hacía Dakars, me pateaba los Alpes de arriba abajo con travesía con esquís, escalando… Siempre he combinado actividades. No es que de golpe dejo la montaña y me pongo a correr ultramaratones, siempre lo he hecho… Y, por ejemplo, ahora mismo tengo pensadas varias actividades en kayak, que a mí me encanta. Y si un día hago una actividad sonada en kayak, no es que un día de golpe deje la montaña por el kayak, es que hace 22 años que remo y me encanta. A mí, todo lo que sea vivir la naturaleza de una manera activa, me gusta. O bicicleta de montaña… Todas estas actividades me gustan, tengo un nivel aceptable en todas ellas y a veces me preparo específicamente para hacer un reto, pero puede ser el bicicleta de montaña, en kayak, corriendo, en alpinismo, con un trineo, lo que haga falta. Al final, el punto en común es el reto y la naturaleza.

Y de las Siete Cumbres, ¿en cuál vives la experiencia más complicada?
Todas son interesantes, aunque hay algunas que no son especialmente intensas, por decirlo de alguna manera, como el Aconcagua, el Kilimanjaro o el Elbrus, que son montañas más normalitas. Para mí, la que tiene más interés alpinístico podría ser el McKinley; la que tiene más interés cultural y social es la Pirámide de Carstensz, porque tuve además la posibilidad de vivir una experiencia muy chula con unas tribus de allí; y evidentemente simbólica y también de dificultad también el Everest, que al final es el Everest.

¿Cómo ves el Everest? ¿Una especie de Dakar de la montaña en cuanto a gente, el tema comercial…?
Yo creo que el Everest es una montaña un poco desafortunada en cuanto a la imagen que tiene actualmente, no tanto como montaña sino como actividad. Se ha pasado de que parecía una montaña simbólica e imposible a parecer desde la opinión pública como si fuera La Rambla. Yo creo que ni una cosa ni la otra. Evidentemente no es la montaña de más valor que hay entre los catorce ochomiles, pero tampoco está tan banalizada como la gente dice. Al final, es un desprecio hacia la gente que va. Es cierto que todas las actividades (un Iron Man, un ultramaratón, carreras en bici…), todas hay más gente que las practica, incluso el alpinismo hay más gente que lo practica, que viaja, que se atreve a hacer más retos, etc. Y a veces parece que los que van al Everest son cuatro tíos muy buenos y los demás son turistas, que les llaman, y no es así. Al final, hay tíos de élite, hay tíos que son unos turistas que no sé qué hacen allí, pero yo creo que la gran mayoría son gente a quien le gusta la montaña, que practica mucha montaña, que sabe mucho, que ha dedicado su vida a esta pasión y al final uno de sus grandes retos es ir a la montaña más alta, que también es una montaña simbólica y tiene estas cosas. Lo que sí es cierto es que además se han acortado las temporadas y muy poca gente va durante la temporada de octubre-noviembre, con lo que se concentra mucha gente en una temporada y en unas ventanas muy cortas.

Nosotros, cuando fuimos allí, nos forzamos mucho para ir una semana antes de lo que se llama las cordadas comerciales, para encontrar la montaña más vacía. La disfrutamos mucho, pero apuramos mucho en cuanto a la ventana. Creo que es un problema de que falta que se pongan más normas. Por ejemplo, haciendo un símil con el McKinley, es una montaña muy deseada pero que hay normas, límites y mucha responsabilidad, cosa que los gobiernos de Nepal y de Tibet no llevan muy bien.

De todas las actividades que practicas, ¿cuál es la más dura?
Lo más duro, creo que son las expediciones polares, de momento. Siempre lo más duro te parece que es lo que estás haciendo en ese momento. Cuando estás en el desierto, tienes mucho calor y te gustaría tener frío, y cuando tienes mucho frío, te gustaría estar en el desierto y pasar calor. Pero además es que las expediciones polares son muy complejas no sólo en su realización que son muy duras y tienen muchos riesgos, sino que además son muy caras, con lo que lo más duro al final es buscar el patrocinio. Por lo que yo he hecho, las expediciones polares son de máximo nivel de complejidad, dureza y riesgo.

¿Y qué es lo más duro de cada actividad?
Del Dakar, creo que lo más duro es la presión, la tensión constante mezclada con la dureza; hacer el mismo recorrido con todo el tiempo del mundo sería muy fácil, hacerlo con un determinado tiempo y en carrera, es muy duro. De alpinismo, creo que el riesgo de la altura, el saber que en cualquier momento se te pueden torcer las cosas y perder el control. De las travesías polares, lo más complicado es la preparación y luego la gestión de la soledad, la fuerza mental, la disciplina… Y de las ultramaratones es no sobreexplotar tu cuerpo, saber gestionar tus límites en el running.

¿Qué tienen en común y qué tienen de distinto los personajes que practican cada una de estas disciplinas?
En todas las actividades hay gente muy auténtica, hay gente muy superficial y hay gente que lo hace por seguidismo o porque está de moda. El mundo del motor, del Dakar, son gente que no tiene unos valores tan arraigados de amor hacia la naturaleza como los de la gente de otras actividades. Es más su actividad, la emoción, la velocidad, y la naturaleza es un escenario a utilizar para hacer su actividad y esto –no quiero decir siempre- genera egos muy fuertes, además de la gente que se mueve por dinero, ya que es un mundo que requiere mucho dinero y hay gente que lo hace por capricho. El mundo del running es muy plural, muy abierto; lo único que a veces la gente se lo toma como una religión y se llega  a obsesionar, aun a veces siendo gente con trayectorias cortas, que llega tarde, está unos años y por lesiones o pérdida de interés se va. El mundo del alpinismo, creo que es muy auténtico y que enriquece mucho aunque también hay mucho ego… Una cosa buena que tiene el Dakar es que la clasificación es la clasificación, mientras que en la montaña es la historia que cuenta cada uno, y a veces o la cuenta mal, o la cuenta exagerada o pega unas trolas de narices, y esto desvirtúa la autenticidad y la pureza del mundo del alpinismo, que es muy duro y muy exigente.

¿Tú ves alguna pauta, alguna característica común, entre los grandes personajes de estos mundos que hayas conocido?
Los grandes personajes, en todas las actividades, les mueve la pasión auténtica. No se mueven por quedar bien, por lo que dirán, por la fotografía, por salir en la prensa. Se mueven por su pasión por la actividad. Ser los mejores no es su objetivo, su objetivo es hacer bien la actividad y hacer algo que les aporte de verdad y con ello consiguen ser los mejores. Esto es común en todas las actividades.

El Polo Sur cambia tu vida, ¿no? En el sentido de que es a partir de entonces cuando te conviertes en una persona pública, muy conocida…
Sí, de toda mi trayectoria, la travesía del Polo Sur marca un antes y un después porque es la actividad más singular, más única, más auténtica, más expansiva, más mediática. Yo no diría que cambia mi vida, por suerte, pero sí la hace evolucionar. En este sentido, el Polo Sur ha sido muy importante.

Y a partir de ahora, ¿qué?
A partir de ahora mis retos estarían enfocados a hacer algo más a nivel polar y sobre todo me gustaría evolucionar en el mundo de la aventura en la palabra esta: ‘aventurarme’. Descubrir espacios especiales, más potenciando el viaje que la competición, más potenciar el cómo que el resultado, y en definitiva convertirme más en un viajero intenso de cosas especiales que no en intentar ser un superhombre que hace cosas que no ha hecho nadie, porque además todo el mundo lo ha hecho y al final haremos el ridículo intentando hacer cosas que ya no tienen sentido.

También das conferencias a las empresas, ¿realmente puede la aventura aportar algo a las empresas en estos momentos de crisis?
Sí, yo creo que la aventura en general tiene mucho que aportar al mundo de la empresa y del management, porque estamos hablando de cosas muy parecidas: liderazgo, gestión de momentos críticos, decisiones de riesgo, gestión del cambio, gestión de equipos, soledad, ambición. Al final, son mundos que se pueden enriquecer mucho mutuamente: no sólo de la aventura a la empresa sino también de la empresa a la aventura. También es uno de mis objetivos intentar divulgar estos aprendizajes que he obtenido en estos dos mundos: el mundo de la empresa y el mundo de la aventura extrema.

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