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El alpinista vasco inaugura con la expedición invernal al G-I una línea de actividad basada en su propia filosofía alpinística, bajo los pilares del compromiso, la ética y la dificultad. Renuncia a trabajar para Edurne el Everest durante la primavera a cambio de una incierta expedición invernal al Karakórum.
Isaac Fernández - Domingo, 16 de Enero de 2011 - Actualizado a las 20:24h.
Cuando embarque en Barajas el próximo domingo 23 de enero con destino a Islamabad, Alex Txicon empezará a trazar su propio camino en esto del alpinismo. En Pakistán no lo esperarán sus compañeros de Al filo de lo imposible y Edurne Pasaban, sino el austriaco Gerfried Göschl y el canadiense Louis Rousseau. Ante ellos tres, una expedición de resultado incierto: el intento de ascender por primera vez el G-I en invierno… una hazaña pionera que se extiende a los otros cuatro ochomiles de Pakistán.
Por supuesto eso no significa que Txicon sea un novato en cuestiones de altas montañas, a pesar de que sus 28 años de edad pudieran conducir a equívoco. Empezó muy joven a integrarse en expediciones al Himalaya y al Karakórum y su currículum incluye la ascensión de ocho ochomiles.
Así pues, sabe de lo que habla cuando cuenta su plan de viaje al Hidden Peak. En Islamabad, Göschl, Rousseau y él mismo tomarán otro avión hasta Skardú; desde allí, siete u ocho horas en todoterreno hasta Skole. “Y de ahí, a pata” por el glaciar del Baltoro hasta Concordia y el circo de los Gasherbrums. Ocho días de caminata hasta el campo base… aunque “quizás lleguemos antes, ya que no iremos muy cargados porque todo el material del campo base fue trasladado allí antes de que empezara el invierno”.
Sabe que se encontrarán unas condiciones duras: “O tienes mucha nieve o mucho frío… pero no quiero pensar mucho en ello; prefiero ir descubriéndolo poco a poco”, señala. Las expediciones que ya se encuentran en el Karakorum, como Denis Urubko y Simone Moro o los polacos del Broad Peak, han informado de temperaturas mínimas de unos -30ºC a 5.000 metros de altura: “Es mucho frío, pero vamos mentalizados para eso; se trata de ir a aprender, con la menta abierta y a disfrutar de la experiencia”.
Hablamos con él a ratos, mientras completa los preparativos del viaje (visado, teléfono satelital…) y deja terminadas las últimas tareas relacionadas con su trabajo, al frente de una empresa del sector de la construcción.
¿Qué motiva a alguien dejar un trabajo
bien remunerado como el de acompañar a Edurne Pasaban al Everest por una
aventura invernal en el G-I?
Al
final, yo no vivo de la montaña. Mi trabajo es mi empresa de construcción, y
allí trabajo para ahorrar para la montaña. Estoy en condiciones de elegir mi propio
camino y ahora lo que más me motiva es irme al G-I en invierno. Claro que
también me hubiera gustado ir al Everest con Edurne, pero las dos expediciones
son demasiado y he optado por esta. Ya tendré tiempo de ir al Everest sin
oxígeno más adelante, cuando haya acumulado algo más de experiencia por encima
de los 8.500 m… quiero probarme un poco más en esas alturas, ya que sólo tengo
la experiencia del Kangchenjunga y el día de cima no me encontré demasiado
bien.
¿Cuál es tu visión del alpinismo actual?
Donde
yo vivo, aquí en el País Vasco, los medios de comunicación tienen mucho peso en
lo que al alpinismo se refiere, y marcan un poco la pauta. Por lo que se puede
leer en los medios, se valoran más otro tipo de actividades que las que valoro
yo. Yo valoro más aperturas en roca en Pirineos como las de Eloi Callado que
una ascensión a un ochomil por una ruta clásica. Está bien que los medios de
comunicación hablen de alpinismo y de montaña, pero la manera en que lo hacen
es para mal… Estoy un poco cansado de este tema. Cada actividad tiene el mérito
que tiene, ni más ni menos. Y si no es por los franceses, los suizos y cuatro
alpinistas más contados con los dedos de una mano, no se hacen cosas
innovadoras. No te encuentras ni un solo francés en los ochomiles; ellos van a
montañas de 6.000 m, pero claro, no salen en ninguna parte.
Tampoco lo difunden demasiado…
Es
verdad. Ahí te doy la razón. Los alpinistas debemos dar ejemplo porque si sólo
se ven las expediciones a las rutas clásicas de los ochomiles… Pero la verdad
es que en el alpinismo también hay unos valores diferentes, basados en la ética
y el compromiso. Yo estoy muy contento con el intento que hice al pilar oeste
del Makalu en 2005; pero para ello estuvimos 59 días en el campo base, mientras
que hay gente que salen de casa y vuelven después de haber hecho el Cho Oyu,
por ejemplo, en cuarenta días. Hay mucha gente que sólo va a las grandes
montañas a puntuar, y van a remolque de las grandes expediciones, en una
especie de efecto dominó. Ahora que toda la información está en internet, es
fácil saber dónde van a estar las grandes expediciones y todos van detrás de
ellas. Y lo peor es que, como no hay reglas claras, después cada uno cuenta la
historia a su manera. Y así prolifera mucho alpinista del montón, que estará
muy fuerte pero es un aprovechado. Aunque ahí también hago autocrítica, porque
si no quieres encontrarte a gente de este tipo también puedes elegir otra ruta
y estar solo…
¿Y qué papel juega la prensa en todo
esto? Los medios no pueden tener a corresponsales en todas las expediciones y
nos tenemos que fiar de lo que cuentan los alpinistas…
Creo
que la prensa tendría que ser una especie de árbitro en estos temas.
¿Tienes en mente los catorce ochomiles?
Los
catorce ya están hechos. En mi cabeza, estoy contento con actividades en las
que incluso no he hecho cima, como en el Kangchenjunga, que no llegué a la
cima. Y si te pones, tampoco he pisado la cumbre del Manaslu, aunque allí me
quedé a unos 8 metros por cuestiones del equipo. Pero, en realidad, ¿qué es la
cumbre? La cumbre, para mí, es con lo que yo me sienta feliz. Los catorce,
antes que yo, ya los han hecho Juanito, después vino Alberto Iñurrategui, Iñaki
Ochoa de Olza y Félix Iñurrategui se quedaron ahí por el camino, y ahora los
tiene Edurne. Esa es la historia.
¿Cuáles son, pues, tus objetivos?
Tengo
muchos proyectos en la cabeza, como el de irme con Alberto Ayora al Polo Sur.
También me gustaría subir al K2 y, de hecho, igual me voy este verano; ya
estuve allí en 2004, pero desde entonces no le he vuelto a dar ningún tiento y
estoy como loco por irme allí. Lo hemos hablado con Göschl y Rousseau y quizás
nos vamos allí juntos otra vez.
Por otro lado, he estado tres veces en la cara británica (SO) del Shisha Pangma y lo conozco bastante bien. Quiero hacer una expedición de exploración a varias montañas de 6.000 y 7.000 m fantásticas que hay allí, alrededor de un campo base que es precioso. Las tengo fotografiadas y documentadas, y me encantaría irme con amigos, para escalar unas líneas muy bonitas y estéticas, que además no están hechas.
También me encantaría volver al pilar oeste del Makalu, que me encantó cuando fui la otra vez. Ya lo intentaron Iñurrategui, Vallejo y Zabalza, y también Ueli Steck… Pero yo creo que allí hay que ir con una expedición pesada, porque es algo muy complicado, con mucho compromiso y muy largo para ir en estilo alpino puro.
¿No eres defensor del estilo alpino?
Sí
claro, pero tampoco soy un radical.

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