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“…Claro que quieres rescatarle, pero allí no puedes llegar. Esa misma sensación de impotencia es la que tenía en el campo 4. Esos 300 metros, entre los 7.800 y los 8.100, en las condiciones que estábamos, eran como ir a la Luna.”
Darío Rodríguez - Viernes, 1 de Julio de 2011 - Actualizado a las 14:18h.
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Miguel Angel Pérez en el campo base a su regreso de la cima del Lhotse (2011).
(@Darío Rodríguez 2011)
Juanito Oiarzabal y Miguel Angel Pérez se recuperan del agotamiento y congelaciones de su ascensión al Lhotse en el Campo Base del Everest 2011
((c) Darío Rodríguez/Desnivel.)
Campo base del Everest 2011. Miguel ángel Pérez.
(©Darío Rodríguez 2011)
Conversando con: Lolo González, Carlos Soria, Juanjo Garra, sobre la editorial Desnivel 301.
Miguel Angel Pérez nos da su opinión sobre la posibilidad en el campo 4 de intentar, por su parte, rescatar a Manuel Gonzalez “Lolo”, y el porqué de su decisión de descender. Insiste en que no hay que interpretar lo ocurrido desde aquí pues hay cosas que “suenan extrañas analizadas a posteriori, pero a esa altura la propia capacidad mental está muy limitada”. También plantea: “¿Qué ayuda puedes dar a otros cuando a duras penas puedes bajarte a ti mismo?”. Respecto a la posibilidad de rescatar a Lolo: “Le daba por muerto, así que por él no tenía intranquilidad; estás intranquilo cuando crees que hay alguna posibilidad.” Y tiene claro que “no se puede criticar el no subir a buscar a alguien a más de ochomil metros después de más de 30 horas de actividad. A lo mejor otros, como la tuvieron Damián y Matoko, tienen esa fuerza, pero yo no. Arriba nadie puede exigir nada. Otra cosa es que alguien tenga un comportamiento sobrehumano, heroico, fuera de la lógica. El heroísmo es algo admirable, pero no se puede exigir a todo el mundo; entonces dejaría de ser heroísmo”.
"Rober e Isa habían llegado un par de horas antes. Les habíamos hecho agua y se estaban recuperando"
La decisión de
descender del campo 4 ¿La tomas de acuerdo con el resto de los alpinistas?
Yo no tenía radio, sólo teléfono, y no tuve contacto con Carlos Pauner y Juanito
salvo en la tarde-noche del 21 cuando llegamos a las tiendas. A partir de ahí
no los veo. El único contacto que tengo es con el mexicano Jorge Salazar, el iraní (Mahdi
Amidi), Rober e Isabel. Cuando éstos dos últimos llegan [al amanecer] les
atendemos en la medida de nuestras posibilidades y les dejamos oxígeno y agua
caliente. Decidimos bajar porque en ese momento no funcionaba el teléfono, para
poder llamar y pedir ayuda cuanto antes. Realmente ese día no vi a Juanito ni a
Carlos Pauner
hasta que llegaron al campo 2 por la tarde.
"La verdad es que en situaciones límite de cansancio y a esa altura la lucidez es muy escasa. "
¿Por qué tomas la
decisión de bajar?
Rober e Isa habían llegado un par de horas antes. Les
habíamos hecho agua y se estaban recuperando. Él estaba bastante fastidiado e
Isabel estaba mejor. Les preguntamos si necesitaban ayuda para bajar, si
pedíamos ayuda… Ellos pensaban que necesitaban
un par de horas más de descanso para empezar a bajar. Mahdi nos dijo que
fuéramos bajando nosotros, y él se quedaba con ellos, para ver si [desde más
abajo] podíamos contactar y contar como estaban las cosas por arriba. Entonces
salimos y una hora después es cuando consigo contactar contigo por teléfono,
justo al pasar las Bandas Amarillas, y te informo de cómo está la situación.
¿El grupo de Juanito
sigue arriba en ese momento?
Sí, aunque entonces no lo sabía; ni siquiera les vi esa mañana. Las tiendas
estaban distanciadas, unos 25-30
metros más arriba.
"Yo bajé intranquilo. Pero ¿qué ayuda puedes dar cuando bajas al límite?"
¿Tomaste la decisión
de bajar sin hablar con ellos?
Contado así, suena absurdo el hecho de no hablar con ellos e intercambiar
nuestros pareceres. La verdad es que en situaciones límite de cansancio y a esa
altura la lucidez es muy escasa. Carlos Soria y su sherpa estaban en una tienda, en
medio de las de Isabel, Rober y Mahdi y las nuestras, y tampoco les vimos. No
puedo decirte si no les vimos porque salieron antes que nosotros o porque
estaban dentro de la tienda cuando estábamos fuera hablando. No me acuerdo, y
eso que la tienda estaba al lado. Imagínate entonces con una tienda que estaba
a 25-30 metros,
que, en esas condiciones, son veinte minutos de subida.
"Yo a Lolo lo daba por muerto, así que por él no tenía intranquilidad; estás intranquilo cuando crees que hay alguna posibilidad,"
Cuando bajáis ¿no
tenéis sensación de dejar a Rober e Isabel en una situación complicada?
Yo bajé intranquilo. Por eso te llamé, porque veía que estaban mal y que
necesitaban ayuda, pero ¿qué ayuda puedes dar cuando bajas al límite? Mahdi era
quien mejor estaba y se ofreció a esperar a Rober e Isabel. Quedamos en que
Mahdi les esperaría, que bajarían después de descansar un par de horas.
lo que no critico es que no se suba a buscar a alguien a más de 8.000 metros después de más de 30 horas de actividad.
¿No teníais
intranquilidad por la desaparición de Lolo?
Yo a Lolo lo daba por muerto, así que por él no tenía intranquilidad; estás
intranquilo cuando crees que hay alguna posibilidad, pero yo lo daba por
muerto.
¿Por qué lo dabas por muerto?
"Esos 300 metros, entre los 7.800 y los 8.100, son como si fuese ir a la Luna en las condiciones en las que estábamos.·
Porque no se había vuelto a saber de él en toda la noche. Isa y Rober habían bajado por la cuerda fija tras él y no lo habían visto. Miraba desde mi tienda hacia arriba, que era lo más que podía hacer, y no veía a nadie. Desde las tiendas al comienzo de la travesía para entrar al couloir hay unos 150 metros de desnivel, de 7.750 a 7.900 metros. Estos metros son bastante visibles, pero el día anterior esos 150 metros nos llevaron dos horas.
No hay que olvidar el detalle de que allí arriba se piensa muy poco y muy mal.
Ese día, desguazados y sin oxígeno, nos podían haber llevado tres o cuatro horas. No se veía a nadie y no podía hacer absolutamente nada. Ir hacia arriba era para mí impensable. Yo me llevé una sorpresa y una alegría enorme al enterarme de que lo habían localizado.
Ir a buscar a Lolo no
tenía sentido cuando le dabas por muerto…
Yo puedo criticar algunas de las cosas que sucedieron, pero lo que no
critico es que no se suba a buscar a alguien a más de 8.000 metros después
de más de 30 horas de actividad. A lo mejor otros, como la tuvieron Damián y
Matoko, tienen fuerza en esas situaciones, pero yo no. Si hubiera sido mi
hermano o mi padre, no creo que dijese otra cosa. No es un tema de plantearse
si estás fuerte, si vas a poder hacerlo… allí arriba no realizas todo este
proceso mental. Simplemente no se te pasa por la cabeza.
"El heroísmo es algo admirable, pero no se puede exigir a todo el mundo; entonces dejaría de ser heroísmo. "
¿Tú salvarías a tu hermano si está en la Luna? Claro que quieres, pero allí no puedes llegar. Esa misma sensación de impotencia tienes allí. Esos 300 metros, entre los 7.800 y los 8.100, son como si fuese ir a la Luna en las condiciones en las que estábamos.
"Pero hay un problema mayor que la falta de fuerzas, y es que la falta de lucidez te impide pensar. "
¿Y ponerse oxígeno
para intentar subir a buscarle?
Tenía una botella de oxígeno que había subido por seguridad pero el
regulador se había roto y no podía utilizarse normalmente. La única forma de
usarla era para crear una atmósfera oxigenada dentro de una tienda. Más tarde,
ya en España, me he enterado de que había botellas de oxígeno de las
expediciones comerciales en un depósito a 30 metros. Allí no se me
pasó por la cabeza que pudiera haber equipo de oxígeno cerca…
No hay que olvidar el detalle de que allí arriba se piensa muy poco y muy mal. Luego, cuando bajas, ya razonas mucho mejor. Por eso, habiendo muchos puntos criticables, ni en el tema del Annapurna con Tolo ni en este tema comparto estas ideas que dicen: “Podías haber salido a buscarle”.
Arriba nadie puede exigir nada. Otra cosa es que alguien tenga un comportamiento sobrehumano, heroico, fuera de la lógica. El heroísmo es algo admirable, pero no se puede exigir a todo el mundo; entonces dejaría de ser heroísmo. Sólo los que estamos allí sabemos lo que es no poder ayudar a nadie, ni aunque fuera tu hermano, tu padre, tu mujer… Visto desde aquí suena muy raro que no puedas dar unos pasos hacia arriba. Si cuando fuimos a cumbre el día anterior, llevamos un ritmo de 70 metros de desnivel por hora, imagínate lo que supondría subir 300 metros, cargar con alguien inconsciente y bajarlo. Lo más probable es que, en lugar de resolver un problema, crearías otro.
Pero hay un problema mayor que la falta de fuerzas, y es que la falta de lucidez te impide pensar. En el tema de Lolo, ni se me pasaba por la cabeza que pudiera hacer nada por él. Y en cuanto a Isabel y Rober, yo me fui intranquilo; tampoco insistí mucho en que bajáramos todos juntos porque estaba muy al límite y quería bajar. Entonces, cuando nos dijeron que querían descansar, Mahdi dijo que se quedaba con ellos y que bajáramos nosotros a pedir ayuda. Claro que pensé que los dejábamos en una mala situación, pero el cuerpo no me daba para esperar y ellos no querían bajar en ese momento. Lolo estaba en otra galaxia para mí. Comprendo que esto se entienda mal desde abajo, pero es como son las cosas.
EL 21 de mayo nueve alpinistas de nuestro país ascienden el Lhotse. De ellos solo uno, Carlos Soria, regresa caminando a Kathmandú, el resto es evacuado en helicóptero. Lo que ha trascendido al gran público han sido las fuertes palabras que Juanito Oiarzabal lanzó a Edurne Pasaban. La anécdota.
Lo que allí ocurrió fue grave y exige una reflexión serena y profunda. De haber estado estos alpinistas en otra montaña no tan “poblada” como el Everest al menos dos de ellos (Roberto Rodrigo y Manuel González) habrían fallecido. Posiblemente alguno más. Sus compañeros, en estado límite tras la cima del Lhotse, descienden dejando en el campo 4 a tres personas (Roberto Rodrigo con congelaciones muy graves, Isabel García y el iraní Mahdi Amidi, que es el único que se queda a ayudarles). Más arriba está desaparecido Manuel González Lolo. En el Annapurna, un año antes, ocurrió algo parecido.
Cometen, en primer lugar, un error de “manual”: a pesar de lo lento que alguno asciende, y de lo tarde que alcanzarán la cima, no se retiran. Además, durante el ascenso, uno solicita medicación que solo debe usarse en caso de emergencia y siempre para descender. Varios bajan de la cumbre en muy malas condiciones. Ninguno tiene fuerzas para intentar salir a buscar a Lolo.
Lo peor viene en el rescate. A pesar de su delicada situación, algunos se niegan a utilizar oxígeno. Medicación (dexametasona) sí aceptan, ser rescatados y/o ayudados también, tampoco hay problema en sembrar la alarma transmitiendo por radio cada pocos minutos la mala situación en que se encuentran, o pedir un helicóptero..., pero ¿oxígeno? ¡No! Ni siquiera cuando usándolo pudieran encontrarse mejor y hacer un intento de buscar al compañero desaparecido. Eso sí: no pasa nada por usar cuerdas fijas instaladas por sherpas con oxígeno o porque el grupo de rescate sí que lo utilice.
Todo vale para alcanzar la cima menos el oxígeno. Cuerdas fijas hasta la misma cumbre, sherpas, uso de “medicinas”, ser rescatados y/o ayudados, dejar atrás a compañeros, utilizar el helicóptero… pero “sin oxígeno”.
El estilo es mucho más importante que el hecho de ascender sin oxígeno. En este caso es evidente: es mejor emplearlo que ascender y descender (aun con cuerda fija hasta la cima) en malas condiciones, sembrando la alarma por la radio, tomando “medicinas” y dejando arriba a compañeros.
Darío RODRÍGUEZ

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En este número: ochomilismo a debate con el Lhotse 2011, roca clásica en Vercors, La Torre de Marboré en Pirineos, Fowler y Ramsden en el Sulamar, y viaje "free" a los Neddles californianos. En material, 7 rarezas muy recomendables.
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