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CIMA EN EL LHOTSE Y CASI EN MAKALU Y EVEREST

Elisabeth Revol: "Sólo quería llegar lo más alto que pudiera"

La francesa es una de las alpinistas más resolutivas y valientes del momento, como demostró en sus intentos invernales al Nanga Parbat o en el triplete Broad Peak, G1 y G2 de 2008. Esta primavera ha subido el Lhotse y se ha quedado cerca en el Makalu y el Everest.

Isaac Fernández/DESNIVEL - Miércoles, 5 de Julio de 2017 - Actualizado a las 13:17h.

Elisabeth Revol a 8.400m en el Makalu. Junio 2017.
Elisabeth Revol a 8.400m en el Makalu

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Elisabeth Revol es uno de los nombres femenino de mayor dimensión en la escena himalayística actual. Su trayectoria es completamente inusual, aunque siempre digna de admirar. Su primera experiencia a más de 8.000 metros fue en 2008, en el Karkórum pakistaní, donde no necesitó más de 16 días para ascender el Broad Peak, el Gasherbrum II y el Gasherbrum I; estos dos últimos picos, además, los enlazó sin bajar hasta el campo base, en 52 horas de esfuerzo.

El año siguiente, 2009, realizó un intento al Annapurna por la ruta Británica de 1970, en compañía de Martin Minarik, que desapareció durante el descenso. A continuación, se tomó unos años de descanso de las grandes montañas, para dedicarse a los raids de aventura, en los que se proclamó campeona de Europa 2012 con el Team Lafuma.

En invierno de 2013, Elisabeth Revol descubrió su veradera pasión, las expediciones invernales, con un primer intento al Nanga Parbat en compañía de Daniele Nardi. Repitió en 2015 y 2016, cuando protagonizó sendas notables tentativas con Tomek Mackiewicz. Tras la primera al Nanga Parbat invernal de Álex Txikon, Ali Sadpara y Simone Moro, la francesa mudó de objetivo y pasó el invierno de 2017 a los pies del Manaslu.

Esta primavera –tras quedar fuera de la expedición prevista por Adam Bielecki y Louis Rousseau al Cho Oyu–, decidió probarse a mayor altura, habida cuenta que el pico más alto que había escalado era el Gasherbrum I (8.080 m). Primero se fue al Makalu (8.485 m), donde estuvo muy a punto de alcanzar la cumbre y tuvo que renunciar en la antecima, a unos 8.445 m. Después se fue al Lhotse (8.516 m), donde sí alcanzó la cumbre de su cuarto ochomil. Y todavía tuvo fuerzas para realizar un muy buen intento al Everest (8.848 m), donde el viento excesivo le motivó a dar la vuelta a entre 8.400 y 8.500 m. Tres veces por encima de los 8.400 metros, en tres montañas diferentes, sin oxígeno ni sherpas de apoyo.

Hablamos con ella para que nos transmita su relato de esta temporada y sus impresiones acerca de la travesía de los Gasherbrums, el objetivo de este verano para Alberto Iñurrategi, Juan Vallejo y Mikel Zabalza.

"La idea era escalar alto, para saber lo que sucede más allá de los 8.000 m"

¿Qué sensación te queda después de tu temporada de primavera en el Himalaya?
Una sensación verdaderamente buena, y una gran experiencia en altura. La idea era escalar alto, para saber lo que sucede más allá de los 8.000 m. Sólo tengo un poco de frustración por no haber terminado de ascender el Everest a causa de las condiciones meteorológicas y mis propios límite, que yo misma me marqué, para no arriesgarme demasiado y cruzar la línea...

¿Cuáles eran tus objetivos?
Mi objetivo era sólo escalar por encima de los 8.000 m para tener la experiencia y ver qué ocurría. Por ello elegí el Makalu por la ruta normal (también por el calendario, porque normalmente la cima en el Makalu es alrededor del 10 de mayo) y si tenía tiempo me trasladaría al Lhotse para también escalar esta montaña por la ruta normal, porque es un poco más alta que el Makalu. Mi objetivo sólo era alcanzar el punto más alto que pudiera... sólo por la experiencia.

¿Cómo fue el proceso de aclimatación?
Aclimaté como es habitual, en dos fases. En la primera, fui hasta el campo 2 y pasé una noche, y en la segunda fui hasta el campo 3 y pasé una noche (pero en esta ocasión, la noche en C3 no fue posible debido al fuerte viento). Así que sólo alcancé la altura de 7.000 m.

"El del Makalu fue un intento de cima épico de 24 horas"

Empezaste con el Makalu y casi llegaste a la cima. ¿Cómo fue?
Fue un intento de cima épico de 24 horas en altura y regreso al CB... Una noche llena de adrenalina en el intento a cima en el Makalu. Con luna llena. ¡Silencio en una gran montaña!

El 9 de mayo, retrasé 24 horas mi intento de cima porque estuvo nevando con fuerza durante todo el día. Estábamos atascados en una tienda minúscula y nos quedaban pocas provisiones. Mi ánimo era bajo: la ventana se estaba cerrando y afronté la perspectiva de tener que repetir unos 2.000 m de escalada otra vez. Siete de nosotros tomamos la decisión de intentar el ataque a cima en estilo alpino esa noche. Pusimos unas reglas: nos daríamos la vuelta si empezaba a nevar fuerte o si perdíamos visibilidad. Sabíamos que nuestras opciones eran mínimas. Pronto salió el sol en el C3 con unas vistas gloriosas del Everest y el Lhotse. Inmediatamente, ¡mi ánimo creció!

Salí a por la cima a las 22.00h. Cruzamos las laderas cargadas de nieve del Makalu-La a la luz de la luna llena, sintiéndonos privilegiados por estar solos en esta enorme pirámide. Me sentía energizada por el silencio nocturno. Caminamos a buen ritmo bajo la enorme sombra lunar que dibujaba el Everest.

Llegamos al couloir de los Franceses a 8.100 m, el sol ya había salido, pero la topografía de esta largo clave creaba ráfagas de viento de 60 km/h. Los últimos 200 m de escalada nos llevaron varias horas y fueron lentos y meticulosos. Largos técnicos y empinados, con una suave nieve azúcar llevada por el viento. En ese momento, sentí que las posibilidades de hacer cima estaban menguando. Lo que antes requería respirar una vez, ahora exigía hacerlo cinco veces. Pronto vi un par de figuras con oxígeno bajando. Me cayó una lágrima. Mi energía se disparó. Conseguimos llegar hasta la arista cimera. Nos detuvimos a unos metros de la cima real al considerar que una cornisa súper fina de la arista era demasiado frágil para cruzarla. Nuestra perseverancia y el hecho de probar suerte con la previsión a corto plazo valió la pena. Las vistas desde la arista cimera del quinto pico más alto del mundo eran impresionantes. El algodón de las nubes hacía de suelo para resaltar espectaculares picos de 8.000 m: Kangchenjunga, Everest y encadenada a él la empinada cara este del Lhotse...

"Llegar a la cima del cuarto pico más alto del mundo fue como un sueño"

Entonces decidiste ir al Lhotse y hacer una ascensión bastante rápida hasta la cima...
Sí, mi plan era ir al C2, hacer noche allí, ir al C4, hacer noche y subir a la cima. Pasé la noche anterior al ataque a la cima del Lhotse en mi tienda con unas vistas soberbias del Everest.

Dejé mi tienda para otro intento sin oxígeno a las 9.30 h. La vista estaba dominada por una visión soberbia del Everest, con su arista iluminada completamente por una miríada de alpinistas... ardiente ambición humana para alcanzar el cielo... Ese día en el Lhotse éramos sólo seis. Dos de ellos se dieron la vuelta... yo iba la última... Sentía mi cuerpo fuerte, como el viento, que se intensificó notablemente en la última sección... Ahí, justo a 10 metros bajo la arista, se nos hizo visible la imagen de un alpinista momificado –rasgos y sexo irreconocibles, vestido con ropa Mountain Hardware–... un duro recordatorio de los peligros de estar en ese aire fino. Llegué a la cima del cuarto pico más alto del mundo, ¡como en un sueño! ¡Estaba tan feliz de haberlo hecho! Pero no me quedé mucho tiempo debido al viento realmente fuerte. Intenté cambiar mi posición y perdí un guando con el viento, así que sólo tomé una foto y regresé 30 m más abajo para protegerme.

"Estaba aclimatada y tan cerca del Everest que no pude resistirme"

En lugar de volver a casa, intentaste también en el Everest hacia al final de la estación. De nuevo llegaste hasta bastante arriba sin oxígeno, ¿qué sucedió allí?
Cuando estás aclimatada, te encuentras tan cerca del Everest y saber que ese es tu sueño desde que eras joven... ¡no pude resistirme! Mi corazón y mi cabeza no podían quedarse en el CB y lo tuve que intentar.

Me sentía realmente bien, mi cuerpo estaba recuperado, así que me sentía fuerte de nuevo, pero el tiempo era verdaderamente malo, y le había prometido a mi marido no arriesgarme... así que con ese tiempo decidí darme la vuelta. Y después de eso, la temporada se acabó para intentarlo de nuevo...

"Siempre escalo sin oxígeno y sin colaboradores de altura; no quiero cambiar mi estilo"

¿Tienes como proyecto completar los 14x8.000? ¿Todos sin oxígeno?
No, ese no es mi principal objetivo. No quiero escalar los catorce ochomiles. Pero sí, siempre escalo sin oxígeno y sin colaboradores de altura, y no quiero cambiar mi estilo.

Esta temporada me recuerda un poco a ese verano de 2008, cuando escalaste el Broad Peak, el G1 y el G2. ¿Cómo fue aquella expedición?
Fue mi primera experiencia en los ochomiles. Antes sólo había alcanzado los 6.500 m en América del Sur, pero me enamoré de la altura.

En aquella expedición, fui con Antoine Girard, pero sufrió apendicitis durante nuestra aclimatación, así que la expedición se acabó para él y me quedé sola. Nuestra logística en el CB estaba compartida con cuatro rusos: Valery Babanov, Valery Shamalo, Pawel Choccia y Victor Affanasief. Estuve con estos cuatro alpinistas en un ataque a cumbre al Broad Peak, pero con un timing diferente, porque yo decidí subir directamente al campo 3 desde el CB en un día y ellos decidieron tomarse más tiempo... Así que sólo nos encontramos en C3. En el G2, fui sola desde el C1, y crucé un glaciar que daba miedo entre el CB y el C1 con Simone Laterra y Pawel Michalski. En el G1, también fui sola hasta el C3, y en el ataque a cumbre me encontré a los cuatro rusos para acabar la última sección juntos, ¡fue un momento muy bonito!

"El invierno es la estación que más me gusta porque puedo disfrutar realmente de la montaña"

Este verano, una expedición española intenta repetir la travesía de los Gasherbrums. ¿Cómo recuerdas esa travesía? Cuando la hiciste, ¿descendiste hasta el ccollado, hasta el plateau o hasta el CB entre ambas cimas?
Hice el G2-G1 en poco tiempo: 52 horas. Desde la cima del G2, el 30 julio, descendí directamente hasta el C1 (que comparten G1 y G2). Pasé allí una noche, y después fui al C3, donde pasé otra noche e hice cima el 1 de agosto.

Por otro lado, eres una experta alpinista invernal después de varios intentos al Nanga Parbat. Hemos oído que podrías regresar al Himalaya el próximo invierno. ¿Quizás al Everest con Tomek Mackiewicz?
Sí, realmente me encanta el alpinismo invernal. Creo que es la estación que más me gusta porque puedo disfrutar realmente de la montaña, el silencio, la atmósfera... Así que probablemente regresaré el próximo invierno al Himalaya. Pero no al Everest; ese no es mi principal objetivo, y no con Tomek.

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