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Ferran Latorre: "El Everest lo tiene todo, sueño, pasión, reto deportivo, belleza"

El alpinista de Vic intentará completar los 14x8000 sin oxígeno en el Everest esta primavera y ser el primer catalán en la lista. Hablamos con él para que nos cuente sus impresiones antes de iniciar esta expedición.

Darío Rodríguez/DESNIVEL - Lunes, 20 de Febrero de 2017 - Actualizado a las 14:30h.

Ferrán Latorre en las Jornadas Montaña Arganzuela 2015
Ferrán Latorre en una imagen de archivo (2015) (©Darío Rodríguez/DESNIVEL)

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  • Ferrán Latorre en las Jornadas Montaña Arganzuela 2015 Ferrán Latorre en una imagen de archivo (2015)
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  • Ferrán Latorre en las Jornadas Montaña Arganzuela 2015 Ferrán Latorre en una imagen de archivo tomada en las Jornadas Montaña Arganzuela 2015
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Ferran Latorre intentará esta primavera subir al Everest sin oxígeno por séptima vez en su carrera como alpinista y completar de esta manera los catorce ochomiles. En caso de lograrlo, sería el primer catalán en conseguirlo, adelantando in extremis a Òscar Cadiach, a quien desde hace tres años se le resiste el Broad Preak (lo intentará en verano de nuevo).

En esta ocasión, regresará a la vertiente sur, por Nepal, e intentará la ruta normal. Para ello, cuenta con dos compañeros de cordada –el austriaco Hans Wenzl y el rumano Horia Colibasanu–, integrados en un grupo mayor que principalmente irá con oxígeno.

Aprovechamos la tesitura para hablar con este alpinista de Vic (Barcelona) de 46 años de edad con quien siempre es un placer intercambiar ideas y palabras. Para empezar, le pedimos que se defina: "Creo que soy alpinista, himalayista, escalador, porque es algo que llevo haciendo muchos años y además me considero una persona muy curiosa, melómano y amante de la ciencia en general, es decir de las grandes preguntas: ¿qué hacemos aquí? ¿por qué estamos aquí? Como todas las personas, creo que soy muchas cosas y es difícil definirse con una sola".

"Voy a la montaña para conquistar la belleza, por el reto deportivo y para descubrir lugares nuevos"

¿Qué es lo que hacemos en la montaña?
¿Qué es el alpinismo para mí? Una respuesta rápida y directa es que el alpinismo es prácticamente mi vida. Desde que empecé a hacer montaña a los 12 años hasta ahora, me he pasado casi un tercio de mi vida perdiendo el tiempo –entre comillas– en la montaña. O sea que el alpinismo es mi vida, es mi razón de ser seguramente y, en este sentido, es diversión, es esfuerzo, es trabajo en mi caso también y sobre todo es pasión.

¿Qué buscas en el alpinismo?
Más que en el alpinismo, yo creo que lo busco en la montaña. Creo que hay tres razones por las cuales uno se dedica a la montaña o al alpinismo. Hay una cierta conquista de la belleza, es decir, conquistar lugares salvajes y bellos, por el simple hecho de querer formar parte de ellos. En segundo lugar está el reto deportivo, por el simple hecho de querer afrontarlos y solucionarlos. Y en tercer lugar, está la parte de curiosidad, de exploración, que para mí es muy importante: descubrir lugares nuevos, descubrir lugares salvajes y tener la sensación de estar en lugares privilegiados, donde pocos pueden llegar. Yo creo que esa sensación es quizás la más bonita que uno tiene como alpinista.

"Simplemente me hace ilusión poner los pies en las catorce montañas más altas del planeta"

Estás a punto de completar los Catorce, ¿qué son y por qué completarlos? ¿Qué sentido tiene?
El porqué del proyecto de los Catorce es una pregunta que me hacen mucho. Yo supongo que , después de haber escalado seis ochomiles a lo largo de mi etapa con Al filo de lo imposible, me planteé qué hacer a partir de entonces y consideré que era un proyecto bonito, que tiene sentido, que es cerrado con un inicio y un final, que le da un sentido a lo que he estado haciendo estos años y como alpinista, simplemente me hace ilusión poner los pies en las catorce montañas más altas del planeta. Creo que a cualquier montañero, diga lo que diga, le haría ilusión: Nanga Parbat, Kangchenjunga, K2, G-I, G-II... son montañas míticas, que todos los que hemos hecho alpinismo deseamos subirlas. Y también es una manera de cerrar un proyecto personal. Uno en la montaña va un poco como divagando, haciendo una montaña y otra, pero sin mucho criterio. El proyecto de los catorce ochomiles le da un poco de sentido a mi carrera deportiva y profesional. Si lo acabo, la respuesta a por qué lo haces será porque me sentiré profundamente satisfecho. Esa ya es una razón para haberlo intentado y espero haberlo concluido este año.

Ser el primer catalán en terminar los Catorce ha adquirido un cierto tono emocionante, pues sois dos catalanes a quienes os falta un solo ochomil: Òscar Cadiach y tú...
En realidad, hemos de decir que lo hemos pactado entre Òscar y yo para crear expectativas [risas]. No ha sido así, pero lo cierto es que podría, puesto que ahora hay cierta emoción alrededor de intentar terminar los catorce ochomiles... Ha sido casualidad. Este proyecto lo empecé hace muchos años, pues tuve la idea en 2009. La casualidad ha hecho que al final acabáramos los dos casi en empate técnico, y también es bonito que sea así y que los dos lo merezcamos de igual manera. Los dos desde trayectorias muy distintas, desde orígenes muy distintos, seguramente con finalidades distintas... sería muy bonito que concluyéramos el mismo año e incluso el mismo día. Ya sería el súmum, aunque no sea posible. Más allá de esta coincidencia, lo bonito es que Òscar Cadiach y Ferran Latorre concluyan los catorce ochomiles, porque hace muchos años que nos dedicamos a esto y creo que lo merecemos.

"Ser el primero en algo siempre hace ilusión"

¿Este hecho hace que tengáis una presión, por el hecho de la competición?
Un poco sí, porque siempre hace ilusión ser el primero en algo. Pero para mí no es concluyente ni evidentemente es lo más importante y tampoco hay presión económica, por lo tanto... Si el alpinismo está al margen de todas estas cosas –que debería estarlo como deporte especial que es–, también debería estar al margen de esta competitividad que es más evidente en otros deportes. Sí que hay un cierto reto y una cierta competición, pero quiero pensar que es una competición sana. Más por la curiosidad de ver quién acaba primero que por lo que representa en sí. Para mí, lo importante es que yo quiero subir a las cumbres de los catorce ochomiles del planeta. Y además, puedo contar historias fantásticas de todas ellas, independiente de que sea el primero o el segundo, da igual. La historia que he vivido en este proyecto ha merecido muchísimo la pena, de momento.

El que te queda ahora es el Everest y sin oxígeno, que es un reto importante, ¿no? Porque subirlo con oxígeno no es problema, pero sin oxígeno...
Todo el mundo comienza con el Everest y todo el mundo me pregunta si me queda el más fácil. Pero yo siempre digo que no, que el Everest para mí es el más difícil de todos, puesto que sin oxígeno artificial seguramente es la montaña más difícil de todas, en igualdad de circunstancias. Es 200 metros más alto que el K2. Yo tengo mis dudas, porque sé que es mi límite deportivo y para mí es complicado acabar así. Pero también pienso que es una manera muy bella de terminar este proyecto, porque es un gran reto deportivo y le pone mucha épica al final de este proyecto y en segundo lugar porque es la montaña que siempre he soñado escalar, desde que tengo 12 años. Pienso que es súper bonito acabar mi ciclo deportivo profesional escalando el Everest. Me hace mucha ilusión aunque estoy asustado porque es un gran reto deportivo.

"Si me pasara una emergencia, utilizaría oxígeno y supongo que la gente lo entendería"

Lo de subir sin oxígeno. ¿lo tienes claro? Para completar los Catorce, ¿no subirías con oxígeno?
Mi proyecto deportivo y mi gran ilusión es intentar el Everest sin oxígeno artificial. Se utiliza oxígeno por una emergencia, y si me pasara algo utilizaría oxígeno y supongo que la gente lo entenderá.

¿Cómo es esa altura sin oxígeno? Tú como máximo lo has vivido en el K2...
En el K2 estuve a 8.611 m, pero también en el Everest estuve en el Segundo Escalón en el año 2001 con Al filo de lo imposible. Son alturas muy similares. La verdad es que lo vivo como un límite muy justo para mí y no tengo muy claro cómo va a ir. Estoy entrenando más que nunca, creo que estoy bien, creo que llevo una buena progresión en estos últimos años... Pero también soy consciente de que a veces yo me crezco ante las dificultades y eso es lo que me da esperanza. En el alpinismo pasa muchas veces, que cuando te propones proyectos que son tu límite, pero que sabes que tienen sentido –no me estoy proponiendo ninguna locura–, acostumbro a dar lo mejor de mí mismo, como si me centrara muchísimo y fuera capaz de dar más de mí mismo... Intuyo que esta vez va a ser así, que me va a costar mucho, que va a ser muy duro, pero que voy a ser capaz de hacerlo, aunque la seguridad no la tengo del todo.

"El Everest sin oxígeno no es un problema alpinístico, sino de capacidades fisiológicas"

¿Qué es lo que más te preocupa de la ascensión al Everest?
Sobre todo, mi capacidad deportivo-fisiológica, podríamos decir. Al final, el Everest sin oxígeno no es propiamente un problema alpinístico, sino de capacidades fisiológicas personales. Es muy al límite en mi caso y eso es lo que más me preocupa, si voy a ser capaz fisiológicamente de llegar hasta la cumbre sin oxígeno artificial.

En tus anteriores experiencias al Everest, ¿qué pasó para que no pudieras subir? ¿Cómo lo recuerdas?
He estado seis veces en el Everest y he vivido un poco de todo. He vivido situaciones de mal tiempo cuando estaba muy bien y a mucha altura, en el año 2000. En 2001, sin embargo, no me encontré muy fino. Luego estuve también en el corredor Hornbein con Alberto Iñurrategi y Juan Vallejo intentando la montaña en estilo alpino, con un proyecto alpinístico mucho más ambicioso. La última vez que estuve fue en 2012, cuando tuve que rescatar a un sherpa a 8.200 m de altura y ahí se acabó la expedición. He vivido todas las circunstancias y vicisitudes posibles y espero que la sexta sea la definitiva y que si hay alguien que maneja el cotarro del universo sea benevolente y condescendiente conmigo.

"El Everest para mí es un sueño de la infancia"

¿Cómo es el Everest?
Para mí, es una montaña muy especial. Primero, me parece una montaña preciosa y espectacular. Luego, tiene toda la mítica de lo que ha representado para la historia del alpinismo; creo que en esta montaña se han escrito de las mejores páginas de la historia. También es un icono. Yo comencé a hacer alpinismo muy motivado e inspirado por el Everest como montaña y como proyecto: de pequeño leí los libros de Messner, de Habeler, de Bonington, de John  Hunt... para mí, es un sueño de la infancia. Reúne todas las cosas: sueño, pasión, reto deportivo, belleza... tiene todo lo que un alpinista desea de una montaña.

¿A qué altura se empieza a notar la altura realmente?
Yo diría que a partir de los 7.500 m se nota bastante la altura. Creo que a esa altura hay una barrera bastante importante, al menos en mi caso. Notas que algo límite pasa en tu cuerpo. Algunas veces, ha sido más arriba a 7.800 m u otras veces más abajo a 7.300 m... A partir de ahí es un poco sálvese quien pueda. Unos años estás un pelín mejor y lo soportas más, otros años estás peor y lo soportas menos...

¿Hay algún otro momento o a partir de ahí ya...?
Depende de muchas circunstancias, a veces ha sido más allá de 7.500 m, e incluso en el Makalu empecé a sufrir a partir de los 8.100 m, y también en el Manaslu y en el Shisha subí muy fuerte hasta los 8.000 m... Pero a partir de 7.500 m, empieza la hiperventilación, empiezas a notar que te falta seriamente oxígeno. Y lo único es que algunas veces lo soportas mejor que otras a más altura.

"La cantidad de gente no me preocupa tanto como llegar entero al C4"

¿Quizás la clave en el Everest es la cantidad de gente que va a haber con oxígeno y que pueden hacerte de tapón?
Sinceramente, la cantidad de gente no me preocupa tanto. Puede influir, pero yo no soy tan rápido sin oxígeno como para que esto sea decisivo. Creo que el factor más importante para mí es llegar entero al C4 (7.900 m), no llegar muy agotado. Llegar todavía entero, poder descansar esas noches y salir más o menos entero de 7.900 m u 8.000 m, que es el Collado Sur. La clave también es el día de cumbre, que es un día largo, con casi 1.000 metros de desnivel, encontrar un ritmo que no te queme demasiado pronto. Habría que llegar con algo de pila al Balcón (8.500 m). Pero ya veremos.

¿Cómo tenéis planteado el grupo?
En principio, me acompaña Hans Wenzl, un alpinista austriaco con el que he estado ya varias veces; nos acompañará también seguramente Horia Colibasanu, que ha estado muchos años con Iñaki Ochoa; y luego estará otra gente utilizando oxígeno en mi grupo, pero básicamente seremos nosotros tres.

"La ascensión más dura de mis 13 ochomiles fue la del Nanga Parbat"

Pegando un repaso atrás al resto de ochomiles, ¿cuál es el que más te ha costado?
De las 13 expediciones que he estado, la ascensión globalmente más dura –que no quiere decir la más difícil, que quizás sería un término más técnico– seguramente sea la del Nanga Parbat, la última. Intentamos abrir una ruta nueva con esquís; nos quedamos a 7.850 m aproximadamente; volvimos a bajar al CB; era un año difícil, en el que no había gente y por lo tanto había que acometer nuevamente la ruta normal prácticamente en estilo alpino, porque sólo se había equipado algo hasta el C2; tres personas solas... Y lo duro que es psicológicamente haber casi subido por una ruta nueva, bajar, volver a coger motivación para intentar la ruta normal en estilo alpino, la ruta más larga y sin cuerdas.

¿El ochomil que más has disfrutado?
Lo de disfrutar y sufrir, a veces son vasos comunicantes y a veces en el que más se ha sufrido es también en el que más se ha disfrutado... Disfrutar, en la sur del Shisha Pangma, una expedición preciosa, lugar precioso, montaña preciosa, con buenos compañeros (José Carlos Tamayo, Juan Vallejo, Jorge Egocheaga), fue además mi primer ochomil en 1992 (he subido dos veces por la sur del Shisha en estilo alpino)... Luego, como experiencia alpinística, diría que el Nanga Parbat.

"La experiencia más dura fue en 1995 en el Everest, cuando murió mi amigo Xavi Lamas"

¿La experiencia más dura?
Sin lugar a dudas, la experiencia más dura fue en 1995, cuando intentamos el Everest en estilo alpino –yo era muy joven, 24 años– y en esa expedición murió un amigo mío, Xavi Lamas, en un alud que provocamos nosotros en una montaña cercana al Everest en la que aclimatamos. Cuando pasa esto, es lo más duro. No hay nada más duro que te pase algo así en la montaña.

¿Cómo es tu vida? Porque te gusta la montaña, la música, eres padre de familia...
Mi vida es complicada como las vidas de la mayor parte de la gente. Vivir hoy en día es complicado: tenemos infinidad de estímulos, de campos distintos por recorrer, tenemos hiperconexiones con las nuevas telecomunicaciones... Vivimos un mundo apasionante, muy vibrante pero al mismo tiempo agotador. Vivo con una cierta dispersión. Muy focalizado en la montaña en todas sus vertientes: deportiva, de comunicación, de buscar patrocinadores, de tirar adelante un proyecto que no es fácil, la vertiente familiar, la vertiente personal... y lo que cuesta pagar una hipoteca o pagar un alquiler, el coche, la escuela de los niños, ir a buscar a los niños a las cinco saliendo de un entreno, buscar patrocinadores... Es una vida compleja pero como la mayoría de vidas, sin más. Pero también es apasionante que tenga tantas vertientes. Me aburriría mucho en la vida si sólo hiciera una sola cosa. En este sentido, creo que soy muy afortunado.

¿Cómo vives el tema de la comunicación actual y las redes sociales? ¿En qué ha cambiado?
El alpinismo ha cambiado muchísimo y no por el material, que dio un salto cualitativo muy grande en los años ochenta. El gran cambio en el alpinismo han sido las tecnologías: internet, las comunicaciones... Y como todo en la vida tiene cosas buenas y cosas malas. Me voy a centrar en las buenas: por fin el alpinista puede crear su espacio mediático y llegar a sus seguidores, puede crear su mundo, su proyecto y hacerlo llegar a la gente. Hasta ahora no pasaba y es una gran oportunidad para todos nosotros.

"Es apasionante poder contar una expedición online"

Pero a la vez también es una oportunidad peligrosa, porque no hay filtro a la hora de contar las cosas...
Eso ha pasado toda la vida. Como he dicho, tiene cosas buenas y cosas malas. Las malas es todo el ajetreo que supone contar todo lo que haces en tu vida. Pero a mí me parece bonito, y el mero hecho de publicar una fotografía bonita ya es interesante. Y el hecho de que haya filtros o no... yo tengo mis dudas, y creo que la gente sigue buscando las referencias fidedignas: creo que la gente sigue entrando en Desnivel.com para saber qué sucede en el mundo del alpinismo y luego puede seguir a gente que le interesa puntualmente. También hay que tener en cuenta que esto acaba de empezar y cuando las cosas empiezan puede haber errores por parte de todos. Creo que las cosas se están aposentado y los medios de comunicación de toda la vida siguen siendo una referencia, y es necesario que haya una referencia. Y no solo en el alpinismo, sino en el periodismo en general. Eso no quita que el alpinista tenga la oportunidad de llegar a la gente desde su página web, y eso es bueno.

Y luego en la montaña debe romper mucho el ritmo: twittear, facebookear, bajar fotos, montar vídeos... y con lo mala que es la electricidad allí...
Esa es la cosa mala. Nos da mucho trabajo, es un estrés, pero realmente es apasionante poder contar una expedición online. Eso ha hecho que cambie mucho el alpinismo: antes vivías aislado y pasabas el tiempo paseando y leyendo libros; hoy en día pasas mucho tiempo colgando fotos en la red, escogiéndolas, escribiendo, pensando qué vas a publicar mañana o de qué podría hablar...

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