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SOLO UNO SOBREVIVIÓ

Jordi Canyameres relata cómo Quico Dalmases y él se enfrentaron en el Dhaulagiri (1989) a la decisión mas dificil: cómo morir

Jordi Canyameres y Quico Dalmases intentaban el Dhaulagiri (en 1989) por la ruta checoslavaca. El sexto día, a 7.600 metros, el tiempo cambió de repente. Al límite de sus fuerzas, tuvieron que tomar una decisión totalmente personal: cómo querían morir. Quico optó por la cima y Jordi por descender por una vertiente de la montaña que no conocía.

Darío Rodríguez y Héctor Hernández - Miércoles, 14 de Diciembre de 2016 - Actualizado a las 15:00h.

Quico Dalmases en la expedición al Dhaulagiri en 1989.
Quico Dalmases en la expedición al Dhaulagiri en 1989. (©Jordi Canyameres)

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Quico Dalmases fue, sin lugar a dudas, uno de los mejores alpinistas de su época pese a que la actividad que realizó es prácticamente desconocida. Escaló intensamente en los Andes y en los Alpes, donde logró la primera ascensión en solitario española a la norte del Eiger. En 1989, con un currículm ya importante, decidió dar el salto a los ochomiles y se embarcó con Jordi Canyameres en una expedición al Dhaulagiri por la ruta checoslavaca de 1984, que aún hoy está sin repetir.

Tras seis días de ascensión ambos alcanzaron un collado a 7.600 metros. Atrás habían dejado la parte más difícil de la escalada. Pero la temperatura bajó de forma brusca y no mejoró ni de noche ni de día, lo que les llevó a una situación límite en la que tuvieron que tomar una decisión muy personal: ¿cómo preferían morir? Quico decidió intentar la cima para descender por la ruta normal y Jordi optó por descender por una pared desconocida. Solo uno de los dos sobrevivió.

Jordi Canyameres rememora aquel suceso en esta entrevista veintiséis años después.

Todo empieza con un proyecto comprometido. Elegís una vía que se había abierto solo unos pocos años antes.
Fue una ruta que abrieron los checoslovacos en 1984 que era francamente difícil, una pared bien grande de 4.000 metros de desnivel en la cara oeste del Dhaulagiri (8.167 metros). Una ruta  desconocida hasta el momento y que hoy aún sigue sin repetir. Nosotros teníamos el campamento base justo donde empieza la pared, a unos 3.800 metros, así que hasta la cima teníamos unos 4.300 metros de desnivel.

"La temperatura bajó extremadamente"

¿Cómo fue el inicio de la expedición
Como la pared es bastante complicada no aclimatamos allí, sino que hicimos un par de cumbres cercanas al Dhampus Pass, que están en el itinerario para llegar al campo base. Hicimos una aclimatación de 15 días haciendo el Putha Peak y el Breithorn, al lado del Tukuche Peak. Aclimatamos bien y luego afrontamos la pared directamente.

¿Ibais solos?
Nos acompañaba la novia de Quico, Nathalie Rico, que esperó en el campo base junto a un cocinero, un ayudante y un par de porteadores. Cuando hicimos la ascensión se trasladaron del campamento de la pared oeste al campamento que hay al pie de la ruta normal, por donde teníamos previsto bajar.

¿Cómo os planteáis la ascensión?
Estuvimos seis días ascendiendo en estilo cápsula. Por las noche sacábamos una tienda especial que se podía montar en pared si era necesario y al día siguiente desmontábamos todo y no dejábamos nada detrás, ni huella de cuerdas fijas. Así subimos cada día hasta llegar al collado que separa la pared oeste de la norte, a unos 7.600 metros.

Y entonces se os complican las cosas.
En las seis jornadas de escalada habíamos tenido las típicas complicaciones de roca y hielo, algún desprendimiento, alguna zona en mal estado... Hicimos una ascensión interesante, aunque la historia de nuestra expedición empezó la noche antes de llegar al collado, cuando la temperatura bajó extremadamente. No teníamos termómetro pero calculamos que podríamos estar a unos 40º bajo cero. Durante el día no se recuperó. Es verdad que las noches podían ser frías, pero se solía recuperar la temperatura cuando salía el sol.

"Teníamos la esperanza de encontrar otras expediciones que nos pudiesen ayudar"

¿Se os echó el invierno encima?
Exactamente, eso fue lo que pasó, lo supimos luego. Se adelantó el invierno, bajó la temperatura mucho y allí se quedó. Había otras expediciones por la ruta normal, entre ellas la de Enric Lucas y Christophe Profit, y todos abandonaron, pero nosotros no lo sabíamos. Estábamos a mucha altura, queríamos llegar a la cumbre como fuese para luego bajar por la vía normal, que era técnicamente más fácil. Teníamos la esperanza de encontrar otras expediciones que nos pudiesen ayudar porque el frío era terrible y estábamos agotados.

¿Qué pasó?
El séptimo día intentamos salir a la cumbre y hacía tanto frío que ascendimos menos de 150 metros, era tan horrible que no podíamos avanzar. Volvimos al collado, montamos la tienda y esperamos. Ese día fue terrible porque nos sentíamos muy cansados y veíamos que no nos recuperábamos. Por suerte estábamos bien aclimatados y no tuvimos problemas de mal de altura, aunque nos íbamos entumeciendo. Pasamos la noche casi sin dormir y por la mañana me empecé a asustar porque no podíamos hacer nada.

"Ninguno de los dos puso en duda la decisión del otro, no queríamos comprometer al compañero"

¿Y entonces?
En una situación límite intentas buscar soluciones, nosotros no sabíamos qué hacer. Teníamos algo de gas y tomábamos cosas calientes. Al día siguiente la temperatura seguía igual, pasaron las horas, y no sé cuál de los dos preguntó “¿Qué hacemos? ¡Nos morimos!”. Recuerdo que sentía sueño y me daba cuenta de que no era un sueño normal, que me iba apagando. Quico dijo que iba a tirar para arriba con la esperanza de llegar hasta la cumbre para luego descender por la ruta normal, que estaba equipada. Le contesté que yo, mejor, bajaba.

¿Por qué decidiste bajar?
La verdad es que descender por la misma pared por la que habíamos subido era muy difícil, habíamos hecho unos péndulos y yo no me veía capaz de hacer ninguna maniobra técnicamente difícil. Mi plan era saltar a la cara norte, de la que no sabía nada salvo por algunas fotos; recordaba nieve y hielo. Suponía que no era tan vertical. Solo pensaba en perder altura para no tener tanto frío. Luego ya pensaría qué hacer. Las dos decisiones eran una locura. Yo estaba convencido de que Quico no llegaría y estoy seguro de que él pensaba que lo mío era una temeridad. Ninguno de los dos puso en duda la decisión del otro, no queríamos comprometer al compañero.

"Quico veía una pequeña luz de esperanza superando la cumbre y yo perdiendo altura"

Era una manera de elegir cómo morir...
Sí, era algo así como: ¿Tú cómo prefieres morir? ¿Para arriba o para abajo? Si no hubiéramos tomado la decisión nos hubiéramos quedado dormidos allí. Quico veía una pequeña luz de esperanza alcanzando la cumbre y yo perdiendo altura. Eso hicimos cada uno.

Hicisteis una cosa muy simbólica: partir por la mitad la cuerda que llevabais.
Compartimos el material. Llevábamos una tienda pequeña y muy técnica que me la quedé yo porque sabíamos que el tramo que le quedaba a Quico hasta la cumbre era una arista muy complicado para poderla montar. Llevábamos un saco de vivac con una pequeña varilla que te permitía dormir dentro y hacer alguna pequeña maniobra como usar un hornillo. Eso se lo quedó él. Durante toda la escalada habíamos llevado el equipo muy bien repartido: quien llevaba la tienda porteaba todo el material necesario para montarla, porque pensábamos que si a uno de los dos le pasaba algo, quedarse con la mitad no le servía al otro para nada.

"Si me pasaba algo nadie iba a venir a buscarme"

¿Qué pasa después cuando os separáis? Te enfrentas a una gran pared desconocida...
Era una pared de más de 3.000 metros de desnivel. Recordaba que había una grandes formaciones de roca y nieve, las llamadas “peras” por donde se hicieron los primeros intentos al Dhaulagiri sin éxito. Había niebla y no veía bien por dónde bajar, así que fui descendiendo de forma directa hasta que me encontré con las primeras grietas. Fui franqueando por la derecha con intención de ir a buscar la ruta normal, la que va por la arista noreste.

¿Cuánto tardaste en bajar?
Estuve cinco días, los dos primeros con niebla. Cuando se abrió vi lo que aún me quedaba y fue un trauma. También me caí en grietas, me cayó un alud en la tienda una noche... Todo eso con el pensamiento de que nadie sabía que estaba allí porque no llevábamos radio. Aunque tenían prismáticos y teleobjetivos, los que estaban en el campo base nos buscaban por la ruta normal. Si me pasaba algo nadie iba a venir a buscarme salvo que Quico hubiera consiguido descender y contado que me había metido en esa pared.

"Nadie más ha pasado por la arista final que él tenía que recorrer"

¿Qué se te pasaba por la cabeza?
Tenía muchas alucinaciones y congelaciones: luego me amputaron el dedo gordo del pie derecho y tres falanges más. Se me hincharon los pies y no podía meter el derecho dentro de la bota, lo llevaba medio salido. No pasé miedo pero sí mucha tensión y estrés. Por las noches soñaba cosas extrañas, oía voces. Cuando regresé necesité algo de ayuda porque tenía problemas para dormir.

¿Qué pasó con Quico?
A él no le fueron tan bien las cosas. No sabemos aún qué sucedió. Con la mano en el corazón digo que no creo que llegase a hacer cumbre, aunque ojalá lo consiguiese. Aquel frío era tremendo. Cuando nos separamos, él también tenía congelaciones en ambos pies y no se ha visto a nadie más por allí, nadie más ha pasado por la arista final que él tenía que recorrer para llegar hasta la cumbre. No lo sé...

Dos años más tarde vuelves al Daulagiri y sufres un nuevo accidente...
Regresé porque es una montaña preciosa con mucha historia y a mí me gustan mucho las historias alpinas.

¿No le coges manía a la montaña tras la experiencia tan dura que habías vivido?
La montaña ha sido siempre mi vida, la montaña me encanta y el Dhaulagiri me tiene enamorado. Regreso allí dos años más tarde con unos compañeros para hacer la ruta normal. Montamos el campo 1, hacemos diferentes porteos y en la tercera subida, muy cargados ya para no volver al campo base, me caigo en una grieta que no habíamos visto.Teníamos cuerdas en los tramos difíciles pero aquel no lo era. Íbamos por libre con un autobloqueador. Acababa de pasar una cuerda fija y, al ir a buscar la siguiente, me hundí en una grieta 5 o 6 metros. Me di un golpe fuerte con la mochila y se me salieron los dos hombros. Tardé 10 días en llegar a Katmandú para que me volvieran a meter los brazos.

¿Aún te quedan ganas de volver a esta montaña?
Si tuviera el patrocinador, el tiempo y el dinero, iría. Ahora estoy casado y tengo tres hijos, es difícil pero me encantaría. Ahí están las montañas, no se sabe. Quizá un día regrese.

 

Para alpinistas intermedios y avanzados

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Planificación, consejos y trucos

por Máximo Murcia

Va dirigido por tanto a alpinistas intermedios y avanzados que quieren dar el salto a cordilleras lejanas; también a montañeros no escaladores que se plantean proyectos de ascensión a grandes montañas cuando éstas tienen rutas técnicamente fáciles. Y aborda cuestiones desde la organización de su expedición hasta su desarrollo y la resolución de contratiempos de todo tipo.

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