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Carlos Suárez: "tengo la sensación de que me voy a meter en algo comprometido"

Compartimos con Carlos Suárez su último día en Madrid. Es un día de mucho estrés para él: quedan muchos detalles de última hora, muchas cosas que hacer. Aun así saca tiempo para asistir a sus dos últimas sesiones de hipoxia intermitente. Le acompañamos en ellas y aprovechamos los minutos que tiene cuando se quita la máscara de oxígeno para conversar con él.

Darío Rodríguez - Viernes, 13 de Enero de 2012 - Actualizado a las 07:59h.

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Carlos Suárez en una sesión de hipoxia intermitente.
Carlos Suárez en una sesión de hipoxia intermitente. (Darío Rodríguez)

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  • Carlos Suárez en una sesión de hipoxia intermitente. Carlos Suárez en una sesión de hipoxia intermitente. (Darío Rodríguez)
  • Carlos Suárez en una sesión de hipoxia intermitente. Carlos Suárez en una sesión de hipoxia intermitente. (Darío Rodríguez)
  • Monitor de una sesión de hipoxia intermitente. Monitor de una sesión de hipoxia intermitente. (Darío Rodríguez)
  • Carlos Suárez en una sesión de hipoxia intermitente. Carlos Suárez en una sesión de hipoxia intermitente. (Darío Rodríguez)
  • Carlos Suárez en una sesión de hipoxia intermitente. Carlos Suárez en una sesión de hipoxia intermitente. (Darío Rodríguez)
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Vivimos con Carlos Suárez ese día “mágico” en que, aunque está aquí, de alguna manera ya siente que ha partido y comienza a echar de menos esas pequeñas y grandes cosas que en muy pocas horas va a dejar atrás. En medio del estrés en que vive los minutos antes de la partida, la conversación con Carlos se transforma en una interesante reflexión sobre lo que significa el alpinismo, el riesgo y lo que representa querer llevar una vida intensa. La gran pregunta: ¿Por qué parten los alpinistas?

Cuando nos despedimos de él marcha “corriendo” a casa a recoger el equipaje y de allí a Barcelona, donde al día siguiente [ayer] cogerá –junto con Alex Txikon– el avión a Pakistán. Mientras le vemos partir a este objetivo casi masoquista que es un ochomil invernal, mentalmente le deseamos mucha suerte. A él y a Alex Txikon. Dos caracteres muy distintos que en poco tiempo han ido conociéndose mutuamente hasta formar, ya antes de partir, una auténtica cordada, a la que unen una forma muy similar de ver la montaña y la vida. Alex Txikon, pura energía, un auténtico torbellino. Carlos Suárez, más tranquilo y relajado. Ambos muy buenos alpinistas y deportistas, extrovertidos, dotados de una gran capacidad de comunicación y empatía con la gente. Juntos se han ido ilusionando cada día un poco más con este proyecto de intentar el Gasherbrum 1 invernal.

Esta tarde, antes de partir a Barcelona,  tienes tu última sesión de hipoxia intermitente. ¿Hasta qué altura vas “aclimatar”?
T
engo que “subir” a 7.000 metros y salgo disparado a coger el tren a Barcelona para mañana volar  a Islamabad. Hasta dentro de seis días no volveré a estar en altura, pero todo el protocolo de hipoxia intermitente que he seguido me durará 15 o 20 días.

"Los pensamientos son muy extremos"

¿Cómo te sientes después de una sesión de hipoxia?
Un poco adormilado. Te quedas muy tranquilo, lo bueno es que te relaja un montón. Es muy bueno para el estrés y para la salud en general. Realmente se nota.

Volviendo al tema de las sensaciones de marchar a un ochomil en invierno. ¿Cuáles son los pensamientos que, en tus últimas horas en Madrid pasan por tu cabeza?
Los pensamientos son muy extremos, es como cuando he ido a hacer un salto base nuevo, o una aventura nueva, como un octavo grado sin cuerda; es la sensación de que me voy a meter en algo comprometido y eso ya te hace echar de menos cosas buenas, cosas que dejás atrás. Supongo que tendrá que ver con la magia de lo que es el alpinismo, de ver las cosas elementales a las que nunca les das importancia y que ahora empiezas a echar de menos. Es curioso: aún no he partido y ya las echo de menos.

"Es la sensación de que me voy a meter en algo comprometido y eso ya te hace echar de menos cosas buenas, cosas que normalmente pierdes."

Es la primera vez que marchas de expedición con Alex Txikon. ¿Cuáles son tus sensaciones respecto a él?
Nos llevamos muy bien. Es muy simpático, los últimos meses nos hemos visto mucho, nos lo hemos pasado muy bien. Es muy alegre, quizás  lo más importante que puedes encontrar en un compañero de expedición.

Siento en ti una contradicción.  En algún momento has comentado que no te atraían los ochomiles y vas a un ochomil y además en invierno.
Nunca he dicho que no me atrajeran los ochomiles, lo que no me atrae son las rutas normales, el hecho de subirlos sin más. Me da exactamente igual si ese ochomil es más alto o más bajo. Lo que no me atrae nada son los ochomiles que tienen riesgos que no dependen nada de ti, como el Annapurna. No me atrae absolutamente nada la ruta normal de esa montaña. Me atrae la idea de algo innovador, como esta expedición.

Tú siempre has sido muy minimalista. Has aligerado el material al máximo y has procurado siempre ir con el material mínimo para llevar el menor peso posible e ir rápido. ¿Has planteado así esta expedición?
Esta es la peor expedición en mi vida en cuanto a cantidad de material, porque sólo llevar dos paracaídas es ya demasiado. Voy con bastante equipaje, predispuesto a que en el aeropuerto me van a “clavar” [el exceso] por todos lados, pero eso no quita que siga persistiendo en la idea de que cuando vaya hacia la cumbre, iré muy ligero. Hasta me he comprado, hoy mismo, una cámara compacta muy pequeña, la mejor del mercado supuestamente, para poder llevarla el día de cumbre.

Respecto a otras expediciones, contaré una anécdota: al Cho Oyu me fui con un solo petate, una mochila grande. Salí de mi casa en metro porque dio la casualidad de que no coincidí con nadie para que me acercara. Me fui en metro al aeropuerto y volví del Cho Oyu a mi casa, desde el aeropuerto, en metro. Recuerdo que pensaba: ¡cuánto han cambiado los tiempos! Volvía de un ochomil con la cima en el bolsillo y en el metro. La experiencia era increíble. Eso me hizo ver que muchas expediciones ya no son expediciones, sino viajes interesantes de alpinismo, pero no se pueden llamar expedición como tal. Siempre me ha dado mucho reparo la palabra expedición.

Suena muy seria.
En ciertas comunidades la gente sigue abusando de la palabra expedición porque tiene fuerza de cara a “vender” un viaje, pero muchas veces se confunde la expedición con un viaje de colegas.

En cuanto al material que vais a llevar, ¿a qué le habéis dado más vueltas?
Llevamos calentadores, plantillas que generan calor... Sobre todo hemos apostado por la pluma, que es lo más caliente; en este caso llevamos monos de la marca Rab, que son los mejores monos para altura. Sobre todo pluma que es, definitivamente, lo más caliente. Abriga y aísla más, pero si se moja es un problema. Pero también contamos con que el frío en altura es muy seco y no se va mojar nada.

"Eso me hizo ver que muchas expediciones ya no son expediciones, sino viajes interesantes de alpinismo, pero no se pueden llamar expedición como tal. Siempre me ha dado mucho reparo la palabra expedición."

Hemos tratado de llevar el mejor material existente. Mi amigo Alfonso Vizán nunca se preocupó del material, le gustaba ir con cualquier cosa por el hecho de sentirse súper desnudo frente a la montaña. Pero en el caso de un ochomil en invierno es imposible, porque como no te plantees llevar las mejores tecnologías que hay, lo vas a pasar muy mal. Realmente estamos yendo con la mejor pluma, los mejores sacos, las mejores tiendas, el material más ligero. 

En esta expedición vas a estar comunicados casi como si estuvieras en casa: internet, teléfono satélite, etc. ¿Ser una expedición 2.0 quita algo de mística?
En esencia, hay algo que no cambia, sobre todo en invierno, estando solos en el Himalaya. Estás en medio de la naturaleza más salvaje, que es una de las cosas que más me atrae. Estás con un hilo de comunicación, que a veces no será tan efectivo por todos los problemas que sabes que hay siempre en estas condiciones; pero sí que han cambiado las cosas. No desconectas totalmente, no dejas tus problemas en casa como antiguamente. Mucho de eso te sigue acompañando, pero creo que a la hora de la cumbre, a la hora de estar haciendo alpinismo de verdad, sigue sin influenciar.

"Parece que si has hecho un ochomil, has hecho algo, cuando en realidad no es nada más allá que una experiencia más".

¿Se ha hecho alguna vez salto base desde algún ochomil?
En la mayoría de los ochomiles no hay posibilidad de llevarlo a cabo. Puede haber alguno que tenga cierto trozo de pared que permita abrir el paracaídas, pero lo que sí que se pueden realizar allí, en el Himalaya, son los saltos bases más altos del mundo, por ejemplo en el Trango. Son los saltos más grandes que se han hecho. Es espectacular el primer salto que se hizo de la Torre del Trango, en los años 80, sin la técnica de hoy en día, en la técnica del paracaidismo tradicional, abriendo casi sin separarse de la pared. Es una caña, tirarte al lado de la pared, rozándola... Es un milagro que no se mataran.

¿Por qué te llevas el paracaídas?
Lo llevo para jugar, más que nada, en la marcha de aproximación. Darle un toque divertido. Como ya la he hecho y Álex también, pues por entretenernos básicamente si encontramos algún lugar para saltar.

¿Hay algún salto base reciente que te haya marcado?
Probablemente los saltos nuevos que he hecho en los Picos de Europa. He redescubierto una zona con saltos absolutamente increíbles. Son saltos en los que se va a tener la posibilidad de salir con los trajes de alas, lo que pasa que yo no tengo la experiencia suficiente para volar con los trajes de alas. Pero en un futuro se van a hacer saltos increíbles, de 900 metros de desnivel. Eso va a suponer un minuto y medio o dos minutos de vuelo con el traje de alas antes de abrir el paracaídas en caída libre.

¿Cuáles son tus experiencias en los ochomiles?
Al Himalaya he ido alrededor de ocho o nueve veces. He hecho unas cuantas montañas de seismil metros, el Cho Oyu e intenté el K2. Estaba muy fuerte y quería quitármela de encima, porque la ruta normal [del K2] es bastante peligrosa, pero no pudo ser. Es algo que no descarto en el futuro. Esa es toda mi experiencia.

¿Cómo fue el Cho Oyu para ti?
Una experiencia única porque, por un lado, me hizo descubrir el Himalaya clásico de las expediciones comerciales, que no tiene nada que ver con la realidad. Esta montaña me permitió ver que muchas de las actividades que yo estaba haciendo en montaña eran comparables en cuanto a dificultad o interés. Pero comercialmente hablando, esto representó, por primera vez, que mucha gente me respetara un poco. Parece que si has hecho un ochomil, has hecho algo, cuando en realidad no es nada más allá que una experiencia más. Hoy en día está mucho más claro que no significa nada.

Lo que me sorprendió muchísimo, es que nada tiene que ver con la realidad. Allí hay un serac, a  seismil metros, que yo dije en su día que el 95% de los escaladores no serían capaces de subirlo. Si no fuera por las cuerdas fijas, no podrían superar ese tramo, por lo cual casi nadie podría llegar a la cima.

"El alpinismo que hacía Messner hace unos años, que parece haber quedado en el olvido y era un alpinismo de una categoría sensacional. "

Esto parece una tontería, pero es una realidad como un templo. Luego, la cima no es sólo una rampa larga y ascendente, que lleva un sitio desde donde se ve el Everest; la cima está más a la derecha. Incluido yo, mucha de la gente que ha llegado a ese punto cree que esa es la cima. Son pequeños detalles. Luego está el tema de las expediciones comerciales, pero ahí ya entra la ambición. Pagué un poco el precio de la inexperiencia, pero fui sincero y dije las cosas que opinaba, lo que había visto y lo que representaba para mí aquello. Eso me trajo unos cuantos disgustos.

Te gusta leer mucho. Supongo que habrás leído sobre la montaña la que vas.
Sí, he leído un poco. Lo que me ha llamado la atención es el alpinismo que hacía Messner hace unos años, que parece haber quedado en el olvido y era un alpinismo de una categoría sensacional. Es el caso también de Kammerlander. Hace años me sorprendió cuando lo dejó con trece ochomiles. Irónicamente su nombre ahora ha vuelto a saltar a la actualidad al subir a las segundas cimas más altas de cada continente, pero yo lo he seguido siempre. Parece que la gente se había olvidado de él. Lo conocí en Los Dolomitas hace unos cuantos años y me gustó. Fue sensacional porque hace un alpinismo increíble.

Cuando te llamo Alex para proponerte esta expedición, ¿te lo pensaste?
Me llamó  desde el campo base del K2. Yo estaba madrugando con Darío Barrio, el famoso cocinero de televisión, para ir hacer un salto base desde el Naranjo de Bulnes. Eran las seis de la mañana y justo antes de levantarme me llamó Álex para preguntarme si me animaba a ir con él en invierno, ya que no encontraba nadie. Le respondí al momento que sí.

Sin embargo, no os conocíais.
Sólo de haber hablado en alguna ocasión. Nos vimos hace seis años con un amigo común, Tomaz Humar, en Irún. Charlamos y nos caímos bien.

"Definitivamente eso es lo que mas me ha sorprendido de Alex: la energía que tiene "

Estos últimos meses has convivido mucho con Alex Txikon y, de alguna manera, lo has descubierto ¿es como pensabas?
No me imaginaba el torrente de energía que es. Cuando lo conoces te das cuenta de que es una de esas personas con una inteligencia natural increíble, que sabe estar en cualquier circunstancia, con cualquier tipo de persona. Es alguien que va más allá de lo normal, que si lo conoces, no te deja indiferente.

Definitivamente eso es lo que mas me ha sorprendido de Alex la energía que tiene y que es muy constante. Es una persona muy pragmática, inteligente, rápida, divertida, que no le da muchas vueltas a ciertos aspectos. Es un buen personaje.

¿Cómo es vuestro equipo, qué crees que aporta cada uno de vosotros a la expedición?
Creo que lo que vamos a aportar Álex y yo es mucha motivación. Los demás son todas personas muy, muy fuertes y que no conozco en profundidad, con lo cual  es algo que se tendrá que ver allí. Seguro que todo el mundo acaba aportando algo. Allí se ven las virtudes y las carencias de todos. Seguro que hay alguna discusión para llegar a un acuerdo, y luego vuelta a la normalidad.

Va a ser una expedición curiosa; un madrileño y un vasco, que hasta hace poco casi no se conocían...
Yo agradezco mucho el apoyo de Álex y el de toda la gente que le rodea, porque yo en Madrid no he sido muy conocido ni como alpinista, ni como escalador. No me conocen ni en mi bloque de pisos. Es interesante nuestra unión.

Dime que sensación, sentimiento, traen a tu cabeza, los personajes del alpinismo que te voy a decir a continuación. Personajes que conoces bien porque has convivido mucho con ellos...

Tomaz Humar.
Pasión por encima de todas las cosas. Es la persona con más fuerza interior que he conocido.

Leo Houlding.
Autenticidad y liderazgo. Es un líder, le encanta, y es bueno dirigiendo.

Dean Potter.
Es el mago, el brujo, un místico, casi oscuro, pero también muy auténtico, muy interesante. Un buen amigo.

Sean Leary.
Es la bondad personificada. Es la humildad. Si hay una persona que puedas pensar que es realmente increíble y además humilde y sencillo, ese es Sean Leary.

Alfonso Vizán.
Es la persona más interesante que he conocido en términos intelectuales. Como amigo, la persona que más he querido y sin embargo pienso que vivía en una pequeña contradicción. Toda intelectualidad, si vive aislada y rodeada de un idealismo y romanticismo profundo, acaba aislada de otros parámetros. Creo que de eso cojeaba Alfonso. Tenía el alpinismo idealizado, mantenía un idilio con el.

Ramón Portilla.
Es el tío más cascarrabias que he conocido nunca en la montaña. A la vez es un tío entrañable, un tío especial, diferente a todo lo que te encuentras por ahí. 

Carlos Soria.
Es el ídolo por excelencia. El ídolo de todos nosotros. Es la persona que más quiere todo el mundo.

Carlos Suárez.
A ése, ni caso....

Es curioso, ya ninguno te imaginábamos en el alpinismo. Te veíamos muy centrado en  el salto base...
Sí, mucha gente se sorprende de que vaya a un ochomil. La realidad es que se trata de un reto nuevo, una actividad interesante. Ir en invierno es ir al corazón de las cosas. ¿Por qué no ir a un ochomil?

¿Cómo te imaginas va a ser la experiencia?

La imagino muy dura, trabajando mucho cada día, sin descanso y pasándolo realmente mal. El Himalaya en invierno te va minando; el frío también te va desgastando. He estado en Canadá dos veces escalando cascadas de hielo, también en el Ártico y sé lo que es el frío. Pero no sé lo que es estar un mes y medio inmerso en él. Eso sé que me va a acabar cansando. De todas formas, llevo buenas reservas (sonríe mientras se toca la barriga...). Los últimos meses me he comido buenos bollos [Carlos Suárez es muy goloso], solomillos…

De una experiencia muy intensa pero rápida, como es el Salto Base que dura unos segundos, marchas a vivir una experiencia contraria: vivir casi dos meses pasando mucho frío y situaciones delicadas...

Es un contraste total. Con el salto base encuentras esas sensaciones de adrenalina, de riesgo inherente a la montaña, y las vives en un segundo. Igual allí, a 7.000 metros también vas a encontrar ese momento, lo que pasa es que vas a tener que pelear más. Por eso quiero distanciarme un poco de esas sensaciones rápidas del salto base y volver al alpinismo, que es lo que he hecho siempre.

Seguro que le has dado mentalmente muchas vueltas estos días a la pregunta de ¿hasta qué punto tengo capacidad de sufrimiento para pasar frío tanto tiempo seguido?
Mi gran preocupación es ésa: ser capaz de aguantar todos los días. Estoy mentalizado para trabajar y sufrir cada día, esa es mi mentalización hoy en día.

Vais a coincidir con una expedición polaca en la misma montaña. ¿Bueno o malo?
Ellos van por la ruta normal, por el otro lado de la montaña,  así que ni siquiera pienso en ellos. No le doy mayor importancia al tema. Me parece fenomenal que haya otros alpinistas cerca. Seguro que nos veremos en el campo base y charlaremos.

Uno de los grandes retos del ochomilismo es ascender las cimas que quedan vírgenes en invierno, como el Gasherbrum 1. La expedición polaca, que va a ir por una ruta más fácil, os puede quitar ese “caramelo”... esto puede resultar un poco frustrante ¿no?
Yo ahí apelo a la idea filosófica del alpinismo tradicional de toda la vida. El alpinismo no se hace por banderas, ni por países, ni creo que tenga que haber un sentido de la competitividad, sino en base a lo que te pueda aportar a ti ese reto. Está claro que hay competitividad y siempre la ha habido, pero depende mucho de las personas. En mi caso concreto me lo planteo como una cosa absolutamente personal, me alegraré tanto si subo a la cima el primero como el segundo. Lo importante para mí es subir ahora, en invierno. Que suban otros antes ni le resta ni le suma importancia.

Vas a un lugar que parece que sólo se va a sufrir. Un ochomil en invierno es sinónimo casi de masoquismo.
En el fondo, yo siempre he buscado las razones profundas del alpinismo, el ir directamente al grano. El caso de un ochomil en invierno es exactamente eso. El salto base es ir directamente al momento de adrenalina, ese momento incomprensible de dar el salto. La escalada sin cuerda es exactamente eso, es quitar todo lo superfluo. Es ir al grano, a la esencia del alpinismo puro y real. Es lo que tiene el himalayismo invernal para mí ahora mismo. Es entender qué hay detrás de las cosas, qué es lo que me inspira y atrae del alpinismo.

Vais un grupo bastante grande, seis alpinistas, a los que no conoces. ¿Un poco delicado?

Yo voy con un amigo con quien llevo una vida paralela, nos hemos ido entendiendo por esa forma de ver el alpinismo, no sólo el clásico, sino de hacer cosas interesantes. En ese aspecto, siempre nos hemos entendido desde hace años, aunque no hayamos hecho nada juntos. Hay mucho rollo con esto de ir con la gente que conoces. En los trekking aprendí que vas donde no conoces a nadie y haces grandes amigos. A veces ir con tu mejor amigo supone perder la amistad. Esto de las expediciones es algo muy complejo. Yo no idealizaría nunca nada, como el ir con tus amigos. Es un riesgo no conocer a todos los miembros de la expedición, pero de alguna forma todos hablamos el mismo idioma, el mismo lenguaje. Con Gerfried he cruzado muchos e-mails y parece que nos conociéramos desde hace años.

Otro tema es que partís bastante más tarde que Simone Moro, que salió a finales de diciembre. ¿Crees que es mejor o peor su estrategia de partir antes, ir muy ligero, aprovechar al máximo una ventana de buen tiempo…?
Probablemente sea una ventaja para Simone quien seguro que ya está "cómodamente" instalado en el campo base. Además dejó un depositó allí. Cuenta con cierta ventaja.

Me dijo Álex que su sueño sería hacer la travesía del G1: subir por la nueva ruta y bajar por la normal. ¿Cómo lo ves?
Al igual que yo tengo el sueño de saltar desde 6.000 metros, Álex tiene la ilusión de hacer las dos rutas. No quiere hablar mucho de ello. Estoy convencido de que tiene nivel para hacerlo.

Le has metido el gusanillo del paracaidismo a Álex Txikon
El fin de semana pasado estuvimos saltando en Ampuria Brava. La idea era que también aclimatáramos un poco, ya que saltamos de 4.000 o 5.000 metros. Se nota la altura. Yo me he hecho un poco de daño la muñeca....

Llevas un paracaídas a la expedición. ¿Cuál es tu plan?
Queremos saltar de un edificio en Islamabad para pasárnoslo bien. El dueño del edificio es amigo de Álex, con lo que no habrá problemas; y luego de donde vayamos encontrando durante la marcha de aproximación. El paracaídas que llevo es pequeño, de los que se usan ahora para descender de las montañas. No creo que consiga saltar desde muy alto, no tengo la suficiente experiencia, pero quiero probarlo en los alrededores del campo base y ver qué tal.

Qué altura tiene este edificio del que queréis saltar en Islamabad
Unos 150 metros. Está en construcción y queremos saltar desde una grúa...

¿Álex también saltaría?
Yo creo que Álex está preparado, sobre todo mentalmente. Ya tiene metido el gusanillo del paracaidismo y especialmente del salto base, que obviamente tiene que ver con la profesión del alpinismo en general. Se va a bajar de muchas montañas volando, cada vez más, de eso no hay duda.

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