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Jerzy Kukuczka y Krzysztof Wielicki

Hoy se cumplen 31 años de la primera invernal al Kangchenjunga

El 11 de enero de 1986 Jerzy Kukuczka y Krzysztof Wielicki consiguieron la primera invernal al Kangchenjunga (8.586 m) en una expedición en la que falleció Andrzej Czok. Este pasaje de Escaladores de la libertad rememora aquella ascensión protagonizada por estos dos grandes alpinistas polacos. Una primera que supuso un costo muy alto.

DESNIVEL - Miércoles, 11 de Enero de 2017 - Actualizado a las 09:30h.

Jerzy Kukuczka, Krzysztof Wielicki, Andrzej Czok y Leszek Cichy, grandes protagonistas de la época dorada del himalayismo polaco.
Jerzy Kukuczka, Krzysztof Wielicki, Andrzej Czok y Leszek Cichy, grandes protagonistas de la época dorada del himalayismo polaco.

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  • Jerzy Kukuczka, Krzysztof Wielicki, Andrzej Czok y Leszek Cichy, grandes protagonistas de la época dorada del himalayismo polaco. Jerzy Kukuczka, Krzysztof Wielicki, Andrzej Czok y Leszek Cichy, grandes protagonistas de la época dorada del himalayismo polaco.
  • Krzysztof Wielicki y Jerzy Kukuczka descansando tras su descenso de la cumbre del Kangchenjunga en invierno (1986). Krzysztof Wielicki y Jerzy Kukuczka descansando tras su descenso de la cumbre del Kangchenjunga en invierno (1986).
  • Kanchenjunga (8.586 m) Kanchenjunga (8.586 m) se traduce como "Los cinco tesoros de las nieves", ya que la montaña tiene cinco picos, cuatro de ellos por encima de los 8.450 metros.
  • Portada del libro 'Escaladores de la libertad' (2014) Portada del libro 'Escaladores de la libertad' (2014)
  • Krzysztof Wielicki. 2016 Krzysztof Wielicki. 2016
  • Jerzy Kukuczka celebra los Catorce Ochomiles al bajar del Shisha Pangma el 18 de septiembre de 1987. Jerzy Kukuczka celebra los Catorce Ochomiles al bajar del Shisha Pangma el 18 de septiembre de 1987.
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Los grandes logros suelen reducirse a una fecha gloriosa que se recuerda año a año. Hoy es el aniversario de la primera ascensión invernal al Kangchenjunga, pero este fragmento del libro Escaladores de la libertad recuerda que detrás de estos hitos que parecen extraterrestres hay sentimientos tan humanos como la ambición, la añoranza o las dudas sobre el precio de algunas decisiones.

Lo que Jurek [Jerzy Kukuczka] necesitaba más que cualquier otra cosa era un poco de tiempo en casa. Pero la carrera con Messner seguía en marcha y a finales de octubre de 1985 Jurek viajó desde el Lohtse a Kathmandú para reunirse con la avanzadilla de una expedición polaca que iba a intentar el Kangchenjunga en invierno.

Jurek figuraba como miembro de la expedición, pero casi estaba enfermo de miedo y confusión. ¿No era esa la vida que había querido? ¿Vivir y escalar en las montañas más altas de la tierra? ¿Por qué entonces echaba tanto de menos a su familia? ¿Por qué añoraba las comodidades del hogar hasta un punto casi doloroso?

En lugar de unirse directamente al grupo, se montó en un avión y se retiró a su cabaña de madera en Istebna, no lejos de Katowice, con vistas a las verdes y ondulantes colinas de los alrededores. Comió, durmió y bebió una taza de té tras otra. Jugó con los niños, hablaba con Celina y disfrutaba con los gozos de la vida doméstica. Su casa rebosaba de amigos escaladores que acudían a comer y beber, y que compartían historias de escalada hasta altas horas de la noche. Pero él sabía que al final debería abandonar el retiro y el 12 de diciembre volvió a partir hacia Kathmandú.

Si subía esa cumbre, sólo estaría dos montañas por detrás de Messner

El grupo de Kangchenjunga incluía a algunos de los mejores polacos: Artur Hajzer, Krzysztof Wielicki, Andrzej Czok y otros. Su objetivo era la ruta normal de la cara suroeste. Jurek creía que era perfectamente factible, incluso en invierno. Tras sus vacaciones en Istebna, se encontraba descansado y de nuevo en las montañas.

Sus pies habían sanado y su confianza era alta. Si subía esa cumbre, sólo estaría dos montañas por detrás de Messner. Además, el Kangchenjunga tenía una larga y noble historia polaca: primera ascensión de la cumbre sur, primera de la cumbre central, nueva ruta en el Yalung Kang o Kangchenjunga oeste, de 8.505 metros... Una ascensión en invierno completaría el círculo. Inevitablemente, en un equipo repleto de estrellas, había competencia. Unos cuantos podían aspirar a la cumbre y todos eran ambiciosos.

Por fin llegó la hora de seleccionar las cordadas de cumbre. Se reunieron todos en la tienda comedor, nerviosos y entusiastas. Las negociaciones se extendieron hasta altas horas de la noche hasta que se eligieron las cordadas. Artur Hajzer estaba en una de ellas, junto a su compañero Bogusław Probulski. Todo quedó en nada cuando a la mañana siguiente Probulski no estaba en el campamento.

—Se ha marchado solo, con la intención de hacer cima —exclamó Artur—. Mi compañero ha huido de mí y del resto del grupo.

Sus mentes estaban opacas. Eran robots.

Tras un comienzo tan poco glorioso, otras dos cordadas de cumbre comenzaron su ascensión: la de Jurek y Krzysztof Wielicki, y la de Andrzej Czok y Przemek Piasecki. Mientras subían, era imposible no darse cuenta de la persistente tos de Andrzej, resultado de la altitud y el frío. Parecía sorprendente, considerando su natural aptitud a las grandes altitudes y su asombrosa resistencia.

Su historial era impresionante: 8.000 metros en el K2 por una vía nueva, el Lohtse sin oxígeno, una vía nueva en el Everest, la cara oeste del Makalu y el Dhaulagiri. El Kangchenjunga sería su quinto ochomil en invierno. Pero la tos de Andrzej fue empeorando a medida que subían. El aire seco y frígido estaba pasándole factura. En el campo IV se hizo dolorosamente obvio que Andrzej tendría que bajarse. Únicamente Jurek y Krzysztof continuarían ascendiendo.

El 11 de enero se pusieron en marcha a las 5:45 a.m. Les quedaban 800 metros de ascensión y avanzaban pesadamente en aquel aire gélido y enrarecido. Pronto dejaron de sentir las piernas. A las 10 de la mañana el sol comenzó a darles y a calentar sus cuerpos, lo que estimuló una pizca de sensación en sus extremidades. Se movían cada uno a su propio paso, desencordados. Como el terreno no era muy vertical, no hacía falta ir a largos.

Krzysztof llegó primero a la cima, se dio la vuelta y comenzó a bajar de inmediato. Jurek se lo encontró justo debajo de la cumbre, donde no intercambiaron palabra. Sus mentes estaban opacas. Eran robots. Después de hacer varias fotos, Jurek también comenzó a bajar. Llegaron hasta el campo de altura e informaron por radio de su éxito al campo base. La respuesta les pareció extrañamente apagada, y es que mucho más abajo, Andrzej estaba gravemente enfermo.

Habían subido el Kangchenjunga en invierno, pero el precio había sido Czok

A medio camino entre los campos IV y III, Andrzej se había debilitado tanto que apenas podía caminar. Lo tuvieron prácticamente que descender hasta el campo III. Apiñados en una tienda grande, pasaron la noche cocinando líquidos para los escaladores sanos de un lado de la tienda y administrando diuréticos a Andrzej en el otro. Su condición empeoraba por minutos. Hubo un momento en que todo quedó en un silencio fantasmal y miraron hacia donde Andrzej descansaba. Había dejado de respirar.

Todos los intentos por reanimarlo resultaron en vano. Conmocionados, los miembros de la expedición le enterraron en una grieta cerca del campo III. Jurek permaneció un largo rato con lágrimas en los ojos y la mirada baja, en el lugar donde reposaba Andrzej. Profundamente religioso, suplicaba: «¿Por qué se ha llevado Dios a una persona tan buena?»

Cuando llegaron de regreso a Kathmandú, a su alojamiento habitual, el hotel Tukche Peak, eran un grupo deprimido, sumido en duelo. Sí, habían subido el Kangchenjunga en invierno, pero el precio había sido Czok. Era un coste demasiado alto. Era la tercera expedición de Jurek seguida que acababa en tragedia.

La obsesión polaca por las primeras, las carreras y las invernales estaba dando como resultado un sorprendente número de muertes. El dominio de Polonia estaba empezando a parecerse cada vez más a una espiral de muerte. Jurek se obligó a sí mismo a ignorar la magnitud de lo que estaba ocurriendo a su alrededor. Era la única manera de seguir adelante. No disponía del lujo de detenerse a reflexionar.

La edad de oro del himalayismo polaco:

Escaladores de la libertad

La edad de oro del himalayismo polaco

por Bernadette McDonald

Escaladores de la libertad cuenta la historia de un grupo de extraordinarios alpinistas polacos –Jerzy Kukuczka, Voytek Kurtyka, Wanda Rutkiewicz, Krzysztof Wielicki, Andrzej Zawada, Artur Hajzer…– que emergieron bajo el manto de opresión que siguió a la Segunda Guerra Mundial para convertirse en la vanguardia de la escalada en el Himalaya.

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