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Ueli Steck cuenta cómo subió y bajó del Shisha Pangma en 20 horas

Algunos récords de ascensión se consiguen jumareando una cuerda fija y aunque cuentan para la estadística no lo hacen para el alpinismo. El de Ueli ha sido fiel a su estilo: alpinismo a toda caña. Cima en 10h 30m. Este es su relato.

Desnivel.com - Miércoles, 27 de Abril de 2011 - Actualizado a las 17:00h.

Vídeo de Ueli Steck y el Shisha Pangma (8027m) en 20h Reproducir

Ueli Steck fiel a su estilo: 'alpinismo a toda caña', hace cima en el Shisha en 10h 30m. (by Mountain Hardwear)

Galería Noticia

  • Vídeo de Ueli Steck y el Shisha Pangma (8027m) en 20h Reproducir
  • Vías de la SO del Shisha Pangma. En negro la variante seguida por Ueli Steck, seguramente. Vías de la SO del Shisha Pangma. En negro la variante seguida por Ueli Steck, seguramente.
  • Rob, Ueli y Don celebran el ascenso Rob, Ueli y Don celebran el ascenso
  • Ueli y Don de camino al campamento base avanzado Ueli y Don de camino al campamento base avanzado
  • Vía seguida por Ueli Steck en la Suroeste del Shisha Pangma Vía seguida por Ueli Steck en la Suroeste del Shisha Pangma
  • La ruta seguida por Ueli Steck en la cara suroeste del Shisha Pangma. La ruta seguida por Ueli Steck en la cara suroeste del Shisha Pangma.
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Es normal que una ascensión (ascenso y descenso) a la cara suroeste del Shisha Pangma dure tres días en la montaña. A Ueli Steck le ha llevado 20 horas. Como recuerda Simone Moro: “No sólo es el ascenso más rápido a la SO del Shisha, sino también el segundo ascenso más rápido a un ochomil, sólo superado por el horario de Denis Urubko en el G2. Denis necesitó siete horas y media para hacer cima y cuatro para bajar hasta los 5.900 m pero hay que saber que la ruta del G2 estaba equipada y el Shisha no lo estaba, además esta cara es más exigente técnicamente. Si además ha escalado por una nueva vía todavía sería más importante”.

Efectivamente, Ueli en el Shisha escaló una vía sin equipar previamente, y, según hemos sabido, recorrió un itinerario nuevo pero basado en vías abiertas: el corredor Girona o Vía española y el Corredor Wielicki. Después bajó por la vía de descenso que emplearon los británicos de la primera ascensión. Aunque se cuajó vivo cuando vio lo que tenía por debajo. Este es su relato.

“De vuelta en el campo base. El anunciado frente de mal tiempo ha llegado. Estoy feliz, tumbado y calentito dentro de mi saco de dormir, en mi tienda. ¡Todo ha ocurrido de repente!

El día después de llegar al campamento base mi compañero Don Bowie, Rob Frost el cámara y yo subimos hasta el campo base avanzado. Nuestras mochilas eran muy pesadas. Llevábamos mucha comida y una tienda grande, confortable. Tardamos 3 horas y media en llegar hasta allí, situado a unas 2 horas y media de la base de la montaña. Don y yo estamos acongojados por la pared. Parece muy grande. Discutimos sobre cómo proceder. Don no está todavía tan aclimatado como yo, necesita más tiempo. Llevo casi un mes por el Khumbu y teóricamente podría atacar la cumbre. Pero no estoy seguro. Con el Cholatse alcancé una altura de 6.440 m. Si es o no suficiente, resulta difícil de decir.



Don decide pasar dos noches a 5.800 m. Tengo la predicción meteorológica y parece que el domingo el tiempo será genial. Prácticamente sin viento a 8.000 m, y unos excelentes -12ºC, templado para esta época del año. Tenemos curiosidad por conocer las condiciones de la pared, pero Don lo tiene claro: un día más en el campamento.

A mí me gustaría echarle un vistazo a la pared. Le pregunto si está de acuerdo y si no le fastidia. Me dice que debería subir, y si es posible hasta la cumbre. Yo soy escéptico, no creo que sea capaz de llegar hasta la cima. Y además habíamos decidido escalar juntos, estamos aquí como cordada. Pero Don me insiste en que debería intentarlo. Por supuesto escalar una gran pared en solitario en el Himalaya es un gran sueño que tengo. Y lo mejor: poder hacerlo en un solo día.

Don y yo estamos de acuerdo en que voy a echar un vistazo a esta pared de más de 2000 m. Rob y Don están de acuerdo en que debería intentar la cima. Mi plan es echar un vistazo, quizá hasta los 7000 m, quizá hasta los 7.200 m y bajar. Así tendré aclimatación adicional.

Salgo de la tienda el sábado a las 22.30 h de la noche. Es tan pronto porque definitivamente quiero estar de vuelta antes de que llegue la tormenta. Según salgo, Don me llama: ¡Hey, Ueli! Seguro que los vas a necesitar…y me da mis pantalones de pluma. Los había olvidado en la tienda. Gran comienzo. Espero llevar todo ahora.

Bajo hasta los pequeños lagos helados que hay antes del glaciar y paro para cambiarme de calzado. Ya llevo montados los cubrebotas sobre las botas de altura, lo que significa que sólo puedo andar con crampones y habría sido un horror cruzar la morrena con ellas. Así que las llevo en la mochila y voy con las zapatillas de correr. Hago el cambio al comienzo del hielo y entro en el glaciar.

La luna brilla tanto que puedo reconocer hasta la forma de mi cara en la sombra. Pero también veo los acongojantes seracs que tengo encima. Sólo pienso en correr tanto como pueda hasta la entrada, pero sólo después de 2 horas y media llego a la rimaya. Entro en una canal de 55° con nieve en perfectas condiciones, como en el Cholatse hace un par de semanas. Escalo tranquilo y con un ritmo constante. Miro a mi alrededor. La luna ilumina toda la pared.

Hago una travesía hacia la Ruta Británica. Antes de la travesía he notado una avalancha de rocas. Y esto en medio de la noche. Así que, definitivamente, no voy a meterme en el corredor [de la llamada Vía española, o Corredor Girona]. Si ya está tirando piedras a estas horas ¿qué hará cuándo le dé el sol?

¿Bajo? Miro el altímetro. 6.800 m. Mi objetivo mínimo son los 7.000. Por la derecha, mirando desde la pared, sale una amplia canal de nieve. Parece que está bien y no oigo nada raro, pero no tengo ni idea de dónde termina. Como mínimo puedo escalar otros 200 metros por ella y creo que así habré alcanzado la altura de aclimatación que pretendo. Sigo, voy rápido y bien, no tengo malas sensaciones: sin mucha tensión, sin sentirme demasiado expuesto en una gran montaña, siento confianza. Sigo, y veo que la canal de nieve acaba bajo un muro vertical.

Escalo manteniéndome a la derecha por otro corredor con 55° a 60°. Ya siento los gemelos chillar. A ratos la nieve dura se transforma en hielo, pero por poco tiempo.

7.200 m. ¿Bajo? Prometí a mi mujer no hacer más solos, pero esto no es realmente un solo. En esta zona, una cordada no se aseguraría: tardarías mucho tiempo y no es realmente necesario. Creo que puedo hacerlo y veo ya la salida. Arriba o abajo. Abajo ya está también muy lejos. ¡Arriba!

La pared se pone un poco mas vertical. El aire es más sutil y las primeros rayos me dan en la arista. La canal se estrecha. Estoy en un pequeño corredor. La salida no está lejos y el hielo es bastante fino. Siento algo de cansancio pero no voy mal. La clavada del piolet es todavía precisa, exactamente donde quiero clavar. El hielo es un poco mejor, menos duro, lo más eficiente es golpear fuerte una sola vez.

En la arista no hay viento y el sol me transmite su calor. La cima está bastante lejos y dejo todo mi material. No es mucho pero aún así es menos cansado que escalar con todo. Compruebo si mi cámara funciona pero el frío ha agotado la batería.

Metro a metro jadeo por la arista hasta que llego a la cima. Son exactamente las 11.40 AM. Miro el paisaje y comienzo el largo descenso que me espera. Debo llegar al CBA hoy. Meteotest me envía un mensaje de alerta a mi teléfono satelital. “La corriente en chorro ha cambiado su dirección, tienes que estar de vuelta el lunes a mediodía. Frente de tormenta y mal tiempo”, dice el mensaje.

Bastante rápido llego adonde había dejado el equipo. Ahora hace calor y bebo un sorbo de mi bebida energética.

Seguir por la arista hasta el collado del descenso británico es un horror. Por la cara norte hay un montón de nieve polvo profunda. Me arrepiento de no haber comenzado a bajar por donde subí. Llego, aproximadamente a 7.200 m, al mismo lugar que emplearon los británicos para descender. Sus razones tendrían para bajar por aquí. Cuando llego al collado no puedo creer lo que ven mis ojos. Primero una canal de roca suelta bastante vertical. Después, nieve, hielo y roca se van alternando. La canal parece no tener fin.

A continuación me encuentro en un corredor bastante ancho, en buenas condiciones pero tan vertical que debo destrepar de cara al monte. Por todos lados hay restos de cuerdas fijas. Descanso, me concentro, y sigo. Puedo ver el glaciar haciéndose un poco más plano en la parte de abajo, pero se me acerca muy lentamente.

Paso a paso sigo bajando. La nieve se hace un poco más blanda y me dejo deslizar de las puntas delanteras. Para no coger demasiada velocidad clavo los piolets. Pero esto me agota los gemelos, que sufren para mantener la estabilidad de los pies.  Lo bueno es que me muevo más deprisa.



Llego al glaciar. Desde aquí tengo que cruzar hasta la ruta de ascenso y bajar por ella hasta la entrada de la vía. Todavía me quedan 1.000 m de desnivel hasta allí. En el glaciar estoy alerta al máximo. Controlo cada paso. Hay grietas y debo tener cuidado para no caer en ninguna. Aflojo el ritmo. Al llegar a la canal, cojo los tornillos de titanio y mi cordino de 60 m y 4 mm. Rapelo tanto como puedo. El material se me acaba antes de terminar, pero los últimos 200 metros no son tan verticales y llego al pie de vía.

Me siento aliviado: ya no encontraré más problemas técnicos de aquí a la tienda. Me tomo una barrita energética, y me quito los pantalones de pluma. Llevo horas sudando dentro de ellos pero quería bajar lo antes posible y sólo ahora me permito perder tiempo en hacerlo. Totalmente relajado llego a la morrena.

Al principio del glaciar, junto a los laguitos, había dejado mis zapatillas de correr. Había marcado el lugar con un hito de piedras, pero no hay ningún hito. El GPS me ayuda a encontrarlas y, ahora sí, me tomo un tiempo para prepararme un té. Llevo 18 horas y media escalando y sólo he bebido 1 litro y medio de agua. Ahora un litro baja por mi garganta a toda velocidad. Otra barrita y hago mi mochila. Mis botas de expedición van otra vez dentro. ¡Qué gusto andar con las zapatillas! Aunque subo la morrena muy despacio, voy mejor de lo que creía. No estoy totalmente exhausto.



Son las 18.30 h del domingo y estoy de vuelta en la tienda. Es genial ver a Don y Rob. Dos amigos con los que puedo compartir lo que he vivido durante estas horas. Escribo un SMS a Nicole. “De vuelta en el CBA”. Que he hecho cima se lo diré al día siguiente con un ramo de flores ”.

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