El pasado jueves 13 de junio por la tarde empezó a desprenderse parte de una
enorme roca situada en la cara este del Eiger, una formación conocida con el
nombre de 'Madonna'. El hecho no sorprendió a nadie ya que así lo advirtieron
los geólogos suizos.
Según informaba ese mismo jueves elmundo.es, una enorme roca de dos millones
de metros cúbicos, aproximadamente como el tamaño de dos rascacielos,
amenazaba con desplomarse en breve. En este primer desprendimiento, ya que se
esperan más, ha caído alrededor de un 30% de masa rocosa.
El bloque está situado a 200 metros de altura de la cara este del Eiger,
una zona muy cercana a la población de Grindelwald. Las principales causas que
están produciendo la caída de este enorme bloque son las altas temperaturas y
la erosión.
La autoridades locales ya comenzaron a tomar precauciones desde un primer
momento ya que a los pocos días de conocerse el inminente derrumbamiento, una
gran cantidad de personas han estado acercándose a la zona para no perdérselo.
De hecho, en este derrumbamiento no se han producido daños materiales ni
personales.
Imagen de la vía Reach for the light, en la cara norte del Eiger. Foto: Klaus Fengler
Por el cambio climático
Hace tan sólo un mes, a principios de junio, Hans-Rudolf Keusen, experto
geólogo de la zona, se percató de la aparición de una pequeña grieta en la
roca, que ha ido aumentando de forma espectacular durante este corto período de
tiempo. La fisura ha pasado de los 20 centímetros iniciales a casi 5 metros y
en tan sólo una semana, el movimiento del bloque se ha incrementado desde los
65 centímetros al día a los 92 centímetros.
La razón de la aparición de dicha fisura, según explica el geólogo suizo,
es debido al retroceso del glaciar de Grindelwald. Este glaciar sostenía la
pared de la montaña. Sin embargo, el permafrost, ese hielo permanente que se
encuentra en el interior de las montañas, sujetando las piedras entre sí, se
ha deshecho y ha provocado la regresión del citado glaciar, un retroceso que
durante los últimos 25 años, lleva un ritmo de a metro anual. El culpable,
como siempre, el cambio climático.
Imagen del derrumbe en el Espolón de los Franceses hace unas semanas. Foto: Francisco Caso
No es el único caso
Últimamente la cosa va de desprendimientos. El pasado jueves se producía uno
en el cuello del Susten, en Suiza y hace unas semanas se originaba otro en los
Picos de Europa, en la mítica vía del Espolón
de los Franceses. Una roca del tamaño de un camión se derrumbaba a
una altura de 2.450 metros, dando un buen susto a un par de cordadas de la
Guardia Civil que se encontraban a tan sólo 50 metros más arriba.
El año pasado, desaparecían vías tan clásicas como la Destivelle, la
Directísima americana (abierta por Robins y Harlin in 1965), o la Directísima
francesa al derrumbarse un bloque en la cara
oeste del Dru (Alpes). Y en Mallorca, se esfumaron las vías más desplomadas del Sestret a causa de las lluvias. En 2003, se producía un desprendimiento
parcial de un glaciar del Cervino
(Matterhorn); y también en el mismo Eiger.
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