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Miércoles, 22 de Mayo de 2002 - Actualizado a las 11:31h.
Es fácil imaginarlo, verdad; sucede a menudo. Imaginad ahora que una entidad financiera se adelanta y compra el mismo bosque, no corta los árboles sino que los protege. Por eso lucha la fundación de Miquel.
Comprar y Proteger. Así de sencillo y de rotundo. Estas dos palabras, de tan distinto significado y en apariencia divorciadas, resumen, yendo unidas, el propósito y la estrategia de la Fundació Territori i Paisatge. Comprar terrenos que tengan algún valor natural o paisajístico y evitar que el abandono y, sobre todo, la acción desordenada del hombre (eso que ciertos energúmenos conocen como desarrollo) los deterioren irremisiblemente.
La insólita y singular «aventura», financiada por la poderosa Caixa Catalunya, comenzó en el aún cercano marzo de 1998, y hoy, dos años justo después, la Fundació ya tiene bajo su tutela más de 6.000 hectáreas de su propiedad, a las que hay que sumar más de 8.000 cedidas por ayuntamientos, comunidades y particulares. El éxito de la innovadora acción, y la tendencia ascendente que se observa, ha sorprendido a todos, incluso a los más optimistas, entre los que se encuentra el biólogo Miquel Rafa, Jefe de Programas de la Fundació desde el día de su creación.
¿No produce desconfianza el hecho de que la Fundació sea obra de una entidad financiera?
Sólo entre los que desconocen la diferencia que hay entre un banco y una caja de ahorros. Un banco tiene que conseguir el máximo beneficio y repartirlo entre los accionistas. Un caja, por ley, tiene que destinar sus beneficios económicos a una obra social para que reviertan en la sociedad.
La estrategia de la Fundació, es comprar para conservar. ¿Qué características tiene que reunir un terreno para ser «adquirido» por la Fundació?
Naturalmente tenemos unos criterios de selección ligados a su valor natural o paisajístico del territorio, o incluso por el equilibrio territorial que representa. Es decir, algunos terrenos cercanos a zonas humanizadas sin valor ecológico son importantes como conectores de otros espacios naturales, o simplemente como «esponjadores» del paisaje. Hacemos una valoración de estos parámetros y tenemos en cuenta el grado de protección que ya posee. Nuestra prioridad son, naturalmente, los terrenos que están fuera de la red oficial de espacios protegidos. De esta forma buscamos completar la red de espacios protegidos por la Administración pero sin entrar en una competición para ver quién protege más y mejor ese mismo espacio.
El hecho de que la iniciativa privada proteja el patrimonio natural ¿no es como reconocer la ineficacia del modelo público?
No. Pero de alguna manera sí indica que la Administración tiene un límite para gestionar todo el espacio que quiere proteger. Más que un fracaso, yo diría que la administración pública no puede gestionar todo el espacio que tendría que proteger y que, como hemos visto en otros países,garantice su supervivencia aunque la Fundación desaparezca. Es decir, que sean reservas o parques naturales bajo nuestra gestión pero bajo la legislación autonómica.
Además, es importante que se sepa que nosotros no tenemos la voluntad de asumir la gestión absoluta de todas las zonas que adquiramos, sino que nos interesa más dar juego a las organizaciones que están más cerca del territorio, que en algún caso pueden ser los propios ayuntamientos, y en otros pueden ser organizaciones ecologistas, excursionistas o de otro tipo, claro, siempre bajo un marco de gestión que fijamos nosotros.
¿Cuál es el proceso que se sigue desde que se decide comprar un territorio hasta que se protege efectivamente?
Una vez que adquirimos el territorio hacemos un plan de gestión con todo lo que creemos que se puede y no se puede hacer (asimilable al plan de uso y gestión de los espacios protegidos por la Administración), que es un modelo europeo llamado Eurosite, y con este plan concertamos la gestión con las organizaciones adecuadas tomando este documento como contrato base.
"La conservación de la naturaleza no puede depender sólo de la conservación de unas zonas"
Esto me plantea dos dudas. Primera, ¿se retira la gestión si el «tutor» no cumple convenientemente?; y, segunda, ¿a quién corresponderá esa gestión si el territorio entra en la red oficial de espacios protegidos?
Por supuesto, si detectamos que la gestión se aparta de lo previsto podemos rescindir el contrato de gestión. En el segundo caso, que aún no se ha producido, nosotros tendríamos que asegurarnos de que la administración es capaz de llevar esta gestión de manera correcta, incluso asegurando un mínimo de inversión y financiación. Porque nuestro gran reto no es comprar muchas hectáreas, sino gestionarlas bien. Incluso queremos lograr unas fórmulas de gestión que se puedan exportar a los espacios oficiales.
¿Qué hace con estos territorios la Fundació?¿Los cierra al público?
En absoluto. Además de minimizar las estructuras físicas en la zona, vallas, etcétera, nuestra política es que estas fincas tengan un acceso libre. Claro, que hay que matizarlo: acceso libre es acceso peatonal. En realidad lo que nosotros estamos creando es un espacio social. De alguna manera liberamos espacio privado para que se convierta en algo parecido a un espacio público. Nada más lejos de nuestra intención que blindar estos espacios para que nadie pueda entrar. Evidentemente, se pueden poner limitaciones en alguna parte especialmente frágil. En definitiva, nuestros espacios no sólo son espacios para los amantes de la naturaleza, sino para toda la sociedad.
¿Tenéis previsto diseñar redes de senderos en estos espacios?
Sí. El uso público es una de las partes que el plan de gestión desarrolla. No inventamos nada nuevo, sólo reforzamos caminos que ya existían. Por ejemplo, en Montrebei hay un sendero de gran recorrido que lo atraviesa. Evidentemente vamos a mantenerlo tal y como está actualmente o mejorar si es posible la señalización. En otros casos sí tenemos intención de diseñar senderos que faciliten el aprovechamiento de la visita, naturalmente, con la premisa de que no impacte en el territorio.
La experiencia emprendida por la Fundació es nueva en España pero no en Europa y en Estados Unidos ¿no es así?
En efecto. Nosotros hemos tomado como referente organizaciones como el National Trust y los Wildlife Trusts de Gran Bretaña, Natur Monument de Holanda, el Conservatoire du Littoral et des Rivages Lacustres de Francia y el Nature Conservancy de los Estados Unidos. Naturalmente la ventaja que nos llevan es apabullante, y no es para menos, ya que algunas tienen más de cien años y tienen más de dos millones de asociados.
¿Tenéis limitada a Cataluña vuestra actuación o podéis actuar en otras comunidades autónomas?
De momento sólo trabajamos en Cataluña, por una cuestión de normativa e Caixa, que tiene que invertir en los lugares donde recauda. Pero en la medida que Caixa se expande a otras comunidades podremos trabajar en ellas en el futuro.
¿Hay iniciativas similares en España?
No hay otra organización que se dedique en exclusiva a la compra de terrenos para protegerlos. Sí hay organizaciones, como la Fundación Oso Pardo o la Sociedad Española de Ornitología, que adquieren terrenos o derechos de caza y gestionan esos espacios como herramienta de su trabajo. Pero su capacidad es más limitada. Ha habido –y hay– otras fundaciones que también tienen este objetivo pero tienen severas limitaciones porque no disponen de dinero y tienen que esponsorizar sus proyectos. Nosotros no tenemos ese problema.
¿De cuánto dinero hablamos?
Este año tenemos un presupuesto de 500 millones de pesetas.
¿Sabrías decirme a cuánto equivale del presupuesto de medio ambiente de la
Generalitat?
Los números que la Generalitat destina a los espacios protegidos siempre han sido polémicos. En Cataluña había pequeños parques como el del Cadí, gestionados por Agricultura que tienen presupuestos de dos millones para cada espacio, y luego otros parques gestionados por Medio Ambiente que tienen presupuestos de más de 200 millones. Medio Ambiente se ha hecho cargo recientemente de todos los parques y esperamos que el presupuesto aumente. En todo caso dudo que haya alguien que sepa cuánto se invierte en espacios naturales. Nosotros tenemos un proyecto cuyo objetivo es averiguar cuánto vale proteger cada parque en Cataluña y el beneficio que comporta la protección, que es la otra cara de la moneda.
Esto último enlaza con lo dicho en 1998 por el consejero de la Unesco, Ramón
Folch, en la presentación de la Fundació, de que sólo la naturaleza rentable es protegida.
Pero esto sólo puede ser así en balance global. Lo evidente es que hay espacios en los que la intervención es mínima y que cuesta poco mantenerlos, pero tampoco generan ningún beneficio. En otros casos, como en la montaña de Alinyá, que es hoy por hoy el territorio más importante que hemos comprado, hay una actividad agrícola y ganadera que nos debería permitir gestionarla.
"Las experiencias de protección que se han basado en aislar el medio han sido ineficaces"
¿Significa esto que compráis el terreno y lo que produce?
Bueno, en el caso de Alinyá, donde hay zonas de pasto y de siembra, compramos la finca libre de cargas y permitimos que se siga utilizando la tierra. Claro que tendremos que estudiar la manera de mantener y potenciar esta agricultura de montaña, y modernizar las instalaciones para aumentar la productividad y cobrar un arriendo. Incluso se puede hacer una gestión forestal proteccionista que ofrezca ciertos beneficios. Y en las partes de uso público a lo mejor se pueden hacer observatorios que se pueden alquilar para hacer filmaciones. Todas estas medidas pueden producir unos ingresos que aseguren el mantenimiento de la finca. En otros casos está claro que el coste de protección no puede ser asumido por la propia finca.
La mayor parte de los terrenos que gestionáis son municipales o comunales ¿Hay alguna finca privada entre ellos?
Sí. Estamos a punto de obtener la tutela de dos fincas cuyos propietarios nos han cedido los derechos de propiedad a cambio de que mantengamos las zonas tal y como las han conocido siempre. Estos casos son muy interesantes y estimulantes pues significan un cambio del concepto de propiedad privada.
¿Es sorprendente que no utilizarais en el nombre de la fundación las palabras naturaleza, medio ambiente o ecología y sí palabras menos «populares» como paisaje y territorio. ¿Por qué se eligió este nombre y no otro más popular?
El nombre costó muchas horas de deliberaciones. Lo más fácil era, naturalmente, utilizar palabras más comerciales, pero nos interesaba la palabra paisaje porque, como decía Ramón Folch en la presentación a la que has aludido, el paisaje es el resultado del uso humano y de las condiciones ecológicas del medio.Y por otro lado, entendemos el territorio como parte clave del patrimonio de un país, como un elemento integrador y amplio, porque la conservación de la naturaleza no puede depender sólo de la conservación de unas zonas, ya que el resto del territorio es igual de importante.
Lo que sí queda bien claro en vuestra declaración fundacional es que siempre hay que contar con la gente que habita el territorio.
Las experiencias de protección que se han basado en aislar el medio para conservarlo han sido no ya ineficaces, sino contraproducentes, y más teniendo en cuenta que estamos en un país en el que la intervención humana está por todos los lugares. Los territorios no se pueden conservar convenientemente sin mantener las actividades tradicionales.
¿También las actividades turísticas?.
Esto es inevitable si se quiere fijar la población. Pero hay que ver qué actividades turísticas distintas a las tradicionales se pueden desarrollar. Te pongo un caso concreto: estamos estudiando crear un parque de aventura forestal en el Pirineo –hay dos o tres experiencias similares en Francia– y consiste en utilizar un par de hectáreas de bosque para montar tirolinas, puentes aéreos, etcétera. Y, aquí está la gracia de la cosa, merced a estas dos hectáreas consigues dinero que permite dejar sin explotar el resto del bosque.
Vuestro método pedagógico es la llamada «seducción ambiental» ¿En qué consiste en realidad?
La educación ambiental necesita de un estado de receptibilidad que no se consigue si no se ve perfectamente las cosas que se tienen que proteger. Sólo cuando el espectador está cautivado por unos patos o por un paisaje maravilloso se puede pasar a explicar los valores naturales o ecológicos de la zona. Si las personas no tienen esa experiencia directa seguro que se preguntarán si merece la pena proteger aquello. En este estado de cosas, cualquier discurso sobre medio ambiente entrará por un oído y saldrá por el otro.
¿Qué relaciones mantenéis con la Generalitat y con otras organizaciones?
Una parte de nuestro presupuesto está destinado a apoyar proyectos de organizaciones que, de esta forma, no sólo llevan a cabo planes interesantes sino que también se van formando y capacitando para gestionar los territorios que adquirimos. Ellos siguen con mucho interés nuestro trabajo (y también con cierto miedo de que pongamos en evidencia sus carencias), pero hay una voluntad de colaboración. Evidentemente nos interesa trabajar con ellos. Queremos incluso presentar conjuntamente con la Generalitat algún proyecto de alcance europeo, sobre todo por la zona del prepirineo, área prioritaria de la Fundació.
Muchas empresas enjuagan su mala actuación medioambiental con acciones proteccionistas, y esto produce desconfianza. ¿La habéis sufrido vosotros?
Siempre tenemos que vencer una cierta resistencia porque no dejamos de representar a una entidad financiera y a veces no se entiende bien nuestro trabajo. Hay cierta desconfianza de por qué queremos comprar aquel territorio, no sea que queramos hacer otra cosa que no sea conservar. Pero poco a poco vamos venciendo los recelos. Entiendo perfectamente la sensación de la gente frente a empresas con imagen dudosa que se vuelven de color verde, pero más allá de que esto en algunos casos pueda ser sólo pura fachada sí es cierto que poco a poco las actitudes empresariales se van suavizando con respecto al medio ambiente.Y hay que buscar la manera de que los cambios no queden en anécdota. Cuando haya alguna iniciativa empresarial realmente seria nosotros no tendremos ningún problema en colaborar con ella.
Este mes la Fundació cumple dos años ¿Cuál es el balance de este tiempo? ¿Cuáles son los imprevistos y los problemas más graves que ha tenido que sortear?
Quizá lo más grave es que nos hemos tenido que enfrentar a una auténtica avalancha de solicitudes y de propuestas. Tanto de gente que quería vender terrenos como de asociaciones que solicitaban ayuda para hacer sus proyectos. El éxito ha sorprendido a la propia empresa y esto es un síntoma de que hemos dado en el clavo, de que había una demanda que las fórmulas públicas no cubría. Las 14.000 hectáreas que ya gestionamos creo que hablan por sí solas.
Dioni SERRANO
correo electrónico: fundtip@fundtip.com
www.caixacatalunya.com/fundtip/c.htlm
Fundació Territori i Paisatge. Tel.: 93 484 73 67. Provença 261-265, 1A. 08008 Barcelona.

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